Ciencia-No Ficción

n 1914, H. G. Wells publicó su novela El mundo liberado (The world set free) donde vaticinaba que un físico descubriría la bomba atómica en 1933. Un año antes de la fecha anunciada, Leó Szilárd, un físico húngaro, leyó el libro y se sintió espoleado para superar el reto. El año anunciado por el escritor inglés, Szilárd daba con la idea de provocar una reacción nuclear en cadena, amplificando así la energía liberada por un solo átomo a billones.

Ante tal descubrimiento, Szilárd redactó una carta en la cual alertaba de que los nazis estaban trabajando en el desarrollo de armas nucleares que, a diferencia de lo que se había creído en un principio, sí eran viables. Después de convencer en agosto de 1939 a Albert Einstein para firmar dicha carta, ésta fue enviada al presidente Franklin D. Roosevelt. El presidente estadounidense promovió la investigación en torno a la energía nuclear, desarrollando el famoso proyecto Manhattan, de cuyo seno surgirían Little Boy y Fat Man, las dos bombas que el 6 y el 9 de agosto de 1945 caerían sobre Hiroshima y Nagasaki.

Albert Einstein y Leó Szilárd (1946)

Harry Guggenheim, Robert Goddard
y Charles Lindbergh (1935)

Un día después de caer la segunda bomba atómica, moría el científico Robert H. Goddard. Goddard había sido humillado en vida por su obsesión de querer volar al espacio exterior. Los cohetes eran imposibles, inalcanzables como se había creído que eran las armas nucleares. El New York Times arremetió crudamente contra él en su editorial del 12 de enero de 1920, tachándolo de no tener ni idea. El 17 de julio de 1969, cuarenta y nueve años más tarde y muerto ya el científico, el periódico rectificaba a través de un pequeño texto: el Apollo 11 había despegado con éxito el día anterior.

En vida, Goddard tuvo que soportar que su sueño fuera bautizado como la “locura de Goddard”. Sólo unas pocas personas le prestaron atención. Uno de ellos fue Charles Lindbergh, el primer piloto en cruzar el Atlántico en una avioneta, cuya amistad duraría hasta su muerte. El otro, desgraciadamente, fue Adolf Hitler. Los cohetes V-2, inspirados en los planos de Goddard, junto a los misiles V1, fueron utilizados en la guerra relámpago (Blitzkrieg) contra Londres, sembrando la muerte y la destrucción y dejando al país británico al borde de la rendición. Desgraciadamente para el führer, nada pudo hacerse contra el poder devastador que supondría un punto y aparte demoledor en la historia de la Humanidad.

Edición inglesa de El mundo liberado (1914)
y explosión atómica de Nagasaki (1945)

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Fuentes:

1 comentario

aningunsitioperoquesealejos dijo...

Publicado anteriormente en Codex Purpureus.

http://codexpurpureus.blogspot.com/2009/06/ciencia-no-ficcion.html

Como me gusta, lo recupero. :P