Mostrando entradas con la etiqueta U. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta U. Mostrar todas las entradas

Un regalo de mierda

Hay veces que la vida no te da limones, te da un calendario de adviento de animales evacuando su vientre. Uno esperaría un calendario de Kinder, o de KitKat, chocolate a fin de cuentas, y no algo que se le podrá parecer mucho pero que no equivale en absoluto. 

En estas fechas cabe ser agradecido, agradecido de que se trate de un libro de fotografías y no el objeto en sí. Y a pesar de las temperaturas, que tampoco han sido demasiado bajas en este 2022, hay que dar las gracias de que lo que tienes entre tus manos no emane calor alguno.

Es inodoro, como el lugar donde debería estar esta recopilación escatológica, tal como las palabras proferidas al descubrir semejante regalo. ¿Pero qué es esta... cosa? Son 24 fotos de animales salvajes y domésticos para que amenices la espera hasta el ansiado día en que llega Papa Noel.

Nuevamente, hay que alegrarse de no tener que esperar a los Reyes y su carbón, mineral que tal vez se merezca quien con una carcajada lo puso en tus manos envuelto en un bello envoltorio con abetos, renos y copos de nieve. 

Es que ni siquiera las imágenes tienen la calidad, digamos, de National Geographic. Hay un collage terrible realizado con Photoshop de un gatito sentado en una bota que no es nada realista, ni proporcionado. Incluso el acto que realiza, lo suponemos, pues su cola está oculta en el calzado.

¿Me está diciendo su autor que no existen fotos suficientes recogidas en los cientos de miles de documentales para llenar veinticuatro páginas? Si hasta en la cubierta ha modificado de manera burda la cara del león para otorgarle una expresión de descaro, de burla.

¿Acaso estamos ante un ejercicio metalingüístico, autorreferencial, y el libro en sí es lo mismo que contiene? Y si es así, ¿por qué no puedo dejar de mirarlo? ¿Por qué me quedo hipnotizado con ese gato sacando como sombrero de mago un enorme tronco navideño?

¿Y ese pobre perro del día 5, con su mirada triste de ojos azules fija en la cámara? Es como si preguntara al humano: ¿es eso lo que merece el mejor amigo del hombre? ¿Así me lo pagas, inmortalizándome en mi momento más vulnerable?

Visitamos el mundo: una jirafa en la sabana, un oso polar en la nieve, un caballo en el campo, un cormorán en el mar y un tigre en el zoo. Los más diminutos también quieren dejar su recuerdo: desde el patito al ratón, la cabritilla, el jabato, la tortuga. Hay hasta un rinoceronte y un león marino.

Nunca sabes lo que te depara tu senda vital. ¿Te hubieras imaginado en algún momento que estarías mirando este libro con cuarenta tacos y una sonrisa? Seguramente, no. ¿Hubiera querido seguir adelante tu Yo adolescente de saberlo? Mejor no responder.

En fin, la vida te sorprende, y no con el Gordo de la lotería.

Un mes con Apple TV+: Severance, Ted Lasso, Planeta prehistórico, Micromundos, Fundación y Mythic Quest


Severance (2022)

La mejor serie de Apple TV+ es una retorcida historia de ciencia-no-tan-ficción sobre una controvertida intervención quirúrgica que divide la conciencia en dos: una para el trabajo y otra para el ocio. La publicitan como el modo ideal para dejar todas las preocupaciones laborales atrás... ¿pero qué sucede con la conciencia que no sale de la oficina? Escrita con inteligencia, mostrando conflictos morales que ni te imaginas en su comienzo, su primera temporada cierra con broche de oro en espera de la segunda.


Ted Lasso (2020)

Ted Lasso es una multipremiada comedia dramática y buenrollista que mezcla The Office con un libro de autoayuda. El protagonista que le da el título es un entrenador de fútbol americano que es contratado por un equipo de la Premier League. ¿La razón? La dueña quiere hundir el club. Si bien la primera temporada me encantó, por equilibrada y bien construida, la digestión de la segunda se me hizo bastante pesada, con demasiadas historias sentimentales y tramas absurdas que no llevan a ninguna parte.

La separación entre realidad y CGI se desdibuja cada vez más. He quedado impresionado con la calidad de imagen y efectos especiales de esta reconstrucción del mundo de los dinosaurios. Actualizando la visión ofrecida por anteriores trabajos, por lo visto hasta los últimos momentos de la producción, es una maravilla audiovisual. En demasiados momentos no podía discernir qué era fruto de la cámara y qué, del ordenador. La narración de David Attenborough sólo mejora el resultado final.
 

Si bien en Planeta Prehistórico pero la lógica le recuerda que es imposible haber grabado a un Tiranosaurio, en Micromundos esa baza se pierde. Uno se pasa el metraje preguntándose cómo han conseguido tomar imágenes del vuelo de ese insecto tan diminuto, o cómo lo han renderizado para que parezca tan real. Entendiendo la ironía de que su narrador sea Paul Ruud, Ant-Man en el universo Marvel, su voz es lo que menos me ha cautivado de esta producción.

Apenas vi tres episodios de Mythic Quest, así que no puedo puedo dar una opinión con empaque. Su primer episodio no me interesó demasiado, ni por los personajes, ni por el ritmo ni el tono de su comedia. Me pareció demasiado cliché, ubicada en la industria del videojuego, sí, pero tópica a más no poder. Seguramente mejore a medida que avance. Pero, a diferencia de Ted Lasso, me tuve que forzar a ver más allá del primero.

Esta no la he visto yo, sino mi pareja, pero creo que era justo mencionarla, ya que es la adaptación de la totémica saga de novelas de Isaac Asimov. Mi pareja la adora, y su decepción no ha podido ser mayor. Desde guion, se traicionan los principios fundamentales de la trama y los personajes. Lo único interesante es una trama sobre el Imperio que no aparece en los libros. Si no conoces el material original, la disfrutarás, tiene una factura impecable. Como fan, querrás romper las tres leyes de la robótica.

Una altra vida, encara de Theodor Kallifatides

Theodor Kallifatides escribió esta breve novela en 2017 a la edad de 79 años. No es su última obra, pero tiene cierto sabor agridulce de despedida. Porque Un altra vida, encara (Otra vida por vivir en castellano) es un libro que emociona. Es un alto en el camino para echar la vista atrás y hablar de la vejez, de los conocidos que ya se han ido y de la presencia cada vez más indeleble de la muerte.

Sin embargo, no es una parada autocomplaciente para reseguir el largo trecho ya recorrido, sino que busca entender dónde se encuentra ahora. Y lo hace reflexionando desde su perspectiva dual como inmigrante, nacido en Grecia en 1938, pero obligado a emigrar a Suecia a los 26 años en busca de trabajo. En un país tan distinto de aquel que lo vio crecer, consiguió edificar una nueva vida. 

Este texto autobiográfico es su retorno literario y físico a la tierra que dejó atrás. Es un regreso literario porque, a diferencia de sus otros libros, este lo escribió en griego y no en sueco, lengua que adoptó con agrado. Y es físico porque relata el viaje que hizo hasta Molaoi, su pueblo natal en el Peloponeso, para asistir a una ceremonia de homenaje en su nombre.

Con ánimo sereno, Kallifatides deshoja su corazón y su pensamiento gracias a una prosa que fluye entre bruscos cambios de tema. El resultado es una lectura agradable que se sumerge en las múltiples cuestiones que preocupan al autor: desde la visión de Grecia después de la crisis y la derrota de la solidaridad frente al individualismo, al odio creciente hacia las minorías y el auge de la ultraderecha.

Con frases sencillas pero contundentes, esta narración surgida de un bloqueo creativo plasma con gran sinceridad las incertidumbres y miedos de su autor acerca de su escritura, el mundo y la vida. Si bien su pluma y su corazón volvieron a latir con fuerza con este libro, como ratificó después con la publicación de El asedio de Troya en 2018, el futuro hacia el que nos dirigimos no parece tan halagüeño.

¿Seremos capaces de volver a coger el timón y resurgir como Kallifatides, o seguiremos sin rumbo de cabeza al precipicio?

Un mes en Tinder siendo mujer gamer de Marina Amores y Daniel Muriel

No se debería juzgar un libro por su cubierta y, sin embargo, somos los únicos que tropezamos dos veces con la misma piedra. Cuando vi en la librería Un mes en Tinder siendo mujer gamer de Marina Amores y Daniel Muriel, pensé que se trataría de un relato personal enfocado al público adolescente, y no de una mini investigación sociológica enmarcada dentro de los estudios de género.

En el prólogo ya se me desbarataron las expectativas que traía. Leo: "dentro del contexto de lo que Judith Butler denominaba la matriz heterosexual, ese esquema de inteligibilidad cultural donde se naturalizan las categorías de sexo, género y deseo". Ni esperaba tecnicismos ni un tono tan académico. Por suerte, pese a que este enfoque se mantiene a lo largo de todo el texto, la lectura se simplifica una vez superas el preámbulo.

El libro busca demostrar el machismo existente entre los aficionados a los videojuegos, un sexismo omnipresente en la sociedad, pero especialmente virulento y agresivo aquí si lo comparamos con otros hobbies como, por ejemplo, la literatura. A día de hoy a nadie en Europa le sorprendería que una mujer leyese, ni la cuestionaría para discernir si su interés es sincero o impostado.

El ensayo sigue una estructura precisa. Primero plantea la hipótesis, explica el experimento y circunscribe el marco. Tinder es una aplicación de ligoteo que refleja a la perfección la mercantilización del sexo en la sociedad contemporánea. Diseccionando las entrañas de la app, descubrimos un sistema de gamificación basado en el sistema de puntuación Elo, el mismo que el utilizado en el ajedrez.

Después, muestra los resultados obtenidos durante un mes a través de trescientos chats en que los usuarios interactuaron con el perfil falso de una chica gamer gestionado por los autores. Las conversaciones están llenas de actitudes paternalistas y enjuiciadoras, además de otras más graves que entran en el terreno de la hostilidad y la amenaza.

Finalmente, se exponen las conclusiones. El problema es que, como los mismo autores apuntan, este es un experimento parcial. A pesar de que la totalidad de los comportamientos se presentaron antes del fin del periodo descrito, repitiéndose  luego sin aportar información nueva, confiar las conclusiones a un único perfil no sirve para explicar cuál es el origen de las distintas actitudes de los internautas.

No pueden corroborar si la hostilidad es simplemente por ser mujer, o por ser una mujer aficionada a los videojuegos. ¿Cómo hubieran reaccionado sus interlocutores si, en lugar de subir fotos de una modelo dentro de los estándares de belleza, hubieran colgado imágenes de otra fuera del canon? Son dudas que contrastan con el tono formal y riguroso del texto.

Para mí, Un mes en Tinder siendo mujer gamer es un testimonio necesario sobre la hostilidad que las mujeres sufren en redes sociales, algo que la autora Marina Amores conoce bien. Recuerdo los constantes ataques verbales que sufría cuando trabajaba en Eurogamer España, y hasta los intentos de sabotaje del evento Gaming Ladies, creado por ella y dirigido exclusivamente a mujeres.

En lo personal, y vistas las conclusiones, hubiera preferido un escrito más distendido y personal. El inconveniente es que, de haberlo hecho así, sus detractores hubieran tachado sus afirmaciones de particulares, sesgadas y falsas. Esperemos que ahora tengan que rebuscar un poco más en el cubo de las excusas para negar que el machismo imperante. Basta ya de tanta toxicidad destructiva e innecesaria.

Un paseo por Corea y Japón de Ana Oncina


Mi pareja y yo conocimos a Ana Oncina por sus divertidas y cuquis historietas de Croqueta y Empanadilla. Si bien las dos últimas lecturas que reseñé en el blog no me entusiasmaron demasiado (el tercer recopilatorio de Croqueta y Empanadilla y Los f*cking treinta), me enamoró una historieta suya publicada en la revista Planeta Manga titulada Neko Grl.

De nuevo vía Twitter, mi pareja supo de su tienda virtual, donde, además de ilustraciones a color y de varios accesorios con sus personajes estrella, hay un diario de viaje suyo autoeditado. Como mi pareja vive muy fuerte su adicción por el país del Sol Naciente, escuchando cada semana tropecientos podcast sobre el tema, tardó cero segundos en pasar el artículo por Paypal.

Más allá del monísimo envoltorio con el que llegó a casa el paquete, Oncina vuelve a hacer gala de su sello personal, aunando humor con unos personajes tan tiernos que dormirías abrazados a ellos como si fueran peluches. A lo largo de cuarenta y dos páginas, cuenta las anécdotas que vivió con cuatro amigas recorriendo Corea y Japón, desde las más curiosas hasta las más desafortunadas.

Si bien hay algunas páginas resultan un tanto caóticas de leer, pues cada una está compuesta por un collage de dibujos y fotografías, es una lectura agradable que levanta más de una sonrisa y provoca más de una carcajada. Escuchando y leyendo el testimonio de tanta gente apasionada por el archipiélado del manga, no cabe duda que hay tantos viajes posibles como personas decidan realizarlo.

PD: ¡El libro venía dedicado! :D

Un antes y un después: Susurros del corazón y Haru en el reino de los gatos

Susurros del corazón (Mimi wo sumaseba, 1995)

Dirigida por Yoshifumi Kondō y basada en un guión adaptado por Miyazaki, Susurros del corazón no tiene nada que envidiar a las obras del maestro. De hecho, ha pasado de desconocida a una de mis favoritas de Studio Ghibli. No sólo me ha enamorado por la belleza de la animación y la alegría que transmite. También posee la receta perfecta para embelesar a mi Yo adolescente.

Shizuku es una lectora compulsiva de catorce años. Gracias a las fichas de los libros de la biblioteca, conoce a Seiji, un chico que, al igual que ella, lee con fruición y sin mesura. Él trabaja de aprendiz en una tienda de antigüedades reparando instrumentos. Su pasión por convertirse en lutier anima a Shizuku a escribir su primer relato.

Sin necesidad de teletransportamos a otros universos con brujas o trolls de boca gigante, Kondō presenta un mundo tan cotidiano como inspirador, lleno de amor por el arte y las artesanías. Sin embargo, esta atmósfera bohemia fue opacada por los pocos detalles fantásticos que hay en la historia, siendo estos los que acapararon el recuerdo colectivo, tal como evidencia la carátula sobre estos párrafos.

Lo gracioso es que dichos elementos mágicos no aparecen más que unos minutos en pantalla. Ni siquiera son parte de la trama principal, sino de la novela que imagina la protagonista. Pero el impacto fue tan poderoso que ese breve tiempo bastó para que los fans empezaran a remitir cartas al estudio pidiendo un segundo anime centrado en el libro.

La expectación debió dispararse en 1999, cuando la compañía recibió el encargo de desarrollar un corto sobre gatos y Miyazaki expresó su deseo de que aparecieran en él tanto la tienda de antigüedades como los dos felinos del relato de Shizuku, Barón y Muta. Por si fuera poco, se solicitó al creador del manga original en el que se basó Susurros del corazón que creara una secuela.

La ilusión de muchos sufrió una estocada cuando el proyecto fue cancelado. Los minutos de metraje realizado fueron utilizados como campo de pruebas para los nuevos animadores, entre los que se encontraba Hiroyuki Morita. Tras adaptar la nueva obra del mangaka Aoi Hiiragi en un guión de 525 páginas, recibió la misión de concluir la película.

El resultado llegó en 2002 con el título de Neko no ongaeshi, traducido libremente en España como Haru en el reino de los gatos. No sé si el anhelo de los seguidores recibió el premio que esperaban. Parece que tanto el guion como la animación distan mucho de la calidad que asociamos a Studio Ghibli, que aquel mismo año ganaba el Oscar por El viaje de Chihiro.

Si bien el punto de partida es divertido (Haru rescata a un minino y entonces empieza a ser agasajada con estrambóticos regalos, más adecuados para gatos que para humanos), el desarrollo carece de sentido y se siente vacío de contenido. Poco o nada tiene que ver con lo que vimos en el metraje de 1995, siendo esta suerte de spin-off objetivamente peor.

Entrado el s.XXI, han sido muchas las voces que han hablado de la decadencia de la industria del anime debido a la precarización del sector. La alta demanda exige producir más cantidad y más deprisa, los sueldos bajan para poder asumir costes, se externalizan los puestos de trabajo con mano de obra más barata,... Evidentemente, la obra final acaba viéndose afectada.

Cabe apuntar que entre Susurros y Haru murió el director de la primera, Yoshifumi Kondō, debido a un aneurisma provocado por el exceso de trabajo. Su pérdida afectó mucho a Miyazaki, quien llegó a anunciar su retiro pese a que no llegara a materializarse. Varias veces lo ha intentado y Studio Ghibli ha hecho todo lo posible para convencerlo de lo contrario.

Películas posteriores del genio japonés como El castillo ambulante (2004) o Ponyo en el acantilado (2008) se sienten un escalón por debajo de su filmografía anterior. Incluso a día de hoy hay cierta sensación schrödingeriana por saber si Studio Ghibli está vivo o muerto después de seis años desde su última producción. ¿Supuso Haru un indicio sintomático del principio del fin? Esperemos que no.

Haru en el reino de los gatos (Neko no ongaeshi, 2002)

Una de Miyazaki, otra de Takahata: Nicky, la aprendiz de bruja y Recuerdos del ayer

Nicky, la aprendiz de bruja*
(Majo no Takkyūbin, 1989)

Nicky es una joven de trece años que decide convertirse en bruja como su madre. Para ello, debe dejar la casa paterna una noche de luna llena en busca de otra ciudad donde no resida todavía ninguna hechicera. Miyazaki vuelve a retratar la infancia de manera fascinante, oponiéndola al mundo egoísta de los adultos, en el que nadie tiene tiempo para apreciar la vida.

Pero hacerse mayor no es fácil, y cuando por fin Nicky llega a Koriko, la resplandeciente urbe costera inspirada en capitales como Napoles, Lisboa o Estocolmo, descubre que la fama de las brujas está de capa caída. No cejará en su intento y, valiéndose de su escoba voladora, abrirá un servicio de reparto. Toda la historia es un amor, visualmente preciosa y argumentalmente llena de ternura. Me encandiló.


Recuerdos del ayer
(Omohide Poro Poro, 1991)

Más introspectivo, lejos de la fantasía de Miyazaki, Isao Takahata cuenta la historia de Taeko, una oficinista tokiota de 27 años que se toma diez días de vacaciones para viajar a un pueblo rural de la prefectura de Yamagata. Amante del campo, llega para ayudar en la recogida del cártamo, una planta utilizada para tintes. Durante el trayecto y su estancia, recuerdos de su infancia empieza a aflorar.

La película se mueve entre el pasado, 1966, y el presente, 1982, comparando etapas cruciales en el crecimiento de la protagonista. Es un drama serio pero no triste, en el que Taeko decidirá qué quiere hacer con su vida. A diferencia de Nicky, un cuento dirigido al público infantil, este tiene como objetivo a los espectadores adultos, de modo similar a como pasó con Totoro y La tumba de las luciérnagas.

Invirtiendo el proceso habitual, los diálogos fueron grabados antes que la animación. Takahata quería copiar la gesticulación de los actores de voz para plasmar el mayor realismo posible en las muecas de los personajes. Esto genera un contraste extraño, pues pasamos de escenas con una ilustración más sencilla a otras mucho más detalladas. En general, no me gustó demasiado, pero a mi pareja le encantó.

_________
* En España se evitó la traducción literal del título ("Kiki, servicios a domicilio") por razones evidentes.

Una pequeña odisea etimológica

Gurruño de papel

Oigo cómo una madre llama a su hija, cariñosamente en catalán, "borrunyo" (léase burrúñu). La usa con el sentido de "pequeñaja, cosita pequeña", pero también tiene, fruto de la fonética, una connotación deliciosamente achuchable. La palabra me llama la atención y la busco en el diccionario de la Enciclopedia Catalana, donde obviamente no está.

Se trata de otra de las inevitables interferencias con el español. Pero "burruño" tampoco aparece en la base de datos de la Real Academia. En su lugar está "gurruño". No son extrañas estas variaciones en español entre ge y be. Ahí tenemos "agujero" y "bujero", por ejemplo. Un artículo de la Fundéu confirma que a la ge de "gurruño" le encanta bailar con la segunda letra del alfabeto.

Sobre la acepción de esta palabra, definida como "cosa arrugada o encogida", se encuentra su etimología, que no es más que el primer salto en una larga secuencia. Gurruño viene del verbo gurruñar, que a su vez es una aféresis de engurruñar, variante de engurrar. Este última alteración, o tal vez una similar, la podemos ver entre rasgar y rasguñar.

Engurrar surge de la metátesis (no confundir con la terrible metástasis) de los sonidos erre y gue de enrugar. Aquí ya vemos la relación con la arruga. No en balde, todos los verbos de la secuencia significan arrugar y, en consecuencia, encoger. Enrugar y arrugar provienen del latín irrugāre. Hay otro verbo en español, rugar, con el mismo significado, que según el DRAE derivaría de rugare.

Sea como fuere, todas formas con sus distintos prefijos tienen como origen común el sustantivo latino ruga, con el significado de arruga en la cara, y de rugosidad o aspereza en una superficie. Es fascinante trazar la evolución de una palabra a a través del tiempo, sobre todo cuando desemboca en otra tan distinta y, encima, salta de lengua a lengua.

(Por supuesto, no me he resistido a buscar la traducción correcta de "gurruño" en catalán. Es "matxuc", con la definición de "pieza arrugada de ropa o de papel". ¿Y de cuál deriva? De matxucar, préstamo del siglo XVI del castellano machucar, variante de machacar, ambas hijas de machar, que es golpear con el macho, un tipo de mazo para forjar hierro. Genial, ¿no?)

_______
Posdata: Me acaba de matar descubrir que hace cinco años escribí sobre exactamente lo mismo. Dos veces, como mínimo que tenga constancia, me he quedado prendado de la misma palabra.

Un lugar tranquilo de John Krasinski [CON Y SIN SPOILERS]


SIN SPOILERS

La premisa de una película de terror donde para sobrevivir hay que mantenerse en silencio me resultó interesante, pues uno espera que reste recursos cinematográficos como el sonido o los diálogos. Desgraciadamente, la idea no está bien desarrollada ni ejecutada. Para más inri, la mezcla de espantosos monstruos asesinos y edulcorado drama familiar no cuaja en absoluto.


CON SPOILERS

Todo se tuerce desde el principio. El mundo ya ha sido invadido y diezmado por unos monstruos ciegos que se guían por el sonido para cazar a sus presas. La familia protagonista, compuesta por un padre, una madre y tres hijos, está aprovisionándose en un supermercado. Al salir, el pequeño pretende llevarse un nave de juguete.

El padre le susurra que no puede ser. Es un aparato electrónico de esos tan agradables de regalar a los críos que emite sonidos sin parar. Es peligroso, podría atraer a las bestias. Pero, llámame loco, ¿y si simplemente no le ponen las pilas y ya está? No. Krasinski prefiere grabar esa "desgarradora" escena negándole el juguetito al nene. Trauma al canto, otro muñeco roto carne de psicólogo.

Su hermana mayor no quiere que el pequeñajo acabe en un diván, así que deja que se lo lleve de extranjis. A mitad del camino, el chaval de cuatro años, que, ¡ojo!, no va delante vigilado por sus padres sino el último, le enchufa las pilas a la miniatura del transbordador espacial y lo enciende. Unos pitiditos insoportables después, un bicho cruza fugaz el plano y se lo zampa.

¿La siguiente escena? Pues es el día 472 y la madre está embarazada. Mmm... ¿qué me estás contando? En mitad del apocalipsis, "luchando por la supervivencia", ¿deciden tener más hijos, pues los bebés pueden controlar perfectamente sus llantos? Es más, mucho guardar silencio y meterles miedo en el cuerpo a los niños, pero a la primera que pueden, raca-raca. Qué padres más zorros.

Es todo muy absurdo, aunque coherente con la manera estadounidense de entender las cosas. Los varios supervivientes viven cada uno es su casa, en su propiedad privada. Rezan en familia antes de cenar para mantenerse unidos, pero luego no se organizan ni se ayudan entre vecinos. ¡Joder, no vayamos a salvarnos y descubramos que un comunista se ha quedado con nuestro jardín!

Los protagonistas se han matado al extremo con ciertos detalles, como cubrir de arena todo el recorrido que va del supermercado a casa para evitar hacer ruido con sus pisadas. ¿Cuántos kilos de arena y cuánto tiempo necesitaron para hacerlo? Luego, en cambio, viven en un sótano de madera donde las tablas no paran de crujir. ¿Habéis pensado en poner unas míseras alfombras?

Lo que más me mata es la hija sorda. Explica por qué la familia conoce la lengua de signos pero... ¿cómo consigue ella saber que no está haciendo ruido? Desde el primer fotograma, a ningún espectador se le pasa por alto que ella va a ser la clave. Lo más cutre es que la solución esté (¡oh, sorpresa) en el audífono que le contruye el padre.

¿Me estás diciendo que, tras averiguar que los monstruos se guiaban por el sonido, no quedaba ningún ejército con un arma de ultrasonidos para aniquilarlos? ¿A nadie se le ocurrió esa revolucionaria idea? ¿Tiene que ser un sonotone de mierda que se acopla lo que haga hincar la rodilla a esos engendros sanguinarios? ¿En serio?

Hay tantas cosas mal... Saben que estando junto a un sonido mayor (una catarata, por ejemplo) resultan invibles para los alienígenas, pero no se aprovechan de ello más que para rodar un ñoña escena padre-hijo. La mujer da a luz en silencio en una bañera y al rato está recuperada luchando. Los bichos a veces escuchan una moneda que cae a un kilómetro y otras están al lado sin percibir nada.

El número de minutos dedicados a decir "Te quiero" en lengua de signos es demasiado. No estoy pidiendo a Schwarzenegger en ropa militar cubierto de barro, pero sí que la solución hubiera sido más original, que el desarrollo de los personajes hubiera sido menos cliché y pasteloso, y que los silencios hubieran sido más estremecedores que el asqueroso diseño de los extraterrestres.

Al final, no es más que otra peli de respingos tan escasos que queda tiempo para aburrirse. De esas en las que te preparas para el susto porque lo anticipas, ya sea por el hilo musical o por un plano típico del género. Y cuando llega, ni saltas un poco de la butaca. En todo caso, te tensas y aprietas un poco el nudillo pensando: "Ocho euros, ochos euros para esto". Ese pensamiento sí que da miedo.

Una pastelería en Tokio


Mi pareja quería ver desde hace tiempo Una pastelería en Tokio (2015). No habíamos visto nada de la directora japonesa Naomi Kawase, pero mi pareja predecía que sería una película agradable de tono costumbrista con la que podríamos pasar un buen rato. Desgraciadamente, su futuro como pitonisa se ha visto comprometido.

Cabe decir que la traducción del título lleva a equívoco. Sentaro (Masatoshi Nagase) no regenta una pastelería como tal, sino un puesto de dorayaki, un dulce nipón consistente en dos panqueques rellenos con pasta de judía roja. El protagonista resigue su rutina con desencanto hasta que un día aparece una misteriosa anciana de aspecto enfermizo que se ofrece a trabajar para él.

Es una historia bella, desde luego, pero también amarga y emocionalmente intensa. La actriz que interpreta a la mujer mayor, Kirin Kiki, es espectacular. Su voz temblorosa y su mirada perdida conmueven al espectador. El cine oriental tiene una capacidad desarmante para resultar más elocuente con sus silencios que con sus palabras.

El guión pivota sobre elementos muy representativos del imaginario japonés. Por un lado, están los hermosos cerezos en flor, que marcan el paso del tiempo. Por otro, la pasta de judías dulces, llamada an o anko, que cimenta la relación entre la anciana y Sentaro y que, no en vano, da título a la película en la versión original.

Desde luego, uno no espera lo mismo de una historia titulada sencillamente An que de otra rebautizada como Una pastelería en Tokio. La primera suena reflexiva y la segunda, liviana y superficial. Por suerte, detrás de este falaz espejismo fruto de los designios del marketing, encontramos un emotivo relato cargado de una fuerte crítica social que sorprende y horroriza.

Unicorn Froot Loops, los cereales que desearás no probar


¿Parece un chiste, no? Los cereales del tucán de Kellogg's se van de Carnaval por tiempo limitado con esta edición especial. El pájaro toma unas vacaciones y es sustituido por un unicornio que provoca sentimientos encontrados. Tiene ese aire ñoño y repipi de Little Pony, pero luego tiene ese ademán serio y duro de héroe de acción travestido, con un morro gris que parece barba de dos días.

Los Froot Loops son conocidos por tener dos versiones bastante distintas para Estados Unidos y para Europa, pues en el viejo continente no se permiten ciertos colorantes que en tierra de yankis pasan los controles sin problema. Allí los aros tienen colores chillones como naranja y azul, mientras que aquí disfrutan de unos depresivos tonos apagados: morado hematoma, rosado rozadura y amarillo golpe.

Uno podría pensar que en Europa son más sanos porque tienen menos azúcar, pero hay también quien piensa que la Coca-Cola Zero es parte de una dieta saludable. Al final, todo es comida basura y es viable hasta que se dejen de pagar los sobornos estipulados para que la OMS no dé la voz de alarma. Aunque tampoco es que la población corra a seguir sus directrices, la verdad...

El caso es que en Europa tenemos estos aros de avena, trigo y maíz en tres colores. Si desplegamos nuestras dotes de adivinos, podríamos pensar que el morado corresponderá a mora, el rosado a frambuesa o fresa, y el pálido no tendrá sabor añadido. Pero no. Un niño puede comprarlo con la esperanza mágica de disfrutar de un dulzor sin parangón y se encontrará... con limón.

Los compré por la gracia y por hartarme con algo empalagoso. ¿Qué me encontré? Limón. Un bol de leche lleno de cereales con sabor a limón. "Aromas cítricos" reza poéticamente la diminuta letra del lateral de la caja. Puto limón. ¿Será el amarillo el que pegue más fuerte? Pues no: el morado. ¿Qué lógica diabólica ha concebido este desayuno de mierda? ¿Qué clase de psicópata?

Una decepción grande como la indigestión posterior. Convierte tu bol de cereales en merengue, o en un arroz con leche con granos mal hervidos. Es como echarse sal en el café en lugar de azúcar. Una confusión tan tonta como tomar por harina los sacos apilados en el garaje de Feijóo, o pensar ácaros al ver el polvo que cubre los muebles de la mansión de Rivera. En definitiva, un fraude.

Un lloc anomenat Antany de Olga Tokarczuk


Vivir cerca de una biblioteca es calidad de vida. Siempre lo repito y mi pareja siempre me contesta: "¡Pero si no vas nunca!". Y es cierto, voy poco, pero cuando voy, ¡premio! En la estantería de recomendaciones había este libro: Un lloc anomenat Antany. Autora eslava y traducción catalana, una conjunción que me ha dado grandísimas alegrías tales como:
Un lloc anomenat Antany (Prawiek i inne czasy, 1996) es la novela más conocida internacionalmente de la escritora polaca Olga Tokarczuk. Fue publicada en España en 2001, en castellano por la editorial Lumen y en catalán de la mano de Proa. Tras disfrutarla, no puedo más que recomendar la traducción catalana de Anna Rubió y Jerzy Sławomirski: maravillosa, exquisita.

La narración recorre la historia de una aldea llamada Antany (Antaño) desde el estallido de la Primera Guerra Mundial hasta décadas después de la Segunda Gran Guerra resiguiendo el camino de tres generaciones de una misma familia. Pero no sólo saltamos de madre a hija. También nos metemos en la piel del rico del pueblo, del cura, de la vieja enajenada, de la prostituta, del fantasma.

Cada capítulo es una aproximación distinta a lo que ocurre, pues cada uno se sitúa en la piel de un aldeano distinto. Esta novela coral no deja desamparado a ninguno de sus personajes y muestra su evolución como testigo del paso del tiempo, mostrado con envidiable fluidez e inteligencia. Los vemos aparecer y desaparecer, sucederse y extinguirse.

Su mezcla de realidad y mito refleja cómo hubiera sido el realismo mágico en un mundo cubierto por la nieve, un estilo acaso más contenido y discreto, pero talmente fascinante y cautivador. Desde la magia de los encantamientos, a los poderes ocultos de la Naturaleza y el misticismo religioso, estas pinceladas fantásticas completan e iluminan una pintura profundamente íntima.

Recuerdo que tras un inicio que me atrapó, los capítulos entre ambas guerras llegaron a decepcionarme. Los tomé como el presagio de un libro aburrido. Me equivoqué. Las siguientes páginas volvieron a reavivar mi atención. Me dejé arrastrar por el relato, disfrutando de la prosa y esperando con avidez qué sería lo próximo que les sucediera a los personajes y su aldea.

Un lloc anomenat Antany es una de mis más gratas sorpresas como lector de este 2017 y, creo también, de estos últimos años. Con las apenas 250 páginas, Olga Tokarczuk deja patente en esta su tercera novela las cualidades que la han colocado en el lugar que le corresponde en la actual literatura polaca. La recomiendo sin dudarlo.

Una contra tres: Tomorrowland, Super 8, Hotel Transilvania y El señor de la guerra

Tomorrowland (2015)

Esta película de ciencia ficción para todos los públicos está inspirada en una zona temática de Disneyland California. Aunque infantil, la disfruté mucho. Es entretenida y está repleta de maravillosos efectos especiales. ¿Qué sucedería si el mundo futurista que muestran en el cine fuera real? ¿Y por qué se mantiene oculto? Un divertido cascarrabias y una joven muy guerrera buscarán descubrir el misterio mientras intentan salvar el mundo de hoy para preservar el del mañana.


Super 8 (2011)

Me dejó con la boca abierta, y no en el buen sentido. La gente parece alabarla tanto, y es tan absurda... Nunca he visto un accidente de tren más desproporcionado e inverosímil. Parece un sketch paródico del cine de Michael Bay. Desde esa escena, no dejé de pensar en lo estúpida que era. ¡Y consigue superarse! Comparan Strangers Things con ella, pero más allá de la estética ochentera, la serie de Netflix entronca mejor con Expediente X que con este bodrio sin pies ni cabeza.


Hotel Transilvania
(Hotel Transylvania, 2012)

Pixar subió el listón para siempre, y no se puede dejar de valorar una película de animación sin tener en cuenta sus trabajos. Y la historia de este vampiro que no quiere que su hija abandone su monstruoso hotel por miedo a los humanos no consigue estar a la altura. Oscila tondo el metraje entre lo ñoño y lo tonto. Ningún personaje engancha ni destaca, los chistes son para niños y el doblaje, desde luego, no ayuda. La canción de rap del final es un What The Fuck en toda regla.


El señor de la guerra
(Lord of War, 2005)

El enfoque de esta historia basada en el traficante de armas Viktor Bout es demasiado cliché. Tratar un tema tan duro desde una óptica distanciada pero molona ya no escandaliza a nadie, mucho menos su intento de cerrar la trama con una bofetada fatalista y cruel. Este guión de ascenso y caída es demasiado previsible. Para acabarla de matar, el personaje de Nicholas Cage resulta tan vacío como el casquillo de una bala recién disparada o como el cráneo contra el que impactó de pleno.

Un noruego en el Camino de Santiago de Jason


He estado buscando reseñas de otros cómics de Jason y me encontré esta entrada de 2012 sobre ¿Por qué haces esto? que más parece un tuit que una crítica, y que resulta cero informativa. Otra más extensa, y que contextualiza mejor al autor y su obra, es un artículo sobre No me dejes nunca que publiqué en 2008 para la revista digital Espacio Luke bajo el título "El retorno de Jason".

Al igual que apuntaba en el artículo, sigo pensando que las mejores obras que he leído del autor son ¡Chhht! y Espera..., dos que inexplicablemente para mí no aparecen en el catálogo de Astiberri. Aquellas dos resultaron impactantes gráficamente y emocionalmente. Su acercamiento intimista a ciertas situaciones muy duras, sobre todo en Espera..., me dejó desarmado.

Ambos tomos los he leído pero les he perdido la pista. Es posible que los leyera en la biblioteca. Los recuerdo con nostalgia porque ninguna de las traducciones posteriores me han resultado tan significativas. Más bien, todo lo contrario. Las he digerido como historias tontas, sin sustancia, con unas notas de ciencia ficción que desbaratan el efecto conmovedor.

Un noruego en el Camino de Santiago es el diario de viaje viñetado de Jason explicado con una sosez insuperable. Dos detalles podrían haberlo salvado: el dibujo y la reflexión. Pero ni su estilo alcanza para ilustrar hermosos paisajes como Jiro Taniguchi, ni hay ningún mensaje original o rescatable de esta experiencia personal que no tiene eco más allá de sí misma.

Tiene toques de humor, pinceladas, pero no sirvieron para invitarme a rescatarlo. Jason desmitifica el Camino, como no podría ser de otra manera. No lo degrada, pero se encuentra al margen de la idea mística que tienen muchos peregrinos. Él lo resume con el chiste: "Cumplí los cincuenta años. Era esto o comprarme un porsche".

No hay revelación divina, no hay mejora. Hay un gusto por el excursionismo y un reto: intentar entablar conversar con la gente, abrirse más, salir de su hermetismo. Pero no hay una mejora espectacular, hay un avance realista; unos pasos hacia adelante que, sin embargo, no repercuten en la gran moraleja.

Desde luego, no esperaba algo así de él. Lo único que deseaba es que no me dejara indiferente como sucedió con Yo maté a Adolf Hitler o El último mosquetero, tras los cuales lo abandoné. Este lo compró mi pareja y le resultó muy divertido. El humor seco de los nórdicos parece que le encanta. Para mí no justificó el tiempo dedicado. Lo términé con esfuerzo, con desgana y aburrido.

PD: Me apuntan en comentarios que ¡Chhht! y Espera... fueron reeditados conjuntamente en el volumen titulado Un paso en falso. Muchas gracias a El Convincente Gon por el aviso.

Un año de Jean Echenoz


Apenas conozco a Echenoz. Únicamente he leído 14, una novela corta sobre la Primera Guerra Mundial publicada por Anagrama que me gustó mucho. Y ya el librero me apuntó que es diferente al resto de sus obras, pues en ella no se centra exclusivamente en un protagonista sino que resigue el camino de diferentes personajes.

En la contracubierta de la edición de Mardulce te explican toda la trama, que no es demasiada. Yo me esperé para leerla una vez acabada la lectura porque todavía recordaba la destripadora sinopsis de Flecha del tiempo de Amis. Lo que sí leí, en cambio, fue el paragrafo inferior, bi(bli)ográfico, que concluye con la siguiente afirmación:
"Sin embargo, Un año, novela clave en su obra, permanecía inédita hasta ahora".
Este tipo de asertos le llaman la atención a uno. Y también lo engañan. Las editoriales hacen aseveraciones cada vez más lapidarias y falsas: falaz porque parece una verdad objetiva cuando es una opinión discutible. Vuelvo a repetir que no tengo bagaje suficiente acerca de este autor pero, vamos, ¿clave por qué? Me ha parecido bastante mala.

Mardulce es una editorial argentina y los pequeños detalles en la traducción, al principio, le cuestan a uno. Pero pasadas unas páginas uno hace suyos todos los "luego de" que aparecen. Más grave es la confusión entre subjuntivo e indicativo en ciertas oraciones subordianadas que he comprobado en traducciones argentinas y mexicanas. No sé si será por influencia del inglés.

La historia evoluciona de manera previsible. Hace uso de recursos que generan misterio para atraer al lector y, como sospechaba, acaban haciendo un Lost de tomo y lomo. La prosa no me resulta nada atractiva, parece la obra de un amateur. La evolución de la protagonista tampoco está bien conseguida. Ni resulta verosímil ni empática.

Una escritura parca no tiene por qué ser siempre etiquetada como minimalista, que suena la mar de bien. Algunas sería mejor retratarlas como "limitadas". Hay autores que no dan más de sí o no saben todavía cómo narrar y se aficionan a frases cortas, a párrafos breves, todos ellos sin sustancia alguna. Llegué a pensar que Un año sería la ópera prima de Echenoz pero ahora sé que es su octavo libro.

¿Me estoy perdiendo algo? ¿Será un texto irónico? ¿Las frases estúpidas que nada aportan y parecen relleno transmiten algo más profundo? ¿Un año es clave porque Echenoz abandona el estilo barroco para abrazar un ineficaz minimalismo? ¿Será problema de la traducción? Estoy desconcertado; más cuando, teniendo siete novelas a sus espaldas, me he encontrado con esto:
p.25: "desoyendo los consejos de Louis-Philippe –que nunca más apareció–"
p.28: "Louis-Philippe reapareció a mediados de abril"
 Te cagas.

¡Universo! de Albert Monteys


Parece que Monteys está empeñado en que no echemos de menos a Tato. Con este nuevo trabajo, ¡Universo!, el autor barcelonés se centra en crear una historia y deja a un lado los libros collage como Ser un hombre o Misterios comestibles que aúnan historietas con chistes y consejos, a medio camino del Para ti que eres joven y la revista Mortadelo.

¡Universo! es un relato de ciencia-ficción que, si bien no abandona el humor, es más serio de lo que estamos acostumbrados. Thomas trabaja para Industrias Wortham, donde han descubierto por casualidad un modo de viajar en el tiempo. ¿Qué hacer con tan revolucionario descubrimento? Pues el dueño de la empresa ha decidido nada más y nada menos que enviar a Thomas al mismísimo origen del universo para que grabe el logo de Industrias Wortham en cada uno de los átomos que acabarán conformando el cosmos.

Tras este ridículo y divertido planteamiento, uno puede ver cómo la trama exuda un una crítica sincera y asco nauseabundo hacia la megalómana avaricia del capitalismo. Uno disfruta de la originalidad y la frescura de un guión que no se queda en la superficie. La cabeza de Albert es una joya y demuestra cómo ha sido capaz de entregar semana tras semana una historieta nueva a la revista que abandonó tras el Portadagate de El Jueves.

Pero no sólo es admirable el texto. No hay que olvidar que Albert Monteys es uno de los mejores dibujantes españoles de la actualidad. En cierto modo, me siento mal por alegrarme de que sucediera la censura de El Jueves. Monteys se lanza a nuevos proyectos donde puede desarrollar las habilidades que con Tato, en mi opinión, estaban coartadas. Aquí despliega todo su talento con los pinceles, tinta y color. Leer las páginas de ¡Universo! produce una envidia malsana. ¡Quién tuviera su talento!

¿Ya está, no? Dibujo perfecto, guión ideal, ¿qué más queremos? Rizando el rizo, el cómic se presenta en formato digital utilizando la plataforma digital de Panel Syndicate. Los creadores de la misma son el multipremiado Brian K. Vaughan (Y: el último hombre, Ex machina, Runaways) y el ganador de un Eisner Marcos Martín, quienes la abrieron para publicar online su cómic The Private Eye.

La propuesta de Panel Syndicate es ofrecer contenido libre de DRM (es decir, sin limitaciones en su uso ni restricción de copia por causa de derechos de autor) al precio que desee el usuario, desde descargarlo gratis a pagar la suma que considere adecuada, y en diversos idiomas. ¡Universo! ha salido en español, catalán e inglés y se puede descargar tanto en PDF como CBR. Las primeras críticas positivas desde Estados Unidos empiezan a llegar.

Espero que el invento salga bien. Lo espero realmente con ganas. Es un deleite contemplar la composición de la página, la línea clara, la explosión de colores tan bien equilibrados, el diseño de personajes,... ¡Universo! es uno de esos tebeos que te regala relecturas infinitas. Lo abres un día (virtualmente) y te quedas extasiado mirando la ilustración maravillosa de la génesis del mundo. Volver a ser creado, y de la mano de Monteys... ahí es nada.

Página de Panel Syndicate donde descargar ¡Universo! y The Private Eye

Up de Disney


Todo el mundo dice que es una obra maestra. A mí me gustó pero no me maravilló tanto. La animación es excelente, como sólo se puede esperar de un trabajo de Pixar. La historia es realmente emotiva y te llega al corazón.

Está por encima de Ratatouille y Brave (la peor en mi opinión), pero no la considero mejor que Wall·e o Toy Story 3. Para mí, Up carece del humor de estas dos y de una historia que enganche por igual. Creo que está algo sobrevalorada porque toca nuestra vena sensible, tal vez en exceso.

No obstante, no obvio la valentía de Pixar al tratar el tema de la senectud. Pocas películas de acción muestran tal madurez actualmente, más aún cuando la cartelera está inundada de basura clónica adolescente. Up dignifica una etapa de la vida que a sociedad actual intenta apartar y borrar.

Un restaurante infecto de Peñíscola


No sé por qué los siete nos sentamos allí. No recuerdo el nombre de aquel lugar, pero siendo etimológicamente coherente diré que era nefando. La comida estaba buena y todo lo que tú quieras pero el servicio es el peor que he encontrado en mucho tiempo.

El menú constaba de tres platos. El primero era sí o sí ensalada. De segundo, elegí pescadito frito y, de tercero, sepia a la plancha. De beber, pedí un Aquarius.

Los camareros no sé si eran italianos o rumanos. No adiviné su acento porque apenas hablaban y, cuando lo hacían, murmuraban o dejaban las frases en el aire con alguna coletilla como "pues eso..." mientras se alejaban. Tenían cara de desgana pese a ser nosotros los únicos en su terraza.

Trajeron las bebidas. Mi Aquarius era de naranja, primer error imperdonable. ¡El Aquarius estándar (y el único que está bueno) es el de limón, todo el mundo lo sabe! Constaté luego, sin embargo, que en Valencia esto no lo tienen tan claro. Será que es tierra de naranjas o yo qué sé.

Cuando le digo que lo quería de limón se me queda mirando. Me musita que, bueno, ya está servido (!!!). ¡Y a mí qué me cuentas, ha sido tu puto error, no me has preguntado el sabor! Pero mi suegra, que es como es la mujer, le dice que traiga otro de limón, que ya nos quedamos el desagradable potingue.

Volvió con la bebida y con tres de los platos de ensalada. Le pregunté si el mío podía ser sin atún. El hombre volvió a mirarme con cara de buey y me contestó algo que, más que entender, intuí. Iba a mirar qué podía hacerse.

Al cabo de un buen rato, volvió y me dijo que tenían que preparármelo, que tardaría más, que patatín que patatán. Lo zanjé con un "Tranquilo, no importa".

Cuando vemos que se marcha le decimos que faltan cuatro platos de ensaladas, que sólo han traído tres. Nos contesta que esos tres son para todos. WTF?! ¿Y no podías haberlo avisado antes? Y si traes tres mini boles para siete, ¿no deberíais poner platos para que nos sirvamos cada uno?

Aquello fue sólo el inicio. Los platos los trajeron todos desordenados. Cuando unos iban por el tercero, otros todavía estaban con el segundo. Hasta nos servían el siguiente plato sin haber acabado el anterior. Un asco, un verdadero asco, y una pena.

Umbre

¿Quién me iba a decir a mí que existían tantas palabras acabadas en
–umbre?

alumbre
asperedumbre
azumbre
calumbre
cazumbre
certidumbre
costumbre
cumbre
descostumbre
deslumbre
deslumbre
dulcedumbre
espesedumbre
firmedumbre
fustumbre
gravedumbre
herrumbre
herrumbre
incertidumbre
legumbre
libredumbre
limpiedumbre
lumbre
mansedumbre
muchedumbre
pesadumbre
podredumbre
poquedumbre
quejumbre
reciedumbre
relumbre
salsedumbre
salumbre
servidumbre
soledumbre
sucedumbre
techumbre
vislumbre