¿Albedrío o algoritmo? Play, Involuntary y Fuerza mayor de Ruben Östlund


Siempre es sorprendente encontrar películas conocidas en la filmografía de un director con el que creías no haber tenido nunca contacto. Puede que la fortuita coincidencia no lo sea tanto si uno se pone a pensar en los algoritmos informáticos que controlan el azar de nuestras vidas, pero vamos a obviar este detalle para no perder la magia de la serendipia.

Tras disfrutar de Fuerza Mayor (Turist, 2014), y de cara a esta reseña, busqué información acerca de su director, el sueco Ruben Östlund. Resulta que no sólo está detrás de las cámaras en The square (2017), un éxito muy reciente en cines que me fastidió perderme; sino también en Play (2011), una película que vi hace tiempo con mi pareja y que tenía prácticamente olvidada.

Por lo que recordaba, Play es una película extraña, lenta, con el tema de la inmigración de fondo, en la que un joven nórdico y sus dos amigos conocen a un grupo de chicos negros que los "invitan" por la fuerza a pasar la tarde con ellos. El grupo somete a los tres niños, no a través de la violencia física, sino a base de la sugestión y la intimidación.

Fuerza mayor también analiza el comportamiento humano a raíz de un incidente muy concreto. Durante unas vacaciones en los Alpes, una familia sueca ve cómo un alud controlado parece precipitarse sobre la terraza del restaurante donde están comiendo. En ese momento de pánico, la madre se lanza a proteger a sus hijos mientras el padre huye aterrorizado.

A partir de este acongojante suceso, que se resuelve en un susto, los problemas para aceptar lo ocurrido empiezan a enquistarse en la pareja. Ante un peligro inminente, ¿nuestra reacción es instintiva y amoral, o realmente revela algo de nuestro verdadero Yo? ¿El marido abandonó a su familia porque no la amaba? ¿Actuó ella así porque es la respuesta "natural" de una madre?

El desarrollo me parece magistral, con diálogos e interpretaciones fantásticas. Sin embargo, el desenlace me pareció una resolución fácil, un "hasta aquí hemos llegado y no nos vamos a complicar más". Fuera de esta espinita, la película me parece una reflexión interesantísima acerca de la identidad, la moral y los modelos de conducta asumidos socialmente.


Involuntary (De ofrivilliga, 2008) también se encuentra en la filmografía de Östlund. Tras ver a las dos adolescentes del cartel en el tráiler de Filmin, dudé si había visto también esta película, pues la escena de ambas ante la webcam me sonaba demasiado. Ahora sé que la tenía pendiente, pero su visionado me ayudó a acordarme mejor de Play.

Y es que ambas se asemejan más entre sí de lo que se parecen a Fuerza Mayor. Esta última está conectada de principio a fin por un motivo claro que encauza la trama. En las dos anteriores, en cambio, una idea menos definida sobrevuela e inspira el metraje sin dirigirlo. La cámara y los personajes caminan erráticos, sin que parezca que tengan muy claro qué deben hacer.

El tema del condicionamiento se repite en Involuntary a través de cinco historias paralelas donde la presión del grupo coarta las decisiones individuales: unas adolescentes de fiesta con sus amigos, los pasajeros de un autobús detenido en la carretera, el anfitrión de una fiesta que se niega a abandonarla, una renión de ex compañeros de instituto, y una profesora enfrentada al resto de su claustro.

Si bien la psicología humana es el centro en torno al que giran estos tres trabajos, el objetivo de la cámara parece querer desentenderse de ello. Hay un contraste muy acentuado entre planos generales, escenas casi documentales que convierten a los personajes en hormigas, y planos cerrados que dejan a los personajes fuera de encuadre, como si fueran accesorios o irrelevantes.

La fotografía es impresionante. Empuja al público a un ejercicio contemplativo que lo aleja todavía más de la escueta trama. Östlund lanza al espectador en mitad de un mundo en el que es insignificante. Lo aboca, sobre todo en InvoluntaryPlay, más que en Fuerza mayor, a una constante ausencia de rumbo y puntos de referencia.

Le hace sentir la asfixia de los protagonistas, arrastrándolo hacia el precipicio de la duda. ¿No podrían actuar de otra manera? ¿Sería yo capaz de hacerlo mejor? ¿Hasta qué punto vivimos "programados", y dónde termina nuestro libre albedrío? Östlund sabe cómo hacer que nos cuestionemos a nosotros mismos. Es desazonador, chocante y revelador.

1 comentario

el convincente gon dijo...

Ostrás. Me acaba de pasar exactamente lo mismo que comentas al principio de la entrada: no sabía que Involuntary, que vi hace años, fuese del mismo director que Fuerza Mayor. Me había gustado mucho Involuntary.