Zoolander 2, divertida pero no tanto como la primera


La películas de Ben Stiller me hace más bien poca o ninguna gracia. Incluso con los Padres de ella me reí poco para lo mucho que lo ha disfrutado tanta gente. Zoolander es la excepción que me hizo reír a mandíbula batiente. Consiguió que me saltaran las lágrimas.

Esta segunda parte, estrenada quince años después de la original, no es tan divertida pero contiene esos gags y esos momentos Zoolander que tanto disfruté en la primera. Tal vez no sea el humor de Ben Stiller lo que mejore respecto al resto de sus películas sino su personaje.

Las muecas de Ben Stiller interpretando al tontol'haba de Derek Zoolander son impagables. Owen Wilson como Hansel no se queda atrás. Los morritos de ambos se enfrentan nuevamente a los moños de Mugatu, el criminal de la moda caracterizado por Will Ferrell, un ¿cómico? hacia la que estoy despertando un vigoroso odio rallano a la adamsandlerfobia.

Penélope Cruz no me ha resultado histriónica. Consiguen más Cumberbatch en apenas unos segundos que ella en toda la película. Y es que los cameos, desde Justin Bieber a Neil deGrasse Tyson, pasando por figuras de la moda como Valentino o Naomi Campbell, demuestran que saben reírse, y mucho, de sí mismos.

Ben Stiller debe de poseer el mismo don que Santiago Segura para convencer a grandes estrellas de bajar al ruedo y mancharse de barro, o de algo bastante parecido. Y lo bueno es que ellos están felices de quedar como unos fantoches.

Muy posiblemente, parte de las risas se hayan perdido con el doblaje. Aunque la voz del protagonista me encanta, recuerdo que la intervención de Cumberbatch en el tráiler inglés me pareció mucho más cómica.

Sea com fuere, el guión no tiene ni pies ni cabeza, y tampoco tiene mucho sentido buscarle el ídem. Sigue siendo una parodia del mundo de la moda pero tan descabellada y fuera de órbita que pierde parte del toque paródico de la primera.

De todos modos, para los fans de Zoolander, aunque no supere a la original, hay momentos del personaje, de sus adláteres y cameos que valen su peso en oro. ¡Mirada acero azul!


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