Un antes y un después: Susurros del corazón y Haru en el reino de los gatos

Susurros del corazón (Mimi wo sumaseba, 1995)

Dirigida por Yoshifumi Kondō y basada en un guión adaptado por Miyazaki, Susurros del corazón no tiene nada que envidiar a las obras del maestro. De hecho, ha pasado de desconocida a una de mis favoritas de Studio Ghibli. No sólo me ha enamorado por la belleza de la animación y la alegría que transmite. También posee la receta perfecta para embelesar a mi Yo adolescente.

Shizuku es una lectora compulsiva de catorce años. Gracias a las fichas de los libros de la biblioteca, conoce a Seiji, un chico que, al igual que ella, lee con fruición y sin mesura. Él trabaja de aprendiz en una tienda de antigüedades reparando instrumentos. Su pasión por convertirse en lutier anima a Shizuku a escribir su primer relato.

Sin necesidad de teletransportamos a otros universos con brujas o trolls de boca gigante, Kondō presenta un mundo tan cotidiano como inspirador, lleno de amor por el arte y las artesanías. Sin embargo, esta atmósfera bohemia fue opacada por los pocos detalles fantásticos que hay en la historia, siendo estos los que acapararon el recuerdo colectivo, tal como evidencia la carátula sobre estos párrafos.

Lo gracioso es que dichos elementos mágicos no aparecen más que unos minutos en pantalla. Ni siquiera son parte de la trama principal, sino de la novela que imagina la protagonista. Pero el impacto fue tan poderoso que ese breve tiempo bastó para que los fans empezaran a remitir cartas al estudio pidiendo un segundo anime centrado en el libro.

La expectación debió dispararse en 1999, cuando la compañía recibió el encargo de desarrollar un corto sobre gatos y Miyazaki expresó su deseo de que aparecieran en él tanto la tienda de antigüedades como los dos felinos del relato de Shizuku, Barón y Muta. Por si fuera poco, se solicitó al creador del manga original en el que se basó Susurros del corazón que creara una secuela.

La ilusión de muchos sufrió una estocada cuando el proyecto fue cancelado. Los minutos de metraje realizado fueron utilizados como campo de pruebas para los nuevos animadores, entre los que se encontraba Hiroyuki Morita. Tras adaptar la nueva obra del mangaka Aoi Hiiragi en un guión de 525 páginas, recibió la misión de concluir la película.

El resultado llegó en 2002 con el título de Neko no ongaeshi, traducido libremente en España como Haru en el reino de los gatos. No sé si el anhelo de los seguidores recibió el premio que esperaban. Parece que tanto el guion como la animación distan mucho de la calidad que asociamos a Studio Ghibli, que aquel mismo año ganaba el Oscar por El viaje de Chihiro.

Si bien el punto de partida es divertido (Haru rescata a un minino y entonces empieza a ser agasajada con estrambóticos regalos, más adecuados para gatos que para humanos), el desarrollo carece de sentido y se siente vacío de contenido. Poco o nada tiene que ver con lo que vimos en el metraje de 1995, siendo esta suerte de spin-off objetivamente peor.

Entrado el s.XXI, han sido muchas las voces que han hablado de la decadencia de la industria del anime debido a la precarización del sector. La alta demanda exige producir más cantidad y más deprisa, los sueldos bajan para poder asumir costes, se externalizan los puestos de trabajo con mano de obra más barata,... Evidentemente, la obra final acaba viéndose afectada.

Cabe apuntar que entre Susurros y Haru murió el director de la primera, Yoshifumi Kondō, debido a un aneurisma provocado por el exceso de trabajo. Su pérdida afectó mucho a Miyazaki, quien llegó a anunciar su retiro pese a que no llegara a materializarse. Varias veces lo ha intentado y Studio Ghibli ha hecho todo lo posible para convencerlo de lo contrario.

Películas posteriores del genio japonés como El castillo ambulante (2004) o Ponyo en el acantilado (2008) se sienten un escalón por debajo de su filmografía anterior. Incluso a día de hoy hay cierta sensación schrödingeriana por saber si Studio Ghibli está vivo o muerto después de seis años desde su última producción. ¿Supuso Haru un indicio sintomático del principio del fin? Esperemos que no.

Haru en el reino de los gatos (Neko no ongaeshi, 2002)

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