Hoy en cine de derechas: Palmeras en la Nieve [SPOILERS]


Palmeras en la nieve es una película con un guión más plano y de derechas que una página del ABC. Unos españolitos se marchan a Santa Isabel (la actual Guinea Ecuatorial) para enriquecerse con el cultivo del cacao. Su digna labor consiste en reventar a los negros a latigazos y contraer la sífilis follando con prostitutas o violándolas en la oscuridad de la selva.

Lo más gracioso de esta gente de bien es su cara de aflicción cuando la rebelión de los nativos los echa del país. "¿Qué pasa aquí?" llega a clamar como un imbécil el protagonista a los africanos. ¿Qué pasa, hijo de puta? Pasa que supone que eres el héroe de todo esta charca de vómito y no eres más que un cacique de mierda.

Nada puede hacer que me compadezca de estos señoritos. Mario Casas está tan rematadamente mal intentando meter su arquitectura anatómica y sus andares de chulo de discoteca en el cuerpo de un maño de mediados de s.XX que no hace más que acrecentar mi desprecio. No entiendo cómo se puede ganar tanto dinero haciendo un trabajo tan pésimo.

Pero esto va más allá de lo blanco de la trama (en varios sentidos). Obviando el lavado de cara del colonialismo, la historia de amor entorno a la que gira este hediondo pastelón, surge de la nada para digirse a ninguna parte. En la boda de ella, sus miradas se cruzan con un flechazo. No hay trasfondo previo más allá de los sesenta minutazos de interpretaciones lesivas y denunciables.

Él la perseguirá hasta conseguirla. El paroxismo llega cuando, tras sufrir una violación en grupo, Casas le exige que le jure amor eterno. ¿Comorl? Por si no fuera suficiente, el asesinato de su marido la obliga a cumplir un año de luto en aislamiento. Pero, oye, minucias; tú dime sin falta si te molo para saber si debo quedarme o salir por patas del país, que la cosa está calentita.

Pretenden que me apiade de ambos, sobre todo de él, porque un levantamiento violento impidió que sus corazones continuaran juntos. Hubiera sido preferible, por supuesto, que los negritos del África Tropical hubieran seguido cantando la canción del Cola-Cao, ese producto sin par que, además, es un desayuno y una merienda ideal. Ojo con eso.

El montaje de la trama con los flashbacks es torpe en extremo, al igual que la historia de amor paralela desde el presente, un WTF importante con escena de sexo bajo la cascada incluida. El final ya es de traca, con un momento Marisol entonando un canto indígena en pleno monte de Aragón. Antena 3 se ha cubierto de gloria con esta producción.

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