Torrente 5: Operación Eurovegas


Versión corta

Bastante poco divertida.

Versión larga

Taquillazo, nuevamente. Ya le pueden decir a Segura que sus pelis son una mierda. ¿Cómo va a retorcerle el pescuezo a una gallina con semejantes huevos de oro?

No voy a decir que Torrente 5 sea mala pero me ha hecho reír en contadas ocasiones. Por suerte, iba con el listón muy bajo después del chasco de la tercera. (La cuarta no estoy seguro de haberla visto; tal vez sólo a ráfagas en cortes de Youtube.)

En esta quinta entrega, más allá de que el guión sea malo o bueno, al menos encontramos alguna idea original en su armazón. Sin olvidar las escenas clásicas ("¿Nos hacemos unas pajillas?"), Segura sitúa al  personaje en un futuro tan cercano como creíblemente distópico.

Es 2018. El policía más corrupto de Madrid sale de la cárcel y descubre cómo todo aquello en lo que creía le ha fallado. Despechado, abandona la senda de la Ley, que supuestamente siempre defendió, y se prepara para dar un golpe millonario en el mayor casino de Eurovegas.

Jugando a pitonisa, Segura imagina qué podría pasar de aquí a tres años. Desgraciadamente, aunque son muchas las ocurrencias, apenas logran hacerte levantar una ceja. Son lo esperable, no van mucho más allá, no resultan corrosivas como en la primera.

La risa crítica cae en un cenagal de clichés y amoralidad. Sucede igual que en Los Simpson. Antes, Homer tenía unas normas de comportamiento que romper. Cuando no queda ninguna regla, también desaparece el humor que surge al quebrantarlas.

Otro problema es el coro que rodea al protagonista. Apenas hay actores. La cuadrilla la conforman en su mayoría famosos, presentadores, humoristas, pero ninguna figura que tenga la vis cómica ni el talento de Javier Cámara o Gabino Diego.

La gracia de los famosetes es verlos hacer su cameo y desaparecer. No sirven para interpretar a un personaje principal. Torrente está más que quemado y anclado a sus muletillas. Sin un buen compañero que lo siga durante la película, la comedia queda reducida a pedos y eructos.

Aquí, Julián López es el mismo chasco que fue José Mota en la tercera. Jesulín de Ubrique, aunque más gracioso que Paquirrín, tampoco resulta desternillante. Esteso hace un papel muy digno y hay apariciones que sorprenden tanto o más que Alec Bladwin.

He leído en algunas críticas que es un retorno a los orígenes. Aunque resultan simpáticas las apariciones de personajes de las primeras entregas, al igual que el regreso a escenarios conocidos, no es lo mismo en absoluto. Mis carcajadas sumarán unos exiguos diez minutos.

Con ideas flojas y personajes desinflados, Torrente suma y sigue. ¿Y quién va a decirle nada a Segura? Si no va a poder oírlo con tanto ruido de monedas llenando su cuenta corriente.

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