Las reglas de Queensberry

as reglas de Queensberry son las normas creadas en 1869 que rigen el boxeo moderno, exigiendo los guantes acolchados o los asaltos de tres minutos y prohibiendo los golpes en ciertas partes del cuerpo. Treinta y seis años después de su redacción, tendría lugar uno de los enfrentamientos más espectaculares de la época.

Edificio del Old Bailey

En el centenario ring de los juzgados de Old Bailey, en Londres, el creador de la normativa del boxeo actual, John Sholto Douglas, noveno Marqués de Queensberry, se enfrentaba al mordaz e irónico autor de El retrato de Dorian Gray, Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde, Oscar Wilde para sus admiradores y cariñosamente Oscar para los más admiradores. El juicio causó fervor en la prensa. El 3 de abril de 1895, todos los periódicos atestaron las salas para recoger cada palabra, cada gesto, de aquel histórico duelo.

El 28 de febrero, Wilde había recibido de manos del portero del club Albemarle, al que era asiduo, una nota del Marqués. El mensaje era el recurso final de un padre que pretendía alejar a su hijo, Lord Alfred Douglas, de un artista sobre cuya persona corrían rumores que lo ligaban con los chaperos de los bajos fondos londinenses. La nota rezaba “For Oscar Wilde, posing sodomite”, una injuria no sólo ignominiosa sino, desde hacía diez años, penable legalmente. La gravedad del mensaje dependía de su interpretación, bien se leyera “posing sodomite” (ostentoso sodomita) o “posing as a sodomite” (que finge ser o tiene ademanes de sodomita), pasando de ser la crítica de una actitud inmoral a la denuncia de una conducta delictiva.

La nota de la discordia

Contra los consejos de sus amigos y abogados, Wilde llevó la causa por libelo a los tribunales. Su amigo Frank Harris le advertió que “ningún jurado de Inglaterra emitiría un veredicto en contra de un padre que intentara proteger a su hijo”. Las reglas del juego ya anunciaban un resultado final no de victoria sino de Victoria. A pesar de que Wilde ofrecería una batalla sin cuartel al púgil defensor de Queensberry, Edward Carson, ni sus ganchos de ingenio ni los aplausos y risas que arrancó del público de la sala pudieron liberarlo de los insistentes y acertados directos de su oponente. Gracias a las pruebas conseguidas por los detectives del Marqués, Carson planteaba peliagudas cuestiones sobre las relaciones del escritor con jóvenes de las calles de Londres.

Con esta ventaja, atacó el arte de Wilde para desestabilizarlo aún más, tachando El retrato de Dorian Gray de “sodomítico”, además de unos epigramas suyos publicados en un controvertido número de la revista The Chameleon y una carta enviada a Lord Douglas. El irlandés, como el abogado esperaba, salió en defensa del arte (“No existen libros morales o inmorales. Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo”, prefacio de Dorian). Después de una larga resistencia al asedio de su contendiente, el artista bajó la guardia y, ante la pregunta de si había besado a un joven criado llamado Walter Grainger, se excedió en el tono de su respuesta contestando “Oh, no; jamás en la vida. Era un muchacho bastante poco agraciado”. Carson le había asestado el golpe que le haría besar la lona.

Fotografía de Sir Edward Carson

El 5 de abril, en mitad del discurso de la defensa, Wilde tiró la toalla y retractó su acusación. Sin embargo, con las pruebas aducidas, Scotland Yard actuó en consecuencia y arrestó al escritor aquella misma tarde por “cometer actos de ultraje contra la moral pública con otros varones”. Aquel combate dejó K.O. a Wilde. Exiliado en París, separado de sus hijos y su mujer, quien estuvo apoyándole hasta el último momento, agravada su salud tras los dos años de condena a trabajos forzados, murió el 30 de noviembre de 1900. ¿Qué impulsó a Wilde a aquel combate perdido de antemano? ¿Amor? ¿Orgullo? ¿Inconsciencia? ¿Valor?

Tal vez pretendiera emular a sus ídolos Flaubert y Baudelaire, y la realidad le traicionara. Menos probable es que quisiera ser un estandarte de la defensa de los derechos de los homosexuales. Lo único cierto es que batallas como la suya siguen lidiándose hoy vergonzosamente con resultados semejantes.

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Fuentes:

1 comentario

aningunsitioperoquesealejos dijo...

Publicado anteriormente en Codex Purpureus.

http://codexpurpureus.blogspot.com/2009/02/las-reglas-de-queensberry-y-los-huevos.html

Como me gusta, lo recupero. :P