Mob Psycho 100: el manga y el anime

La portada está mejor dibujada que el interior

El creador anónimo de Onepunch-man, el héroe hastiado porque vence a todos sus oponentes de un único puñetazo, ha sacado una nueva serie al mercado, y es lo mismo pero al revés.

En Mob Psycho 100, Mob es un chico con poderes psíquicos inconmensurables que tampoco es feliz. Para él, capacidades sobrenaturales como la telequinesis o poder ver a los fantasmas no le parecen útiles. En su lugar, preferiría ser atlético y bueno en los estudios como su hermano pequeño.

ONE, pseudónimo del autor, juega así con la idea principal de su cómic anterior, es decir, una persona que tiene el poder inabarcable con el que todos soñamos pero que, al final del día, no le ayuda a sentirse más realizado ni dichoso.

Con el manga, no he podido acabar siquiera el primer tomo. Mi primer escollo es el dibujo, que parece de un fanzine amateur. Aquí no colabora con el talentoso Yusuke Murata sino que lo ilustra él mismo.

Lo gracioso es que en las solapas del forro pone, si no entiendo mal, que tiene cuatro asistentes: Koya, Mushasabu, Otsu, Kurappe. Si con cuatro ayudantes sale esto, joder, es una inversión de dinero bastante fallida.

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Luego, viene el tono. El humor japonés juega con el ridículo y suelta constantemente chascarillos tontos que hacen mofa de las convenciones sociales que asfixian la cultura nipone. No me desagrada, me hace reír, pero muchas de estas gracias seguidas cansan.

Esto refuerza la sensación de estar ante un trabajo amateur, aunque no lo sea. El ritmo se detiene y el clímax decae para dejar caer la bromita. Parece un tebeo que han dibujado unos colegas para pasar el rato. Por un euro o dos en un stand del Salón del Manga, vale, pero más...

El anime, en cambio, pese a mantener el estilo feísta y parte del humor tontorrón del manga, evita estropear la atmósfera. Su tono resulta menos divertido, hasta tenso, pero no llega a cansar ni aburrir, en parte por su espectacularidad visual.

Las animaciones de los combates están bien realizadas. Sumadas a la mayor riqueza de planos y escorzos (respetanto bastante el orden de las viñetas originales), el resultado final acaba siendo mucho mejor, con un mayor empaque que la obra en papel.

La diferencia de calidad es innegable. Mientras que no he podido pasar del primer libro, he concluido la primera temporada del anime en un santiamén. Disfruté mucho los doce capítulos, tanto por las batallas como por los personajes y los giros de la trama, que depara alguna que otra sorpresa.


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