Un clienta se dirige a un dependiente y le pregunta:
—Perdona, ¿tienes el último libro del Larsson?
—Sí, ahí, en la columna gigante que hay en medio de la librería.
—No, ese no. El último.
—Ése es el último. Salió ayer, es la tercera parte de la saga.
—Es que yo busco el último, el cuarto.
—El último es el tercero, que salió ayer.
—Yo ése lo tengo desde hace un año. He venido a buscar el cuarto.
—Eeeh... en principio, el autor murió habiendo escrito sólo tres libros y éste, el tercero, salió ayer a la venta en toda España.
—No, no, no. Mi hijo y yo tenemos ése desde hace un año, y hemos leído que salía el cuarto. Busco el cuarto.
—A ver, por lo que yo tengo entendido, se sabe que el autor pensaba escribir diez libros. El cuarto y el quinto los tenía esbozados, no estoy seguro. Creo que, lo que tenía escrito del cuarto, lo borró y sólo queda el esquema de lo que quería hacer y que, tal vez, su hijo y otro pariente lo aprovechen para reescribirlo y sacar más dinero aún con el éxito de la trilogía. Pero hasta el día de su muerte, Stieg Larsson sólo tenía escritos tres libros con los que cerraba la trama.
—¿Me estás diciendo que no sé de lo que hablo?
—...
Yonkis de Larsson, trituren el libro y esnífenselo, pero no vayan a las librerías con el mono de pedir más jaco del que hay. Tres. No more.
—Perdona, ¿tienes el último libro del Larsson?
—Sí, ahí, en la columna gigante que hay en medio de la librería.
—No, ese no. El último.
—Ése es el último. Salió ayer, es la tercera parte de la saga.
—Es que yo busco el último, el cuarto.
—El último es el tercero, que salió ayer.
—Yo ése lo tengo desde hace un año. He venido a buscar el cuarto.
—Eeeh... en principio, el autor murió habiendo escrito sólo tres libros y éste, el tercero, salió ayer a la venta en toda España.
—No, no, no. Mi hijo y yo tenemos ése desde hace un año, y hemos leído que salía el cuarto. Busco el cuarto.
—A ver, por lo que yo tengo entendido, se sabe que el autor pensaba escribir diez libros. El cuarto y el quinto los tenía esbozados, no estoy seguro. Creo que, lo que tenía escrito del cuarto, lo borró y sólo queda el esquema de lo que quería hacer y que, tal vez, su hijo y otro pariente lo aprovechen para reescribirlo y sacar más dinero aún con el éxito de la trilogía. Pero hasta el día de su muerte, Stieg Larsson sólo tenía escritos tres libros con los que cerraba la trama.
—¿Me estás diciendo que no sé de lo que hablo?
—...
Yonkis de Larsson, trituren el libro y esnífenselo, pero no vayan a las librerías con el mono de pedir más jaco del que hay. Tres. No more.
juasssss, qué risa. ¿Y al final quién tená razón? Porque la clienta sabe de lo que habla...
ResponderEliminarBueno, a ver si me contesta algún zombi.
ResponderEliminarO me contesto yo a mí mismo.
ResponderEliminarAquella clienta se equivocaba tremebundamente.
ResponderEliminarEntendido. ¿Y no se molestó la clienta por tu trato, quizás un poco hostil?
ResponderEliminarPues no sé, eso no lo sé. Pero en la FNAC se enseña que el cliente no tiene siempre la razón. Es un cambio en la percepción del cliente que se lleva a cabo desde hace tiempo.
ResponderEliminarAjá. Y no sé, qué más podría preguntarme... ¿Realizáis alguna recolección de momentos divertidos/curiosos en la tienda, entre los trabajadores?
ResponderEliminarPues siento contestarte de nuevo que eso tampoco lo sé. La verdad es que resulta un poco absurdo preguntarse cosas que se saben sin respuesta, además de ser frustrante saber que aquél que las puede contestar no va a hacerlo.
ResponderEliminarMe pregunto yo cuáles serán las razones del autor para no contestar, eso sí que me llama la atención.
ResponderEliminarPorque decir que es así porque desde el principio ya se planteó así no es una razón de peso.
ResponderEliminarQue no digo que no sea suficiente, ojo, que suficiente lo es.
ResponderEliminarPero aún así, no sé... Falta un no sé...
ResponderEliminarPorque me pregunto de nuevo, ok, si al principio se planteó así, después se puede plantear diferente.
ResponderEliminarNo veo que eso suponga un conflicto.
ResponderEliminarAl menos desde mi punto de vista.
ResponderEliminarQue desgraciadamente no es el del autor...
ResponderEliminarYo sólo soy un simple comentarista que da vidilla al blog.
ResponderEliminarPor cierto, ¿dónde está el autor?
ResponderEliminar¿No es una incongruencia que el autor haya decidido no contestar los posts, pero en cambio lo hace en breves instantes a través de correo electrónico?
ResponderEliminarSeltsam...
ResponderEliminarHay tantas cosas que nunca sabremos...
ResponderEliminarPadre, ¿cuánto mide el universo?
ResponderEliminarHijo, no preguntes. El autor decidió desde el principio que no iba a contestar los posts.
ResponderEliminarY luego soy yo la que se aburre... xDDDD
ResponderEliminarPor cierto, diría que esto no se le preguntó al autor del blog, si no a otro compañero. Y si, antes había una libretita donde se apuntaban todo este tipo de anécdotas, era un partón todo lo que había ahí dentro. Lástima que alguien se la llevó cuando se marchó quemada del trabajo, para recordar que hubo buenos momentos supongo.
Ahí va mi aportación: una madre, con su niño y su abuela, todos con cara de saber mogollón de literatura, me preguntaron por "La historia interminable"...de Ruíz Zafón. No hubo huevos de convencerlos que escritor y libro no coincidían.