Furruguños garrapiñados

Foto de una escultura urbana de un papel arrugado, por Rubén López
Foto de Rubén López, Flickr

Hay palabras y palabras. Y cada uno tiramos de nuestro idiolecto1, con términos registrados o no en el diccionario, más o menos comunes o, incluso, de uso totalmente personal.

Para "furruguño", con Google, Bing y DuckDuckgo sólo encontré una referencia extraña que no se ajusta con mi definición ("Ni que yo me vuelvo invisible de 3 a 5 de la madrugada, ni la no existencia de los furruguños... En fin, hay gente pa tó") en respuesta a la apreciación que hizo la intelectual Mariló Montero acerca de la metempsicosis y los trasplantes.

Buscando un poco más, veo que mi "furruguño" no es más que una alteración de la palabra "gurruño" ("cosa arrugada o encogida", DRAE). Otras variantes son "burruño", "murruño" y "furruño". Desconozco si la mía es una mezcla de "gurruño" y "furruño" o, acaso, viene de una cruce entre "enfurruñar", palabra más familiar para mí, y la susodicha.

Sea como fuere, ya la etimología de la normativa "gurruño" es divertidísima de rastrear. "Gurruño" viene del verbo "gurruñar", aféresis de "engurruñar", derivada de "engurrar". "Engurrar" es la metátesis de "enrugar" que, según el DRAE, viene del verbo latíno irrugāre y tiene el mismo significado que "rugar" o, el más común, "arrugar".


Siempre pensé que "garrapiñar", con el sentido de robar, era otro malentendido mío donde casaba la "rapiña" con la "garra", es decir, la mano con la que agarras lo ajeno. Sin embargo, y pese a que juraría que un par de años atrás no estaba registrada en el DRAE, ahora aparece junto a las deliciosas almendras gar(r)apiñadas aceptadas tanto con una como con dos erres.

Es curioso porque, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia, la dulce receta vendría del latín vulgar *carpiniare, derivado de carpĕre ("arrancar, coger"), verbo famoso por el lema vital del Carpe diem2. Sin duda, este origen parece estar más en consonancia con el sentido de hurtar que con el de los frutos secos caramelizados.

El DRAE no ofrece ninguna etimología acerca de la acepción amiga de lo ajeno. Sin embargo, gracias a un comentario en un blog, descubro que el maravilloso María Moliner lo describe como una variación de "garrafiñar" influenciada por "rapiñar". "Garrafiñar" sería, a su vez, una variante de "garfiñar" que es un término de germanía para "robar".

Germanía, claro está, se refiere a la jerga de ladrones y no de alemanes, aunque parece haber algo de lío al respecto. Mientras que, por un lado, se dice que "garfa", la palabra de la que deriva "garfiñar", proviene del alto alemán harfan ("agarrar"), el DRAE la hace descender del árabe hispánico ḡarfa ("puñado, cantidad que se coge con una mano").

Lo gracioso es que ese ḡarfa viene del árabe clásico ḡarfah influenciado por "garfio". Pero si, por otro lado, uno busca en el mismo diccionario la genealogía de "garfio", topará con un padre latino, graphium, y un abuelo griego, γραφεῖον ("punzón para escribir"); el cambio de "grafio" a "garfio" se debería a la influencia de... "garfa". ¿Qué fue antes, entonces, el huevo o la gallina?

De cualquier modo, interrumpido el camino de migas de pan, "garfa" se refiere a las uñas corvadas de los animales y la "garra", derivada de la anterior, a la mano o pie de los animales que las tienen. La expresión "echar la garfa", al igual que la contemporánea y más popular "echar la zarpa", tiene el sentido de "agarrar", acción necesaria para apropiarse de lo ajeno.


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1 Del griego ἴδιος, "propio, particular", de donde también nace el "idiota", es decir, el que sólo se encargaba de sus asuntos y evitaba participar en el bien común, la política.
2 El Diccionario Gastronómico da la etimología del Diccionario trilingue del Castellano, Bascuence y Latin de Manuel de Larramendi de 1745 donde derivaría del vasco "garai ipiñia" (sobrepuesto, puesto encima).

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