Jeepers Creepers


Noche de Halloween, celebrándola como buenos estadounidenses que somos, ponemos Jeepers Creepers en Netflix, una (presunta) película de (presunto) terror que ninguno de los presentes había visto.

Esta peli de 2001, con un tremendo Justin Long, heredero del mejor Keanu Reeves, con dos estados de ánimo en todo el metraje, medianía adolescente e histrión boquiabierto, nos sorprendió. Para empezar, esquiva las catalogaciones de género y se adentra de lleno en la comedia ridícula e incoherente. Donde debería haber escalofríos, hay carcajadas de incomprensión.

En las historias de terror con teenagers destaca la idiotez de los mismos, pero es que en Jeepers Creepers parece que la pareja de hermanos protagonistas sean un trasunto autobiográfico del guionista y director Victor Salva, cuyo nombre apunta a maneras y anuncia cosas tan buenas como una campaña del Partido Popular. Nosaltres estimem Jeepers Creepers.

Sin duda, el doblaje es un plus. Las malas actuaciones originales quedarían cojas si los dobladores españoles supieran interpretar. Diálogos sin sentido y artificiales lanzan inesperados hipérbatos, figuras líricas dignas del mejor Tristán Cármenes, del más excelso poeta de la mousse. ¡Cómo será de buena la peli que la imagen se quedó congelada durante diez segundos y no nos dimos cuenta!

El desarrollo carece de lógica y el final, de explicación. El comienzo, en cambio, es aburrido y carente de interés, con un punto de partida tan forzado como absurdo. Trish y Darryl conducen a casa de sus padres a través de la inhóspita... Nebraska. Por el camino, ven a un tipo tirando cadáveres en una tubería, justo el mismo que minutos antes los ha intentado arrollar con un camión. En vez de correr a la policía, deciden acercarse a preguntar.

Aparece por ahí enmedio una vidente negra, supongo que para completar el cupo racial, pues su intervención en la trama es completamente prescindible. El malo de turno a ratos es el asesino de Sé lo que hicisteis el último verano, a ratos el Duende verde de Spiderman, y a ratos un murciélago o una gárgola o una polilla (a saber).

He quedado alucinado con algunas críticas que la consideran, ya no digerible o aceptable sino meritoria. ¡Y descubro para mi horror que no sólo hicieron una secuela en 2003 sino que una tercera parte está prevista para 2016! ¡¿Pero a qué demente sádico se le ha ocurrido?! Pues, por lo visto, al mismo desgraciado que produjo la primera: Francis Ford Coppola. Menudo hijo de

El año que viene, a comer castañas. Y a repartirlas, que buena falta que hacen.

No hay comentarios