La belleza cautiva, exposición pictórica del Museo del Prado en el CaixaForum de Barcelona


Esta muestra de cuadros de pequeño formato del Museo del Prado es muy entretenida y agradable de ver, y hay que darse prisa porque concluye el próximo 5 de enero. A diferencia de otras exposiciones del CaixaForum, donde predomina el color blanco, aquí los diferentes plafones tienen diversos tonos que, en mi opinión, resaltan la obra y hacen el "paisaje" menos monótono.

La visita recopila 135 obras que no forman parte de la colección permanente del museo madrileño. Recorre Europa del siglo XIV al XIX, reuniendo a grandes como Goya, Velázquez, Brueghel, El Greco, Rubens o Fortuny. Me ha encantado poder encontrar y descargar mis cuadros favoritos de la Galería Online del Museo del Prado. Ha sdo un acompañamiento genial para Génesis de Sebastião Salgado.

Información:
Exposición: La belleza cautiva, pequeños tesoros del Museo del Parado
Periodo: del 16 d ejulio de 2014 al 5 de enero de 2015
Precio: 4€ (entrada a todas las exposiciones)

Más:
Página web del CaixaForum sobre la exposición
Tríptico de la exposición en PDF
Visita virtual de la exposición

Algunas de las obras que más me han gustado:

Pintura. Cristo con la cruz a cuestas de Sebastiano del Piombo
Clica encima de las imágenes para acceder
a su ficha en la Galería online del Museo del Prado
Cristo con la cruz a cuestas de Sebastiano del Piombo (1532-35). Me gusta por la composición y el color que, desgraciadamente, aparece demasiado brumoso en esta imagen. Debo confesar que también me atrajo el estilo, que me recordó al cómic. Lo gracioso es que, desde lejos, le hablé a mi pareja de la pintura. Mientras nos acercábamos, ella empezó a señalar el dolor y la piedad que infundía la desarmante mirada del Cristo. Yo le contesté sinceramente que eso que apuntaba yo no lo percibía. Me parecía más un tirado, un fumeta; más un jazzista drogado al contrabajo que un mártir cargando con su penitencia. Ella se indignó. ¿Cómo podía no conmoverme la mirada suplicante de Jesús? Cuando estuvimos delante, nos dimos cuenta de que estábamos a dos metros de separación el uno del otro y contemplábamos cuadros distintos: yo, la obra del Piombo y ella, al lado, la homónima de Tiziano (1565).

Pintura. Cristo con la cruz a cuestas de Tiziano

Pintura. El Alma cristiana acepta su cruz

El Alma cristiana acepta su cruz (1630). Me gustaron los colores y la composición. Y aunque lo he dicho antes y suena hueco (la típica frase para salir del paso de los que no entendemos de pintura), lo cierto es que el contraste del azul cerúleo de la túnica con el caoba de la madera queda divino. La enorme sala o cueva llena de cruces me produjo congoja, pues no queda un resquicio sin uno de estos instrumentos de tortura. Pese a todo, perdí la gravedad y la compostura cuando imaginé que Cristo tropezaba y dejaba caer la suya. ¿Con qué ganas te agachas a buscarla en ese absurdo mar de tablas?

Pintura. Desnudo en la playa de Portici de Marià Fortuny

Niños en la playa de Joaquín Sorolla... digo, Desnudo en la playa de Portici de Marià Fortuny (1874). Me gusta por esos brochazos sin piedad, enérgicos, llenos de luz y movimiento. Los impresionistas son impresionantes. Fortuny lo fue avant-la-lettre. El mismo año que murió con 36 años, Monet expuso en París su archiconocido Impression: soleil levant. Si no en persona, merece una visita desde la Galería online a golpe de zoom.


Penitentes en la Basílica Inferior de Asís de José Jiménez Aranda (1874). Quedé anonadado por la cantidad y minuciosidad de los detalles. Vale la pena observar con detenimiento los muros de la basílica, los ropajes de los asistentes, la anatomía desnuda de los penitentes. Son muchos cuadros en uno. No lo digo únicamente por las pinturas en las paredes. Está el que llega con la cruz, en el centro de la composición, mientras otro más al fondo examina la suya y dos se encuentran rezando de rodillas. A la izquierda, unos frailes concentrados hacen de porteros comprobando si el que entra está en la lista y no lleva zapatillas. A la derecha, un par de penitentes con el pecho al aire conversan o discuten con un abuelo algo contrahecho a quien el sastre le ha hecho un flaco favor. La imperfección de los personajes tan alejada de los cánones me resulta, por un lado, cómica, y por otro, fascinante. Sean gordos, flacos, fuertes, jóvenes o viejos, Aranda tiene la virtud de plasmarlos con un realismo y un dominio de la anatomía y la luz envidiables.

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