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Paul Newman y Robert Redford: Dos hombres y un destino [con spoilers]


Dos hombres y un destino
(Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969)

Buscando información acerca del choque de egos entre Steve McQueen y Paul Newman en El coloso en llamas (1974), di con uno de los clásicos del cine del Oeste: Dos hombres y un destino. Esta también estuvo a punto de se coprotagonizada por McQueen, pero sus múltiples exigencias dinamitaron su participación. McQueen insistía en recibir más dinero que Newman e, incluso, tener el mismo número de líneas de diálogo.

El título original de Butch Cassidy and the Sundance Kid fue traducido con la grandilocuencia y lírica habitual de la época en España, en la misma línea que The Searchers pasó a ser Centauros del desierto, o High Noon es Solo ante el peligro. Es un título totalmente descriptivo que presenta a los dos personajes que van a encabezar el guion. Sin embargo, no se puede negar que la versión española retrata a la perfección el espíritu de este western.

Después de que Warren Beatty también rechazara el papel, fue un casi desconocido Robert Redford quien acabaría compartiendo cartel con Newman. Redford era una preferencia del director George Roy Hill y no del estudio, hasta tal punto que Hill tuvo que pedirle a Newman que intercediera. Pese a que prefería el papel de Sundance Kid, Newman confesó en una entrevista que fue su esposa, la actriz Joanne Woodward, quien insistió en que el papel sólo podía ser interpretado por Redford.

Ambos entablaron una buena amistad, llegando a repetir en El golpe, también de George Roy Hill. No resulta extraño, dado el éxito y los numerosos premios recibidos por la película de la pareja de forajidos. Pudo haber una tercera con Un paseo por el bosque, pero Newman lo rechazó por sentir ya muy mayor. Pese a todo, llegó a haber algunas rencillas entre ambos actores, sobre todo por parte de Newman debido a la impuntualidad de Redford.

Tras alcanzar su pico, el cine de vaqueros empezaba a alejarse de los arquetipos que lo habían definido durante tanto tiempo. El héroe, junto con su moral, había desaparecido, tal y como confirmaron Sam Peckinpah o Sergio Leone. La aproximación de George Roy Hill, con el guion de William Goldman, muestra un dúo de delincuentes más humanos, en absoluto invencibles, más proclives a disfrutar del dinero de sus robos que a relamerse por la sangre derramada.

La película se disfruta. El humor en los diálogos es magnífico. El progreso de la primera mitad, que muestra cómo la vida feliz de los bandidos de trenes se convierte en una pesadilla kafkiana fruto de una persecución implacable de la que parece que no podrán escapar, me pareció sublime. De hecho, pensaba que eso iba a ser toda la película: Butch Cassidy y Sundance Kid huyendo sin salvación de la justicia, una Justicia con mayúsculas, no impartida por un sheriff sino por Dios.

George Roy Hill sabe combinar el entretenimiento ligero con la gravedad de esta persecución casi ontológica. El comienzo en tonos sepia, con planos muy cerrados del rostro de Newman entrando en un banco, deja claro que no pretende ser una más y pone al espectador en guardia. Cuando el plano vuelve a teñirse de color, la historia abraza un tono más liviano, hasta que la persecución de la pareja empieza y todo empieza a asemejarse cada vez más a una parábola existencial.

Por eso me chocó cuando la parte de la batida termina en seco (o en mojado, si nos ajustamos al guion), y ambos deciden emigrar a Bolivia, y la tensión se rebaja sin llegar a ser tan distendido como durante la primera mitad. Es gracioso y confuso cómo se intenta adaptar la barrera lingüística entre los dos pistoleros y la población boliviana en el doblaje. Si en el original los dos gringos intentan aprender español, en el doblaje estudian francés. ¿Qué sentido tiene? Es absurdo, pero muy cómico.

En esta segunda mitad, queda de manifiesto que el personaje de Etta Place, a cargo de Katharine Ross, es la última esperanza de salvación del tándem de ladrones. En la vida real, Etta Place era prostituta, pero William Goldman decidió convertirla en profesora en el guión porque, tras ver una foto suya, consideró que era demasiado guapa y joven para dedicarse a una profesión tan peligrosa. Esto arroja luz al desconcierto que me produjo ver a una maestra relacionada con forajidos.

La parte de Bolivia no me entusiasmó, porque el primer tramo con la persecución me había encantado. Hill busca dar un cierre acorde con la historia de Butch Cassidy y Sundance Kid, y consigue hacerlo sin filmar un documental. Si bien antes de darle al play, esperaba un western repleto de grandilocuencia épica, influido por el cartel y la traducción española del título, me ha sorprendido para bien. Es cinematográficamente rica, y sabe ofrecer un muy buen rato. Sin duda, la volvería a ver.

Premios para todas: Cinco lobitos, Maixabel, Alcarràs y As Bestas


Maixabel (2021)

¿Se puede hacer un bodrio con actores de la talla de Luis Tosar y Blanca Portillo y un tema tan complejo como la reconciliación entre víctimas y terroristas? Queda demostrado que sí. Cinematográficamente, la película aburre, es anodina en sus planos y en su narración. Tampoco ninguno de las dos estrellas brilla, y el paupérrimo maquillaje no les ayuda precisamente. Esperaba la versión española de Hunger de Steve McQueen, pero este plato de Icíar Bollaín me ha dejado famélico.


Alcarràs y As bestas (2022)

En todas las quinielas de mejor película española de 2022 estaban Alcarràs y As Bestas, y ambas me han decepcionado. Alcarràs la fui a ver cuando se estrenó en cine, y luché por no dormirme con su observación casi documental del campo catalán. As Bestas se va al otro extremo, intentando retratar el mal en el monte gallego con tanta intensidad que se desinfla cuando la violencia se desata y queda todavía una larga y vacía hora de metraje.


Cinco lobitos (2022)

Después de los disgusto que me llevé con las anteriores, Cinco lobitos de Alauda Ruiz de Azúa me resarció de todo sopor. Esta película acerca de la maternidad y la relación entre madres e hijas, que critica fuertemente el papel de comparsa que adoptan los hombres, es un tour de force interpretativo. Susi Sánchez y, sobre todo, Laia Costa están excelsas. Ellas dos consiguieron emocionarme más que el conflicto vasco de Maixabel o todas las penurias del campo de Alcarràs y As Bestas.

Propaganda de Edward Bernays

Aunque hoy en día su connotación sea negativa, en su origen la palabra "propaganda" hacía referencia exclusivamente a la transmisión y diseminación de una idea. Tanto en Oriente como en Oriente fue utilizada para extender la religión. En Europa, el ejemplo más relevante es la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe, fundada en 1622 por el papa Gregorio X, y aún vigente a día de hoy.

Su uso político es conocido desde el Imperio Romano, pero fue el s.XX cuando ideólogos como Walter Lippmann o Edward Bernays recogieron el testigo para adaptarla a los nuevos medios de comunicación. Gracias a una fuerte campaña antialemana, se consiguió que la ciudadanía estadounidense apoyara la intervención del país en la Primera Guerra Mundial.

En su ensayo Propaganda de 1928, Bernays la considera una herramienta necesaria para la organización de la sociedad, cada vez más compleja. Dado el creciente número de individuos diversos que la conformaban, y dada la enorme cantidad de fuentes de información nuevas que surgían, era preciso simplificar esta realidad para facilitar la toma de decisiones de la masa pública.

Para ilustrar cuán inmanejable era controlar tanta información, Bernays cita interminables listados de publicaciones. Consume páginas en estos índices e ignora explicar en qué consiste la mencionada simplificación. ¿Qué se debería excluir del mensaje para no desvirtuarlo? ¿Se puede evitar una manipulación sesgada durante el proceso? ¿Obviar equivale a mentir? 

El autor esquivó estas cuestiones tal vez porque estaba convencido, o intentaba convencer, de que las élites eran poseedoras de un juicio superior. En el texto, afirma: "Nos gobiernan merced a sus cualidades innatas para el liderazgo, su capacidad de suministrar las ideas precisas y su posición de privilegio en la estructura social". Si ellos estaban arriba, era porque sabían qué debían hacer.

Para él, la relación entre los gobernantes y los gobernados no podía ser estática, sino que debía ser revisada constantemente, pues la sociedad no cesa de cambiar. Para poder ser capaz de adoctrinar eficazmente, el gobernante-empresario debe conocer los deseos y miedos de sus votantes-clientes. Si ambas partes dejan de estar en sintonía, el capitán perderá el control del barco.

Con este propósito, Bernays creó el puesto de "relaciones públicas", hoy un oficio más que consolidado, pero que hace un siglo justo nacía. Este trabajo exige información, comunicación y renovación continua. Hay que saber qué le apasiona al público, qué le causa rechazo, qué lenguaje le interpela mejor, o qué oradores le parecen más dignos de confianza.

El discurso de Propaganda es maquiavélico, y no sólo actualmente. Años después del ensayo, otros pensadores se opusieron a su tesis argumentando lo mismo. Y sin embargo, el poder de la publicidad o de la guerra psicológica no han hecho más que aumentar exponencialmente durante estos cien años, condicionando irremediablemente la opinión pública y, en consecuencia, la sociedad. 

La edición española de Melusina me ha parecido correcta. Su escueto prólogo es el telonero de un ensayo que, gracias a su prosa clara y directa, no requiere intermediarios para ser entendido. Es una lectura interesante, aunque algo superficial, ya que Bernays se limita a una exposición pragmática de la cuestión. Queda claro que él mismo era un fiel devoto de la simplificación.

Póquer fallido: El negociador, Truman, Amor de madre y Murieron por encima de sus posibilidades


Negociador (2014)

Antes de Vaya semanita era difícil imaginarse un programa de televisión haciendo chistes sobre un tema tan delicado como era ETA. Negociador queda lejos de aquellos sketches tan cafres, pero extrae risas de la misma fuente: la convivencia diaria de la sociedad vasca con el terrorismo. Sin solemnidad ni burla, la película imagina cómo fueron las negociaciones entre ETA y el PSE durante 2005 y 2006. Lo ridículo y lo precario se mezclan con la tensión y el miedo. Cualquier paso en falso podría traer más atentados.


Truman (2015)

Si la película de Borja Cobeaga aborda un tema difícil de digerir, Truman no es el antiácido que necesitas. Tomás (Javier Cámara) vuelve a España para reencontrarse con Julián (Ricardo Darín), un amigo del alma a quien le han diagnosticado cáncer. La narración afronta la enfermedad sin tapujos con un humor contenido y elegante en el que las excelsas interpretaciones de ambos juegan un papel esencial. De no ser por el final, me hubiera parecido perfecta. La volvería a ver sin dudarlo.


Amor de madre (2022)

Dadas las últimas comedias producidas por Netflix, me esperaba una sucesión de burradas con un hilo argumental fino e hiriente como un sedal. Por suerte, no es así. Plantado ante el altar, el despechado novio decide aprovechar el viaje de la luna de miel con su madre. El ménage-à-trois actoral entre la sobreprotectora Carmen Machi, el amargado Quim Gutiérrez y la resentida Yolanda Ramos levantan lo que podría haber sido un bodrio descomunal. La vi con mi madre, y nos partimos el pecho.
 


Murieron por encima
de sus posibilidades
(2014)

Esperaba otro as, pero pinché. El cartel daba una pista de lo mala que podía ser, pero el elenco parecía contradecirlo: José Coronado, Eduard Fernández, Ariadna Gil, Sergi López, Carmen Machi, Ángela Molina, Josep Maria Pou, José Sacristán, Emma Suárez, Luis Tosar,... ¿tantos nombres para semejante mojón? Esta obra anticapitalista en que unos locos buscan hundir el status quo carece de gracia y de sentido. Cómo consiguieron reunir a tantos grandes intérpretes es un misterio para mí.

Punin y Baburin de Turguénev

La primera obra de Turguénev (o Turguéniev) que leí fue El rey Lear de la estepa (1870). De esto hace ya seis años, y si bien apenas la recuerdo, la reseña que escribí entonces me aporta claras semejanzas con Punin y Baburin (1874). No sólo comparten su reducida extensión. También me han dejado ambas con la misma sensación de no haberse quedado lejos de haber desarrollado todo su potencial.

Punin y Baburin es un relato ficticio que hunde sus raíces en la época y en la biografía del autor. Cada capítulo describe uno de los encuentros entre el protagonista, Piotr Petróvich, y la pareja de amigos que da título al libro. Situados temporalmente en años distintos, la narración empieza en 1830, para saltar hasta 1837, continuar con 1849 y terminar en 1861.

Este es un periodo convulso para la patria de Turguénev en el cual la monarquía zarista y la nobleza del país son testigos de su inexorable decadencia. Varios episodios son, asimismo, vivencias del propio escritor (1818-1883). Por ejemplo, la abuela del protagonista es la transfiguración de su madre, una terrateniente con más de cinco mil campesinos en posesión de los que abusaba sin clemencia.

Cuando llegan Punin y Baburin para trabajar para la abuela del entonces joven Piotr Petróvich, Baburin, autodeclarado republicano, se encara a la anciana tras presenciar el cruel trato que da a sus siervos. De igual modo, Piotr hará amistad con Punin a través de la poesía, tal como le sucedió a Turguénev con uno de los siervos de su madre, y justo con el mismo poema: Rossiáda de Mijaíl Jeráskov.

Baburin es el personaje serio que enuncia sus ideales. Punin encarna el afable histrión. A lo largo de sus encuentros durante 30 años vemos como la situación de Rusia cambia, y cómo la postura de Baburin en pro de la abolición de la servidumbre despierta cada vez más recelo entre las autoridades. Ambos personajes, eso sí, tal vez pecan de ser demasiado arquetípicos y faltos de realismo.

Quien me sorprendió más fue Muza Pavlovna, un personaje femenino que al principio parece una mera excusa para iniciar un enredo amoroso, pero luego alza la voz como ninguno de sus compañeros de reparto. Me sorprendió y me agradó la fuerza con la que defiende sus decisiones, y cómo acaba siendo la defensa estoica de los valores republicanos, opuesta a la inacción pusilánime del protagonista.

—Tenga cuidado y no juegue con fuego…, puede quemarse.
—Mejor quemarse que congelarse. ¡Usted y sus consejos! ¿De dónde ha sacado que él no se casaría conmigo? ¿De dónde ha sacado que yo quiero casarme como sea? De acuerdo, puede que me eche a perder… Pero… ¡no es asunto suyo!

El final es triste pero lleno de dignidad. Deja, desgraciadamente, la sensación de que las ideas del libro podrían haber sido desarrolladas más en profundidad. Seguramente, sea así en otras novelas del autor, y en trabajos más breves se limite a dar pinceladas de su pensamiento. Habrá que abordar Padres e hijos, o Nido de nobles, para comprobar si Turguénev está al mismo nivel de Gógol o Dostoyévski.

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Más información:

Pikmin Bloom: la diversión de ver crecer la hierba

Pikmin Bloom es el nuevo intento de la asociación entre Niantic y Nintendo por repetir el éxito de Pokémon Go, que a día de hoy es el cuarto juego de móviles con más jugadores y el quinto juego con mayores ganancias por encima del mítico Candy Crush Saga. Recientemente, Niantic anunció el cierre de servidores de Harry Potter: Wizards Unite después de dos tibios años desde su lanzamiento.

Este nuevo juego captó mi atención por los personajes que lo protagonizan. Los Pikmin son unos seres diminutos medio planta que se alimentan de néctar, y cuya misión principal es recolectar fruta. Ya había disfrutado de su precioso y divertido diseño. Los conocía de haber jugado con ellos en tercera entrega de la saga en Wii U, y tenía ganas de probar cómo funcionaban en un smartphone.

Además, Bloom se ha publicitado como una experiencia menos exigente que Pokémon Go, sin incursiones por equipo, ni otras obligaciones de cara a ascender de nivel. La app sólo te exige caminar. Hay algo similar a las incursiones, que tiene que ver con eliminar hongos, pero no están limitadas a una horquilla de tiempo. Puedes mandar a un Pikmin a destrozar una seta y olvidarte. 

Al cabo del rato, el renacuajo volverá con una o más piezas grandes de fruta. Si mandas más, o cumples ciertas condiciones, la recompensa será mayor. De la fruta obtienes néctar para alimentar a los Pikmin, que producirán flores en los tallos de sus cabezas. Las flores serán de cierto color o de cierta especie dependiendo del tipo de néctar que les des. El rojo se obtiene de la cereza, y el amarillo del limón.

Durante las caminatas encontrarás piezas pequeñas de fruta, hongos que destruir y plántulas. Las plántulas deben recogerse para colocarlas en los semilleros. Hay seis huecos, dos de ellos ocupados permanentemente por dos semilleros. Los otros cuatro están destinados a los semilleros perecederos, que desaparecen cada vez que una plántula brota. Cuando esto sucede, un nuevo Pikmin nace.

El número de flores y Pikmin irá creciendo. Cuantos más tengas, más provechosos serán tus paseos porque podrás plantar más flores, y así acelerar el crecimiento de las plántulas, y podrás recoger más piezas pequeñas de fruta de las que obtener néctar. A medida que transcurra el tiempo, tu amistad con los Pikmin crecerá. Si alcanzas los cuatro corazones, obtendrán un disfraz especial.

Al principio no lo entendería, pero es importante dónde encuentras las plántulas. Si están cerca de una peluquería, de una farmacia o de un parque, el disfraz conseguido variará. Esto es importante porque hay disfraces realmente feos. Da rabia dedicarle tiempo a un Pikmin para que termine con una vestimenta que, luego, no le vas a poder cambiar.

Aquí es donde se torció el juego para mí. Realmente, los Pikmin son tus herramientas. No interactúas con ellos, no puedes dedicarle una atención especial, no puedes añadirle los cosméticos que quieras. De queridas mascotas pasan a servilletas de usar y tirar. La cantidad crece sin parar. Diez, veinte, sesenta, cien. Me hubiera gustado poder encariñarme más con ellos, como hice con Miitomo.

Para acabar de estropearlo, si quieres ampliar el máximo de Pikmin, que de entrada es trescientos, debes pagar sí o sí (2,29€ para subirlo a 350). En Pokémon Go puedes conseguir esto con monedas del propio juego; aquí, no. Por lo tanto, llegado a cierto nivel vas a tener que pagar si no quieres eliminar ninguna de tus criaturas. Lo mismo va a suceder con el máximo para néctar, flores y plántulas.

Más allá del pago obligatorio, que molesta mucho, mi principal inconveniente es que no era el juego que esperaba. Yo quería entablar amistad con mis Pikmin y no tener un ejército de esclavos que trabajan para mí en una rueda de hámster, pues las ganancias sólo sirven para invertir en más Pikmin. Subir de nivel no se ningún incentivo para mí, pues no supone ninguna mejora.

También, y esto es algo en lo que se diferencia del juego de consola, los características de los distintos tipos de Pikmin no se explotan en la app. En Wii U los rojos sobrevivían al fuego, los azules al agua, y los amarillos a la electricidad. Aquí da igual porque no se enfrentan a estos peligros. Un mes después sigo con el juego, pero más por obligarme a caminar y salir que no porque me divierta de verdad.

Poeta chileno de Alejandro Zambra

Intentó llevar un diario más o menos detallado de mis lecturas y, sin embargo, cada equis tiempo descubro alguna que se ha extraviado. ¿Dónde esta la reseña de La vida privada de los árboles? ¿En qué año lo leí? ¿De qué iba? Lo menciono en la entrada de Bonsái, en el texto de Mis documentos. Debí de tenerlo en mis manos en algún momento entre junio de 2011 y marzo de 2013.

No lo tengo en casa porque, por entonces, apenas compraba y no tenía Kindle. Mis estantes se encontraban en las bibliotecas. ¿Tengo Formas de volver a casa en casa, o también lo saqué de una biblioteca pública? En honor a aquella primera lectura, y a Los detectives salvajes, y a Rayuela, y a pesar de la horrible ilustración de la cubierta, compré Poeta chileno.

Después de una mudanza con treinta y siete cajas de libros, decidí que el formato digital es el más adecuado para alguien en alquiler, o para alguien a quien el espacio no le sobra, o para alguien que tiene alergia al polvo y pasa poco el plumero. Pero también había esa brizna de nostalgia, de volver a disfrutar de un librazo en papel, de gozar como adolescente con una gran obra literaria.

Poeta chileno no es una obra maestra, no es el retorno de aquella sensación apasionante que sentía con Bolaño o Cortázar. Tampoco me ha sorprendido como hace diez años lo consiguió Formas de volver a casa. De hecho, las dos primeras partes de la novela de cuatrocientas páginas saben agridulces, a un intento de imitar algo que ya no funciona, o que ya no me sirve.

Esta primera mitad es un calco del onanismo artístico que yo practicaba en la universidad y que me parecía inconmensurable. El protagonista apasionado por la literatura y las mujeres solícitas de sexo con todos a todas horas forman el elenco de la peli porno soñada por cualquier incel con ínfulas. Los personajes femeninos, más que desaprovechados, son planos o secundarios o irrelevantes o accesorios.

Esta concatenación de disyuntivas es también un recurso del que gusta y abusa Zambra y otros tantos autores. La tercera parte recuerda lejanamente, por falta de impacto y de riqueza, a la segunda de Los detectives salvajes. Es otra búsqueda, en este caso con la excusa de un reportaje periodístico, sobre el panorama poético de Chile. No he investigado, y no sé cuántos de los poetas citados son ficticios y cuántos reales.

¿Por qué se termina un libro del que no he abundado en elogios? Primero, porque está bien escrito. Su lectura es fluida. Parece que nada esté pensado, que Zambra improvise. Aplica esa naturalidad que casi únicamente he encontrado en obras de autores hispanoamericanos y que me resulta envidiable. No sientes que estés abordando algo escrito, fijado. Parece que alguien te estuviera contando una historia.

Luego está que, si bien la primera sección titulada Obra temprana no me causó demasiada simpatía, la segunda me interesó por el cambio de enfoque, si bien no me motivó en exceso. Y la tercera, pese a no alcanzar el nivel de las obras idealizadas en mi memoria, me resultó dinámica, vibrante. Se suceden multitud de espacios y protagonistas. Zambra me atrapa, me entusiasma.

Con las dos primeras partes, al autor ha tomado carrerilla, ha dilatado la espera para generar mayores expectativas en el lector. La tercera parte es una linda carrera, aunque no memorable, que termina en una magnífica cuarta parte. Es un final precioso, un buen final que ha ido construyendo laboriosamente y que está lejos del egocentrismo adolescente del principio.

Viniendo de la búsqueda desembocamos en el encuentro y en la generosidad. Compartir, levantar puentes, entre los personajes, entre los lectores, disfrutar de la pasión de leer y escribir sin alaracas, indefensos y desorientados, pero felices e ilusionados. No brilla por su genialidad u originalidad, pero es una lectura de la que guardaré un grato recuerdo.

Picadito de celuloide: Spotlight, El Rey de Zamunda, Mátalos suavemente, Shazam! y Midsommar


Spotlight (2015)

En 2002, The Boston Globe publicó los estremecedores resultados de su investigación acerca del abuso de menores en la Arquidiócesis de la ciudad. La película narra con sobriedad y contención el trabajo de los periodistas que recabaron la información y los testimonios. Pese a su reputado elenco actoral y su Oscar a mejor película de 2016, no consiguió atraparme ni emocionarme


El rey de Zamunda (Coming 2 America, 2021)

Treinta y tres años después de El príncipe de Zamunda (1988), Eddie Murphy repite como Akeem Joffer, convertido ahora en un monarca que busca continuar un linaje sin descendientes varones. Aunque le han reprochado ser menos ácida y más ñoña que la original, yo me tronché de risa con ella. Sin pretensiones, permite pasar un buen rato, regalando infinitos guiños al clásico de John Landis.


Mátalos suavemente (Killing them softly, 2012)

La tenía en pendientes desde que la vi hace diez años en el metro de Londres, y hoy me pregunto por qué. Esta desastrosa aspirante a Pulp Fiction, no sólo llega dieciocho años tarde al casting, sino que encima copia sin reparos los artificios visuales de Guy Ritchie. Mientras Brad Pitt interpreta al mismo de siempre, el director procura justificar su falta de ingenio con una arenga final irrelevante.


Shazam! (2019)

Durante su estreno en cines, la esquivé por culpa de la malísima Escuadrón Suicida (2016). ¿Quién quiere volver a sufrir semejante experiencia? Por suerte, la historia de cómo el adolescente Billy Batson obtiene la magia que lo transforma en un adulto superpoderoso está a años luz de aquella castaña. Muy divertida y sin irregularidades, posee la mezcla perfecta para finiquitar el domingo con una sonrisa.


Midsommar (2019)

Los primeros teasers me hicieron creer que se trataba de una producción nórdica estrafalaria y retorcida en la estela de Canino de Yorgos Lanthimos. Me equivoqué. Perteneciente al subgénero de terror de "Gringos haciendo de mochileros por Europa", ofrece el mismo desarrollo plano y manido de siempre. Eso sí, la escenografía, el vestuario y la dirección fotográfica son espectaculares.

Puedo porque pienso que puedo de Carolina Marín y Santiago García Bustamante

Después de tomar carrerilla con los libros de Monica Seles y Rafa Nadal, me lancé hacia el de Carolina Marín con la ilusión de disfrutar una lectura tan vibrante como sus partidos. No soy seguidor de bádminton, pero he visto más de una recopilación de mejores jugadas en Youtube para quedar con la boca abierta. 

A través de esta mini biografía esperaba conocer más sobre este deporte y sobre la archicampeona española. Sin embargo, aparte de conocer un poco más de cerca cómo fue la lesión que sufrió en 2019, y más allá de algunos detalles personales, no se analiza ningún partido. Si la autobiografía de Seles me pareció parca en este sentido, ahora me parece pródiga en comparación.

El texto empieza bien, pero luego entra en un bucle de autosuperación agotador. El título lo resume tan bien que podría haber sido perfectamente un hashtag de Twitter, y habernos ahorrado 350 insulsas páginas de nada. ¿Cómo se consigue hacer aburrida una trayectoria tan impresionante? Carolina Marín, nacida en un país donde el bádminton es totalmente irrelevante, consiguió alcanzar el top mundial.

Marín es la única jugadora en ganar tres veces el mundial de bádmington. Ha sido cinco veces campeona de Europa. Consiguió el oro en Río 2016, siendo la primera europea en hacerlo. Ha ostentado el número uno de la clasificación de la BWF (Federación Mundial de Bádmington) durante 66 semanas, posee medallas de casi todos los torneos y ha destrozado como un rompehielos el dominio asiático.

Y, sin embargo, el texto te machaca con el mismo eslogan de autoayuda página tras página. Ni sabemos de sus entrenamientos, ni de su relación con el resto de competidoras, ni siquiera de qué hace durante sus viajes. Puedo porque pienso que puedo es un libro poco inspirado y menos inspirador. Lo mejor es apartar la mirada de sus páginas y gozar sus éxitos a través de la pantalla.

Dos películas con Jordi Sánchez y Silvia Abril: Bajo el mismo techo y Cuerpo de élite


Bajo el mismo techo (2019)

No prometía demasiado cuando vi el tráiler, pero ha acabado siendo peor de lo que pronostiqué. Esperaba una comedia con chiste de caca-culo-pedo-pis, con Silvia Abril haciendo el cafre y Jordi Sánchez en su papel de triste, pero me he topado con una comedia bastante amarga. Su "inspiración" es La Guerra de los Rose de Danny DeVito.

El matrimonio de Adrián y Nadia termina, y de por medio hay una hipoteca y la caída del mercado inmobiliario. La convivencia en su casa invendible se enquista sin remedio. La larga ruptura, llena de disparatadas peleas, rezuma una desagradable angustia que no te deja reír ni llorar. Las escasas carcajadas del inicio desaparecen rápido. El final tampoco arregla este extraño potaje.


 Cuerpo de élite (2016)

Cuerpo de élite, en cambio, sí que es la comedia burra que esperaba con Bajo el mismo techo. A rebufo de Ocho apellidos vascos, Ocho apellidos catalanes, Allí abajo y otras tantas ficciones patrias que redescubrieron eso de reírse de los tópicos, aquí deciden apuntar a todas las esquinas de la península formando un equipo con un vasco, una andaluza, un catalán, un madrileño y un ecuatoriano.

He visto la notas que suma en internet: todo suspensos. Los chistes pueden ser predecibles, y sus gracias bordean el racismo fácilmente. Pero en el momento en que la vi, quería disfrutar de algo así, y me partí el pecho. Se me saltaban las lágrimas de los ojos, literal. Cierto es que va perdiendo fuelle a medida que avanza, pero los primera media hora me supo a gloria bendita.

Pintura y cine: La chica danesa y Loving Vicent

La chica danesa (The Danish Girl, 2015)

La chica danesa cuenta al vida de un matrimonio de artistas que vivió en Copenhagen durante la década de 1920. Llamada Einar Wegener al nacer, Lili Elbe descubre su condición de mujer transgénero mientras posa para su esposa Gerda. A partir de aquí, se narra el conflicto interno de ambos personajes y cómo su relación se va resquebrajando.

El guion no sólo se centra en el sufrimiento de Lili y su complicado proceso de transición en pleno comienzo del siglo XX, sino también en el de Gerda, quien empieza a cosechar éxito gracias a los retratos que realiza de Lili. El origen de su triunfo pictórico es la semilla del final de su matrimonio. Ambos conflictos son tan complejos e interesantes como desgarradores. 

No dejé de sufrir durante todo el metraje. Si bien el foco recae sobre la trama de Lili, me era inevitable sentir empatía por Gerda. Ver cómo sigue amando a su desaparecido Einar, dándolo todo por no perder a la persona que más ama, es demoledor. Aunque la historia ocurrió realmente, la película está basada en una novela de David Ebershoff.

Loving Vincent (2017)

La directora polaca Dorota Kobiela concibió Loving Vincent después de realizar un estudio sobre la técnica de Van Gogh a través de su correspondencia. El proyecto estuvo madurando durante varios años hasta que, finalmente, en cooperación con el también director Hugh Welchman, y gracias a la financiación del Instituto Polaco de Cine, la película se llevó a cabo.

Su originalidad reside en sustituir los fotogramas por óleos. Para su desarrollo, no se contrataron animadores sino artistas con conocimientos de pintura clásica. La historia resigue los últimos días del genio holandés a través de los diversos y contradictorios testimonios que conoce Armand Roulin, encargado de entregar la última carta del pintor a su hermano Theo.

En contra de lo previsto, el guion me sorprendió y la ejecución me decepcionó. Esperaba un relato puramente documental y no fue así. En cambio, pese al gran trabajo realizado, las pinturas parecen fotogramas pasados por un filtro de Photoshop. Si bien la imitación del estilo es excelente, al igual que las referencias a su obra, el conjunto resulta desangelado y falto de emoción.

Pan-Pan, el juego de puzles con lógica marciana


Pan-Pan A tiny big adventure es un juego de puzles de estética simpática y controles muy sencillos. Empieza cuando una astronauta se estrella en un planeta extraño habitado por criaturas con las que apenas puede comunicarse. Sus indicaciones son vagas, pero uno comprende desde el primer momento que debe colaborar con ellas para poder arreglar la nave.

Para llevar a cabo las reparaciones necesitan unos módulos o baterías con formas geométricas ubicados en distintos puntos del mapa, cuyas zonas iremos desvelando mediante exploración. Cada pieza está escondida al final de un rompecabezas. Como las pruebas no se encuentran en niveles aislados, sino desperdigadas por el terreno, no accedemos a ellas de manera lineal.

Esto impide saber de antemano en qué orden hay que resolverlas. Me sucedió con un puzle en el que me encallé a falta de un objeto que se conseguía en otra prueba. Lo gracioso es que cuando me hice con él, no supe volver al sitio donde debía utilizarlo. Y no es que el mapa sea muy grande, sino que mi sentido de la orientación es muy reducido.

A veces la lógica para descifrar ciertos retos es una tanto marciana. Hubo un par que solucioné a base de ensayo y error porque no los entendía. Acertando todo del tirón, dura apenas media hora. Yo me lo pasé en cuatro tandas, y me tuvo entretenido algunas horas. Por los 12,99€ de Steam no lo hubiera comprado, pero por los 5€ que cuesta en Switch bien merece la pena.

Perdida y Downsizing, los retratos panarios de Ben Affleck y Matt Damon

Perdida (Gone Girl, 2014)

David Fincher, director de Seven, The Game o el El Club de la Lucha, rueda esta aclamada película que me ha parecido un mierdón espantoso. Supongo que seré yo quien no ha conseguido conectar con esta película, ya sea porque la historia me ha parecido absurda, ya sea por sus personajes chupiguays, o por la misoginia que rezuma, o por la cara de pan de Ben Affleck.

El día de su quinto aniversario de bodas, Nick (Affleck) descubre que su esposa Amy (Rosamund Pike) ha desaparecido. Su extraño comportamiento hace que la policía sospeche de él. No parece estar triste y claramente no cuenta toda la verdad. Acosado por la prensa, se encerrará en casa de su hermana mientras sus trapos sucios empiezan a airearse por televisión.

La trama avanza a base de giros de guión, a cada cual más estrambótico. Cada plano está filmado con la intensidad de un orgasmo y la vacuidad del pensamiento tras el mismo. La estampa del mal hombre busca ser redimida a través de la victimización y la comparación con una mujer inverosímilmente diabólica. Perfectamente, se podía haber titulado El ataque de las terribles feminazis.


Una vida a lo grande
(Downsizing, 2017)

Anthony Payne me emocionó con Nebraska y, aún más, con Los descendientes. Sin embargo, con esta me ha descolocado muchísimo. Si bien busca transmitir hondos sentimientos acerca de la condición humana, el guion tiene tantos vaivenes, y la situación y sus personajes son tan rematadamente raros, que fui incapaz de empatizar.

En un futuro bastante cercano, un revolucionario método para encoger la materia viva pretende ser la solución para la sobrepoblación y el calentamiento global. Paul Safranek (Matt Damon) y su esposa, seducidos por la publicidad del proyecto, deciden someterse a la reducción de tamaño para disfrutar en unas de las mini urbanizaciones de lujo que ofertan.

El planteamiento es fantástico, pues aprovecha un elemento de ciencia ficción para tratar la crisis  actual. Resulta maquiavélico cómo venden la miniaturización a las clases medias que sueñan con vivir como ricos. Sin embargo, lo que tan cuidadosamente se presenta al inicio acaba siendo desechado. Nuevos personajes y nuevas historias dirigen la acción hacia otro rumbo.

El tono de comedia no acaba de estallar en risa y el metraje de 135 minutos se hace infinito. No hay unidad en la trama, ni en la personalidad del protagonista. ¿Cuál es el mensaje final? ¿Que da igual lo que hagamos porque todo se irá a la porra igual? ¿Que el amor es enfermizamente siempre lo más importante? ¿Y por qué Matt Damon también tiene una cara de pan que no puede con ella? ¡Buf!

Pipe Push Paradise, a empujar tuberías


Una cosa que se le puede achacar a Mario es que, por muy fontanero que sea, poco le vemos arreglando tuberías. La protagonista de Pipe Push Paradise, si bien es tan parca en palabras como la mascota de Nintendo, no hacer otra cosa que conectar cañerías.

Aunque clona la idea de otros tantos juegos consistentes en conectar un punto A con un punto B sorteando los obstáculos que los separan, este añade un plus. Aquí se tiene en cuenta la rotación tridimensional, y no únicamente bidimensional, de las piezas.

Estas pueden ser rectas o curvadas en forma de L o de S. Si al empujarlas pueden rotar sobre su propio eje, cambiarán de posición; si no, simplemente las arrastrarás. Hay que saber evitar o aprovechar los socavones cuando convenga, o saber cuando apilar las tuberías para ganar altura.

Todos los rompecabezas se encuentran el un mismo espacio: una isla compartimentada en recintos. Algunas de las chapuzas me han hecho sudar tinta, pero se puede decir que la dificultad está bien equilibrada y resulta asequible.

De los 47 puzles, el último ha sido el único con el que he tenido que acudir a Youtube en busca de la solución. Y es que, más allá de que mis aptitudes espaciales dejen bastante que desear, el juego tiene un problema con la profundidad.

Si sobre plano todo queda claro porque el suelo se divide en una cuadrícula, la vista cenital no ayuda a medir la altura o la profundidad en la que se encuentran los elementos. Esto impide, por ejemplo, calcular bien cuánto debemos alargar una tubería para poder conectarla con un grifo.

La penúltima prueba, pues hay una más que aprovecha el camino entre los puzles, demuestra que la dificultad podría haber sido mucho mayor. Para quien pudiera parecerle corto, cabe apuntar que, una vez finiquitada la fontanería de la isla, aparecerá otra nueva con más retos que superar.

Más allá del inconveniente con la profundidad, y de los controles demasiado sensibles, que te obligan a deshacer acciones por empujar sin querer las piezas, me ha gustado. La mecánica es simple y el nivel de dificultad no resulta frustrante. En resumen, es un excelente pasatiempo.

Pringles Rice Fusion: Indian Chicken Tikka Masala y Malaysian Red Curry


Por sorprendente que parezca, en 2008, la empresa Procter&Gamble defendió en los tribunales británicos que las Pringles no eran patatas. Gracias a la victoria judicial lograron que su aperitivo enlatado quedara exento de pagar el 17,5% de IVA en Reino Unido.

Desde entonces, han diversificado el producto. Una de estas variedades fueron las Pringles Tortilla, con harina de maíz. Si bien llegué a probarlas aquí en España, sólo las encontré muy puntualmente en tiendas de ultramarinos. No debieron de tener el éxito esperado y las retiraron.

Ahora contraatacan con las Pringles Rice Fusion, con harina de arroz, y dos versiones: Indian Chicken Tikka Masala y Malaysian Red Curry. He visto que, en otros rincones del mundo, también sacaron con sabor a salsa Teriyaki BBQ y sabor a Pato Pekinés con salsa Hoisin.

Aunque me suena haber visto la lata "nipona" en Barcelona, no estoy seguro de haberla probado. Las que sí he comido son las de Tikka Masala y Curry rojo, y aunque están buenas, me fastidia, dados mis problemas de estómago, que se apueste tanto últimamente por el picante.

Han clavado ambos sabores, pero si bien las de Curry rojo se dejan comer, las de Tikka Masala me han destrozado por dentro. Ambas tienen en su composición pimienta de cayena, pero es en las segundas donde el picante pega más fuerte.

Pese a tener que acompañarlas de Almax, hay que quitarse el sombrero ante la complejidad papilar conseguida. Si le sumamos a la adicción que provoca la droga con que las condimentan, decididamente son un snack difícil de rechazar.

Películas de DC: Liga de la Justicia, Joker y Batman Ninja

Liga de la Justicia (Justice League, 2017)

Tras los acontecimientos de Batman v. Superman, el mundo necesita un grupo de superhéroes que pueda hacer frente a las nuevas amenazas. Pese a las muchísimas críticas a la anterior película, esta me ha parecido peor. Las batallas son menos espectaculares, el desarrollo de personajes brilla por su ausencia y el bigote borrado con CGI del hombre de acero estropea cada plano.

Es un poco triste ver que Wonder Woman, Batman, Aquaman, Cyborg y Flash apenas sirven para hacerle los coros al héroe de Krypton. Él solo se vale para solventarlo todo. La progresión se me hizo más aburrida que el inexpresivo rostro hinchado de Bótox de Ben Affleck. Ya ni siquiera recuerdo si me dormí viéndola.


Joker (2019)

"La obra maestra de 2019" es una peli de superhéroes que en lugar de estar dirigida a niños, apunta su cañón hacia el corazón de los adolescentes. El Joker es el incomprendido, el que sufre el desengaño de los padres y se queda sólo frente a un mundo que le va a la contra. La crítica a un sistema que da la espalda a los más desfavorecidos queda opacada por un egocentrismo recalcitrante.

Cada momento es vivido con una intensidad incomparable. Pretende ser "lo más mejor" en cada fotograma y, como cabría esperar, acaba cayendo por el lado contrario del tablero. La interpretación de Joaquin Phoenix estará bien, pero el personaje es demasiado plano, demasiado cliché. Se adivina qué sucederá. Aburre.


Batman Ninja (2018)

No estoy seguro de que este trabajo guste más allá de reducido target al que se enfoca, pues acaso no convenza ni a los fans del caballero oscuro. Es una frikada que sitúa al hombre murciélago y varios de sus villanos en la época Edo, de donde tendrá que escapar restaurando la línea temporal. Creo que se trata un cebo para atraer otakus hacia los comic-books americanos, en retroceso frente al manga.

Si bien la animación es limitada, despliega una serie de recursos muy efectivos y efectistas. El diseño de personajes me ha dejado salivando. Me ha maravillado por igual que, puestos a engendrar una locura, hayan apostado fuerte incluyendo en la receta ninjas, samuráis, katanas, robots y hasta un ejército de monos monísimos. Me lo he pasado pipa.

Páginas de otros mundos: Epiphania de Ludovic Debeurme y Negalyod de Vincent Perriot

Epiphania de Ludovic Debeurme (tomos 1 y 2)

Todavía me acuerdo de Lucille, la primera obra de Debeurme publicada en España por la Cúpula, que me encantó, y cuyo segundo volumen nunca fue traducido. Tuve que comprármelo en francés y, tras leerlo, preferí no haberlo hecho. Si algo positivo puedo sacar ahora de la lectura de Renée es que puedo seguir mejor el cambio de estilo de Lucille a Epiphania.

Al artista francés le encanta generar turbación, ya sea con sus ilustraciones o con los temas tratados. En este sentido, me recuerda mucho a Miguel Ángel Martín (Brian the Brain). Ephipania trata sobre la súbita aparición en la Tierra de unos niños con rasgos animales. La desconfianza y rechazo que generan provoca que nunca pueda llevarse a cabo una convivencia sana.

Ellos no saben cómo ni por qué surgieron en este planeta. La Humanidad duda si acaso son la avanzadilla de una invasión alienígena. El tópico del otro, con los temas del miedo, el extrañamiento, el autodescubrimiento o la incomprensión, es manejado con mucho acierto por Debeurme, quien consigue dar rienda suelta a su imaginación.

En LucilleRenée, relatos intimistas, el autor recurría a sueños para salir del corsé de la realidad. Aquí, al cambiar de género, hay mayor libertad para delirios creativos. Como en Renée, la calidad del arte tiene claros altibajos, sobre todo en el segundo volumen. Por suerte, cuando acierta, crea unas páginas formidables. Queda esperar el tercero y último, que saldrá en 2020.


Negalyod de Vincent Perriot

Negalyod tiene un sabor clásico que enamora al lector envolviéndolo en un halo de nostalgia. A sus treinta y cinco años, Vincent Perriot es la confirmación de que el legado de Moebius pervive, tanto en lo visual como en lo narrativo. Su diseño de personajes y escenarios, las espectaculares ilustraciones a página completa, el color, el ritmo,... en todo resuena cierto eco de El Incal.

Este western distópico nos sitúa en un lejano futuro donde la crisis climática ya ha acaecido. Las reservas de aguas son controladas por una inteligencia artificial que, además, es capaz de modificar el clima. Por culpa de un experimento meteorológico, un pastor de triceratops pierde todo su rebaño. Un fuerte sentimiento de venganza lo empujará hasta la ciudad en busca del culpable.

Allí entrará en contacto con grupos rebeldes que están preparando un golpe de estado para derrocar a la Red, la IA que lo domina todo. El mensaje ecologista, por tanto, no sólo vendrá acompañado de palabras, sino también de escenas trepidantes. El asalto a uno de los transportes meteorológicos, como si se tratase de una diligencia, o el ataque final, no tienen desperdicio.

El equilibrio es perfecto. A lo largo de las doscientas páginas que completan el cómic, sólo quise seguir avanzando. Hipnotizado por el apartado visual, no podía abandonar a unos personajes que, sin ser demasiado originales, tienen la suficiente trasfondo para empatizar con ellos y entender sus motivaciones. Sin duda, se ha convertido en mi relato del Oeste favorito este 2019.

Por preguntar

El rey Lear, William Shakespeare
traducción de Ángel-Luis Pujante

OSWALD. ¿Por qué me tratas así? ¡Si no te conozco!

KENT. Pero yo a ti sí.

OSWALD. ¿Quién soy yo?

KENT. Un bergante, un bribón, un lameplatos, un granuja rastrero, altanero, vacío; un lacayo ambicioso y pelagatos con calzas de estopa; un pícaro miedica, pleiteador, hijo de puta, miraespejos, servil y relamido; un esclavo pobretón, que haría de alcahuete por dar buen servicio y que no es más que una mezcla de granuja, pordiosero, cobarde, rufián e hijo y heredero de perra mestiza; un tipo al que voy a sacudir hasta arrancarle chillidos si me niega una sílaba de cuanto le he llamado.


Pelis de Marvel a tutiplén: Capitana Ídem, Vengadores Endgame, Thor Ragnarok y Spider-Man Lejos de casa

Yo, que el año pasado afirmé estar saturado de películas de superhéroes, suelto la retahíla que he visto este año que aún no ha terminado. ¡Soy un veleta!

Capitana Marvel (Captain Marvel, 2019)

El personaje, su historia y las coñas con los años 90 me gustaron. Ella es dura, fuerte y, afortunadamente, ni está sexualizada ni carga con amoríos o complejos de maternidad. Pero el ritmo de la película es raro, como si le faltara intensidad durante gran parte del metraje, o estuviera mal montada. Tengo opiniones encontradas, la verdad.


Vengadores: Endgame (Avengers: End Game, 2019)

La disfruté mucho pese a las inconsistencias del guión que, por otra parte, son más que esperables en una trama con viajes en el tiempo. El principio es chocante, por anticlimático, pero el crescendo que le sigue culmina con toda la épica que pudiéramos soñar. A diferencia de la anterior, con esta no me sentí aturullado. Reparten muy bien las escenas entre el enorme elenco de héroes.


Thor: Ragnarok (2017)

Lo había leído y me lo había dicho todo el mundo, incluso mi pareja. Pero la subieron a Netflix y me dije: "Ahora que has visto Endgame, estaría bien conocer el origen del cambio de look de Thor". No se puede negar, contiene demasiados chistes, demasiado condensados. No da tiempo a reírse, se pisan unos a otros. Eso sí, el personaje de Valkyria me encantó.


Spider-Man: Lejos de casa (Spider-Man: Far from Home, 2019)

El desenlace es bastante bajonero, pero tiene todo su sentido si te has leído los cómics y conoces los poderes de Mysterio. La historia de amor adolescente entre Peter Parker y Mary Jane me gustó, pero poco más. Es una peli de transición con un final que sirve de presentación para la fase 4 de universo cinematográfico de Marvel que, tras las últimas noticias, parece que no contará con el trepamuros.