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Nacimiento de un puente de Maylis de Kerangal

Descubrí a Maylis de Kerangal con el breve pero intenso texto de Lampedusa. A diferencia de otras veces en las que espero a que el tiempo disipe un poco la fascinación de la primera lectura para no empañarla, busqué más obras suyas en el aplicación online de la red de bibliotecas. No puedo estar más enamorado de su catálogo. Es una cornucopia de tesoros imposible de finiquitar en vida.

Tampoco voy a decir que mi paso hacia la estantería fue firme, pues tuve mis dudas. Una escritura tan intensa como la de Kerangal había podido estar bien en corto, pero en una novela podría ser agotadora. Tras sopesar varias posibilidades, me decidí por Nacimiento de un puente porque, igual que me sucedió con Corazón tan blanco de Javier Marías hace muchos años, sus primeras páginas me secuestraron.

Siento en su estilo la pulsión fervorosa de Bolaño, pero sin fotocopiarlo como Mohamed Mbougar Sarr en La más recóndita memoria de los hombres. No entiendo cómo ha conseguido hilvanar una prosa con tan pocos puntos, con tantas oraciones maratonianas, tan llenas de fuerza, tan llenas de éxtasis, sin empujarme a abandonar el libro asfixiado.

Son kilómetros de lectura difíciles de recorrer. Hay que estar consciente todo el tiempo, no perder la atención ni un solo segundo. No se pueden tomar atajos, no se pueden obviar acotaciones, no se puede leer en diagonal. Es un estilo exigente para el que no he estado a la altura. Mi carencia de sueño ha hecho merma en la experiencia, y he sobrevolado fragmentos como una gaviota.

Siendo incapaz de leerlo en francés, me es difícil decir lo siguiente, pues no sé si el origen está en el texto de Kerangal o en la traducción. Gabriel García Márquez fue un un talento fuera de serie, y leyendo Cien años de soledad nunca me perdí. Las frases podrían ser interminables, pero él era un guía excepcional. No menos infalible es el mapa que dibujó Bolaño con Nocturno de Chile.

Con Nacimiento de un puente me he desorientado más de una vez. He tenido que volver al renglón anterior, y al anterior; recoger hilo. La principal causa ha sido la somnolencia, pero la segunda ha sido el texto. Hay veces que cuesta saber a qué o quién está apuntando un pronombre, ya sea porque la construcción es compleja, ya sea porque la interpretación es poética.

El texto de Kerangal es pura matrioshka. Cada palabra es una nueva posibilidad que se abre, un nodo desde el que puede narrar otra novela completa. El lirismo y los diálogos se intercalan en la sintaxis de una disección que se presenta inabarcable. Al final de camino, sin embargo, una potente sensación se ha adueñado de ti. Puedes no haber aprehendido todos los detalles, pero el texto te ha colonizado.

Pese a la dificultad, no he dejado de sentirme fascinado, y en ningún momento la impotencia o la saturación han cruzado mi mente con el impulso de lanzar el libro contra la pared. Lo he disfrutado mucho. Imprime tanta pasión en cada descripción (del entorno, de los objetos, de su historia, de los personajes) que se me escapa cómo lo ha logrado sin hacerse repetitiva.

La historia, por otro lado, no ha ido por donde yo esperaba. Con la primera parte uno espera la versión hiperculturizada de Mega Construcciones, pero el puente se difumina en pro de los personajes. Si bien el detalle con el que habla del desarrollo y la ingeniería de la impresionante plataforma es minucioso, me había imaginado que iba a llegar a los niveles obsesivos, enfermizos de Perec.

Pero no. Hay vida más allá del hormigón, aunque siempre surgiendo de él como un brote verde en el asfalto. Hubiera estado perfecto si las últimas líneas hubieran sido para el puente físico, material, en lugar de la metáfora que representa, porque las biografías nunca no me interesaron tanto como la obra del descomunal puente. Su magnificencia es el eco del talento artístico de Kerangal.

Nido de nobles de Iván Turguénev

Siempre se repite la misma sensación de incompletitud al acabar una obra de Tuguénev. Con El rey Lear de la estepa escribí: "Al cerrar el libro, sin embargo, da la sensación de ser el esqueleto de algo mayor abandonado antes de tiempo". Con Punin y Baburin me sucedió igual: "Deja, desgraciadamente, la sensación de que las ideas del libro podrían haber sido desarrolladas más en profundidad".

Seguramente el problema sea mío, que caigo en las redes de una trama que para Turguenev es una simple excusa para exponer sus ideas acerca de la sociedad en la que vive. En la nota preliminar de la edición de Alba, Joaquín Fernández-Valdés explica que los "nidos de nobles" a los que se refiere el título eran núcleos aristocráticos compuestos por una hacienda rural y la aldea formada a su alrededor. 

Estas propiedades, transmitidas de generación en generación, estaban desapareciendo en época del escritor. Entre las principales causas estaban tanto su mala administración por parte de los herederos, como el fin de la servidumbre en el campo ruso en 1861. Si bien, por cronología, Nido de nobles (1859) se centra en la mala gestión, Punin y Baburin (1874) hace del segundo tema su eje central.

Esa es la teoría. En la práctica, la historia de amor dragó toda mi atención. Finiquitado el libro, queda claro que a Turguénev le interesaba bien poco las relaciones íntimas y mucho la situación del campo ruso. Tras ser testigo de niño del maltrato que propiciaba su madre, una gran terrateniente, a sus más de cinco mil campesinos, su preocupación era sincera y comprometida.

Así explicado, todo cobra sentido. Pero sumergido en el texto, tras la pormenorizada genealogía sentimental de Lavretski, su detallado encuentro con Liza, la presentación de un tercero en discordia, y hasta de un cuarto enamorado platónicamente, ¿quién cae en la cuenta de que la columna vertebral de este armazón es la gestión del patrimonio del protagonista?

A diferencia del realismo europeo, el realismo ruso se clava en el pecho. Chéjov, Dostoyevski, Gógol, Goncharov,... Puedes sentir cómo sus descripciones llenas de emoción incendian tu rostro. Es por esto que duelen tanto las falsas expectativas. Turguénev me atrapa en el relato. Durante el trayecto interiorizo los miedos y pasiones de sus personajes. Pero, luego, sin aviso ni piedad, me traiciona con un amargo punto y final.

No lo llames guerra, llámalo oportunidad

En mayo de este año, dos meses después del comienzo de la invasión rusa en Ucrania, este anuncio me llegó al buzón del correo electrónico. No dejan que se les escape ni una, ¿eh?


Nunca sabes qué te hará reír: Niños grandes 2, Odio y Señor, dame paciencia


Odio (2021)

Sus monólogos en El Club de la Comedia me resultaban descacharrantes. Más de una vez los he revisitado en Youtube, y me he reído como la primera vez. Nonuplicando la duración de aquellos, Odio se extiende durante hora y media mezclando humor con reflexión. No en vano la producción corre a cargo de Netflix, famosa por sus pastiches de drama y comedia.

Dani Rovira se pone algo ñoño, algo sentimental. Pero quién le va a reprochar nada después de superar un cáncer. Y quién se lo va a echar en cara cuando consigue hacernos reír. Hace gala de su desparpajo tan natural como fruto del ensayo, escenificando histriónicamente cada palabra que sale por su boca. Odio no será su mejor monólogo, pero es imposible que no te haga pasar un buen rato.


Señor, dame paciencia (2017)

Jordi Sánchez vuelve a hacer de facha, de español rancio y casposo. Su personaje en La que se avecina  me desagrada profundamente, y aquí no cambia mi opinión. Lo peor de la peli es que, luego, pretende ir de moralista, de reconciliadora. Los intransigentes homófobos también son buenas personas en el fondo, hay que quererlos.

Toda la historia sabe descafeinada y no tiene un rumbo claro. Los personajes carecen de carisma. La mejor es Rossy de Palma y es la primera en desaparecer. El cura de Paco Tous también tiene su punto, pero apenas aparece para dos bromas. El conjunto es una mezcla de mal gusto y mal cine que fracasa, parece, teniendo miedo a fracasar. Es un despropósito en el que las carcajadas salen a deber.


Niños grandes 2 (Grown Ups 2, 2013)

¿Cómo puede ser que me tronchara Niños grandes 2? Respuesta corta: falta de criterio. Respuesta larga: según cómo te encuentre el día tirado en el sofá, un estepicursor de boñigas se te puede cruzar y resultarte maravilloso. Adam Sandler es el Santiago Segura de Estados Unidos. Se reúne con sus amiguetes y se pone a grabar lo que les sale del orto, literalmente.

Si Señor, dame paciencia no tiene sentido, esta ni lo busca. Es un completo disparate, una secuencia de sketches hilvanados al tuntún. Cuarentones haciendo el cafre, chistes mongolos y machistas, y el escote de Salma Hayek. Intento organizar en mi memoria lo que vi, pero soy incapaz. Sólo me asaltan destellos con mi cara desencajada de risotadas. Otro momento de oprobio que añadir al historial. Otro más.

Netflix alcanza la adolescencia con Sex education y Esta mierda me supera


Otis Milburn es hijo de una terapeuta sexual. Y no es que a él le vaya precisamente bien, dado que tiene serios problemas para convivir con su lado más hormonal. Es incapaz siquiera de masturbarse. Sin embargo, esto no le impide montar una consulta sexual en el instituto con los conocimientos que su madre le ha inculcado en casa.

Es una serie divertida y simpática, que encara tabúes aún vigentes y da en el clavo con ese toque británico que la aleja de los productos Made in USA. Aborda temas como la píldora del día después desde una perspectiva que difícilmente veríamos en una creación cien por cien estadounidense. La pena es que insiste en tropezar en el cuelgue infinito del protagonista por una chica.

Y digo insiste pues, en vez de pasar página, los guionistas fuerzan la historia en la segunda temporada, más exagerada e inverosímil. Se aleja de la realidad para crear un mundo deformado e histriónico limítrofe con el embrollo del culebrón. Quejas aparte, los cincuenta minutos de sus episodios son cómodos de ver y resultan un buen pasatiempo.



Basado en un cómic de Charles Forsman, I Am Not Okay with This (traducida de un modo tan expresivo y chocante como Esta mierda me supera) cuenta los problemas que empieza a sufrir la joven Sydney Novak tras el suicidio de su padre. Ni la psicóloga escolar podrá evitar que el descontrol se apodere de su vida.

Extraña que un planteamiento así no desemboque en una especie de drama sobre el duelo y la depresión. Lo cierto es que es una comedia a medio camino de la anterior serie basada en un tebeo de Forsman, The End of the Fucking World, y la exitosa Stanger Things. Con este cóctel en mente, uno puede vislumbrar por dónde irán los tiros, sin que esto asegure adivinar el final.

La primera tanda de ocho episodios provoca síndrome de abstinencia. Los veinte minutos que dura cada uno los convierten en píldoras ideales para los ratos muertos. Al igual que Sex Education, pinta que repetirá esa obsesión por el primer amor, pero el ritmo con el que avanza es tan bueno, y visualmente es tan adictiva, que difícilmente me saltaré su continuación.

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PD: Después de haberlas visto, hay algo que me corroe: si ambas transcurren en pleno siglo XXI, ¿por qué coño visten como si estuvieran en los ochenta? ¿Acaso todos los chavales han heredado la ropa, no ya de sus hermanos, sino de sus padres?

Novedades en cómic: Epiphania 3 y La saga de Grimr

Epiphania 3 (2020) de Ludovic Debeurme

Kraken ediciones ha cumplido y no me ha dejado tirado como hizo Norma con la novela gráfica de Lucille, obligándome a comprar en francés su continuación, Renée. Tristemente, el que ha vuelto a fallarme ha sido el autor. Epiphania es otro relato con un buen planteamiento que se malogra en su avance, cayendo en picado el argumento y las ilustraciones.

Considero que el mensaje final, aunque lo comparto, resulta demasiado naif. La resolución no llega de modo escalonado, sino con torpeza y precipitación. Si uno revisa los tres tomos, puede ver la maravilla del primero y la hecatombe de este último: falta de desarrollo y de detalle, elipsis, rostros mal dibujados, uso excesivo de paratextos, personajes desproporcionados,...

El cambio de estilo de Lucille a Renée fue chocante, pero no supuso un descenso de la calidad. En este tercero, en cambio, da la sensación de que el tiempo se le echó encima. Hay un personaje con alas de pájaro que pasan a parecer las de un murciélago de tan simplificadas que están. Hay diseños penosos como los de algunos gigantes, o la pareja de nutrias. Ha sido un chasco con mayúsculas.


La saga de Grimr (2020) de Jérémie Moreau

La saga de Grimr me entró por la pupila. Las gruesas pinceladas de acuarelas que materializan la violenta orografía islandesa recuerdan los patrones psicodélicos de las guardas interiores de los libros de antaño. La turbulenta naturaleza de la isla del hielo y el fuego es un personaje más en la historia del joven y corpulento Grimr Enginsson.

Tras perder a sus padres en la erupción de un volcán, el protagonista es acogido por un instruido ladrón llamado Vigmar, quien le dará a conocer las sagas islandesas y su promesa de fama eterna. Obsesionado por las palabras de su salvador, y confiado en su enorme fuerza, el joven se fijará como objetivo alcanzar la inmortalidad a través de sus gestas.

Aunque me costó entrar en el cómic a causa de algunas afirmaciones* que no entendía y de cierto mareo temporal al no poder concretar la época en que transcurre, acabé leyéndolo con gusto. Sin transitar por ninguna senda novedosa, la sombría narración (y su oscura paleta cromática) acaba calando en el lector. Desde luego, hay cosas más crueles que las inclementes fuerzas de la naturaleza.

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* En la primera página, me chirrió la siguiente frase: "hace falta valor para escribir una saga sobre un huérfano". ¿Por qué? Siempre he asociado la idea del "héroe" a una infancia humilde y unos orígenes desconocidos. Como no conozco el género de las sagas islandesas, no tengo respuesta, pero me sorprendió.

Neverhome (Ella era más fuerte) de Laird Hunt


Blackie Books es una editorial que ha pasado de incordiarme a tenerme como un tonto acariciando la cubierta de sus libros. Su primer tomo, si no me equivoco, fue Cosas que los nietos deberían saber de Mark Oliver Everett. Ese libro, que vendió tan bien y que gustó tanto, yo lo tenía atravesado. Lo miraba y pensaba: "¡Pero si parece una guía de pájaros de época franquista!".

El diseño, sin duda, me reconcomía, me resultaba insufrible; un absceso y exceso de modernez de unos hipstéricos perdidos. Pero cuando tienes uno de sus libros en mano y te das cuenta de que el papel es bueno, y de que la tipografía es grande y legible, te callan la boca. Y aunque la tapa sea dura, la encuadernación está tan bien hecha que no molesta y se puede leer cómodamente.

Para más inri, los libros que he comprado me han encantado. En azúcar de sandía de Richard Brautigan me pareció brutal; y Netsuke de Rikki Ducornet1, igual. No tienen historia, pero el estilo de ambas novelas te vuelve loco. Curiosamente, Neverhome (Ella era más fuerte)2 de Laird Hunt es todo lo contrario: pura aventura, puro combate... pura delicia.

En plena Guerra de Secesión, Ash Thompson se enrola en el bando de la Unión para luchar por la causa en la que cree. Aún así, durante su primera carga siente miedo y duda. Evoca entonces el relato del hombre que, tras encontrarse en un desvío con la Muerte, corre en dirección contraria para acabar muriendo igualmente a manos de la Parca. Lo sabe: huir no sirve de nada, sólo queda plantar cara.

Ash se convierte en un ejemplo de valentía, tesón y voluntad. Lo que sus compañeros no intuyen es que bajo el polvoriento uniforme se esconde el cuerpo de una mujer que, ante la negativa de su marido a alistarse, decidió dar un paso al frente. Sus razones y su pasado se irán revelando a medida que se abra camino entre fusiles y bayonetas, y después, cuando emprenda el largo regreso a casa.

Es un personaje fascinante. No me gusta el género bélico, pero sí el western, y Neverhome es puro y delicioso Oeste. No es complaciente con la protagonista por ser mujer. Sencillamente es así, una persona de fuertes convicciones, un personaje sólido. A lo largo de la novela intentan romperla, destrozarla, pero no pueden porque, como reza el título, ella es más fuerte.

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1 Estoy bastante confundido con la reseña que escribí sobre Netsuke, pues suena muy negativa. Y, sin embargo, en el recuento de ese mismo año la coloqué como una de mis lecturas favoritas. Mi sensación actual también es igual de positiva, pues el estilo me fascinó. Tal vez la acritud de la reseña se deba a que el final me disgustó bastante, y de la decepción, la inquina.

2 No sé si la novela debería llevar el subtítulo que tiene. En inglés, por lo que he visto, no lo tiene. Lo apunto porque especifica el género del protagonista y, por el modo en que está narrado, al principio uno no conoce su sexo y sólo es un soldado durante la Guerra de Secesión con un secreto. ¿Ha destripado la traducción y la cubierta una pequeña sorpresa que, no obstante, se revela pronto?

Nos vamos al espacio: Passengers y Rogue One


Pasajeros (Passengers, 2016)

La historia pintaba bien pero acabó desparramando un bote de Titanlux rosa sobre el guión. Fracasa como historia de ciencia ficción, pues las preguntas que parece estar a punto de plantearse se pierden en la infinidad sorda del espacio, y como película de acción, pues las escenas espectaculares del tráiler son las que nos vamos a encontrar.

Como unos amigos la describieron: es Titanic en el espacio. Es una historia de amor, y de las malas. Hay quienes la han descrito como muy machista. Creo que si se hubiera trabajado más a los personajes, se hubiera incidido más en la soledad del personaje de Chris Pratt al principio, en lugar de mostrarlo en escenas cómicas, podríamos haber apoyado más su decisión.

Y si se hubiera hecho lo mismo con el personaje de Jennifer Lawrence, podría haberse dado una transición del odio al afecto mucho más coherente. Pero todo es demasiado simple. Las cuestiones complejas se las dejan a otros. En vez de eso, crean una fantasía cursi con muchas absurdeces y poca o ninguna sustancia.




Rogue One: Una historia de Star Wars
(Rogue One: A Star Wars Story, 2016)

Esta historia complementaria de la celebérrima saga de George Lucas acerca del escuadrón que consiguió los planos de la Estrella de la Muerte puede satisfacer a los críticos de El despertar de la Fuerza. Aquellos que consideraron la séptima entrega infantiloide y un plagio del episodio cuarto (Una nueva esperanza) pueden verse resarcidos con esta.

Lo creo pero no puedo afirmarlo, pues no soy fan de la saga y no vivo atormentado por mis nostálgicos recuerdos de la infancia. Personalmente, si la comparo con El despertar de la Fuerza, me ha resultado más aburrida. Carece de humor y de bromitas tontas al estilo Marvel. Es un producto más serio y, tal vez, menos espectacular, pese a que hay buenas escenas con efectos especiales.

Mi opinión sería negativa de no ser por el último tramo, que me encantó. Me gustó porque nos encontramos ante una historia diferente y creíble. No es la épica del héroe solitario que salva al mundo. Es el reconocimiento a la lucha colectiva de un grupo de soldados sin poderes que con su tenacidad y valor consiguieron una gran victoria estratégica para el bando rebelde.

Rogue One es una peli de acción muy respetable. Los que critican el infantilismo de El despertar de la Fuerza no creo que puedan echarle en cara lo mismo. Los amantes del género bélico seguro que la disfrutarán. Se nota que al estar fuera del núcleo de la saga se han atrevido a ir más allá, a tantear nuevos caminos para ver si es posible introducirlos en la historia principal.

Nerds y Rainbow Nerds, la pura droga de las golosinas


En la sección de productos importados del Sorli Discau, entre las tortitas, el sirope de arce, las palomitas al caramelo, el chili con carne y la salsa agridulce oriental, descubrí los Nerds. Los Nerds son unas bolitas de sidral pequeñas de colores. Vienen siempre en cajitas con dos compartimentos, en cada uno de los cuales hay un sabor. Así, puedes comer de uno o de otro, o combinarlos.

En el supermercado había fresa-uva y sandía-cereza ácida. En casa, nos volvieron locos. Pero en Londres, divino Londres, en la tienda de dulces Hardys, encontramos el sumun, los Rainbow Nerds. Como el nombre indica (rainbow significa arco iris), son cajas más grandes que contienen 140 gramos de estas perlas amorfas y psicotrópicas, todas juntas y revueltas y de muchos sabores.

Es droga pura y dura. Es azúcar con azúcar. En 15 gramos de Nerds hay 14 gramos de azúcar. Crujientes, ácidos, se pueden masticar o se pueden dejar deshacer en la boca. Hay que disfrutarlos con moderación para no coger un empacho. En este sentido, es graciosa la recomendación de la marca para racionarlos.

En el reverso se lee que la "thoughtful portion" (la ración más adecuada o más sensata, no sé bien cómo traducirlo) es la cantidad que cabe en el espacio que queda entre tu pulgar y tu índice cuando haces un círculo. Es decir, si tienes dedos morcillones no vas a comer tanto como esos desgraciados con manos de pianista y dedos extralargos. Yo, desde luego, no toco el piano.

En fin, si tenéis la oportunidad de probarlos, ¡no lo hagáis! Yo estoy yendo a una clínica de desintoxicación para recuperar mi vida. Me he vuelto adicto a la morfina pero, al menos, ya no tengo que decir que me hincho de Nerds cada noche antes de dormir. Ahora, sencillamente, miento.


Netflix España, primeras impresiones


Netflix, la plataforma de vídeo online bajo demanda por excelencia, llegó a España el 20 de octubre. Ofrece tres planes de contratación sin permanencia, todos con un primer mes de prueba gratuito. La diferencia entre ellos es la calidad de la imagen y el número de pantallas que pueden mostrar contenido simultáneamente desde una misma cuenta:
  • 1 pantalla en SD por 7,99€
  • 2 pantallas en HD por 9,99€
  • 4 pantallas en 4K por 11,99€
Para ver el catálogo o acceder al mes de prueba, hay que crearse una cuenta con un correo electrónico e introducir un método de pago (tarjeta de crédito o Paypal). Yo contraté la de 9,99€ y estoy muy satisfecho.

Netflix ofrece series, películas y documentales en streaming. El catálogo es igual para todos. No se pueden alquilar películas ni series de estreno como en Wuaki o Filmin. Lo más nuevo tendrá entre uno o dos años si exceptuamos las producciones propias. Tampoco ofrece visionado offline, es decir, sin conexión a internet.

¿Por qué estoy tan contento con Netflix? Para empezar, porque a diferencia de las cuatro plataformas que he probado (Yomvi, Nubeox, Wuaki y Filmin), me ha funcionado sin corte alguno, con una calidad excelente. La he probado en diferentes dispositivos y en todos ha funcionado perfectamente. Mi conexión es la Fibra de ONO de 100 Megas.
  • SmartTV Samsung (conectado por cable)
  • Smartphone BQ Aquaris con Android 5 (Wi-Fi)
  • Tablet LG Pad 8.3 con Android 5 (Wi-Fi)
  • Consola Wii U, tanto en el televisor como en la pantalla del Gamepad (Wi-Fi)
  • PC con Windows 7 y con Ubuntu (conectado por cable, en Ubuntu hay que usar el navegador Chrome porque Firefox no permite DRM)
  • Microondas Zanussi con grill (aquí tienen que mejorar mucho porque me iba muy mal)
Todos están integrados. Recuerdo que con Filmin, si alquilaba una película en la SmartTV, sólo la podía ver en la televisión. Si me iba al ordenador, no podía acceder a ella. En Netflix, episodio que deje a medias en el dispositivo que sea, queda guardado para todos.

La navegación me ha resultado muy cómoda y he descubierto que Wuaki actualizó su aplicación para parecerse a Netflix. La plataforma propiedad de Rakuten ofrecía la mejor interfaz para televisión, con un listado muy claro y rápido, pero poco visual. En una actualización posterior, cambió a una interfaz calcada a Netflix, que muestra cada género en diferentes tiras de imágenes.

Reconozco que en Wuaki me pareció engorroso pero Netflix tiene un sistema de sugerencias que, al menos conmigo, funciona muy bien. Está "Mi lista", "Series parecidas a X", "Películas porque has marcado como favorita a Z", "Series propias", "Series estadounidenses", géneros, etcétera.

Algo que no había visto en el resto de servicios es la posibilidad de crear en una misma cuenta un perfil distinto para cada usuario, pudiendo tener sugerencias personalizadas y memoria de qué se ha visto o qué se ha dejado a la mitad. Además, existe un perfil especial para niños con series y películas infantiles y de animación aptas para ellos.

A diferencia de las otras plataformas, no he tenido que calentarme la cabeza con nada. Es pura comodidad. Quiero ver esto y le doy al play sin más. Con el resto siempre tuve algún problema, fuera en el registro, en la navegación o en la reproducción.

El catálogo es reducido y no tiene nada que ver con el estadounidense. Pese a ello, debo reconocer que he encontrado títulos interesantes más rápidamente que con otras plataformas. Filmin es una maravilla para el cine de autor pero siempre me ha funcionado mal, con numerosos cortes. Wuaki, por el contrario, es buena con el streaming pero su catálogo es muy palomitero.

Netflix, en su abanico tal vez no muy amplio, ofrece un poco de todo, desde el puro entretenimiento a obras más críticas, sin llegar al nivel de exquisitez de Filmin. En los días que llevo con el servicio, he añadido a mi lista de pendientes: Black mirror, Beasts of no nation, La gran estafa americana, La vida de Adèle, El muerto y ser feliz, El juego de Ender,...

Lo que más he visto han sido episodios de comedias de una duración de media hora, entre ellos:
  • Bojack Horseman
  • Derek, de Ricky Gervais
  • Unbreakable Kimmy Scmidt
  • IT Crowd
  • Grace and Frankie

Las opciones de audio estándar suelen ser español y versión original, con la posibilidad de añadir subtítulos en español. Recuerdo que en Wuaki podías elegir la versión original pero la mayoría de las veces carecía de subtítulos, lo cual era muy frustrante. En las series de producción propia, la oferta es más amplia, siendo un buen complemento para practicar portugués, francés, alemán,...

Si hay que ser quisquilloso y tengo que poner algún inconveniente, más allá del catálogo, que a mí no me afecta porque demando poco cine y poca televisión, sería que echo en falta una sección donde aparezca reunido todo lo que he visto. Es un detalle totalmente accesorio que, supongo, calmaría mis ansias infantiles de coleccionista de cromos de Bollicao.

Tras usar Netflix durante más tiempo, he expuesto mis impresiones en otro post como ya hice con Wuaki, Filmin, Yomvi y Nubeox en:

Narcotización


En la universidad nos hicieron leer una vez sobre una gente a la que les enseñaron fotografías de enfermedades de las encías. Se trataba de fotografías de encías podridas y deformes y de dientes manchados, y la idea era ver cómo esas imágenes afectaban a la forma en que la gente cuidaba sus dientes.

A un grupo le enseñaron fotografías de bocas solamente un poco podridas. Al segundo grupo le enseñaron fotos de encías moderadamente podridas. Al tercer grupo le enseñaron bocas horriblemente ennegrecidas, con las encías descarnadas, en carne viva y sangrantes, y los dientes de color marrón o caídos.

El primer grupo de estudio siguió cuidándose la boca como siempre. El segundo grupo empezó a cepillarse y pasarse el hilo dental un poco más. El tercer grupo simplemente renunció. Dejaron de cepillarse y de pasarse hilo dental y se limitaron a esperar que los dientes se les volvieran negros.

A ese efecto el estudio lo llamó «narcotización».

Querido señor Levin,
Chuck Palahniuk

Nijigahara Holograph


Detrás de este título tan rimbombante, se encuentra una historia no menos extravagante. Si prescindo de eufemismos, puedo llegar a confesar que me ha parecido rara de pelotas. Es japonesa, como suelo decir. Tira de numerosos elementos poéticos para crear algo que soy incapaz de entender, que me parece más una paja mental que algo que procure tener un mínimo de sentido.

La chica a la orilla del mar es un manga que me parece espectacular, tanto por el dibujo como por el dolor y la tristeza desgarradores que captura en el relato. Inio Asano tiene un talento excepcional para suspender los sentidos y emociones de sus lectores. Y no es flor de un día. Vuelve a exhibir estas dotes en Nijigahara Holograph.

Sin embargo, su trama es demasiado confusa e inverosímil. Reúne tal cúmulo de personajes y situaciones extremas que acaba por sobrepasar la línea. A diferencia de La chica..., aquí la forma domina sobre el contenido como una dominátrix sobre su esclavo sexual. La estética cabalga sobre la razón y todo es una vuelta de tuerca más al bajo vientre del torturado.

Parece uno de esos experimentos que he sufrido en el cine para probar la resistencia del espectador ante lo innominable. ¿Pulsará el stop o verá la película hasta el final? Completé las 292 páginas de Nijigahara Holograph y no acabé ni tan satisfecho ni tan afectado como con su cómic anterior. Aquí todo es hipérbole, todo es forma y todo lo he olvidado.

Inio Asano confiesa que probablemente no podrá volver a escribir algo así. Tal vez era su manera de probarse también a sí mismo hasta qué punto podría llevar su cuidada conjugación de belleza y dolor, que definen su estilo propio. Sea como fuere, nadie puede negar que el dibujo es maravilloso. Milky Way Ediciones ha vuelto a regalarnos una edición exquisita del genial Inio Asano.

Noviembre de Achero Mañas


Achero Mañas me parece uno de esos tipos que podría morirse ahora y hacerlo satisfecho, al menos, como director. Me encantó su corto Paraísos artificiales y me encantó El Bola. Con esta película me ha convencido nuevamente, no sólo por presentar una historia diferente dentro del aburrido panorama español sino por ofrecer una narrativa realmente original que invita a la reflexión sobre el arte y los artistas.

Me extrañan, por ello, algunas críticas que la ponen a caer de un burro. "Grandilocuente, increíble y decepcionante" la definió en su día Carlos Boyero, tan escueto como su gusto por el cine1. "Una película que se propone a sí misma como si nadie antes hubiese debatido sobre estas cuestiones –de ahí su inmensa pedantería– (...) Es tan ingenua que bordea la tontería, tan inane que provoca aburrimiento" apuntó M. Torreiro en El Mundo. "Una reflexión bienintencionada sobre las artes, el compromiso o el carácter utópico de las generaciones más jóvenes (...) pero, pese al estimulante envoltorio visual, no consigue hacerse totalmente creíble" escribió Alberto Bermejo para El País2.

Uno busca en internet a ver qué piensa el resto de espectadores y la media de la película supera el 7. Tras haberla visto, seguramente le pondría más nota. No sé qué entendieron de esta película estos críticos. Da la sensación de que creyeron que este falso documental era la apología de algo que ellos denuestan. Noviembre es la historia de una joven compañía teatral madrileña que quiso llevar la interpretación a la calle de manera completamente gratuita.

Cualquiera que vea la película hasta el final (o hasta la mitad) verá que Achero Mañas tiene los pies en el suelo y sabe enfocar realmente bien este teatro nacido del espíritu transgresor de la juventud, con la fuerza y las ganas de cambiar el mundo típicas de ésta. Asimismo, no se corta al mostrar la evolución de estos mismos personajes a medida que la edad los va cambiando y cómo, ya mayores, recuerdan qué representó aquella época para ellos.

Tanto los actores veteranos que representan a los personajes en la madurez como aquellos que lo hacen durante la creación de la compañía, con Jaenada a la cabeza, lo bordan, incluso Juan Díaz, que siempre me ha parecido bastante regulero. Creo que el director combina muy bien esos deseos bastante irreales y un tanto ñoños con unos buenos golpes en el estómago de realidad que consiguen unos personajes equilibrados y creíbles. Y, sin embargo, no se posiciona ni desprecia esa actitud optimista.

La película combina la ficción con escenas grabadas en vivo en la calle, donde los actores representaron las obras del inventado grupo Noviembre frente a espectadores reales. Las reacciones se ven naturales y espontáneas y me gustaría saber hasta qué punto el público desconocía lo que estaba observando. Este juego pone de manifiesto, como no podría ser de otra manera, la delgada línea entre lo que es real y lo que no, no sólo para la audiencia que asistió a esos montajes sino a nosotros que los vemos a través del objetivo de una cámara.

La mejor respuesta acerca de Noviembre y lo que podemos encontrar en ella sale de boca del propio creador. Mañas contesta: "[Trata sobre] Qué queda en la vejez de todas las ilusiones pasadas: del idealismo, de la ilusión, del impulso renovador. Qué pasa cuando en este momento hay alguien que, estando fuera del tiempo, siendo un anacronismo social, cree que lo que hace va a cambiar el estado de las cosas. Es una reflexión sobre eso y sobre qué compromiso adquieren en un momento dado ciertas personas con sus principios y cómo se comportan respecto a estos."3

Vamos, si esto no parece un planteaminto cabal e interesante para abordar en una película, que me muestren una película subvencionada que tenga tal arrojo al plantear cuestiones similares en vez de tirarse de cabeza a la comedia gruesa y tontopollista. Para mayor reverencia, el director ha colgado tanto sus cortos como sus largos El Bola y Noviembre en su canal de Youtube para que todos podáis juzgar por vosotros mismos.

Canal de Youtube de Achero Mañas: https://www.youtube.com/user/achero100/videos

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1 No es de extrañar, pues, su opinión acerca de Los idiotas: "Los idiotas me parece una idiotez inútilmente provocadora, la típica pasada del chico listo Lars Von Tier". (Fuente)
2 Si he cruzado sin querer los diarios puede ser debido a que cada vez los distingo menos. (Fuente)
3 Achero Mañanas contesta a los lectores de El País. (Fuente)

Nova-2 de Luis García


Nova-2 es un cómic experimental de Luis García realizado entre 1981 y 1982. La trama empieza como una historia de aventuras con toques de ciencia-ficción. Al cabo de unas páginas, sin embargo, desemboca en un monólogo interior del protagonista, un depresivo dibujante de historietas románticas.

Este brusco viraje en la trama vino impulsado, curiosamente, por el asesinato de John Lennon. El suceso afectó intensamente a su autor, quien decidió olvidarse de la historia de aventuras para centrarse en un trabajo mucho más personal.

El dibujo hiperrealista lo deja a uno sin palabras. Es la principal razón por la que lo compré. Le tengo un cariño especial porque apenas recordaba la portada y ni mi tienda de cómics ni santo Google me pudieron ayudar. Tuve la gran suerte de encontrar en Valencia, esa joya en mitad del estiércol llamada Futurama Comics. Sin duda, la mejor tienda de cómics que haya conocido jamás en Barcelona, Madrid o Londres. Allí, con mi pobre descripción, como buenos expertos que son, supieron al instante de qué álbum se trataba.

Esta anécdota sumada al anonadante talento gráfico del autor harán que sin duda lo atesore. No será su lectura. Pese a las buenas críticas que haya recibido a causa de su novedoso estilo narrativo, debo confesar que no he entendido el final. Me parece una espléndida paja mental, pero paja al fin y al cabo.

Si queréis conocer más en profundidad las virtudes de esta obra, os dejo aquí un enlace a un excelente artículo en Tebeosfera y unas espectaculares páginas de muestra. Aviso: son ilustraciones, no fotomontajes.




Nebraska de Anthony Payne


La nueva película de Alexander Payne (Entre copas) no defrauda. No me ha gustado tanto como Los descendientes pero no voy a negar que es buena.

Un anciano (Bruce Dern) recibe por correo el típico gancho publicitario de "Usted ha ganado un millón de dólares" y se empeña en que debe ir a Lincoln, Nebraska, a recogerlo. Su familia le dice que es una estafa pero él sigue escapándose de casa tratando de llegar hasta su premio.

De un punto de partida aparentemente sencillo, Payne crea una buena trama que invita a reflexionar sobre las relaciones entre padres e hijos. Como en Los descendientes, trata una situación emocionalmente dura de manera emotiva pero no sensiblera, sin dejar de lado el humor.

Lo peor ha sido la sala. He visto el tráiler de la película en Youtube y está en un nítido blanco y negro. En la pantalla de la sala del Cine Imperial era de un gris azulado granulado. Llegué a pensar que el director había querido darle una pátina que recordara a un VHS de los 90 (Clerks). Pero no.

Nada de Janne Teller


El diseño del libro y las citas de la contraportada me engañaron.
«Inolvidable y eterna. Tiene todas las características de un clásico.»
«Literariamente excelente (...) Logra analizar preguntas filosóficas fundamentales de una manera excepcionalmente clara.»
Y las críticas de la solapa:
«A la altura de un Premio Nobel.»
«Impresionante (...) Gran arte.»
«Jane Teller muestra cómo surge y funciona el fundamentalismo.»
«La novela nos obliga a reconsiderar nuestros valores.»
Una persona más inteligente habría prestado atención a la de:
«Nada funciona como los clásicos del género, como La ola  o El señor de las moscas.»
 y no a los premios de mejor libro del ministerio de cultura danés en 2001, mejor libro de 2010 por Die Zeit,... Y la escritora, en una nota al final del libro, no nos miente:
«En enero de 2000, recibí una carta de una editorial danesa preguntándome si escribiría una novela para adolescentes.»
Este libro supongo que es digno de aparecer en la colección Columna Jove de la editorial homónima. A mí no me gustó El señor de las moscas, al igual que tampoco me ha gustado esta historia, pero hay que contar que las he leído en la treintena.

Me parece una trama forzada, simple e inverosímil, de una calidad literaria baja y con un mensaje demasiado masticado. Tal vez los lectores adolescentes descubran algo que desconocían, no sé. El gran problema es que son los adultos quienes quedan boquiabiertos.

Netsuke, de Rikki Ducornet


Es una de las mejores cubiertas que he visto. La ilustración refleja perfectamente el espíritu enfermizo de las relaciones plasmadas en la novela de esta escritora estadounidense.

Lo compré por la prosa, porque leyendo las primeras páginas quedé fascinado. La narración es escasa pues apenas pasa nada. Es más bien descriptivo. Disecciona un descenso a los infiernos a través de una prosa cada vez más difícil de digerir, nauseabunda. No estoy hablando de la calidad. Estoy hablando del malestar que provoca en el lector. ¿Hacia dónde va todo esto y por qué sigo leyendo?

Pero al principio el protagonista no se encuentra en el Cielo. Desde el principio se nos muestra en el lodo, medallista de la piscina más turbia. Es un triunfador, lo tiene todo, pero se comporta de modo lesivo. Es un psiquiatra que se acuesta con sus pacientes (aunque sólo se refiere a ellos como "clientes"), alguien para quien el código deontológico tiene más de odontológico que de moral.

Se me hizo duro de acabar, por el modo horrendo y malsano con el que se analiza la situación, y me decepcionó en su conclusión, abrupta y mal resuelta: un salida de emergencia súbita y facilona. El final hace pensar en el libro más en un ejercicio de estilo que en un estudio de la conducta humana. Fue como escuchar cierta música: una sensación visceral sin significado.


Edición

Aparte de la novela, quisiera hablar del objeto físico. Blackie Books publica ejemplares preciosos... y caros, aunque ese no es el problema que quiero señalar. A estas alturas del siglo, seguimos obviando la edición digital. Este libro es hermoso pero incómodo de leer por la tapa dura. No sólo es rígido sino que es tremendamente bello y fui incapaz de sacarlo a pasear por miedo a estropearlo. Una vez lo intenté y se dañaron los bordes de la cubierta. Me he sentido estúpido. Ha sido como gastar un pequeño dineral por una pelota de fútbol con la que no puedes jugar. Se mira pero no se toca.

Nominados (for your consideration)


Esta comedia británica tiene una mala leche monumental. No te partirás el pecho, no es humor evidente. Es sutil y es inglés (o sea, doblemente sutil). No recuerdo reírme demasiado y, sin embargo, recordándola, me parto. Es una serie constante de puñetazos en la boca del estómago, una crítica descarnada y corrosiva al mundillo de la alfombra roja y el celuloide, una tomadura de pelo monumental a sus personajes parecida a esos versos de Nicanor Parra que citaba Bolaño: "Ordeñar una vaca / y tirarle la leche por la cabeza". Nadie se salva. Todos quedan como unos perfectos imbéciles.

No es país para viejos


El final no me sorprendió, porque es una peli de los Cohen y, en fin,... No soy muy aficionado a ellos porque creo que no los entiendo. No me reí con El gran Lebowski. Mi colega estuvo ahí a mi lado partiéndose el pecho, a mandíbula batiente, y yo como si nada.

Ver esta película en inglés afecta. No entendí nada, pero el acento sureño es el acento que debe tener esta historia de frontera, esta tierra dura y desoladora y de la que no se aleja mucho el mundo postapocalíptico de La carretera, obra del mismo autor, McCarthy (la leí, y tampoco me entusiasmó).

Me gusta la interpretación de Bardem, pero me queda un poco colgada por el hecho de no acabar de haber disfrutado la película, por haberla visto y haberme quedado un poco igual. Entiendo que se pretende reflejar la desolación que acompaña la existencia del ser humano, que ese parlamento final de Tommy Lee Jones lo deja claro, pero... en fin.

Yo sólo estoy esperando alguna de las ruedas de presentación de Gangster Squad para ver si Nick Nolte confiesa de una puñetera vez que es el padre secreto de Josh Brolin.

No habrá paz para los malvados


Me recordó a Drive. Está filmada de modo desapasionado, moroso y fragmentado. Los planos tienen más que decir que los diálogos, apenas existentes. Se centra, igualmente, en el fragmento de la vida de un personaje que nos es oscuro: poco sabemos de él, su moral nos resulta confusa y sus motivaciones opacas.

El personaje interpretado por Coronado no es exactamente el de Ryan Gosling. Santos Trinidad fue un buen policía que actualmente ha tocado fondo. Parece que busca expiar un pecado o una culpa de la que apenas veremos algunos trazos. Su impulso inicial es egoísta pero, a medida que avanza el metraje, uno acaba no sabiendo qué le sigue motivando.

A diferencia de Drive, el filme de Urbizu llega a hacerse aburrido. Aunque me gustó mucho estéticamente, incluido el ritmo narrativo, llega un punto en que la película parece no saber solventar su propia trama y cae en un terraplén de tedio. El guión, sin embargo, es bueno y original. Disfruté mucho la idea de una pesquisa policial que, siendo cada vez más errónea, se adentra en una trama de corrupción que nada tiene que ver. En este aspecto me recordó a El hombre que nunca estuvo allí de los Cohen.

Al final le falta el remate, redondearla. "¿Para qué?" y "¿Y ahora?" son las preguntas que me vinieron a la cabeza. El cabo suelto del final no me acabó de convencer. Da la impresión de que el título, en vez de honrar la justicia del cine clásico, esa justicia clara de buenos y malos, busca la ironía. No hay finales cerrados sino un mundo regido por el azar que sigue y sigue incomprensiblemente más allá de sus protagonistas.