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Que es gerundio


El gerundio, en particular, ha llamado especialmente la atención por su morfología y su sintaxis. Por una parte, carece de flexión de género, número y persona, a diferencia de la mayor parte de participios, que admiten variación de género y número, y de los infinitivos personales del portugués. No hay gerundios irregulares, pues todos se forman en -ndo, mientras que el participio cuenta con formaciones regulares en -do (callado), pero también con firmas irregulares en -to, -cho (abierto, dicho). Como los nombres, adjetivos y adverbios, el gerundio admite diminutivos (callandito, deseandito, tirandillo); también la construcción con tan, como los adverbios y adjetivos (tan callando, tan corriendo, tan temblando), aunque es más propia del estilo literario que de la lengua común. Son frecuentes los gerundios lexicalizados con un valor adverbial semejante a 'rápidamente': Salió pitando; Se fue volando; Regresó zumbando. Pero, por otra parte, el gerundio mantiene la estructura argumental del verbo: puede regir complementos en acusativo y dativo (Lo descubrió mirándola por la ventana; Lo vio robándole la cartera) y argumento interno (Volviendo Juan de la fiesta, le dieron la noticia). El gerundio –se podría llamar– descriptivo que figura, por ejemplo, al pie de imágenes, cuadros, etc., suele desempeñar funciones adjetivas (Niños corriendo por la playa).

Con todo, el valor adverbial del gerundio se pone de manifiesto especialmente en las paráfrasis con las construcciones ecuativas. Por ejemplo, el significado de modo o manera del gerundio (Resolvió el problema mezclando varios colores) es compatible con como (Así fue como resolvió el problema) y con el adverbio de modo así (Resolvió el problema así). El carácter híbrido del gerundio ha sido analizado desde diferentes marcos teóricos. En general, se ha propuesto que la forma en -ndo es un tema verbal seleccionado por una preposición, que puede materializarse (En cenando, saldremos) o no (Llegando a casa, sonó el teléfono) y esta capacita al verbo para desempeñar funciones adverbiales. Al mismo tiempo, el núcleo preposicional permite explicar las particularidades morfológicas del gerundio como formación sin irregularidades ni cambios flexivos.

Margarita Lliteras, Morfología flexiva del español

QRN en Bretzelburg de Franquin


QRN en Bretzelburg (1963) es el decimoctavo álbum de la serie Spirou y Fantasio. Para celebrar el cuadragésimo aniversario de esta aclamada aventura, la editorial francesa Niffle publicó en 2015 una edición coleccionista que ha visto la luz en España gracias a Dibbuks, encargada actual de la traducción de las historietas del personaje.

Con 65 páginas, se trata de la obra más extensa de Franquin y la que más tardó en gestarse. Este tomo recupera el formato original apaisado en el que fue publicado en la revista Spirou, prescindiendo del coloreado pero rescatando las viñetas que se eliminaron en el álbum final, añadiendo explicaciones y comentarios del crítico y periodista especializado Hugues Dayez.

En principio, QRN en Bretzelburg iba a ser una aventura contra Zorglub, el archienemigo de la pareja de héroes, pero al editor Charles Dupuis no le gustó la idea de sacar otra aventura del científico loco, pues las dos anteriores se centraban en él. Esto pilló al historietista a contrapié, quien necesitó la ayuda del guionista Greg (Michel Louis Albert Regnier) para reconducir el guión.

Este trabajo se enmarca en una etapa en la que Franquin estaba cansado de dibujar al botones de rojo y sufría episodios de depresión. Por si fuera poco, a las complicaciones con el editor se sumó una hepatitis vírica que interrumpió la serialización de la aventura, publicada semanalmente en la revista Spirou, que quedó detenida del 28 de diciembre de 1961 al 11 de abril de 1963.

Por suerte, gracias a Greg, la trama había tomado un nuevo rumbo, concretamente, hacia Bretzelburg. En este país imaginario, la población vive acuciada por el hambre y la escasez por culpa de un monarca que destina toda la riqueza nacional a preparar la guerra contra el país vecino. Este desarrollo agradó mucho a Franquin dado su conocido antibelicismo.

Para representar fielmente esta nación de clara inspiración germánica, el dibujante, muy perfeccionista, se documentó al detalle. La calidad del apartado gráfico es tan alta que está considerado el mejor de la etapa de Franquin. Así, a pesar de los contratiempos, esta historieta se ha convertido por mériros propios en una de las más valoradas tanto por seguidores como por críticos.

A diferencia de Astérix o Tintín, Spirou no ha gozado de tanto éxito en España. Sin embargo, le debemos muchísimo a sus aventuras y a Franquin. Sin ellas, seguramente no habríamos tenido muchos tebeos de Mortadelo, ni personajes como el botones Sacarino (que es un calco del Gaston Lagaffe de Franquin con el uniforme de botones de Spirou).

Gaston Lagaffe y el botones Sacarino

Una de las historietas donde más destaca Ibáñez por su dibujo es El sulfato atómico (1969). En ella redibuja viñetas de QRN en Bretzelburg y de otros ábumes francobelgas. Sobre este tema hay opiniones enfrentadas, pues duele mucho acusar a un autor tan querido como Ibañez de plagio. No obstante, las similitudes son, en muchos casos, más que claras.

Hay que aceptar que Ibáñez se basaba en el trabajo de otros autores para hacer el suyo. Mientras Franquin llevaba a cabo la tarea de adaptar el mundo real a su estilo de dibujo, Ibáñez acudía directamente a la recreación en tinta, y a partir de ahí ponía esfuerzo en lo que realmente le llena de orgullo: el humor. Nunca, en su defensa, se ha considerado más que un "pintamonas".

Aunque el valor del genio belga para el noveno arte es inconmensurablemente más relevante que el del español, por ser precursor y referente de un estilo que, al igual que Hergé, sentó cátedra, en lo personal, releo hoy El Sulfato Atómico con la mandíbula desencajada mientras que QRN en Bretzelburg se me hace infantil y aburrido.

No lo digo por nacionalismo. Puedo asegurar que las aventuras de Astérix me siguen resultando hilarantes. Y el tema está ahí. ¿Quién hay detrás del galo de la poción mágica? Goscinny, otro de los mayores superdotados de la historieta francobelga, un guionista creativo y divertido como ha habido pocos. En España, creo que podemos afirmar que Ibáñez ha dominado la comedia como ninguno.

Comparo dos viñetas, una de QRN en Bretzelburg y otra de El sulfato atómico, la famosa del autobús. Resulta evidente que Ibáñez copió el autobús de Franquin, pero cambiándolo de dirección y, en consecuancia, añadiendo las puertas. Sin embargo, atendamos también a la cantidad de chistes de ambos dibujos.

En la aventura de Franquin y Greg, tenemos a Spirou explicando lo que van a hacer, por dónde continúa la aventura. Vemos la pobreza del país en el autobús destrozado y comentarios graciosos acerca de lo que se esperaría normalmente y la realidad (no hay prisa porque nadie trabaja, hay escasez hasta de paradas).

El comentario de ánimo del abuelo queda un poco críptico, pues es el pie de otra broma. Cuando suban al transporte público, los protagonistas descubrirán que va a pedales. Ahí, se desarrolla en cuatro viñetas un chiste fantástico en la que una anciana les reprende por no ocupar su asiento (para pedarlear), cuando lo normal es cederle el asiento a los mayores.

Viñeta original de Franquin, edición de Dibbuks
Viñeta invertida horizontalmente
Viñeta de Francisco Ibáñez

Con Ibáñez sucede lo contrario. La viñeta es el remate de un chiste empezado por el Súper en la página anterior: los dos billetes de avión que parecían tan lujosos son para una desastrosa compañía de autocares llamada "El Avión". Es más: aquí lo hilarante no es que choquemos contra un mundo al revés, sino que nos topamos de cara con el día a día de los españoles.

¿Qué pasajero de Renfe no se siente identificado con ese "Servicio regular. ¡Y tan regular!"? Ahora la gente no escupirá huesos de aceitunas, pero sí pipas, ¡y hasta se cortan las uñas! La picaresca de ese "El nene no paga" resulta más cómica porque no vemos la escena y tenemos que imaginarla. Ibáñez aprovecha cada rincón para añadir un chiste: ved al pollo saltando de debajo de las ruedas.

La densidad de chistes por centímetro cuadrado (nunca mejor dicho) es brutal. Se aprecia más ahora que las peripecias de la pareja de detectives calvos contienen una menor cantidad de gracias mucho menos ocurrentes. La capacidad de Ibáñez para hacernos reír radiografiando las miserias del país es elogiable, pero no quita que en la parte gráfica copiara más que creara.

Con esta edición especial de QRN en Bretzelburg no sólo aprendemos más sobre la historia del cómic francobelga, sino que, de rebote, entendemos mejor al mayor referente de la escuela Bruguera. Como ya he dicho, la aventura de Spirou me ha resultado aburrida por infantil, pero me he quedado embelesado con la pluma de Franquin. Si te gusta el cómic, esta obra debe estar en tu biblioteca.

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Más información:

Que Dios nos perdone de Rodrigo Sorogoyen [SIN SPOILERS]


Ya he dicho más de una vez que el cine español ha encontrado un filón con el cine de suspense policíaco. Es menos espectacular que el estadounidense pero nos muestra una realidad y unos personajes más cercanos, más reconocibles. También busca una mayor verosimilitud. Los análisis de ADN no se hacen en dos horas para agilizar el ritmo de la trama, ni la taquillera recuerda haberle vendido el sábado pasado una entrada a la mujer de la foto.

Alfaro (Roberto Álamo) y Velarde (Antonio de la Torre) saben bien las horas que hay que gastar mirando archivos y grabaciones de cámaras de seguridad. Más Velarde que, con problemas para socializar y gran capacidad para analizar datos, dedica horas y horas a revisarlos. Alfaro, en cambio, pierde la paciencia pronto. Es un policía ultra violento. Pero no de una violencia guay. Su actitud asesina y desesperada incomoda tanto como la de un maltratador.

No se obvia la visión fascistoide y desafecta que la ciudadanía española golpeada por la crisis tiene de la policía. Tampoco la película la disculpa o defiende. Hay razones de mala praxis profesional y hay razones humanas, problemas personales, imperfecciones. A diferencia de Grupo 7, Celda 211 o El Niño, el tándem no lo forma un buen actor y un niño guapo. Ambos están a la altura, me gustaron mucho. Creo que hicieron un buen casting, si exceptuamos la escena de la vecina cotilla.

Los casos molones del cine made in USA no los encontraréis aquí. Alfaro y Velarde tienen que encontrar a un asesino de viejas. En la mesa de autopsias no hay bellas jovencitas de cuerpos níveos depilados sino cuerpos abotargados, morados y varicosos de ancianas, con sus pechos arrugados y sus coños peludos. No hay nada bonito y no dejan de recordárnoslo. Los personajes viven asfixiados en un ambiente tenso, incómodo, bajo constante amenaza de bomba.

Sin embargo, si bien me gusta la visión distinta de los casos que ofrece el cine patrio, superando la falta de espectacularidad visual con personajes más redondos y una ficción más verosímil y menos cliché, se abusa de crear falsa expectación. Las veces que suena música de suspense sin que acabe sucediendo nada son demasiadas. Y aunque pretenda ceñirse a la realidad, también se hubiera agradecido un respiro, algo de fantasía, una mínima sonrisa de descanso y esperanza.

Que el título de la película y el tráiler den una falsa idea de la relevancia que tiene la religión o la Iglesia en la trama tampoco me gustó. La llegada del Papa repercute en la trama en cierto modo pero no deja de ser un lienzo de fondo, un acontecimiento destacable para contextualizar el momento en que sucede todo. El caso tiene su qué, pero al final resulta más interesante saber qué le sucederá a la pareja protagonista que descubrir quién era el asesino.

Los dos párrafos anteriores parecen que anuncien un gatillazo. Lo cierto es que, aunque el final no me entusiasmó, sí que me pareció mejor que el de No habrá paz para los malvados, La caja 507 o La isla mínima. Las puyitas a los clichés de detectives hollywoodienses, los diálogos y la atmósfera enfermiza me tuvieron clavado a la butaca sin aburrirme. Los personajes y los actores que los interpretan son, sin duda, lo mejor. Geniales.

Quatretondeta de Pol Rodríguez


Por el título pensé que era italiana, pero es española, ubicada en Alicante. ¿Está bien? ¿Está mal? Es complicado. El problema es que, lo que en principio parecía una comedia, es drama; y lo que era drama, se convierte en videopromoción de las fiestas de Moros y Cristianos de la zona.

Dicho así suena muy mal, lo reconozco. La película no me disgustó, por momentos me encantó, pero este popurrí de géneros, de intenciones y de personajes me ha confundido demasiado. Tomás (José Sacristán) quiere enterrar a su esposa en Quatretondeta, pero no puede porque la familia de Francia quiere que llevarla a París. Ante la amenaza de que la alejen para siempre de él, roba el coche fúnebre con el ataúd dentro y se lanza a la carretera.

En su huida se encontrará con el Genovés (Sergi López), un granjero muy basto y muy arraigado a las costumbres populares. La interpretación de Sacristán es rara. Su personaje es demasiado parado, lento, y rompe el ritmo de la comedia. Paralelamente, Dora (Laia Marull), la hija de la difunta, intentará descubrir qué ha sucedido con su madre porque Iñaki (Julián Villagrán), el dueño de la funeraria, le oculta la verdad por miedo a que una denuncia le arruine el negocio familiar.

El encuentro entre Tomás y el Genovés y el juego de mentiras y malentendidos que se produce entre Dora y Iñaki son divertidísimos. Es un humor muy refrescante. Julián Villagrán y Sergi López son los guías de la risa mientras Sacristán y Marull revolotean alrededor despistados, incrédulos ante lo que sucede. El peso dramático de estos dos últimos actores, a partir de cierto punto de la trama, arrastra las carcajadas al terreno de lo emotivo y lo existencial.

La película reflexiona sobre el retorno a los orígenes, a la tierra, y fantasea con el fantasma de la buena vida en el campo sin que nadie pudiera preverlo. Este desfase entre lo que apuntaba la historia al principio y lo que acaba siendo tiene su eco en las actuaciones. Sergi López podría servir de puente entre el histrionismo de Villagrán y la gravedad de los papeles teatrales de Marull y Sacristán, que no entendemos al principio por falta de información.

La película tiene momentos muy divertidos y muy agradecidos. La parte dramática tampoco está mal aunque no comparta su falso bucolismo. En el reparto hay actorazos y lo demuestran con creces. Lo peor es la falta de cohesión de los distintos elementos. Recomiendaría Quatretondeta porque es capaz de alegrar al espectador, de hacerle pasar un buen rato y emocionarlo, pero ni de lejos me parece una película redonda porque cojea demasiado.

Qé! Breik


Qé! Breik sabe a Huesito rancio. Lo llaman "London Snack", supongo que por su mezcla de chocolate y cacahuete. El problema es que el fruto seco brilla por su ausencia y el chocolate no está a la altura de ningún dulce inglés. Es como si te invitan a la boda de Miguel y Eva y no está Eva, sólo un flemático y desabrido Miguel esperando como un pasmarote junto al altar. Y en ningún momento a nadie se le ocurre suspender la ceremonia sino que todos se quedan en sus asientos, aguardando lo que nunca va a llegar, moviendo la mirada en un partido de tenis eterno de Miguel a la entrada de la iglesia, de la religiosa puerta al ambagioso novio. Y es que ni siquiera él se parece al que salía en la foto de la invitación. La chocolatina es más plana y delgada. De hecho, vienen cuatro en el paquete. Abres el traje y resulta que Miguel son cuatro enanos circenses apilados en equilibrio como un Megazord. Y cuando parece que todo lo malo por fin va a terminar, la incomodidad finiquitada con la recompensa de cualquier ceremonia que se precie, descubres que en el banquete no hay filetes sino Qé! Breik, no hay langostas sino Qé!Breik. Mesas y mesas repletas de la endemoniada chocolatina. Y sueltas un "Qé! Mierd" bien grande y sonoro.

Qué quieres ser

"¿Qué quieres ser cuando te rindas?"

Qué irónicos son a veces los anuncios de Google

Anunciando las oposición a Policía Nacional en un
video sobre las detenciones y agresiones a personas con banderas republicanas
durante el desfile de la coronación de Felipe VI
(19-06-2014)

¿Qué es un ranking?


¿Qué es un ranking?
¿Y tú me lo preguntas?
No me extraña...