Dulces, pasteles y helados de Japón

Se dice que los postres japoneses son menos dulces que los españoles. Lo cierto es que se trata un dulzor distinto, más suave al paladar, que no satura tanto las papilas. Es significativo que los sobres de azúcar nipones sólo contengan tres gramos frente a los ocho habituales por estos lares. Un edulcorante que utilizan es el wasanbon, un azúcar refinado extraído de un tipo de caña llamado taketō. También emplean otros ingredientes para endulzar como son el anko, el sésamo o el boniato morado.



Pinchos de dango con pasta de judías rojas y de sésamo negro, durante la visita del Pabellón Dorado en Kyoto. Cuando conocí la comida japonesa, me aficioné sin remedio a los daifuku. Los daifuku son un tipo de pastel mochi (pasteles de pasta de arroz gluntinoso) relleno, generalmente, de anko, una pasta dulce obtenida a partir de las judías rojas azuki. Hace apenas un año, me enamoré del sésamo negro gracias a un flan que preparan en el restaurante Kote de Sabadell.

El dango, al igual que el mochi, está hecho a partir de masa de harina de arroz. En la foto, se puede ver un pincho de an dango, o dango con anko untado por encima, y otro de goma dango, es decir, con pasta de sésamo. Cabría suponer que deberían haberse convertido instantáneamente en mi plato favorito; sin embargo, no me entusiasmaron demasiado. Las bolas son de textura chicletosa, difíciles de tragar y bastante insípidas. Todo el sabor viene de la cobertura que, sobre todo la de anko, me empalagó.



Marion Crêpes, en el barrio de Harajuku y a los pies de la torre de Tokio. Los japoneses sirven las creps enrolladas como un cucurucho. Eso les permite llenarlas de mil cosas. Probé varios establecimientos pero las mejores son las de la cadena Marion Crêpes. Tienen un surtido espectacular. Las hay dulces y saladas, estas últimas con atún, salsa teriyaki o hamburguesa. Yo, sin dudarlo, apunté hacia las dulces.

Aunque la que comí a los pies de la torre de Tokio es la que más disfruté por ser la novedad, la de Harajuku (en la foto) fue espectacular. Se llamaba "Queen Marion" o "Miss Marion", algo por el estilo que daba a entender que era the special one. Llevaba nata, helado de vainilla, pastel de queso, natillas, plátano, virutas de colores y galleta. No recuerdo si eso era todo o me he olvidado las fresas o he añadido ingredientes de más. Era una bomba de amor que te inundaba la boca sin que pudieras distinguir nada.



Copas de helado en el Maid Café del centro comercial Don Quixote en Akihabara, Tokio. Un Maid Cafe es una cafetería donde te atienden muchachas vestidas de doncella, con su cofia, su delantal y su vestidito corto negro. Te cobran por entrar y pasar vergüenza ahogado de ñoñería, tonalidades rosa, vocecitas agudas y clientes estremecedoramente desagradables y patéticos.

Tomamos dos copas de helado preparadas por, supongo, un unicornio vomitando arcoiris. Una era de chucherías, fruta, nata y salsa de cursi. La segunda entremezclaba sabores dulces con ácidos en una montaña de nata y sirope de fresa. Aunque fFue una experiencia que no volvería a repetir ni atado, los postres estaban muy buenos y no tan dulces como se podría imaginar.



Helados de máquina en... cualquier parte. Cada ciudad, cada pueblo de Japón tiene su sabor y una máquina de helado para servírtelo. Probamos de flor de cerezo, de té verde, de miso,... El que veis en la foto lo compramos en Arashiyama y es de dos sabores: el de arriba es tofu, o queso de soja, y el de abajo es boniato morado (murasaki imo). El boniato estaba delicioso pero el tofu, meh...



Momiji manjū en la isla de Miyajima. Los manjū son confites que sirven de acompañamiento al té. Están hechos de harina, harina de arroz y trigo sarraceno y acostumbran a estar rellenos, como no, de anko. Del mismo modo que cada lugar tiene su helado, también tienen sus dulces característicos, que destacan por tener una forma especial, sea de un monumento o de algún símbolo identificativo de la región.

Los momiji manjū (momiji quiere decir hoja de arce) son típicos de la isla de Miyajima, en la costa de Hirosima. El relleno típico es la mermelada de mandarina pero también los había de chocolate, de castaña, de natillas,... Bueno, los probamos todos. El sabor era muy sutil, hasta soso, pero agradable.



Pepito de matcha y shortcake de fresa en Osaka. Aunque los haya puesto los últimos, los primeros dulces que probamos nos los jincamos el segundo día en Osaka. Fue en una pastelería de la ciclópea y laberíntica estación. No hace falta decir que no la volvimos a encontrar. Tere se pidió un pepito de té verde.  El matcha está por todas partes pese a su sabor seco, áspero, espartano. A mí no me enloquece pero, para los amantes del soylent green, este país es vuestro paraíso.

Cumplí mi deseo de probar el pastel que conocía como ichigo por los dibujos animado. En realidad, el nombre es shortcake y es una receta importada de los anglosajones que los nipones han adaptado utilizando bizcocho como base. Es completamente blanco y lleva varias capas de nata y fresas (cuya traducción en japonés es ichigo). Se vende en porciones coronadas con un fresón cada una y está delicioso. Ya me veis la cara de placer.


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