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Banderas de mi tercer viaje a Japón

Tal como ya hice con los viajes de 2015 y 2019, vuelvo a listar aquí las banderas de los lugares que visitamos durante nuestra tercera estancia en Japón. Si en el segundo volamos al sur (Okinawa y Kyūshū), en este recorrimos la región central de Chūbu. En plena época del momiji, cuando el color de las hojas de los arces se tiñe de rojo, los paisajes montañosos de la zona resplandecen como nunca. Desde los cedros gigantes del monte Togakushi cubierto de nieve hasta el caleidoscópico estanque del pabellón rojo del Daigo-ji, este ha sido uno de los viajes más bellos que he disfrutado.

PREFECTURA DE TOKIO

Bandera de la metrópolis de Tokio

PREFECTURA DE NAGANO

Bandera de la prefectura de Nagano

Bandera de la ciudad de Nagano
(nos colamos gratis en el templo Zenko‑ji)

Bandera del pueblo de Obuse

Bandera de la ciudad de Matsumoto
(subimos al histórico Castillo del Cuervo Negro)

Bandera del pueblo de Nagiso
(pasamos por Tsumago-juku en la ruta Nakasendō)

PREFECTURA DE ISHIKAWA

Bandera de la prefectura de Ishikawa

Bandera de la ciudad de Kanazawa
(el hermoso jardín Kenroku-en bajo la lluvia)

PREFECTURA DE TOYAMA

Bandera de la prefectura de Toyama

Bandera de la ciudad de Kurobe

PREFECTURA DE FUKUI

Bandera de la prefectura de Fukui

Bandera de la ciudad de Katsuyama,
(sede de un fantástico museo de dinosaurios)

PREFECTURA DE GIFU

Bandera de la prefectura de Gifu

Bandera de la aldea de Shirakawa
(Patrimonio de la Humanidad)

Bandera de la ciudad de Takayama

Bandera de la ciudad de Nakatsugawa
(pasamos por Magome-juku en la ruta Nakasendō)

PREFECTURA DE AICHI

Bandera de la prefectura de Aichi

Bandera de la ciudad de Nagoya

Bandera de la ciudad de Inuyama

PREFECTURA DE OSAKA

Bandera de la prefectura de Osaka

Bandera de la ciudad de Osaka

PREFECTURA DE KYOTO

Bandera de la prefectura de Kyoto

Bandera de la ciudad de Kyoto
(inolvidable visita al templo Daigo-ji)

Bandera de la ciudad de Uji
(hogar del templo Byōdō‑in)

PREFECTURA DE SHIGA

Bandera de la prefectura de Shiga

Bandera de la ciudad de Hikone

Pintar paredes

Distrito de Gràcia, Sabadell

Carrer de Tetuan, Sabadell

Plaza del Gas, Sabadell


Carrer de Girona, Sabadell

Sants, Barcelona

El Raval, Barcelona

Mensajes del exterior


Dispositivo de emergencia para excargos políticos

Arreglándolo todo a "golpecitos"

Homorrevelación

Nuestra últma vía de escape

Un regalo de mierda

Hay veces que la vida no te da limones, te da un calendario de adviento de animales evacuando su vientre. Uno esperaría un calendario de Kinder, o de KitKat, chocolate a fin de cuentas, y no algo que se le podrá parecer mucho pero que no equivale en absoluto. 

En estas fechas cabe ser agradecido, agradecido de que se trate de un libro de fotografías y no el objeto en sí. Y a pesar de las temperaturas, que tampoco han sido demasiado bajas en este 2022, hay que dar las gracias de que lo que tienes entre tus manos no emane calor alguno.

Es inodoro, como el lugar donde debería estar esta recopilación escatológica, tal como las palabras proferidas al descubrir semejante regalo. ¿Pero qué es esta... cosa? Son 24 fotos de animales salvajes y domésticos para que amenices la espera hasta el ansiado día en que llega Papa Noel.

Nuevamente, hay que alegrarse de no tener que esperar a los Reyes y su carbón, mineral que tal vez se merezca quien con una carcajada lo puso en tus manos envuelto en un bello envoltorio con abetos, renos y copos de nieve. 

Es que ni siquiera las imágenes tienen la calidad, digamos, de National Geographic. Hay un collage terrible realizado con Photoshop de un gatito sentado en una bota que no es nada realista, ni proporcionado. Incluso el acto que realiza, lo suponemos, pues su cola está oculta en el calzado.

¿Me está diciendo su autor que no existen fotos suficientes recogidas en los cientos de miles de documentales para llenar veinticuatro páginas? Si hasta en la cubierta ha modificado de manera burda la cara del león para otorgarle una expresión de descaro, de burla.

¿Acaso estamos ante un ejercicio metalingüístico, autorreferencial, y el libro en sí es lo mismo que contiene? Y si es así, ¿por qué no puedo dejar de mirarlo? ¿Por qué me quedo hipnotizado con ese gato sacando como sombrero de mago un enorme tronco navideño?

¿Y ese pobre perro del día 5, con su mirada triste de ojos azules fija en la cámara? Es como si preguntara al humano: ¿es eso lo que merece el mejor amigo del hombre? ¿Así me lo pagas, inmortalizándome en mi momento más vulnerable?

Visitamos el mundo: una jirafa en la sabana, un oso polar en la nieve, un caballo en el campo, un cormorán en el mar y un tigre en el zoo. Los más diminutos también quieren dejar su recuerdo: desde el patito al ratón, la cabritilla, el jabato, la tortuga. Hay hasta un rinoceronte y un león marino.

Nunca sabes lo que te depara tu senda vital. ¿Te hubieras imaginado en algún momento que estarías mirando este libro con cuarenta tacos y una sonrisa? Seguramente, no. ¿Hubiera querido seguir adelante tu Yo adolescente de saberlo? Mejor no responder.

En fin, la vida te sorprende, y no con el Gordo de la lotería.

El abrazo

–Te vamos a esconder en el agujero que tu padre empezó a cavar –dijo mi madre–. Lo taparemos para que no te vean. Tienes que quedarte ahí. No debes hacer ruido. No debes salir a no ser que tu padre o yo vengamos a buscarte. ¿Has entendido?

–Sí, ma.

–¿Lo has entendido bien?

–Sí.

–Nada de ruidos. Nada de lloros. Silencio absoluto. No salgas bajo ningún pretexto. Hasta que te vengamos a buscar.

–Sí.

–Y si hay gente, si oyes voces que no reconoces en el patio, te tapas los oídos. Te tapas los oídos hasta que no oigas nada. ¿Está claro?

–Sí, ma.

–Si no me haces caso, ya verás lo que te pasa. Te daré una buena tunda, te despellejo. ¿Me has entendido?

–Sí, ma.

–¡Repítelo!

–Sí, ma.

–¿Sí qué?

–Sí, lo he entendido. No hacer nada de ruido. No moverme. No decir nada. Solo salgo si vienes tú a buscarme. O papá.

–¿Y los oídos?

–Me tapo los oídos si oigo voces que no conozco.

–Mejor que no se te olvide.

Quería parecer terrible y amenazadora, pero lloraba. Sus palabras no me asustaron por lo que ordenaban (suplicaban, en realidad). Me petrificaron porque noté la desesperación y el amor con que mi madre me las decía. Me eché a llorar también, sin hacer ruido. Ella me apretó contra su pecho, mi padre se sumó al abrazo y nos quedamos así durante dos o tres minutos, sin decir palabra. Dos o tres minutos, para vivir juntos toda la vida que no viviríamos nunca pero que podríamos haber vivido; dos o tres minutos para revivir lo que habíamos compartido hasta el momento. El abrazo unía las dos direcciones de nuestro tiempo: por el recuerdo, convocaba nuestro pasado; por la esperanza (pero una esperanza que terminaba contra un callejón sin salida de sangre), contemplaba nuestro imposible futuro.

Acto seguido, mi madre me metió en el pozo inacabado con algo de comida (sin hacer ruido) por si tenía hambre. Me dejó también una linterna, porque estaría oscuro. Nos volvimos a abrazar; ya no llorábamos; pero aquel abrazo, mucho más breve y silencioso que el anterior, fue también más doloroso. Acto seguido, mis padres salieron del pozo, taparon el agujero con una plancha y ya no vi nada. Me quedé inmóvil y esperé. Al cabo de un rato, quizá al poco, quizá tras una espera interminable, quizá fuera del tiempo, oí ruidos de coche, voces, risas, ráfagas de ametralladora, alaridos. La noche se había espesado en el pozo. Me tapé los oídos.

La más recóndita memoria de los hombres
Mohamed Mbougar Sarr
Trad. Rubén Martín Giráldez
Ed. Anagrama, pp. 402-4

No lo llames guerra, llámalo oportunidad

En mayo de este año, dos meses después del comienzo de la invasión rusa en Ucrania, este anuncio me llegó al buzón del correo electrónico. No dejan que se les escape ni una, ¿eh?


Alquilerismos: un poquito caro, tal vez


 En 2018, encontré en una app de alquileres este piso de 25 metros cuadrados y una sola habitación por 620€. Lo más infartante es, quiero creer, el error debajo del precio del alquiler de "ha bajado 5580€". 

Estaba a 6200€ y los propietarios pensaron: "Bueno, tal vez un millón de pelas al mes por una habitación es un poco excesivo. Dejémoslo en el 10%. Seguro que por 620€ la gente se tira de cabeza. ¿Quién no va a querer pagar por vivir en ua caja de zapatos en pleno centro de Sabadell?". 

Hay que contar que el salario mínimo en España entonces era de 858€. Despuésde pagar la mensualidad, le quedaban al arrendatario 238€ para gastos de agua, luz, gas, comida y vete tú a saber qué otras locuras más en su vida de despilfarro sin freno. Bochornoso y humillante.


Alquilerismos: el lado más subido de tono del sector inmobiliario


Metafóricamente, el precio de los alquileres nos está follando vivos, pero lo que encontré en 2018 mientras buscaba piso no tiene nombre. Entre los diferentes anuncios de viviendas en alquiler de la aplicación de un famoso portal, apareció uno que contenía única y exclusivamente fotografías de una mujer en distintas poses. Evidentemente, sus servicios se pagan por noche y no por mes.

 

Pero más desconcertante si cabe es esta otra imagen. Es la foto del perfil de Whatsapp de un agente inmobiliario que nos enseñó un piso destartalado. ¿Quién en su sano juicio pone una foto así con cara de pervertido? Es más, ¿quién se la pone en el teléfono de trabajo, un número que compartes con los clientes? Quién sabe si acaso también era el "representante" de la chica anterior. De locos, de locos.