Seda de Alessandro Baricco


Seda es la novela más famosa del escritor italiano Alessandro Baricco. En todos los países donde ha aparecido se ha convertido en un éxito. En España, el best-seller publicado por Anagrama y traducido por Xavier González Rovira y Carlos Gumpert ha superado las cuarenta ediciones.

Es una novela corta que casi, por su tono y brevedad (128 páginas con muchos espacios en blanco entre sus más de sesenta capítulos), podríamos considerar un cuento. Se devora rápido pese a su ritmo pausado y contemplativo.

Con una prosa concisa y lírica, Baricco narra la historia de un comerciante de seda francés en Japón. Explicar más sería, tal vez, contar demasiado, y tampoco tendría demasiado sentido hacerlo. No es una novela de viajes pero sí, sin duda, un viaje sentimental.

Seda es un suspiro que queda en la memoria como una indeleble mancha de nostalgia. El relato avanza con paso firme y veloz pero los momentos escogidos se centran tanto en las emociones de los personajes que el tiempo se congela y la respiración se entrecorta.

Es de los mejores cuentos que podrían haber salido de un curso de escritura creativa. Aunque muestra sus andamiajes de tal modo que parece el entrenamiento de un escritor novel, lo cierto es que Baricco contaba con varios libros a sus espaldas cuando la publicó en 1996 a los 38 años.

Seda es una lectura muy agradable que, pese a todo lo bueno (cómo domina el ritmo, cómo añade acertadas innovaciones formales, cómo sumerge al lector en la historia), deja al lector con la miel en los labios por lo que pudo haber sido y nunca fue.

Queda el poso de un ojalá: ojalá se extendiera a lo largo de más páginas, ojalá profundizará más en los personajes, ojalá desarrollara más las tramas. Es una interjección envenenada porque, de cumplirse, el artificio se hundiría por completo en un mar de ñoñería y repetición.

En mi opinión, Baricco fue muy inteligente. Consciente de sus posibles limitaciones, recurrió con habilidad a varias estrategias para poder condensar el relato y esconder sus carencias. El turinés vendió su fragancia en una diminuta y hermosa botella que a todos agradó.

Su perfume se deja poner y llevar. No avergüenza y hasta produce envidia. Es un libro que me hubiera gustado ser capaz de crear y, sin embargo, no parece más que una base, unos cimientos sobre los que otros mejores hubieran sido capaces de levantar castillos fascinantes e imperecederos.

1 comentario

Marc Roca dijo...

Purs a mi tb mevdejó esta sensacion de estrella fugaz… pero tiene un parecido con el arte del haikú, si novrecuerdo mal, y esa forma hace que la historia se quede en lo que es, no crees? Me gustó, fue un rápido placer leerla.