Mostrando entradas con la etiqueta Citas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Citas. Mostrar todas las entradas

El abrazo

–Te vamos a esconder en el agujero que tu padre empezó a cavar –dijo mi madre–. Lo taparemos para que no te vean. Tienes que quedarte ahí. No debes hacer ruido. No debes salir a no ser que tu padre o yo vengamos a buscarte. ¿Has entendido?

–Sí, ma.

–¿Lo has entendido bien?

–Sí.

–Nada de ruidos. Nada de lloros. Silencio absoluto. No salgas bajo ningún pretexto. Hasta que te vengamos a buscar.

–Sí.

–Y si hay gente, si oyes voces que no reconoces en el patio, te tapas los oídos. Te tapas los oídos hasta que no oigas nada. ¿Está claro?

–Sí, ma.

–Si no me haces caso, ya verás lo que te pasa. Te daré una buena tunda, te despellejo. ¿Me has entendido?

–Sí, ma.

–¡Repítelo!

–Sí, ma.

–¿Sí qué?

–Sí, lo he entendido. No hacer nada de ruido. No moverme. No decir nada. Solo salgo si vienes tú a buscarme. O papá.

–¿Y los oídos?

–Me tapo los oídos si oigo voces que no conozco.

–Mejor que no se te olvide.

Quería parecer terrible y amenazadora, pero lloraba. Sus palabras no me asustaron por lo que ordenaban (suplicaban, en realidad). Me petrificaron porque noté la desesperación y el amor con que mi madre me las decía. Me eché a llorar también, sin hacer ruido. Ella me apretó contra su pecho, mi padre se sumó al abrazo y nos quedamos así durante dos o tres minutos, sin decir palabra. Dos o tres minutos, para vivir juntos toda la vida que no viviríamos nunca pero que podríamos haber vivido; dos o tres minutos para revivir lo que habíamos compartido hasta el momento. El abrazo unía las dos direcciones de nuestro tiempo: por el recuerdo, convocaba nuestro pasado; por la esperanza (pero una esperanza que terminaba contra un callejón sin salida de sangre), contemplaba nuestro imposible futuro.

Acto seguido, mi madre me metió en el pozo inacabado con algo de comida (sin hacer ruido) por si tenía hambre. Me dejó también una linterna, porque estaría oscuro. Nos volvimos a abrazar; ya no llorábamos; pero aquel abrazo, mucho más breve y silencioso que el anterior, fue también más doloroso. Acto seguido, mis padres salieron del pozo, taparon el agujero con una plancha y ya no vi nada. Me quedé inmóvil y esperé. Al cabo de un rato, quizá al poco, quizá tras una espera interminable, quizá fuera del tiempo, oí ruidos de coche, voces, risas, ráfagas de ametralladora, alaridos. La noche se había espesado en el pozo. Me tapé los oídos.

La más recóndita memoria de los hombres
Mohamed Mbougar Sarr
Trad. Rubén Martín Giráldez
Ed. Anagrama, pp. 402-4

Cita con el discurso victimista

*

Todos nos consideramos al mismo tiempo supervivientes y víctimas, o víctimas potenciales [...]. La herida más profunda causada por la victimización es precisamente esta: que acabamos afrontando la vida no como sujetos éticos activos, sino solo como víctimas pasivas, y la protesta política degenera entonces en un lloriqueo de autoconmiseración.

*

El objetivo polémico no lo constituyen aquí, como es obvio, las víctimas reales, sino más bien la transformación del imaginario de la víctima en un instrumentum regni y en el estigma de impotencia e irresponsabilidad que este deja en los dominados.

*

[El discurso del patrón] se centra en la dialéctica entre prohibir y resituar las energías almacenadas con la represión (...): abstente, ahorra, acumula, reinvierte, privilegia el futuro sobre el presente, ofrece a tu deseo el recorrido más largo posible. En el discurso del capitalista, en cambio, la instancia prohibitiva se anula para ventaja de un super-yo no menos exigente, que por su parte apremia de este modo: consume, dilapida, goza, pues te espera la felicidad aquí y ahora. (...) El mundo está para que goces de él; no te sometas a la ley del otro; cree en tu imaginario como en la cosa más verdadera y justa que pueda haber. Tienes derecho a ello, y, si se te niega, eres una víctima.

*

A la pregunta "¿qué hacer?", que ha dominado la política moderna, ha sucedido un quejumbroso "¿quién soy?". Y en este sentido la respuesta de "soy una víctima" no es tan equivocada.

*

La revolución es el otro nombre de la modernidad: sujeto, responsabilidad, capacidad de tomar decisiones también trágicas; los otros, pensados no solo como amenaza o límite, sino también como multiplicador de potencia, creatividad, imaginación, disfrute. Y, si la palabra posmoderno tiene algún sentido, es en la inversión espectacular de esos términos: identidad, pasividad, desresponsabilización, los otros como rivales, competidores, motivo de resentimiento. Por una parte, la idea de felicidad como algo constitutivamente público, común, no divisible, sino condivisible/compartible; por la otra, la felicidad privada propia del peligro superado, de la tajada más grande, de la envidia proyectada sobre los demás. Por una parte, la crítica y, por la otra, el consenso.

*

La mitología de la víctima es la reacción a una praxis sentida constitutivamente como culpa. (...) El concepto de culpa se ha secularizado y convertido, precisamente, en el concepto de deuda.

*

Endeudado y culpable ("no hemos obligado a nadie a que compre nuestros productos", se justificaba un banquero en los inicios de la crisis hipotecaria), no asombra que nuestro tiempo anhele un escape, por no decir esa salvación que la praxis, la política, es cada vez más impotente o incapaz ni siquiera de prometer. Perseguida por la realidad, la inocencia se refugia en el imaginario, y es ahí donde encuentra a la víctima (...) Una víctima no tiene deudas, solo tiene créditos.

Crítica a la víctima (2017) de Daniel Giglioli

Julio Verne: ecologismo y buen yantar

Al día siguiente, 12 de abril, durante el día, el Nautilus se aproximó a la costa holandesa, hacia la desembocadura del Maroni. Vivían en esa zona, en familia, varios grupos de vacas marinas. Eran manatís que, como el dugongo y el estelero, pertenecen al orden de los sirénidos. Estos hermosos animales, apacibles e inofensivos, de seis a siete metros de largo, debían pesar por lo menos cuatro mil kilogramos. Les hablé a Ned Land y a Conseil del importante papel que la previsora Naturaleza había asignado a estos mamíferos. Son ellos, en efecto, los que, como las focas, pacen en las praderas submarinas y destruyen así las aglomeraciones de hierbas que obstruyen la desembocadura de los ríos tropicales.

—¿Sabéis lo que ha ocurrido desde que los hombres han aniquilado casi enteramente a estos útiles animales? Pues que las hierbas se han podrido y han envenenado el aire. Y ese aire envenenado ha hecho reinar la fiebre amarilla en estas magníficas comarcas. Las vegetaciones venenosas se han multiplicado bajo estos mares tórridos y el mal se ha desarrollado irresistiblemente desde la desembocadura del Río de la Plata hasta la Florida.

Y de creer a Toussenel este azote no es nada en comparación con el que golpeará a nuestros descendientes cuando los mares estén despoblados de focas y de ballenas. Entonces, llenos de pulpos, de medusas, de calamares, se tornarán en grandes focos de infección al haber perdido «esos vastos estómagos a los que Dios había dado la misión de limpiar los mares».

Sin por ello desdeñar esas teorías, la tripulación del Nautilus se apoderó de media docena de manatís para aprovisionar la despensa de una carne excelente, superior a la del buey y la ternera. La caza no fue interesante porque los manatís se dejaban cazar sin defenderse. Se almacenaron a bordo varios millares de kilos de carne para desecarla.

Julio Verne


Que es gerundio


El gerundio, en particular, ha llamado especialmente la atención por su morfología y su sintaxis. Por una parte, carece de flexión de género, número y persona, a diferencia de la mayor parte de participios, que admiten variación de género y número, y de los infinitivos personales del portugués. No hay gerundios irregulares, pues todos se forman en -ndo, mientras que el participio cuenta con formaciones regulares en -do (callado), pero también con firmas irregulares en -to, -cho (abierto, dicho). Como los nombres, adjetivos y adverbios, el gerundio admite diminutivos (callandito, deseandito, tirandillo); también la construcción con tan, como los adverbios y adjetivos (tan callando, tan corriendo, tan temblando), aunque es más propia del estilo literario que de la lengua común. Son frecuentes los gerundios lexicalizados con un valor adverbial semejante a 'rápidamente': Salió pitando; Se fue volando; Regresó zumbando. Pero, por otra parte, el gerundio mantiene la estructura argumental del verbo: puede regir complementos en acusativo y dativo (Lo descubrió mirándola por la ventana; Lo vio robándole la cartera) y argumento interno (Volviendo Juan de la fiesta, le dieron la noticia). El gerundio –se podría llamar– descriptivo que figura, por ejemplo, al pie de imágenes, cuadros, etc., suele desempeñar funciones adjetivas (Niños corriendo por la playa).

Con todo, el valor adverbial del gerundio se pone de manifiesto especialmente en las paráfrasis con las construcciones ecuativas. Por ejemplo, el significado de modo o manera del gerundio (Resolvió el problema mezclando varios colores) es compatible con como (Así fue como resolvió el problema) y con el adverbio de modo así (Resolvió el problema así). El carácter híbrido del gerundio ha sido analizado desde diferentes marcos teóricos. En general, se ha propuesto que la forma en -ndo es un tema verbal seleccionado por una preposición, que puede materializarse (En cenando, saldremos) o no (Llegando a casa, sonó el teléfono) y esta capacita al verbo para desempeñar funciones adverbiales. Al mismo tiempo, el núcleo preposicional permite explicar las particularidades morfológicas del gerundio como formación sin irregularidades ni cambios flexivos.

Margarita Lliteras, Morfología flexiva del español

Lo llaman paz

Ubi solitudinem faciunt, pacem appellant.
Al lugar donde hacen un desierto lo llaman paz.
Tácito, Vida de Agrícola, 30, 7


Por preguntar

El rey Lear, William Shakespeare
traducción de Ángel-Luis Pujante

OSWALD. ¿Por qué me tratas así? ¡Si no te conozco!

KENT. Pero yo a ti sí.

OSWALD. ¿Quién soy yo?

KENT. Un bergante, un bribón, un lameplatos, un granuja rastrero, altanero, vacío; un lacayo ambicioso y pelagatos con calzas de estopa; un pícaro miedica, pleiteador, hijo de puta, miraespejos, servil y relamido; un esclavo pobretón, que haría de alcahuete por dar buen servicio y que no es más que una mezcla de granuja, pordiosero, cobarde, rufián e hijo y heredero de perra mestiza; un tipo al que voy a sacudir hasta arrancarle chillidos si me niega una sílaba de cuanto le he llamado.


El hambre


Siempre con el alma en vilo
esperando ese mensaje de vuelta...
Mendigando tus besos
como una pordiosera de ojos suplicantes,
piernas flacas y rodillas sucias.
Lamiendo, famélica, las migajitas de ese amor raquítico
que a veces dejas sobre el mantel.
Así me tienes, hijo de la gran puta.
Roñoso de mierda.

Vamos a follar hasta que nos enamoremos,
poemario de Ana Elena Pena

Los hombres grises


En el espejo había ahora la siguiente suma:
sueño: 441.504.000 segundos
trabajo: 441.504.000 segundos
alimentación: 110.376.000 segundos
madre: 55.188.000 segundos
periquito: 13.797.000 segundos
compra, etc.: 55.188.000 segundos
amigos, orfeón, etc.: 165.564.000 segundos
secreto: 27.594.000 segundos
ventana: 13.797.000 segundos
———————————————————
TOTAL: 1.324.512.000 segundos
—Esta suma —dijo el hombre gris, mientras golpeaba varias veces el espejo con su lápiz, con tal fuerza, que sonaba como tiros de revólver—, esta suma es, pues, el tiempo que ha perdido hasta ahora, señor Fusi. ¿Qué le parece?

Al señor Fusi no le parecía nada. Se sentó en una silla, en un rincón, y se secó la frente con el pañuelo, porque a pesar del frío estaba sudando.

El hombre gris asintió, serio.

—Sí, se está dando exacta cuenta —dijo—. Ya es más de la mitad de su fortuna inicial, los 2.207.520.000 segundos que hemos estimado que durará su vida, señor Fusi. Pero ahora vamos a ver qué le ha quedado de los cuarenta y dos años que ha vivido hasta ahora. Un año son treinta y un millones quinientos treinta y seis mil segundos, como sabe. Y eso, multiplicado por cuarenta y dos da mil trescientos veinticuatro millones quinientos doce mil.

Escribió esa cifra debajo del tiempo perdido:
1.324.512.000 segundos
-1.324.512.000 segundos
———————————————————
TOTAL: 0 segundos
Se guardó el lápiz e hizo una larga pausa para que la vista de la larga serie de ceros hiciera su efecto sobre el señor Fusi.

«Éste es, pues», pensaba el señor Fusi, anonadado, «el balance de toda mi vida hasta ahora».

Estaba tan impresionado por la cuenta, que cuadraba con tal precisión, que lo aceptó todo sin contradicción. Y la cuenta en sí era correcta. Éste era uno de los trucos con los que los hombres grises estafaban a los hombres en mil ocasiones.

—¿No cree usted —retomó la palabra, en tono suave, el agente nº XYQ/384/b—, que no puede seguir con este despilfarro? ¿No sería hora, señor Fusi, de empezar a ahorrar?

El señor Fusi asintió, mudo, con los labios morados de frío.

—Si, por ejemplo —proseguía la voz cenicienta del agente junto al oído del señor Fusi—, hubiera empezado a ahorrar una hora diaria hace veinte años, tendría ahora un saldo de veintiséis millones doscientos ochenta mil segundos. De ahorrar diariamente dos horas, el saldo, claro está, sería doble, es decir, cincuenta y dos millones quinientos sesenta mil. Y, por favor, señor Fusi, ¿qué son dos miserables horitas a la vista de esta suma?

—¡Nada! —exclamó el señor Fusi—. ¡Una pequeñez!

—Me alegra que se dé usted cuenta —prosiguió el agente—. Y si calculamos lo que habría ahorrado, en las mismas condiciones, en veinte años más, nos daría la señorial cifra de ciento cinco millones ciento veinte mil segundos. Todo este capital estaría a su libre disposición al alcanzar los sesenta y dos años.

—¡Magnífico! —farfulló el señor Fusi, poniendo ojos como platos.

—Espere —prosiguió el hombre gris—, que todavía hay más. Nosotros, los de la caja de ahorros de tiempo, no nos limitamos a guardarle el tiempo que usted ha ahorrado, sino que le pagamos intereses. Lo que significa que, en realidad, tendría usted mucho más.

—¿Cuánto más? —preguntó el señor Fusi, sin aliento.

—Eso dependerá de usted —aclaró el agente—, según la cantidad que ahorrara y el plazo en que dejara fijos sus ahorros.

—¿Plazo fijo? —se informó el señor Fusi—. ¿Qué significa eso?

—Es muy sencillo —dijo el hombre gris—. Si usted no nos exige la devolución del tiempo ahorrado antes de cinco años, nosotros se lo doblamos. Su fortuna, pues, se dobla cada cinco años, ¿entiende? A los diez años sería cuatro veces la suma original, a los quince años ocho veces y así sucesivamente. Si hubiera empezado a ahorrar sólo dos horas diarias hace veinte años, a los sesenta y dos años, es decir, después de un total de cuarenta años, dispondría del tiempo ahorrado hasta entonces por usted multiplicado por doscientos cincuenta y seis. Serían veintiséis mil novecientos diez millones setecientos veinte mil.

Tomó una vez más su lápiz gris y escribió también esa cifra en el espejo:
26.910.710.000 segundos
—Como puede ver usted, señor Fusi —dijo entonces, mientras sonreía por primera vez—, sería más del décuplo de todo el tiempo de su vida original. Y eso ahorrando sólo dos horas diarias. Piense si no merece la pena esta oferta.

—¡Y tanto! —dijo el señor Fusi agotado—. Sin duda que sí. Soy un infeliz por no haber empezado a ahorrar hace tiempo. Ahora me doy cuenta, y he de confesar que estoy desesperado.

—Para eso no hay ningún motivo —dijo el hombre gris con suavidad—. Nunca es demasiado tarde. Si usted quiere, puede empezar hoy mismo. Verá usted que merece la pena.

—¡Y tanto que quiero! —gritó el señor Fusi—. ¿Qué he de hacer?

—Querido amigo —contestó el agente, alzando las cejas—, usted sabrá cómo se ahorra tiempo. Se trata, simplemente, de trabajar más deprisa, y dejar de lado todo lo inútil. En lugar de media hora, dedique un cuarto de hora a cada cliente. Evite las charlas innecesarias. La hora que pasa con su madre la reduce a media. Lo mejor sería que la dejara en un buen asilo, pero barato, donde cuidaran de ella, y con eso ya habrá ahorrado una hora. Quítese de encima el periquito. No visite a la señorita Daria más que una vez cada quince días, si es que no puede dejarlo del todo. Deje el cuarto de hora diario de reflexión, no pierda su tiempo precioso en cantar, leer, o con sus supuestos amigos. Por lo demás, le recomiendo que cuelgue en su barbería un buen reloj, muy exacto, para poder controlar mejor el trabajo de su aprendiz.

—Está bien —dijo el señor Fusi—, puedo hacer todo eso. Pero ¿qué haré con el tiempo que me sobre? ¿Tengo que depositarlo? ¿Dónde? ¿O tengo que guardarlo? ¿Cómo funciona todo eso?

—No se preocupe —dijo el hombre gris, mientras sonreía por segunda vez—. De eso nos ocupamos nosotros. Puede estar usted seguro de que no se perderá nada del tiempo que usted ahorre. Ya se dará cuenta de que no le sobra nada.

—Está bien —respondió el señor Fusi, anonadado—, me fío de ustedes.

—Hágalo tranquilo, querido amigo —dijo el agente, mientras se levantaba—. Puedo darle, pues, la bienvenida a la gran comunidad de los ahorradores de tiempo. Ahora también usted, señor Fusi, es un hombre realmente moderno y progresista. ¡Le felicito!

Con estas palabras tomó el sombrero y la cartera.

—¡Un momento, por favor! —le llamó el señor Fusi—. ¿No tenemos que firmar algún contrato? ¿No me da algún papel?

El agente nº XYQ/384/b se volvió, en la puerta, y miró al señor Fusi con cierta desgana.

—¿Para qué? —preguntó—. El ahorro de tiempo no se puede comparar con ningún otro tipo de ahorro. Es una cuestión de confianza absoluta por ambas partes. A nosotros nos basta su asentimiento. Es irrevocable. Nosotros nos ocupamos de sus ahorros. Cuánto va a ahorrar es cosa suya. No le obligamos a nada. Usted lo pase bien, señor Fusi.

Con estas palabras, el agente se montó en su elegante coche y salió disparado.

El señor Fusi le siguió con la mirada y se frotó la frente. Poco a poco volvía a entrar en calor, pero se sentía enfermo. El humo azul del pequeño cigarro del agente siguió flotando durante mucho tiempo por la barbería, sin querer disolverse.

Momo (1973), de Michael Ende

El origen del pretérito perfecto perifrástico en catalán

Dibujo de una boca sacando una lengua con las franjas y colores de la bandera catalana

Más de una vez sucede que uno se topa con una duda que le produce comezón en la cabeza, y no tiene más remedio que rascarse utilizando la cajetilla de búsqueda en Google. Más de una vez había buscado el origen del pretérito perfecto perifrástico catalán y había abandonado el teclado con las manos vacías. Pero, por fin, encontré un filón.

Probablemente, esta información sea más que conocida por los lingüistas especializados en el tema, o por los mismos estudiantes de filología catalana. Al sólo encontrarlo en dos webs, y ambas citando el mismo texto con una fuente que sólo devuelve un fatídico 404, he creído conveniente reproducirlo aquí también.

Ejemplos del pretérito perfecto perifrástico son jo vaig cantar (yo canté), tu vas fer (tú hiciste), ell/a va beure (él/ella bebió). Analizando su nombre, podemos afirmar que este tiempo, sólo existente en catalán y en la variedad gascona del occitano, es "pretérito" porque habla de una acción del pasado, "perfecto" porque trata de una acción que ha concluido y "perifrástico" porque está formado por más de una palabra con el sentido de una sola (perífrasis).

En otras lenguas, la perífrasis del verbo ir + infinitivo, con o sin preposición, indica futuro: en francés tenemos je vais chanter; en inglés, I am going to sing; y en español, yo voy a cantar. ¿Por qué en catalán esta construcción va en dirección contraria a la flecha del tiempo? ¿Por qué un verbo como ir, que intuitivamente nos da la sensación de movimiento hacia algo, de destino, de futurible, ha acabado apuntando a nuestras espaldas?

Según el texto que he encontrado y que cito al final de la entrada, la construcción tiene su origen en las narraciones de la época medieval, en las que las historias solían contarse en el llamado presente histórico. El presente histórico es el uso del presente para hablar de hechos del pasado. Un ejemplo de presente histórico sería "En 1928, Fleming descubre la penicilina" (en lugar de descubrió).

En estas narraciones medievales en presente histórico, se aludía a las acciones inminentes con la construcción ir + infinitivo (sin preposición). Así, una construcción como "el rey va aparecer" tenía el sentido "el rey está a punto de aparecer".

El cambio de sentido temporal, de presente inminente a pasado, fue propiciado por el hecho de que las formas medievales de primera y segunda del plural de anar (anam y anats) sirvieran tanto para indicar presente como pasado. Si sumamos el hecho de que en los textos se mezclaba dicha construcción con formas del pasado, la confusión vino servida.

Aquí copio, y a continuación traduzco, el texto original de Antoni I. Alomar, citado en este foro de ProjetBabel, y en este de Racó Català. El primero menciona al autor mientras el segundo no, pero ambos enlazan a una página que ya no existe:
http://dgpoling.caib.es/www/user/menuweb/publicacions/terminologia/linia_directa_12.pdf

Texto original en mallorquín:

Una de les característiques més especials del català davant les altres llengües neollatines és el passat format amb vaig, vares/vas, va, vàrem/vam, vàreu/vau, varen/van més infinitiu (per exemple, «vaig tornar»), que té els mateixos valor i ús que el passat simple («torní», no usat en la primera persona a Mallorca).

Només la varietat gascona de l’occità té aquesta construcció amb el mateix valor. Una de semblant, però amb valor de futur, és la que trobam en romanès («voi asculta», ‘escoltaré’).

L’origen d’aquesta construcció es troba en les narracions de l’època medieval. S’hi solia explicar una història contant-la com si succeís en aquell mateix moment, en present històric, i anunciant una acció imminent amb el verb anar més infinitiu, semblant a com avui en dia es diu «ara va a aparèixer».

La freqüència d’aquesta manera d’indicar la imminència d’un fet va fer que s’interpretàs com a passat: «ells van arribar», sense preposició, primer s’usava com a present (equivalent a l’actual «ells van a arribar», és a dir «estan a punt d’arribar», així com en passat es deia «ells anaren arribar»). En canvi, en llengua occitana aquest canvi de sentit en aquesta mateixa construcció no s’ha produït: «vau cantar» vol dir «vaig a cantar».

A aquesta transformació, hi ajudà el fet que anam i anats (forma antiga d’anau) tenguessin valor tant de present com de passat i que la forma de perfet immediat s’usàs mesclada en el mateix text amb formes de passat.

Aquesta construcció amb el verb anar en present seguida d’infinitiu, anomenada perfet perifràstic, s’ha fet tan corrent a la llengua parlada que ha fet desaparèixer l’ús del perfet simple («tu comprares», «ell comprà», etc.) per tot el català, fora del País Valencià, l’eivissenc i, en part, el mallorquí.

De fet, a Mallorca ha desaparegut la primera persona, que acaba en -í (antigament, i a Mallorca encara en alguns casos, també -é: «jo ané», «jo mogué»), de manera que, fora d’alguna glosa, ningú no diu ja «jo cantí» sinó «jo vaig cantar», en canvi, fins no fa gaire aquesta forma s’usava a Eivissa i encara s’usa a la part central del País Valencià.

Modernament hi ha hagut una combinació de vas, vam, vau i van amb les terminacions del passat simple -res, -rem, -reu, -ren («comprares», «venguérem», «dormíreu», «perderen») que ha donat vares, vàrem, vàreu i varen, que es consideren igualment correctes.

A Mallorca, això no ha passat a la primera persona i es diu «jo vaig caure», però sí fora de Mallorca, on, per analogia amb les altres persones, per exemple, també diuen «jo vàreig caure».

El verb anar es conjuga al present d’indicatiu mesclant formes dels verbs llatins VADO (vaig, vas, va, van) i ANDARE (anam, anau), en canvi, en aquest temps que comentam vam i vau (o vàrem i vàreu) han substituït anam i el medieval anats pertot, fora de l’Alguer.

Aquest canvi d’anam i anau per vam i vau és semblant al que s’ha produït a vàgim i vàgiu en lloc d’anem i aneu a l’imperfet de subjuntiu per analogia amb les altres persones, que són vagi, vagis, vagi, vagin («que no vagi venir no té importància», equivalent a «que no vengués...»).

Una cosa curiosa en castellà sobre la construcció de futur més la preposició a seguida d’infinitiu és que hi ha pres un valor de futur i col·loquialment s’usa més que el mateix futur simple: «no va a venir» vol dir «no vendrá».

Antoni I. Alomar

Intento de traducción/paráfrasis:

Una de las características más especiales del catalán frente a otras lenguas neolatinas es el pasado formado por el presente de indicativo del verbo anar ("ir" en castellano) más infinitivo.

La conjugación del presente del verbo anar es, cuando hace de auxiliar en esta perífrasis: jo vaig, yo voy; tu vares/vas, tú vas; ell/a va, él/ella va; nosaltres vàrem/vam, nosotros vamos; vosaltres vàreu/vau, vosotros vais; ells/es varen/van, ellos van1.

Por ejemplo, vaig tornar ("volví") tiene el mismo valor y uso que el pasado simple torní ("volví" también), cuya primera persona no se usa en Mallorca.

Sólo la variedad gascona del occitano tiene esta construcción con el mismo valor. Una parecida, pero con valor de futuro, es la que encontramos en rumano (voi asculta, escucharé).

El origen de esta construcción se encuentra en las narraciones de la época medieval. Las historias se solían contar como si sucediesen en aquel mismo momento, en presente histórico, anunciando las acciones inminentes con el verbo anar + infinitivo, parecido a como hoy en día se dice ara va a aparèixer (ahora va a aparecer).

La frecuencia de esta manera de indicar la inminencia de un hecho hizo que se interpretara como pasado; en sus inicios, ells van arribar, sin preposición, se usaba como presente (equivalente al actual ells van a arribar, es decir, "están a punto de llegar"). Por el contrario, en lengua occitana el cambio de sentido en esta misma construcción no se ha producido: vau cantar quiere decir "voy a cantar".

A esta transformación ayudó el hecho de que anam i anats (forma antigua de anau, la segunda persona del plural del verbo anar) tuvieran valor tanto de presente como de pasado, y que la forma del perfecto inmediato se usase mezclada en el mismo texto con formas del pasado.

Esta construcción con el verbo anar en presente seguida del infinitivo, llamada perfecto perifrástico, se ha vuelto tan corriente en la lengua hablada que ha hecho desaparecer el uso del perfecto simple (tu comprares, ell comprà, etc.) en casi todas las variantes del catalán fuera de la Comunidad Valenciana, exceptuando el ibicenco y, parcialmente, el mallorquín.

De hecho, en Mallorca ha desaparecido la primera persona, que acaba en -í (antiguamente, y en Mallorca todavía en algunos casos, también -é: jo ané, jo mogué). Así, fuera de alguna glosa, en Mallorca ya nadie dice jo cantí sino jo vaig cantar. Sin embargo, hasta no hace mucho, la forma acabada en -í se usaba en Ibiza y aún se usa en la parte central de la Comunidad Valenciana.

De un tiempo a esta parte, ha habido una combinación de vas, vam, vau y van con las terminaciones del pasado simple -res, -rem, -reu, -ren (comprares, compraste; venguérem, vendimos; dormíreu, dormisteis; perderen, perdieron) que han dado origen a las formas vares, vàrem, vàreu y varen, que se consideran igualmente correctas.

En Mallorca, dicha combinación no se ha dado con la primera persona del singular porque se dice jo vaig caure. Pero fuera de la isla se ha extendido por analogía con el resto de formas, y también se da la variante jo vàreig caure.

El verbo anar se conjuga en presente de indicativo mezclando formas de los verbos latinos VADO (jo vaig, tu vas, ell/a va, ells/es van) y ANDARE (nosaltres anam, vosaltres anau). No obstante, la primera y segunda del plural de anar en el perifrástico son vam y vau (o vàrem y vàreu), que han sustituido anam y el medieval anats en todas las variantes exceptuando la del Alguer.

Este cambio de anam y anau por vam y vau es parecido al que se ha producido con vàgim y vàgiu en lugar de anem i aneu en el imperfecto de subjuntivo. Así, se ha estandarizado el paradigma por analogía con el resto de personas, que son jo vagi, tu vagis, ell/a vagi, ells/es vagin (que no vagi venir no té importància es equivalente a que no vengués...).

Un detalle curioso en castellano sobre la construcción de futuro de ir + a + infinitivo es que ha tomado el valor del futuro y coloquialmente se usa más que el propio futuro simple: "no va a venir" quiere decir "no vendrá".

_____
1 El presente del verbo anar es jo vaig, tu vas, ell/a va, nosaltres anem/anam, vosaltres aneu/anau, ells/es van. La conjugación apuntada es la conjugación de anar como auxiliar en la perífrasis anar + infinitivo.

No es algo extraño ya que el verbo anar es un verbo sincrético, es decir, su conjugación está formada a partir de distintos verbos. Como se explica en el texto, estos verbos son ANDARE (o lo que es lo mismo, AMBULARE) y VADERE (cruzar). Así tenemos: jo anava o tu vas. En algunas variantes también se utiliza el verbo IRE para el futuro y el condicional: nosaltres irem, ells irien.

En español sucede lo mismo, pues "ir" también es sincrético. En este caso, se construye a partir de las formas de tres verbos: IRE, VADERE y ESERE (ser), ejemplos de los cuales son, respectivamente, yo iba, tú vas y él fue.

El racismo de Huckleberry Finn (original en inglés)



Once I said to myself it would be a thousand times better for Jim to be a slave at home where his family was, as long as he’d GOT to be a slave, and so I’d better write a letter to Tom Sawyer and tell him to tell Miss Watson where he was. But I soon give up that notion for two things: she’d be mad and disgusted at his rascality and ungratefulness for leaving her, and so she’d sell him straight down the river again; and if she didn’t, everybody naturally despises an ungrateful nigger, and they’d make Jim feel it all the time, and so he’d feel ornery and disgraced. And then think of ME! It would get all around that Huck Finn helped a nigger to get his freedom; and if I was ever to see anybody from that town again I’d be ready to get down and lick his boots for shame. That’s just the way: a person does a low-down thing, and then he don’t want to take no consequences of it. Thinks as long as he can hide, it ain’t no disgrace. That was my fix exactly. The more I studied about this the more my conscience went to grinding me, and the more wicked and low-down and ornery I got to feeling. And at last, when it hit me all of a sudden that here was the plain hand of Providence slapping me in the face and letting me know my wickedness was being watched all the time from up there in heaven, whilst I was stealing a poor old woman’s nigger that hadn’t ever done me no harm, and now was showing me there’s One that’s always on the lookout, and ain’t a-going to allow no such miserable doings to go only just so fur and no further, I most dropped in my tracks I was so scared. Well, I tried the best I could to kinder soften it up somehow for myself by saying I was brung up wicked, and so I warn’t so much to blame; but something inside of me kept saying, “There was the Sunday-school, you could a gone to it; and if you’d a done it they’d a learnt you there that people that acts as I’d been acting about that nigger goes to everlasting fire.”

It made me shiver. And I about made up my mind to pray, and see if I couldn’t try to quit being the kind of a boy I was and be better. So I kneeled down. But the words wouldn’t come. Why wouldn’t they? It warn’t no use to try and hide it from Him. Nor from ME, neither. I knowed very well why they wouldn’t come. It was because my heart warn’t right; it was because I warn’t square; it was because I was playing double. I was letting ON to give up sin, but away inside of me I was holding on to the biggest one of all. I was trying to make my mouth SAY I would do the right thing and the clean thing, and go and write to that nigger’s owner and tell where he was; but deep down in me I knowed it was a lie, and He knowed it. You can’t pray a lie—I found that out.

So I was full of trouble, full as I could be; and didn’t know what to do. At last I had an idea; and I says, I’ll go and write the letter—and then see if I can pray. Why, it was astonishing, the way I felt as light as a feather right straight off, and my troubles all gone. So I got a piece of paper and a pencil, all glad and excited, and set down and wrote:
Miss Watson, your runaway nigger Jim is down here two mile below Pikesville, and Mr. Phelps has got him and he will give him up for the reward if you send.
HUCK FINN.
I felt good and all washed clean of sin for the first time I had ever felt so in my life, and I knowed I could pray now. But I didn’t do it straight off, but laid the paper down and set there thinking—thinking how good it was all this happened so, and how near I come to being lost and going to hell. And went on thinking. And got to thinking over our trip down the river; and I see Jim before me all the time: in the day and in the night-time, sometimes moonlight, sometimes storms, and we a-floating along, talking and singing and laughing. But somehow I couldn’t seem to strike no places to harden me against him, but only the other kind. I’d see him standing my watch on top of his’n, ’stead of calling me, so I could go on sleeping; and see him how glad he was when I come back out of the fog; and when I come to him again in the swamp, up there where the feud was; and such-like times; and would always call me honey, and pet me and do everything he could think of for me, and how good he always was; and at last I struck the time I saved him by telling the men we had small-pox aboard, and he was so grateful, and said I was the best friend old Jim ever had in the world, and the ONLY one he’s got now; and then I happened to look around and see that paper.

It was a close place. I took it up, and held it in my hand. I was a-trembling, because I’d got to decide, forever, betwixt two things, and I knowed it. I studied a minute, sort of holding my breath, and then says to myself:

“All right, then, I’ll GO to hell"—and tore it up.

The Adventures of Huckleberry Finn, chapter 31
written by Mark Twain (1885)

El racismo de Huckleberry Finn



Una vez me dije que sería mil veces mejor que Jim fuera esclavo en casa, donde estaba su familia, si es que tenía que ser esclavo, así que mejor sería escribirle una carta a Tom Sawyer para que dijese a la señorita Watson dónde estaba. Pero en seguida renuncié a la idea por dos cosas: estaría indignada y enfadada por su mala fe y su ingratitud al escaparse de ella, así que lo volvería a vender río abajo, y si no, todo el mundo desprecia naturalmente a un negro ingrato y se lo recordarían a Jim todo el tiempo, para que se sintiera desgraciado y deshonrado. Y, ¡qué pensarían de mí! Todo el mundo se enteraría de que Huck Finn había ayudado a un negro a conseguir la libertad, y si volvía a ver a alguien del pueblo tendría que ser para agacharme a lamerle las botas de vergüenza. Así son las cosas: alguien hace algo que está mal y después no quiere cargar con las consecuencias. Se cree que mientras pueda esconderse no tendrá que pasar vergüenza. Y ésa era mi situación. Cuanto más lo estudiaba más me remordía la conciencia, y más malvado, rastrero y desgraciado me sentía. Y, por fin, cuando de repente me di cuenta del todo de que era la mano de la Providencia que me daba en la cara y me decía que mi maldad era algo conocido de siempre allá en el cielo, porque le había robado su negro a una pobre vieja que nunca me había hecho nada malo, y ahora me demostraba que siempre hay Alguien que lo ve todo y que no permite que se hagan esas maldades más que hasta un punto determinado, casi me caí al suelo de miedo que me dio. Bueno, hice todo lo que pude para facilitarme las cosas diciéndome que me habían criado mal, de manera que no era todo culpa mía, pero dentro de mí había algo que repetía: «Estaba la escuela dominical y podrías haber ido; y si hubieras ido te habrían enseñado que a la gente que hace las cosas que tú has hecho por ese negro le espera el fuego eterno».

Aquello me hizo temblar. Y decidí ponerme a rezar y ver si podía dejar de ser un mal chico y hacerme mejor. Así que me arrodillé. Pero no me salían las palabras. ¿Por qué no? No valía de nada tratar de disimulárselo a Él. Ni a mí tampoco. Sabía muy bien por qué no salían de mí. Era porque mi alma no estaba limpia; era porque no me había arrepentido; era porque estaba jugando a dos paños. Hacía como si fuera a renunciar al pecado, pero por dentro seguía empeñado en el peor de todos. Trataba de obligar a mi boca a decir que iba a hacer lo que estaba bien y lo que era correcto y escribir a la dueña de aquel negro para comunicarle dónde estaba; pero en el fondo sabía que era mentira, y Él también. No se pueden rezar mentiras, según comprendí entonces.

De manera que estaba lleno de problemas, todos los problemas del mundo, y no sabía qué hacer. Por fin tuve una idea y me dije: «Voy a escribir la carta y después intentaré rezar». Y, bueno, me quedé asombrado de cómo me volví a sentir ligero como una pluma inmediatamente, y sin más problemas. Así que agarré una hoja de papel y un lápiz, sintiéndome muy contento y animado, y me senté a escribir:
«Señorita Watson, su negro fugitivo Jim está aquí dos millas abajo de Pikesville y lo tiene el señor Phelps, que se lo devolverá por la recompensa si lo manda a buscar.
«HUCK FINN»
Me sentí bien y limpio de pecado por primera vez en toda mi vida y comprendí que ahora ya podía rezar. Pero no lo hice inmediatamente, sino que puse la hoja de papel a un lado y me quedé allí pensando: pensando lo bien que estaba que todo hubiera ocurrido así y lo cerca que había estado yo de perderme y de ir al infierno. Y seguí pensando. Y me puse a pensar en nuestro viaje río abajo y vi a Jim delante de mí todo el tiempo: de día y de noche, a veces a la luz de la luna, otras veces en medio de tormentas, y cuando bajábamos flotando, charlando y cantando y riéndonos. Pero no sé por qué parecía que no encontraba nada que me endureciese en contra de él, sino todo lo contrario. Le vi hacer mi guardia además de la suya, en lugar de despertarme, para que yo pudiera dormir más, y vi cómo se alegró cuando yo volví en medio de la niebla, y cuando volvimos a encontrarnos otra vez en el pantano, allá lejos donde la venganza de sangre, y todos aquellos momentos, y cómo siempre me llamaba su niño y me acariciaba y hacía todo lo que podía por mí, y lo bueno que había sido siempre, hasta que llegué al momento en que lo había salvado cuando les dije a los hombres que teníamos la viruela a bordo y lo agradecido que estuvo y que había dicho que yo era el mejor amigo que tenía en el mundo el viejo Jim, y el único que tiene ahora, y después, cuando miraba al azar de un lado para el otro, vi la hoja de papel.

Me costó trabajo decidirme. Agarré el papel y lo sostuve en la mano. Estaba temblando, porque tenía que decidir para siempre entre dos cosas, y lo sabía. Lo miré un minuto, como conteniendo el aliento, y después me dije:

«¡Pues vale, iré al infierno!», y lo rompí.

Huckleberry Finn, capítulo 31
escrito por Mark Twain (1885)
y traducido por J. A. de Larrinaga

Asfixia autoerótica


BoJack, el caballo que encontró el éxito en una serie de los 90 a lo Bill Cosby,
habla en un bar con su compañero de reparto, Corduroy.

Corduroy: Cómo necesitaba venir a relajarme al bar, BoJack. Para mí ha sido un día durísimo. Desde que supe lo del agente que murió tras machacársela...
BoJack: ¿Tras machacársela?
Corduroy: Ya sabes, con una mano en la nuez y la otra en el plátano.
BoJack: Ah, ya... sí. Asfixia autoerótica.

Corduroy: Podría haber sido yo, ¿sabes? Antes le daba mucho al tema. Me zumbaba el salami a lo bestia. Y ahora no me lo quito de la cabeza. No debería estar vivo, ¿sabes?
BoJack: No hace falta hablar de cómo te masturbas.
Corduroy: Los orgasmos que consigues... Es como ver un arco iris, pero con todos sus colores.
BoJack: Vamos, como un arco iris normal.
Corduroy: ¡Pero es muy peligroso, tío! Dicen que si muerdes un limón justo al llegar al clímax, el zumo de limón te da la energía necesaria para no desmayarte y morir, pero aun así, tronco, es... jugársela a los dados.

BoJack: Vale, ¿podemos hablar de otra cosa?
Corduroy: ¡Claro!
BoJack: Gracias a Dios.
Corduroy: Tiene gracia que menciones a Dios porque ahora me ha dado por la Biblia. Dime, ¿has aceptado a Jesucristo como tu Señor y salvador?
BoJack: En cuanto al nudo, ¿cómo es? ¿Usas un nudo marinero o con uno de regalo de cumpleaños ya te vale?

BoJack Horseman
Temporada 2, episodio 6.

School, poema de Kate Tempest

Poema escogido por Hatsue
Traducción propia


School

We wander into school, happy children;
kind and bright and interested in things.
We don't yet know the horrors of the building.
The hatred it will teach. The boredom will bring.

Soon we'll learn to disappear in public.
We'll learn that getting by is good enough.
We'll learn the way it feels to see injustice,
and shut our mouth in case it comes for us.

We'll learn to never think but copy blindly.
To ally with the mean and keep them near.
We'll learn no to be talented or clever,
and the most important lessons
for success in a career:

How to follow orders when you're bordering
on nausea and you're bored and
insecure and dwarfed by fear.



Escuela

Entramos en la escuela como niños felices:
inocentes y alegres y apasionados por todo.
No conocemos todavía los horrores del edificio.
El odio que nos enseñará. El aburrimiento que traerá.

Pronto aprenderemos a desaparecer en público.
Aprenderemos a conformarnos con salir adelante.
Aprenderemos lo que se siente al contemplar la injusticia,
y a cerrar el pico para que no vengan tras nosotros.

Aprenderemos a no pensar, a copiar ciegamente.
A aliarnos con los mezquinos y a mantenerlos cerca.
Aprenderemos a no ser talentosos ni ingeniosos,
así como las lecciones más importantes
para triunfar profesionalmente:

Cómo seguir órdenes cuando estás al borde
de la náusea y te sientes hastiado y
inseguro y encogido por el miedo.


Confundidos

Fotografía de estudiante confundida mirando unos apuntes

—En mi novela, Jeeves, simplemente plantearé las Cuestiones. No ofreceré Respuestas, lo que no importa porque todo el mundo sabe que en las novelas que tratan sobre la condición humana nunca se llega a conclusiones. Cuando se escribe la Declaración de Independencia o la Constitución o las instrucciones para realizar una neurocirugía, entonces se tiene que ser firme y preciso, pero si se escriben novelas, basta con formular las Cuestiones. La gente no espera mucho de la literatura. Les basta con ver que no son los únicos que están confundidos.


Hombres más hombres que Adán

Foto de dos actores desnudos con coronas mirándose entre amenazantes y llenos de deseo en la obra El público de Federico García Lorca

Ruina romana.

Una Figura, cubierta totalmente de Pámpanos rojos, toca una flauta sentada sobre un capitel. Otra Figura, cubierta de Cascabeles dorados, danza en el centro de la escena.


FIGURA DE CASCABELES. ¿Si yo me convirtiera en nube?

FIGURA DE PÁMPANOS. Yo me convertiría en ojo.

FIGURA DE CASCABELES. ¿Si yo me convirtiera en caca?

FIGURA DE PÁMPANOS. Yo me convertiría en mosca.

FIGURA DE CASCABELES. ¿Si yo me convirtiera en manzana?

FIGURA DE PÁMPANOS. Yo me convertiría en beso.

FIGURA DE CASCABELES. ¿Si yo me convirtiera en pecho?

FIGURA DE PÁMPANOS. Yo me convertiría en sábana blanca.

VOZ. (Sarcástica.) ¡Bravo!

FIGURA DE CASCABELES. ¿Y si yo me convirtiera en pez luna?

FIGURA DE PÁMPANOS. Yo me convertiría en cuchillo.

FIGURA DE CASCABELES. (Dejando de danzar.) Pero ¿por qué?, ¿por qué me atormentas? ¿Cómo no vienes conmigo, si me amas, hasta donde yo te lleve? Si yo me convirtiera en pez luna, tú te convertirías en ola de mar, o en alga, y si quieres algo muy lejano, porque no desees besarme, tú te convertirías en luna llena, ¡pero en cuchillo! Te gozas en interrumpir mi danza. Y danzando es la única manera que tengo de amarte.

FIGURA DE PÁMPANOS. Cuando rondas el lecho y los objetos de la casa te sigo, pero no te sigo a los sitios adonde tú, lleno de sagacidad, pretendes llevarme. Si tú te convirtieras en pez luna, yo te abriría con un cuchillo, porque soy un hombre, porque no soy nada más que eso, un hombre, más hombre que Adán, y quiero que tú seas aún más hombre que yo. Tan hombre que no haya ruido en las ramas cuando tú pases. Pero tú no eres un hombre. Si yo no tuviera esta flauta, te escaparías a la luna, a la luna cubierta de pañolitos de encaje y gotas de sangre de mujer.

FIGURA DE CASCABELES. (Tímidamente.) ¿Y si yo me convirtiera en hormiga?

FIGURA DE PÁMPANOS. (Enérgico.) Yo me convertiría en tierra.

FIGURA DE CASCABELES. (Más fuerte.) ¿Y si yo me convirtiera en tierra?

FIGURA DE PÁMPANOS. (Más débil.) Yo me convertiría en agua.

FIGURA DE CASCABELES. (Vibrante.) ¿Y si yo me convirtiera en agua?

FIGURA DE PÁMPANOS. (Desfallecido.) Yo me convertiría en pez luna.

FIGURA DE CASCABELES. (Tembloroso.) ¿Y si yo me convir­tiera en pez luna?

FIGURA DE PÁMPANOS. (Levantándose.) Yo me convertiría en cuchillo. En un cuchillo afilado durante cuatro largas primaveras.

FIGURA DE CASCABELES. Llévame al baño y ahógame. Será la única manera de que puedas verme desnudo. ¿Te figuras que tengo miedo a la sangre? Sé la manera de dominarte. ¿Crees que no te conozco? De dominarte tanto que si yo dijera: «¿si yo me convirtiera en pez luna?», tú me contestarías: «yo me convertiría en una bolsa de huevas pequeñitas».

FIGURA DE PÁMPANOS. Toma un hacha y córtame las piernas. Deja que vengan los insectos de la ruina y vete. Porque te desprecio. Quisiera que tú calaras hasta lo hondo. Te escupo.

FIGURA DE CASCABELES. ¿Lo quieres? Adiós. Estoy tranquilo. Si voy bajando por la ruina iré encontrando amor y cada vez más amor.

FIGURA DE PÁMPANOS. (Angustiado.) ¿Dónde vas? ¿Dónde vas?

FIGURA DE CASCABELES. ¿No deseas que me vaya?

FIGURA DE PÁMPANOS. (Con voz débil.) No, no te vayas. ¿Y si yo me convirtiera en un granito de arena?

FIGURA DE CASCABELES. Yo me convertiría en un látigo.

FIGURA DE PÁMPANOS. ¿Y si yo me convirtiera en una bolsa de huevas pequeñitas?

FIGURA DE CASCABELES. Yo me convertiría en otro látigo. Un látigo hecho con cuerdas de guitarra.

FIGURA DE PÁMPANOS. ¡No me azotes!

FIGURA DE CASCABELES. Un látigo hecho con maromas de barco.

FIGURA DE PÁMPANOS. ¡No me golpees el vientre!

FIGURA DE CASCABELES. Un látigo hecho con los estambres de una orquídea.

FIGURA DE PÁMPANOS. ¡Acabarás por dejarme ciego!

FIGURA DE CASCABELES. Ciego, porque no eres hombre. Yo sí soy un hombre. Un hombre, tan hombre, que me desma­yo cuando se despiertan los cazadores. Un hombre, tan hombre, que siento un dolor agudo en los dientes cuando alguien quiebra un tallo, por diminuto que sea. Un gigante. Un gigante, tan gigante, que puedo bordar una rosa en la uña de un niño recién nacido.

El público (1933)
Federico García Lorca

Respeto por los derechos civiles


Se exigió de inmediato un aumento de fuerzas policiales. Se necesitaban armas más sofisticadas que no sometieran a la comunidad blanca a un peligro innecesario. La seguridad interna debía anteponerse a la nacional. La comunidad blanca solicitó al Congreso que suspendiera la fabricación y almacenamiento de armas nucleares, misiles balísticos intercontinentales y submarinos Polaris, y se concentrara en desarrollar bombas atómicas que sirviesen para destruir a un negro cabrón con una pistola sin poner en peligro a toda la comunidad blanca; una bomba atómica que un policía pudiese llevar en el bolsillo además de su porra y que no produjera radiactividad al explotar.

Entretanto, podían emplearse armas y maniobras convencionales para batir los guetos negros en busca de armas peligrosas e investigar al mismo tiempo a ciertos negros por posibles actitudes del mismo tipo. Pequeños tanques equipados con lo último en armas antidisturbios, como un pegamento para inmovilizar a los alborotadores haciendo que quedaran pegados entre sí en bolas de diez o doce personas, gas paralizante, polvos especiales para incapacitar a la gente con violentos ataques de estornudos, aerosoles para cegar temporalmente a cualquiera que se resistiera a una orden y dispositivos electrónicos similares a contadores Geiger, que reaccionaban únicamente a las pulsaciones combinadas de la piel negra y el acero empavonado, para su uso en la localización de asesinos negros con armas de fuego, eran necesarios en el patrullaje policial de las calles. Se llevaron a cabo registros, casa por casa, de todas las viviendas habitadas por negros, sin importar lo humildes que fuesen, y ningún negro con un trozo de hierro mayor que un cortaúñas estaba a salvo, a menos que fuera lo bastante hábil como para lograr tiempo para hablar. Y, aun así, la comunidad blanca exigió que los cuerpos policiales locales recibieran el apoyo de las fuerzas armadas nacionales. Al mismo tiempo, deploraban cualquier exceso que pudiese privar a los negros de sus derechos civiles.

Plan B, de Chester Himes
Trad. de Axel Alonso Valle
Ediciones Akal

Narcotización


En la universidad nos hicieron leer una vez sobre una gente a la que les enseñaron fotografías de enfermedades de las encías. Se trataba de fotografías de encías podridas y deformes y de dientes manchados, y la idea era ver cómo esas imágenes afectaban a la forma en que la gente cuidaba sus dientes.

A un grupo le enseñaron fotografías de bocas solamente un poco podridas. Al segundo grupo le enseñaron fotos de encías moderadamente podridas. Al tercer grupo le enseñaron bocas horriblemente ennegrecidas, con las encías descarnadas, en carne viva y sangrantes, y los dientes de color marrón o caídos.

El primer grupo de estudio siguió cuidándose la boca como siempre. El segundo grupo empezó a cepillarse y pasarse el hilo dental un poco más. El tercer grupo simplemente renunció. Dejaron de cepillarse y de pasarse hilo dental y se limitaron a esperar que los dientes se les volvieran negros.

A ese efecto el estudio lo llamó «narcotización».

Querido señor Levin,
Chuck Palahniuk

Kakania


En la edad en que más aprecio se hace de los servicios del sastre y del barbero, cuando más se mira uno al espejo, muchos suelen soñar en un lugar ideal para vivir o, al menos, en un modus vivendi que esté de moda, aunque no satisfaga al gusto personal. Tal idealización estereotipada de la sociedad viene atribuyéndose desde hace tiempo a un tipo de ciudad superamericana donde para todo, para emprender la marcha o para hacer un alto en el camino, se echa mano del cronómetro. Tierra y aire construyen un hormiguero horadado de calles y pisos. Vehículos aéreos, terrestres, subterráneos, postales, caravanas de automóviles se cruzan horizontalmente; ascensores velocísimos absorben en sentido vertical masas humanas y las vomitan en los distintos niveles de tráfico; en los puntos de enlace se salta de un medio de locomoción a otro, y entre dos velocidades rítmicas, por las que uno es arrastrado y lanzado sin consideración, hay una pausa, una síncopa, una pequeña hendedura de veinte segundos en cuyos intervalos apenas se consigue cambiar dos palabras. Preguntas y respuestas engranan como piezas de máquina, cada individuo carga con sus obligaciones, las profesiones se agrupan, se toma el alimento mientras se hace otra cosa, las diversiones se concentran en zonas especiales, y en otras se alzan torres donde uno encuentra mujer, familia, gramófono y alma. Tirantez y laxitud, actividad y amor se desmiembran temporalmente y se miden conforme a un estricto sistema de laboratorio. Si en el desenvolvimiento de cualquiera de estas funciones surgen dificultades, se desiste de ellas: no tardarán en presentarse otras, o bien alguien que también haya errado el camino; nada de esto perjudica porque el máximo derroche de fuerza es causado por la arrogancia de creerse llamado a completar un fin personal predeterminado. En una colectividad todo camino conduce a un buen fin, si no se titubea y reflexiona demasiado. La meta está puesta a breve distancia, pero también la vida es breve; así se obtiene de ella el máximo rendimiento; el hombre no necesita más para ser feliz, pues el éxito conseguido da forma al alma, mientras que aquello a lo que se aspira sin conseguirlo tan sólo la retuerce; la felicidad no depende tanto de lo que se desea, sino de lo que se alcanza. Además, enseña la zoología que de un conjunto de individuos limitados puede resultar una especie genial.

No es seguro que vaya a suceder así, pero semejantes fantasías recuerdan los sueños de los viajes en que se refleja el incesante movimiento que nos arrastra. Son superficiales, inquietos y cortos. Sabe Dios en qué acabarán. Se debería creer que en cada momento tenemos en nuestra mano los elementos y la posibilidad de ponernos a la obra y de planearla para todos. Si no nos satisface el asunto de la velocidad, inventemos otra cosa. Por ejemplo, una cosa lenta, con una felicidad fluctuante como un velo, misteriosa como un caracol marino y con una profunda mirada de vaca que ya los griegos fantasearon. Pero esto no es así ni mucho menos. La cosa nos tiene dominados. Día y noche viajamos dentro de ella, y en ella desarrollamos toda nuestra actividad; allí se afeita uno, come, ama, lee, ejerce el propio oficio, como si las cuatro paredes estuvieran fijas y lo inquietante es que las paredes viajen sin que lo advirtamos, y los raíles se proyecten como largos hilos tangibles y curvados hacia adelante, pero sin saber hasta dónde. Por encima de todo se pretende tomar parte de las fuerzas que guían el tren del tiempo. Éste es un papel muy confuso: cuando se mira afuera, después de algún tiempo, se ve que el paisaje ha cambiado; lo que aquí pasa de largo, pasó; no puede ser de otra manera, pero, pese a todo sentimiento de entrega, cada vez adquiere más fuerza un sentimiento desagradable, como de haberse pasado del lugar de destino o haber ido a parar a una falsa desviación. Un buen día aparece la frenética necesidad; ¡apearse!, ¡saltar! ¡Un deseo de ser impedido, de no seguir desarrollándose, de parar, de retroceder al punto que precede a un falso empalme! En aquellos buenos tiempos del pasado, cuando aún existía el Imperio austríaco, se podía abandonar el tren del tiempo en un caso así, tomar un tren corriente de una vía férrea común y volver a la patria.

Comienzo del capítulo 8, "Kakania", de
El hombre sin atributos de Robert Musil

Mindundi

Divertida definición encontrada en internet.
Mindundi (-s).
Voz de creación reciente con el significado de donnadie, mierdecilla, cantamañanas o zascandil. En puntos de Murcia y Almería equivale a sujeto sin oficio ni beneficio; pillete gandul e indolente que merodea por plazas y mercados sin rumbo ni destino claros. En cuanto a su etimología, se ha pensado en la voz latina minutus = menudo, menguado, de donde también derivaría minuendus = que debe ser rebajado; sujeto merecedor de humillación y desprecio. La peripecia filológica de las voces latinas no resultan de fácil explicación, sobre todo teniendo en cuenta la escasa vida que mindundi(s) tiene en la lengua hablada, y su inexistencia o escasísima presencia en el lenguaje escrito. También se oye "nindundi", seguramente por atracción del pronombre indeterminado "ninguno" = nulo, sin valor, nadie. No es descartable una procedencia andaluza para el término: del vocablo "mindín" = joven presumido a quien gusta lucirse, siendo un mierda sin oficio ni beneficio; es voz procedente de "minda" = minga, polla, pijo o pene, con lo que un mindundis sería una variedad del "carajo a la vela".

Déjeuner du matin, de Jacques Prévert


Il a mis le café
Dans la tasse
Il a mis le lait
Dans la tasse de café
Il a mis le sucre
Dans le café au lait
Avec la petit cuiller
Il a tourné
Il a bu le café au lait
Et il a reposé la tasse
Sans me parler
Il a allumé
Une cigarette
Il a fait des ronds
Avec la fumée
Il a mis les cendres
Dans le cendrier
Sans me parler
Sans me regarder
Il s'est levé
Il a mis
Son chapeau sur sa tête
Il a mis
Son manteau de pluie
Parce qu'il pleuvait
Et il est parti
Sous la pluie
Sans un parole
Sans me regarder
Et moi j'ai pris
Ma tête dans ma main
Et j'ai pleuré

Paroles, 1946