Las brujas de Zugarramurdi


Qué curioso que las tres películas reseñadas por Álex de la Iglesia en este blog las haya visto en el mismo mes, agosto, de tres años consecutivos. Si Muertos de risa y La chispa de la vida me resultaron irregulares y poco o nada graciosas, Las brujas de Zugarramurdi me ha parecido muy divertida y casi regular.

Lo mejor, sin duda, son sus diálogos encuadrados en las situaciones más esquizofrénicas y disparatadas posibles. Mario Casas lo borda haciendo de cani de discoteca tanto como Penélope Cruz haciendo de choni. No puedo evitar recordar una entrevista que le hizo Buenafuente donde el chaval contestó que había decidido ser actor porque no le gustaba estudiar.

Lo peor, con menos duda aún lo digo, es su final, que desbarra y pincha cuneta abajo en uno de los altibajos típicos de su director. Una grotesca batalla épica con unos efectos especiales que no dan para más y una especie de moraleja romántica tópica y plana buscan darle a la película un peso o una seriedad que en ningún momento necesitó o demandó.

Esta guerra de los sexos con brujas de fondo queda en su conclusión en una extraña tierra de nadie, a medio camino de un alegato irónico que da visos de acabar resultando misógino y de una comedia que basaba su humor en el lenguaje pero que encuentra su desenlace en la tontuna y gilipollez habitual en el cine de hoy.

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