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Sóniechka de Liudmila Ulítskaya

Liudmila Ulítskaya es una escritura judía nacida en la Rusia de 1943, dos años antes del final de la Segunda Guerra Mundial. La novela trata de una ávida lectora llamada Sonia que nace y crece en el mismo contexto histórico que su autora.

Su afición por los libros es lo que me atrajo, ya que anticipé una biografía guiada por el amor a la literatura, acaso como Stoner. Pero fue una ilusión. Tras conocer a un pintor que ha regresado de Europa, Sonia se vuelca por completo en la construcción de un hogar. El ritmo de los quehaceres domésticos es tal que los libros son incapaces de ir a la zaga y caen en el olvido.

No hay nada vergonzoso en dedicarse a las labores de casa, pero fue una decepción no encontrar lo que esperaba. A partir de aquí, la trama empieza a ignorar a su protagonista, apenas mencionándola. No sé si se trata de un paralelismo con la vida de la propia Ulítskaya, quien en 1970 fue despedida de su puesto en el Instituto de Genética General por haber reproducido literatura prohibida por el régimen soviético. Estuvo nueve años sin trabajar, durante los cuales se casó y tuvo dos hijos.

Me fastidia que el personaje no salga de su letargo hasta justo el final, una resurrección que sabe a poco por las pocas páginas que se le dedican. Es una novela correcta, con personajes bien perfilados, pero cuyo cambio de rumbo me rompió las expectativas y me desorientó, impidiéndome disfrutarla más.

Stoner de John Williams

Stoner es una novela que compré en la terminal de Gatwick por capricho. La idea de comprar un libro en el aeropuerto como en las películas, y guardarlo como recuerdo del viaje, me hizo gracia. El sucinto título y la imagen de la cubierta con los libros apilados me sedujeron en seguida. Su lectura, sin embargo, se me hizo cuesta arriba nada más despegar el avión.

La verdad, no sé cuántos años han tenido que pasar para que aterrizase de nuevo en mis manos. La tenía en la estantería como una deuda pendiente, y cada tanto me detenía sobre su lomo rojo y sus letras blancas. Unas veces pasaba de largo, otras me detenía y la hojeaba un rato antes de devolverla a su sitio. Aunque no me atrevía a empezarla de nuevo, nunca pensé en deshacerme de ella.

Porque el estilo de John Williams, a pesar de su complicado vocabulario, es preciso y certero. No desperdicia ninguna palabra, y elige siempre la que desarmará con mayor tino al lector. Lo despoja de toda seguridad; le recuerda cuán vulnerable y efímero es. En Stoner no hay adjetivo que no embellezca la oración, como tampoco hay adjetivo que ofrezca un atisbo de esperanza.

Es una novela triste de prosa bella e lacerante. Representa un amor por la literatura y la docencia tan sosegado como desmedido. No creo que su objetivo sea "elevar" una vida gris, porque no la hace más relevante ni digna que el resto. La prosa insiste en que ningún momento sea exultante ni dramático. Cada decisión es un paso más en el trazado de un camino único pero no especial.

Hubiera estado bien alguna nota de buena fortuna en sus últimas páginas, pero cada capítulo contiene menos oxígeno que el anterior. Stoner es un implacable "pese a todo": pese a la mala suerte, pese a las malas decisiones, pese a la falta de justicia, pese a la abundancia de dolor, vale la pena vivir. Nadie te va a premiar por ello, pero has llegado al final por tu propio pie.

Desde el más puro estoicismo, la novela nos enseña que, después de tantas adversidades, la vida de su protagonista no ha sido en vano. Hemos sufrido con él, pero también hemos sonreído. Nos hemos agarrado a todos los buenos momentos como si nuestra vida, y no la suya, dependiera de ellos. No cabe duda de que, pese a todo, ha sido un hermoso viaje.

Sand Land, la última serie de Akira Toriyama


Sand Land (2023-2024)

No sé cuánto hace que leí Sand Land, pero recuerdo que me pareció un manga insulso. Ni el diseño de los personajes me pareció original, ni las dosis de acción y humor fueron suficientes para no aburrirme. Su único tomo fue publicado en España en 2001 de la mano de Planeta DeAgostini (actual Planeta Cómic). Veinte años más tarde, la aventura ha sido animada y llevada al cine.

Igual que sucede con otros títulos, como Kimetsu no Yaiba, tras su paso por las salas, la película ha sido troceada y convertida en una serie, disponible a través de Disney+. A los seis episodios resultantes, se les han añadido escenas excluidas del largometraje, además de un segundo arco creado de cero por Toriyama, que nos transporta, con los mismos protagonistas, al reino vecino: Forest Land.

La trama sigue al sheriff Rao, un humano que, ante la sequía atroz que sufre Sand Land, decide aliarse con el príncipe de los demonios para poder encontrar una fuente de agua potable. El resultado es una mezcla ligera de acción, drama y humor con sabor a western que, por desgracia y como ya viene siendo habitual, ha sido animada con CGI.

Si bien la técnica aplicada al anime ha mejorado respecto a sus inicios, a día de hoy sigue sin cautivarme. Los movimientos de los personajes se sienten aún algo robóticos, lejos del dinamismo y la plasticidad de la animación tradicional. Sólo hay que comparar las dos últimas películas de Dragon Ball, Broly y Super Hero, para hacerse una idea.

La balanza se equilibra, sin embargo, cuando ponemos el desarrollo de la historia en el otro platillo. Tras una relectura del manga para refrescar la memoria, es innegable que la serie supera el trabajo original. El ritmo y la acción resultan más trepidantes, los gags consiguen ser más graciosos, y los momentos dramáticos conmueven mucho más.

Alejada de los niveles de poder desorbitados de Dragon Ball, este western fantástico pone el acento en las dotes de estratega de Rao para darle la vuelta a batallas en las que parten con desventaja. Saber que el conflicto no se resolverá únicamente a base de músculo, la hace más interesante. De hecho, devoré los dos arcos en dos días. No es una obra maestra, pero es muy entretenida de ver.

Sobre la inmigración: El pequeño Baku de Masumura Juushichi

El planeta de Baku tiene su mismo nombre. Pese a que sus habitantes son los bakunianos, no tienen nada que ver con el anarquismo. Son parecidos a los tapires de la Tierra, aunque bípedos y con raciocinio. Además de alimentarse como nosotros, son capaces de comer sueños. 

La falta de control en su civilización llevó a que los bakunianos terminaran con ellos, y ahora se vean obligados a viajar a otros planetas en busca de sueños. No son unos extraterrestres temibles, como cabría esperar por su descripción. Son amables y considerados, y conocen bien la regulación del planeta azul: no pueden consumir sueños sin consentimiento de la persona que los tiene.

Este es el punto de partida de este manga a medio camino de la fantasía onírica y la alegoría, que describe con gran detalle y acierto los problemas de los inmigrantes al llegar a destino. A pesar de ser una narración simpática, no oculta la adversidad que experimenta el recién llegado. Obviarla sería absurdo, pero el cómic es capaz de presentarla de modo que no rompa el tono de la historia.

Por ejemplo, Baku llega al planeta en caída libre, literalmente. Mientras se dirige a toda velocidad hacia el suelo, una retahíla de burócratas lo acribillan a preguntas desde sus ventanillas. Me sorprendió cómo la obra es capaz de transmitir la confusión, angustia y miedo del interrogatorio implacable de inmigración desde una perspectiva tan surrealista como perfectamente inteligible.

Otro ejemplo, nada más aterrizar, sube al metro de Tokio. Los vagones empiezan, entonces, a llenarse de agua. Lo rescata Hana, que viene de Nagoya, pero la estrambótica situación es descrita como una costumbre de la capital de Japón y no como una tortura. Consigue transmitir la extrañeza ante lo nuevo, que puede resultar totalmente incomprensible.

Baku tiene el contacto de su tío, pero se dan ciertas circunstancias que impide que se puedan encontrar. Entonces, con la ayuda de Hana, que es humana, se va a vivir con ella y su tía. Gracias a ella puede iniciar los trámites para poder quedarse en la Tierra, y ya desde el principio se topa con la primera barrera.

Para obtener una cuenta bancaria necesita un número de teléfono y haber residido seis meses en el país. Para comprar el teléfono necesita tener cuenta para domiciliar las facturas. Para poder trabajar, necesita poder dar un número de contacto. Esto me tocó especialmente porque cuando fui a trabajar a Inglaterra me sucedió exactamente lo mismo: el banco me exigía una factura para demostrar que vivía allí, pero no  podía contratar nada si no tenía cuenta.

Si Baku no hubiese encontrado a Hana, residente nipona, esta historia conclusiva de dos tomos hubiera terminado en el capítulo tercero. Es muy interesante y muy inteligente como se remarca la importancia de los contactos, de cómo los inmigrantes se ayudan entre ellos a prosperar, de cómo se ven obligados a trabajar en negro en mil cosas.

Muestra la soledad y tristeza del protagonista, que se debate entre la añoranza y seguir adelante. Gracias al grupo de extraterrestres que conoce, se abordan multitud de situaciones: las barreras del idioma, los expatriados por la guerra, el punto de vista de quien ha llegado con un visado de estudios, el que tenía un buen puesto en su planeta natal pero aquí la titulación no le sirve,...

Lo he disfrutado mucho. Es una historia tierna y conmovedora, que se aborda la inmigración desde una perspectiva muy original. Se trata de una muy buena lectura que, sin duda, recomiendo.

Super Humor de Superlópez nº 22

En una pila de libros llena de polvo, estaba el Super Humor número 22 de Superlópez. Es algo que ha ido empeorando desde hace unos años, con una cuesta más inclinada en 2022, y un rascacielos en 2023. Ya no es que los libros se acumulen en una lista de pendientes para ser leído más tarde, una semanas, unos meses, o al año siguiente. Ahora directamente me olvido de ellos.

El viento en los dedos (2020) continúa la historia de los chupetes mágicos, como ya hiciera el álbum de Las montañas voladoras (2004). Ninguna de las dos historias se acerca ni por asomo al original, El Señor de los Chupetes (1980), ni por guion, ni por humor, ni por dibujo. Por no tener no muestra ni cómo acaban derrotados los villanos. Superlópez ve humo, y se marcha. Y ahí se supone que todo se ha ido al traste.

La invasión de los huertos vivientes se podría considerar el mejor de los tres que componen el tomo, y aun así ninguno de ellos subiría a ningún podio. En esta otro invento del profesor Escariano, conchabado con un fondo buitre, buscan vaciar por la vía rápida una gran cantidad de viviendas para hacerse con ellas. Sin embargo, el plan sale mal, y la ciudad acaba conquistada por plantas e insectos gigantes.

Aquí podríamos haber tenido una batalla interesante, pero Jan ya no está por la labor. Aparecen cameos de personajes clásicos, como el general Sintacha, o de otros recientes, como Lucas, el "nini" de Robinson (2018), que se parece horrores al chaval de La Superproducción, pero es pura coincidencia en el diseño. El resto de personajes nacen para ir de cabeza al olvido.

Los influyentes influencers es tan bueno como su título. Llauna S.L., la empresa donde hace pajaritas de papel Juan López, da un giro y se mete en el mundo de las redes sociales, representando a creadores de contenido y cobrando comisión por las campañas publicitarias que consigan. Sinceramente, no sé muy bien de qué va, porque es muy errático.

Reaparece Nunuska, de Menguante (2017), ofreciendo lo que ya aportó en aquel: nada. Jaime tiene un papel ridículo de señor de cuarenta y tantos enamorado de una streamer, trama que conduce a ninguna parte. En definitiva, el único provecho que me ha aportado este Super Humor ha sido quitarle el manto de ácaros a la pila de libros en la que se encontraba. Por lo demás, es totalmente olvidable.

Otros:

Siesta se escribe con eñe: Reyes contra Santa, A todo tren, Padre no hay más que uno y De caperucita a loba


Reyes contra Santa (2022)

Me esperaba una comedia burra pero es una mezcla extrañísima entre eso y una peli infantil de Navidad. No entendí el público al que va destinada. ¿Los llamados "jóvenes adultos"? El guion claramente se dirige a los más pequeños, pero, claro, tal como está el cine y que Marvel arrasa en taquilla, vaya uno saber.  Tiene algún que otro punto gracioso, pero general es aburridísima. Hay una parte que no vi porque me acogió Morfeo en sus brazos.


A todo tren. Destino Asturias (2021) y
Padre no hay más que uno 1, 2 y 3 (2019, 2020 y 2022)

Pero si hablamos de siesta, Santiago Segura es a quien más horas le debo. Después del humor casposo de Torrente (con el que yo me he partido el pecho), ha encontrado otro filón con el cine familiar ñoño de sobremesa de fin de semana aderezado con unas gotitas de su mala leche marca de la casa y un buen elenco de criaturas monísimas. ¿El resultado? Guiones planos y manidos que recaudan a espuertas y adormecen como nadie. Ya salió A todo tren 2, y Padre no hay más que uno 4 está en camizzzzz...


De caperucita a loba (2023)

Esta me la esperaba más graciosa porque el tema de las citas desastrosas da para mucho. Sin embargo, no me sorprendieron demasiado los ligues como las metáforas visuales que se utilizan para representar los estados de ánimo de la protagonista. Así, pese a lo descafeinada que es, esto me produjo cierto interés y sólo pude echar una cabezada de apenas quince minutos. Hay una detalle que sin duda me marcó: ¿cómo de mal está el mercado para que el galán aquí sea José Mota?

Segundas partes: Enola Holmes 2 y Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion


Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion
(Glass Onion: A Knives Out Mystery, 2022)

El segundo caso del peculiar detective Benoit Blanc carece del ingenio de la primera entrega. El clasismo pijo de los sospechosos de aquella es sustituido en esta por un elenco de nuevos ricos a cada cual más gañán. La trama me parece igual de tosca, con una elipsis y su consecuente flashback para explicarnos y explicitarnos qué ha sucedido.

Me parecía mucho más gracioso la pompa de un ambiente supuestamente educado, de personas decentes, con una flema casi británica, que no hacía más que revelar que eran todos una pandilla de alimañas. Aquí son una troupe de niñatos a quien la suma de dinero les concede el eufemismo de excéntricos en lugar del término más exacto de gilipollas.

Si lo pienso, la figura del nuevo rico es muy risible, pero fuera por mí, por las expectativas, o por un guion peor, los chistes no calaron en mi ánimo. Me aburrí como una ostra. Ni siquiera el apoteósico final, que esperaba, consiguió que mi nota general superase el aprobado justo. ¿Habrá una tercera entrega, y será capaz de acertar como la original? Habrá que verlo.


Enola Holmes 2 (2022)

La primera era una una película de aventuras y misterio tan divertida como visualmente impactante. Y esta segunda repite la fórmula, con una Millie Bobby Brown y un Henry Cavill igual de carismáticos. Revisando la ficha de ambas, compruebo que el equipo detrás de las cámaras es exactamente el mismo, desde el director al guionista pasando por música, fotografía, montaje y vestuario.

En este nuevo episodio, Enola quiere iniciar su propia agencia de detectives, pero el único caso que le llega es la desaparición de una joven empleada en una fábrica de cerillas. Como en la anterior entrega, Enola se dedicará a un caso "menor", es decir, un caso que afecta a las más desfavorecidas, mientras su hermano Sherlock tendrá asignado una "gran" investigación, es decir, un intrincada red de desvío de capitales.

A mí esta saga me tiene conquistado por el ritmo, por los diálogos y su humor, por las persecuciones, por las peleas, por las transiciones virtuosas entre escenas, por la expresividad de Millie Bobby Brown dirigiéndose a cámara. Todo me dibuja una sonrisa. Se siente tan entretenida y tan fresca que el espectador desea vivir estar dentro de la aventura. Espero con ansias la nueva película.

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PD: Como me ha pasado ya más de una vez, la reseña de la película que inició la saga de Enola Holmes brilla por su ausencia en este blog. No sé por qué tan a menudo estoy convencido de la existencia de textos que nunca he escrito.

Series en serie: Machos Alfa, The Last of Us y White Lotus (T2)

La empezamos después de que mi suegra nos la recomendara, pues nos sentíamos algo recelosos sabiendo que detrás estaban los guionistas de La que se avecina. Teníamos miedo de que, con la excusa de tratar la deconstrucción masculina, terminara por ser lo contrario: un compendio de chistes machistas que ensalzan y blanquean el sexismo.

Por suerte, esos mismos guionistas también son los creadores de Aquí no hay quien viva, y aquí vuelven a demostrar su talento arropados por un elenco actoral espléndido. Alberto y Laura Caballero abordan con acierto el problema de la masculinidad tóxica combinando un punto de vista crítico con otro más generalista y liviano, con diálogos ingeniosos y rápidos, y mucho, mucho humor.

Aunque no he jugado a The Last of Us, conozco el videojuego por varias webs y canales de Youtube especializados. Todas las críticas confirman que es una buena adaptación. Visualmente es impresionante. Sin embargo, pese a la calidad individual de cada episodio y al talento indiscutible de Pedro Pascal y Bella Ramsey, me desconcertó los vaivenes en el tono de la serie.

De la trama de supervivencia de los primeros capítulos, pasamos a una historia de amor paralela y cerrada. Se suceden una road movie introspectiva, una caza de humanos en mitad de un alzamiento, una batalla campal contra una horda de monstruos, una peli de cowboys, otra de sociedades utópicas,... Más que episodios de una única obra, me parecían películas de distintos directores.

Si la primera temporada giraba en torno al dinero, esta segunda revolotea alrededor del sexo como una polilla atraída por una lámpara matamosquitos. El guion de la segunda temporada de The White Lotus cambia el resort de Hawái por su sucursal en Sicilia. El reparto se renueva casi por completo, siendo la divertidísima Jennifer Coolidge la única que repite en su papel de excéntrica (y boba) millonaria.

No considero que haya superado a la original, con la que me desternillé. Esta me ha resultado menos disfrutable por la tensión enfermiza de algunas tramas, como el viaje de Tanya a Palermo, o las sospechas de infidelidad del matrimonio de nuevos ricos. Por el contrario, me lo pasé genial con la familia italoamericana buscando sus raíces o la pareja de adolescentes italianas buscavidas.

Switch, switch, switch: Picross S Genesis, Splatoon 2, Raji, Narita Boy, Inside, Superliminal y Buildings Have Feelings Too!

Maldita sea la persona que introdujo en casa los nonogramas. PICROSS S GENESIS & Master System edition es lo mismo de siempre pero con muñecos de SEGA. La adicción que provoca es similar a la fiebre de los sudoku. Desentrañar cuál es la casilla que debes pintar es, a veces, todo un reto. Iré por la mitad, y me quedan horas de juego para aburrir. El problema es que no me aburre nunca y sigo encendiéndolo una y otra vez. 

No quería comprar Splatoon 2 por las escasas novedades de su cooperativo, pero sucumbí a la avalancha de elogios cosechados por la Octo expansión. Aunque el nuevo modo Salmon Run no me ha entusiasmado, las batallas son tan frenéticas y divertidas como siempre. Mi sorpresa ha llegado con la campaña, bastante más desafiante que en la primera entrega. Irónicamente, de no poder superarla, el DLC de las Octoamazonas quedaría descartado. Por lo visto, es aún más difícil...

Raji: An Ancient Epic Game es un regalo para la vista. Sin ser un espectacular Triple A, el detalle con el que se han modelado los edificios alienta a recorrerlos una vez liquidados todos los demonios. Si bien no he prestado demasiada atención a la historia, el juego se esfuerza en representar la rica y colorida mitología hindú. Los controles y los movimientos de la protagonista son muy fluidos. Es un juego entretenido y asequible. Lo he disfrutado mucho.

La primera vez que vi Narita Boy, su estética retrofuturista me alucinó. Su apuesta por la nostalgia de los 80 es innegable: desde el pixel art pasado por el filtro de una tele de tubo hasta la estética de Tron. La historia está imbuida de un halo místico con menos humor del que me gustaría. El nivel de exigencia no es alto, aunque, actualmente, me he desorientado y soy incapaz de saber dónde debo dirigirme. Me da rabia, pero creo que voy a acabar mirando una guía.

La sensación de desamparo que transmite Inside resulta escalofriante. Eres un niño en plena huida en plena noche. Con sigilo, debes esquivar guardias, atravesar granjas y fábricas. La excelente progresión narrativa, carente de texto, se plasma en unos escenarios cada vez más distópicos y asfixiantes. La animación del personaje es excelente y, por momentos, me recuerda a videojuegos con animación rotoscópica como Another World o el Prince of Persia original. Me ha fascinado.

Superliminal es un juego de puzles que juega con la perspectiva. En primera persona, atraviesas salas de un misterioso edificio donde los objetos aumentan de tamaño al acercarlos, y lo reducen al alejarlos. También la rotación supone cambios que ayudan a superar las distintas pruebas. La idea es interesante, pero me resultó tan aburrido que lo abandoné.

Poco puedo decir de Buildings Have Feelings Too! Lo compré enamorado de su estética, imaginando que sería una especie de Sim City lleno de ironía. Y puede que lo sea, pero no sé jugarlo. En el primer escenario, construyo un par de edificios, y luego no soy capaz de adivinar qué es lo siguiente que debo hacer. Me tiene totalmente descolocado.


Sesiones recuperadas: Ernest y Célestine, y El malvado zorro feroz


Ernest y Célestine (Ernest et Célestine, 2012)

Recuerdo que vi por primera vez el cartel de Ernest y Célestine en 2013 en la puerta los cines Verdi de Barcelona. Como de costumbre, fui posponiéndola sine die hasta que la retiraron. Casi una década después, con más barriga y menos pelo, la he visto en Amazon Prime Video junto con El malvado zorro feroz, otra película cuya oportunidad de verla en el cine desaproveché por igual en 2018.

Aunque no suelo ver las películas seguidas, esta vez el tiempo jugaba en mi contra porque las iban a descatalogar de la plataforma. Me senté ante la pantalla y me dispuse a sacarme las dos espinas de una vez. Y fue una experiencia fantástica. Protagonizadas por animales en una mezcla acertada de ternura y comedia, ambas hacen gala de una animación tan cuidada como hermosa.

Recolectando información para esta reseña, descubrí que Ernest y Célestine fue codirigida por Vincent Patar, Stéphane Aubier y... Benjamin Renner, creador del cómic y de la adaptación animada de El malvado zorro feroz. Nunca dejan de sorprenderme estas coincidencias entre obras que he conocido en momentos tan separados en el tiempo.

Ernest y Célestine es una obra de lo más tradicional, llena de candor y generosidad, que me hizo sentir especialmente bien. Basada en la serie de cuentos homónima de la autora belga Gabrielle Vincent, la película narra la amistad entre un oso músico y una ratoncita huérfana que sueña con ser artista. En un mundo donde estas dos especies están condenadas a odiarse, el lazo que los une se hace más fuerte cuanto más estiran de él.

El malvado zorro feroz, por su parte, son tres historias levemente conectadas entre ellas que tienen una granja como escenario o punto de partida. Su humor es más ácido, y no carece de cierto cinismo, sobre todo en las dos tramas protagonizadas por la liebre y el pato, dignas de Looney Tunes. Pero el mensaje acaba siendo tan simpático y conciliador como el de Ernest y Célestine.

La segunda historia, que da título al tríptico, fue una de mis lecturas favoritas de 2017, y esta adaptación no desmerece ni un ápice el original. Es fascinante cómo han conseguido transportar el estilo del tebeo a la pantalla de manera tan fidedigna: la línea suelta, el color en acuarela, la histriónica expresividad de los personajes,... Parece que hayan cobrado vida y hayan saltado de las páginas del libro.

Lo mejor es que pude ver las dos en apenas 160 minutos. Lejos de las inacabables películas llenas de escenas innecesarias con infinitos efectos digitales, Ernest y CélestineEl malvado zorro feroz consiguen narrar y entretener sin acelerar ni ralentizar, destilando calidad con una animación arrebatadoramente hermosa. Son dos joyas que, sin duda, debí haber disfrutado en el cine.


El malvado zorro feroz
(Le Grand Méchant Renard et autres contes, 2017)

Sumodo: The Successors of Samurai, un documental de Eiji Sakata

Sumodo: The Successors of Samurai (2020) es un fascinante documental acerca del deporte nacional de Japón. Sigue la trayectoria de dos luchadores de sumo durante seis meses. Muestra entrenamientos, dietas, filosofía... y combates. Está muy bien equilibradas las escenas brutales de las dos moles estrellándose la una contra la otra con las entrevistas más introspectivas.

Lo he visto en durante el Japanese Film Festival Online 2022, que justo he descubierto un par de días antes de su cierre. Yo, que en 2019 pude presenciar una jornada completa de combates en Tokyo, he revivido aquella experiencia. El documental consigue transmitir la solemnidad de esta disciplina. La ceremonia previa al combate, casi instantáneo muchas veces, consigue ponerte en el borde del asiento.

Aquí conoces el testimonio de aquellos que se enfrentan en el ring. Te inflama el espíritu el respeto que se profesan, desde el principiante al más veterano. Choca la humildad de estos gigantes, que se exigen más y más cada año que pasa. No sólo por ellos mismos, sino por los que vienen. Es un documental bastante serio, y no sé si aquellos que no han asistido a una competición lo verán del mismo modo.

Como he dicho, me encantó. La esencia del sumo ha sido capturada con exactitud. No es un documental que te expliqué qué es el sumo, ni las reglas. Va dirigido a quien ya conoce el deporte, y quiere profundizar más en él, adentrándose en un apartado más personal. De todos modos, dudo que deje indiferente a quien ve sumo por primera vez. La grabación de los combates es espectacular.

Spider-Man: No Way Home


Spider-Man: No Way Home (2021)

Todo el mundo ensalza a Tobey Maguire y las pelis de Spider-Man de Sam Raimi. Recuerdo que a mí no me gustaron nada. No sentía lo mismo que me transmitían los cómics. Y no es que sea un conocedor de principio a fin de las aventuras del lanzarredes, pero sí que tuve mi etapa adolescente de superhéroes, y tanto el trepamuros como Lobezno eran mis favoritos.

De la siguiente saga con Andrew Garfield no vi ninguna. Recuerdo que los teasers mostraban a un Peter Parker demasiado guay, lo cual no se ajustaba a la imagen de pringado del personaje. Además, el relanzamiento se sentía demasiado cercano a las de Raimi. Lo bueno del Spider-Man del actual MCU es que evitaron volver a contar el origen del héroe, presentándolo sin prolegómenos en Civil War.

Porque todo el mundo sabe que le picó una araña radioactiva, y si no lo sabe lo puede encontrar en internet. Como Parker ya tiene sus poderes, en Homecoming pudieron centrarse en lo que realmente define al hombre araña: no disfrutar de una vida hecha. A diferencia del resto, debe lidiar con los problemas de cada dia y compaginarlos con sus deberes como salvador de Nueva York.

¿Y qué mejor para ejemplificar la incompletitud que mostrar a un adolescente? Maguire tenía 27 cuando rodó la primera película; Garfield, 29. Tom Holland no había cumplido los veinte cuando se estrenó Civil War. Me gusta mucho su charlatanería, su inseguridad,... y en el lado del traje, sinceramente, el avance en el campo de los efectos especiales ha hecho maravillas.

No Way Home supone un cierre y un relanzamiento del personaje, y me parece bien ejecutado. Si bien el tráiler dio la sensación de que íbamos a encontrarnos con una aventura donde el multiverso es el campo de batalla, eso parece reservado para la próxima de Doctor Strange. No es tan espectacular como me esperaba, pero me resultó entretenida.

No pocas opiniones han señalado la falta de carisma del filme. Para mí no ha sido una sorpresa, pues ya van varias películas del MCU que me he saltado por hartazgo, o que he visto y me han aburrido tremendamente: Ant-Man, Guardianes de la Galaxia vol.2, Black PantherCapitana Marvel, Viuda negra,... No Way Home se puede llegar a sentir como un episodio más, pero ni de lejos me parece mala.

La he disfrutado, desde las múltiples referencias y guiños, hasta el humor y la acción. Muchos no encontrarán el peliculón que esperaban, pero a mí me ha bastado. Es una historia sencilla y entretenida, que da pie al comienzo de nuevas tramas en el universo marveliano, y cuyo metraje de más de dos horas no se me ha hecho eternal.

Studio Ghibli se lanza al 3D: Earwig y la bruja


Earwig y la bruja (Aya to Majo, 2020)

Si tras el adiós de Hiromasa Yonebayashi, Gorō Miyazaki era el futuro de Studio Ghibli, la única película con visos de calidad es Kimitachi wa Dō Ikiru ka, firmada por su padre. Sí, Hayao Miyazaki fue un padre terrible. Y sí, su hijo se encarga de recordárnoslo: en entrevistas, en la infumable Cuentos de Terramar, y ahora en Earwig y la bruja. Pero tiene un talento prodigioso para la animación.

Esto no es una defensa de la mala paternidad frente al arte. Pero, joder, qué malas son las películas de Gorō Miyazaki. La colina de las amapolas se salva, pero tengo entendido que la realizó en colaboración con su padre. Ahora ha probado con el 3D basándose en un cuento de la escritora Diana Wynne Jones, de quien ya adaptaron El castillo ambulante.

El problema es que la autora falleció en 2011 de cáncer. El cuento parece que iba a ser el inicio de una saga que, obviamente, quedó inconclusa nada más empezar. Y el libro termina en el mismo momento que la película. ¿Cómo se les ocurre llevar esta historia a la gran pantalla sin, no sé, incluirle un final? La película queda totalmente abierta. Es una mera presentación de los personajes.

Es tan absurda como oír a Hayao Miyazaki afirmar que esta producción está al nivel de los trabajos de Pixar. ¿De qué Pixar? Si bien el diseño de personajes y las muecas son 100% Ghibli, muy divertidos, el resto es terrible. Todas las texturas parecen plástico, y los movimientos parecen de stop-motion. Todo se siente artificial, lejos de la naturalidad a lo que nos tenía acostumbrados la compañía.

¿Realmente lo creía, Hayao Miyazaki, o simplemente lo dijo por aparentar, o, incluso más retorcido,  para trolear a su hijo y que se diera una hostia aún más fuerte? Y no hablemos del guion, que parece glorificar la figura demoníaca de un maltratador. ¿Y cuál es la moraleja de un relato basado en la manipulación de otras personas? No sé, todo está muy mal enfocado.

Hasta la fecha, consideraba que Haru en el reino de los gatos era la peor obra de Studio Ghibli, pero Earwig y la bruja se pone en cabeza. Le falta ritmo, carece de chispa, oscila entre lo regulero y lo malo, aburre,... Y encima, después del bodrio, te dejan a la mitad. O Gorō Miyazaki se está vengando de su padre hundiendo el prestigio de su empresa, o es incapaz de entender lo que está haciendo.

Switcheando: My Friend Pedro, Katamari, Serial Cleaner, Unruly Heroes, Dragon FighterZ y Mini Motor Racing X

My Friend Pedro es un juego de disparos con desplazamiento lateral lleno de humor absurdo. Es una parodia de las películas de acción, donde la hipérbole transgrede las leyes de la física. Tiene niveles de dificultad para todo el mundo. Aunque pude pasármelo en el modo más fácil, me resultó exigente, pues debes controlar muchas cosas con demasiados botones: el tiempo bala, el disparo doble, la esquiva, el salto, el cambio de arma, el lanzamiento de objetos,... Me resultó muy, muy entretenido.

Katamari Damacy Reroll es el juego más estrambótico que he visto nunca. El príncipe de una especie alienígena debe reconstruir el firmamento recogiendo objetos con su katamari, una esfera rodante donde todo se queda adherido. Cada pantalla te pone como reto hacer un katamari de cierto tamaño. Su humor es muy japonés, más de lo que me esperaba. Sin embargo, los controles me resultan algo confusos y no alcanzo a pillarle el ritmo. 

Serial Cleaner ha sido una decepción para mí y una adicción sin límite para mi pareja. En este juego de puzles eres el encargado de hacer desaparecer las pruebas de los asesinatos perpetrados por la mafia. Debes llevarte los cadáveres y las pistas del lugar del crimen sin ser descubierto por la policía. Si bien cada reto es independiente, están todos dentro de una narrativa en la que el protagonista intenta dejar su sucio negocio. Sumado a los bugs que tiene esta versión, el aburrimiento impidió que lo continuara.

Inspirado en el clásico chino Viaje al Oeste, Unruly heroes es un juego de plataformas en el que debes combinar las habilidades de los cuatro personajes para poder avanzar: las esferas de energía del monje Sanzang, el bastón extensible del rey mono Wukong, las habilidades para flotar del cerdo Kihong y la fuerza del poderoso Sandmonk. Entretenido y asequible para jugadores no muy habilidosos, encandila sobre todo por el apartado visual y su rejugabilidad.

Sabía que no debía comprarme Dragon FighterZ. No porque sea un mal juego, sino porque me falta destreza para los juegos de lucha. Aunque el nivel más fácil te permite jugar sin sufrir en exceso, la mayoría de las veces no sé qué estoy haciendo. Sólo aporreo botones, incapaz de acordarme de todas las combinaciones. Lo que más me gusta es el alucinante parecido de los combates con el anime. Muchas escenas que podrían pertenecer a la serie. La infinidad de guiños hacen las delicias de cualquier fan.

Mini Motor Racing X es un sencillo juego de coches de estilo arcade. Con cada cuatro victorias desbloqueas nuevas pistas y ganas dinero con el que mejorar tu automóvil.  Hay varios vehículos para elegir. Los circuitos son cerrados y consisten en dar un determinado número de vueltas. Hay cierta variedad, aunque muchos de ellos se repiten con ligeras modificaciones: de noche, en sentido contrario,... He disfrutado bastantes horas su estilo a medio camino de la caricatura y el realismo.

Superlópez: A toda crisis, de Jan

Antes del atracón de Superlópez de octubre, algo indigesto dada la calidad general de los álbumes, leí ¡A toda crisis! (2010). Podría haber estado el primero del listado, pues precede a El virus Frankenstein, pero quise dejarlo aparte porque me gustó mucho.

Buscando un regalo para Juan, que ha sido despedido de la oficina por los dichosos recortes (y por pasarse el día haciendo pajaritas de papel), Luisa se topa con un vendedor muy persuasivo. El tipo la convence para que compre unos S.I.V., o fondos de inversión. La gracia es que esto no sucede en un banco, sino en un bazar de cachivaches. Los papelotes están ahí en un palé con un cartel de oferta del 99%.

Luisa cree que podría ser una buena oportunidad para su querido Juan, ya que podrá ganar un dinero mientras pasa el temporal de la crisis. Además, como dice el trajeado dependiente, es muy fácil, "ingenieria financiera pura" para cualquiera con un "carácter decidido y emprendedor", sólo hay que "venderlos a otros, o intentar cobrar su valor".

Un poco reacio al principio, pero con deudas, Juan las acepta y prueba a cobrarlas. A medida que da vueltas por el mundo y ve que todo los pagadores están endeudados, ya se huele la tostada y empieza a tirar del hilo hasta encontrar a los de siempre detrás de todo el tejemaneje. Pero ni como Superlópez puede encarcelar a nadie, pues todo entra dentro del marco de la legalidad.

Paralelamente, se nos ha ido contando la historia de Sadik Summa'd, un consultor del Banco Central de Djebana, país norteafricano ya aparecido en divinamente dibujado El castillo de arena (1992). Huye de su despacho tras un intento de asesinato. Su intento de intentar destapar el tinglado de las subprimes, lo pone en el punto de mira de demasiados intereses económicos.

Los caminos de ambos personajes se cruzarán y la historia seguirá avanzando. A diferencia de todas las historietas que vinieron después, todo encaja y está muy bien hilvanado. Superlópez deambula de una punta a otra del globo, pero no lo hace erráticamente, sino con un fin: presentar como la estafa se ha organizado a escala mundial.

Hay peleas, humor absurdo y crítica sin compasión. La acidez con la que trata el mamoneo que hundió nuestras vidas es impecable. No se puede comparar con los años dorados de la colección, pero sí que brilla con luz propia respecto a los números que lo rodean. Decididamente, ha sido una muy grata lectura; y una alegría, volver a disfrutar de Jan casi como antaño.

Siempre hemos vivido en el castillo de Shirley Jackson


No tenía ni idea de qué iba esta novela cuando decidí que quería leerla, y tampoco sé en qué momento quedó atrapada en mi cerebro. El título y la imagen de la cubierta me resultan fascinantes y misteriosos. Existe una adaptación cinematográfica de 2018 que recién he descubierto y que, probablemente, disparara las ventas de la traducción española publicada por Editorial Minúscula en 2012.

Siempre que uno compra un libro por una corazonada de este tipo, pueden pasar dos cosas: que satisfaga nuestras expectativas, o que nos decepcione profundamente. He tenido varios tropiezos en el pasado que me han hecho precavido en este sentido. Así, aunque me sentía tentado de llevármelo a casa cada vez que lo veía en una librería, refrenaba el impulso por miedo al posible chasco.

Llevaba dos años con el reconcomio cuando me lo regalaron por mi cumpleaños. Su lectura no me ha defraudado si un ápice. No ha sido el argumento que esperaba, pero tampoco creo que hubiera podido imaginar algo así. Estoy muy contento porque la historia se ajusta perfectamente a las sensaciones que la portada había inyectado en mi cabeza.

Mary Katherine y Constance viven en una gran mansión con su tío Julian, aquejado de graves problemas de salud. Katherine se encarga de la compra mientras su hermana mayor cocina y cuida de todos. Desde las primeras líneas, el relato resulta desconcertante. Así se presenta, por ejemplo, la narradora que nos va a mantener en vilo a lo largo de doscientas páginas:
Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.
Sus palabras desdibujan la linde entre la realidad y sus fantasías. A excepción de las escasas salidas de Katherine para ir al colmado y a la biblioteca, los tres viven aislados dentro del caserón, ubicado en mitad de un pueblo que desprecia cualquier cosa que lleve el apellido Blackwood. La pérdida de sus parientes no hizo más que concentrar en ellos todo el odio acumulado.

Las razones que han llevado a esta situación las conocemos a pinceladas. La luz proviene de la llama intermitente de un candelabro. Cada fragmento que vislumbramos arroja espesas y alargadas sombras, fantasmas de oscuridad en las paredes cubiertas de cuadros y cortinas. Hasta el último suspiro del libro, la inquietante atmósfera gótica desazona al lector.

Yo tuve que combinar el relato de Shirley Jackson con La dependienta de Sayaka Murata. No es que su lectura aburra o se haga pesada. Al revés, en todo momento la prosa te empuja a seguir hasta quedarte sin resuello, mentalmente agotado. Lo he disfrutado y me ha horrorizado a partes iguales. El modo de abordar una historia que no sabes por dónde va a explotar es envidiable.

Para evitar dudas: no es un relato de terror sobrenatural. Todos los presentes son humanos dominados por sus bajas pasiones. La inquina de los aldeanos hacia los Blackwood no se puede medir. Igual de imposible es comprender a las dos hermanas. Leí que Jackson escribió Siempre hemos vivido en el castillo basándose en una vivencia personal. Esto sólo hace que sea mucho más estremecedor.

Studio Ghibli 1992-1993: Porco Rosso y Puedo escuchar el mar

Porco Rosso (1992)

Si algo queda claro después de ver la mayoría de películas de Studio Ghibli es que ha sido la filmografía de Miyazaki la que ha copado el imaginario colectivo. La magia que desprenden sus historias es única. Su minuciosa y cuidada animación nos deja boquiabiertos, y sus aventuras llenas de fantasía nos alegran y nos invitan a soñar.

Esta felicidad, plasmada en coloridas estampas para el recuerdo, no carece de mensaje. Porco Rosso vuelve a cargar sin tapujos contra la guerra tal como ya hicieran Nausicaä o El castillo en el Cielo. Al estar situada en el periodo de entreguerras de 1930, no faltan las críticas y burlas hacia el pujante movimiento fascista, incluido un bobalicón con bigote hitleriano.

La película combina escenas de acción y humor con otras más introspectivas en las que el protagonista, ex combatiente de la Primera Guerra Mundial, evoca a sus compañeros caídos. La maldición que lo mantiene convertido en cerdo refleja su conflicto interior, a la vez que le confiere su rasgo más característico. El críptico final no hace más que acrecentar su figura, ya de por sí fascinante. 

Puedo escuchar el mar (Umi ga kikoeru, 1993) 

Si a TotoroNicky, la aprendiz de bruja les siguieron películas del maestro Isao Takahata, director más realista y costumbrista que Miyazaki, en 1993 llegó el turno de Tomomi Mochizuki. Pese a que en un principio el guion iba a ser asignado a uno de los dos grandes del estudio, al final se decidió dejarla en manos de un equipo más joven de artistas.

La historia es sencilla. Una nueva estudiante procedente de Tokio llamada Rikako llega al instituto de Taku y Yutaka en la ciudad costera de Kochi. Ella se encuentra desubicada y furiosa por haber tenido que dejar la capital a causa del divorcio de sus padres. Sin quererlo, Taku se verá involucrado en los problemas de Rikako, lo cual acabará trayéndole problemas con su mejor amigo.

La trama comparte similitudes con Recuerdos de ayer, pues en ambos casos un viaje en el presente es el desencadenante de los flashbacks de la juventud del protagonista. Aunque las dos tratan del paso a la madurez, Puedo escuchar el mar lo hace más centrada en el romance que en la evolución del personaje. Si bien es un excelente trabajo de animación, queda lejos de las grandes obras del estudio.

Superlópez a cholón

El virus Frankenstein (nº 56, año 2010)

Refuller D'Abastos vuelve a hacer de las suyas. Esta vez quiere sacar tajada de la pandemia que tiene al mundo entero en jaque. Obviamente, no se trata de la actual provocada por el coronavirus, sino de otra inspirada en la ola de Gripe A de hace diez años. Con la ayuda del extraterrestre Mengelele y sus "nanobichos", Refuller quiere amasar un buen botín vendiendo medicamentos adulterados. La cosa empieza a torcerse cuando la tecnología alienígena provoca mutaciones en los pacientes que la toman. La aventura y su crítica al negocio farmacéutico no vuelan mucho más alto. Tampoco lo hace Superlópez, que se pasa la trama sin saber qué hacer, dando tumbos entre Bilbao y Parchelona (Barcelona en el universo de Jan).

El mundo de al lado (nº 57, año 2011)

Juan López, identidad secreta (de aquella manera) de Superlópez, va de excursión al lago de Banyoles con Luisa Lanas y unos amigos. De camino, el coche pincha una rueda. Mientras intentan arreglarla, Juan encuentra una misteriosa puerta que conduce a otra dimensión donde la Tierra se ha convertido en un yermo al más puro estilo de Mad Max. Convertidos en esclavos, los supervivientes arrastran una especie de fortalezas sobre ruedas cuyo objetivo es encontrar el portal que los conduzca a un mundo habitable. Al igual que en el anterior, el protagonista irá sin orden ni concierto de un lugar a otro hasta alcanzar la página cuarenta y ocho. Si bien es cierto que consigue sublevar a los esclavos contra los tiranos de las fortalezas, uno acaba tan indiferente como empezó.

Elecciones en Kaxim (nº 58, año 2011)

Este tebeo supone el regreso de Kaximpo Kimpo una década después de su aparición en la trilogía de Lady Araña. A diferencia de aquella inusual historia que necesitó tres números dada su extensión (34, 35 y 36), esta se concentra en una. Y es una suerte, pues el resultado no es mucho mejor. Kaximpo vuelve a necesitar los superpoderes de su amigo para poder llevar a cabo una elecciones justas bajo la reinante amenaza de atentados terroristas dirigidos por la oposición. Aunque el héroe de la capa conseguirá que Kaximpo salga ileso, no podrá evitar que pierda. Por suerte, podrán demostrar los amaños del partido rival y organizar una nueva votación. Su resultado es desconocido, pues Superlópez se pira antes. Supongo que, como el lector, acaba hasta las narices.

El Abejón Rey (nº 59, año 2012)

Una especie de nuevo superpoderoso aparece en la ciudad. Su habilidad es un tanto especial: a base de carisma, es capaz de convencer a cualquiera de que le entregue su dinero. Lo más chocante de este álbum es el talón de Aquiles de este villano. Del mismo modo que el humo sirve para ahuyentar a las abejas, aquí es el tabaco. O sea, con la ley antitabaco de 2011 ya en vigor, un tebeo dirigido a todos los públicos muestra a su protagonista venciendo al mal a base de caladas. Sorprende, sobre todo, por ser un cómic de Jan, ya que en multitud de historietas se ha opuesto frontalmente a las drogas y a las adicciones. Es más, en algunos momentos parece que hasta expone argumentos a favor de los fumadores. Fuera de esta curiosidad, el guion sigue la mismo línea sosa de los anteriores.

Asesinato en el Toral Exprés (nº 60, año 2012)

Con la novela de Agatha Christie de fondo, Jan ficcionaliza un acontecimiento real. Desde 2002, se celebra cada junio en Toral de los Vados (León) la iniciativa "Toral en tren". Un de sus actividades más destacadas es el viaje desde la estación del municipio, abierta desde 1883, hasta una localidad cercana con todos sus viajeros vestidos con trajes de época. En este caso, Superlópez acaba en este trayecto de casualidad, y justo cuando ha habido un asesinato. El problema de toda la trama es que hay un desajuste entre el punto de vista del personaje y del lector. Nosotros sabemos desde el principio que todo es una pantomima, pero el protagonista se cree, sin venir mucho a cuento, que se encuentra en una especie de tren fantasma. Después de todo lo que ha vivido, una locomotora espectral es lo último que le va a sorprender, pero considero que hubiera sido más entretenido haber mantenido la duda hasta el final. Tal como está contado, vemos a Superlópez montándose una película que no conduce a ningún lado.

Asalto Al Museo (nº 61, año 2012)

Al igual que en el anterior, Jan se inspira en la realidad, enmarcando la historia en el interior del museo etnográfico de Ripoll. Todo comienza el día en que Juan, junto con Jaime y Luisa, asoma la cabeza para hacer turismo en la capital gerundense, justo el mismo día que Al Trapone y Refuller tienen decidido perpetrar sendos robos en la institución. No es una gran aventura, pero me gustó mucho más que la anterior. Sobre todo, porque disfruté mucho con las ilustraciones. Es increíble con qué detalle Jan captura cada una de las vitrinas y los elementos que contiene. Me resultó tan entrañable como cuando leí El secreto de la biblioteca, también enmarcado en Ripoll, pero en este caso en la biblioteca Lambert Mata. De todos, el que más he disfrutado.

Los Recorta Planetas (nº 62, año 2013)

Tras un par de números asentados en nuestro planeta, Jan vuelve a apuntar al espacio con una raza alienígena gigante que se dedica a sustraer porciones de planetas para venderlas a sus congéneres. La idea me gustó mucho, pero el desarrollo la malogra. No puede ser que la Tierra reciba un tajo del tamaño del Mediterráneo y Superlópez siga tan pancho, más cuando Luisa ha desaparecido. Cabe decir que su subtrama podría haber estado muy entretenida si la inspiración hubiera estado más presente. Y es que la novia eterna de Juan López acaba como mascota de una niña alienígena, una situación que me recordó (salvando las distancias) al final del manga Gantz, donde sucede algo similar.

El Ladrón Del Tiempo (nº 64, año 2013)

Saltándome el álbum 63 del regreso del Supergrupo, que comentaré en otra entrada, el tercer tomo de 2013 fue nada más y nada menos que un crossover con la serie de Doctor Who. El malvado (e inútil) Escariano Avieso convierte con sus circuitos escarolitrópicos gmnésicos una caseta de transformación eléctrica en una máquina del tiempo. Su misión es la de robar enseres de Franco, Mussolini y Hitler para venderlos en el presente por una millonada. En sus viajes temporales se topará con el doctor Who... y una cabra. Aparecen muchas referencias a la serie británica, todas con el nombre modificado (Tardanis, Traleks,...). No tiene ni pies ni cabeza, pero resulta original cómo se modifica el presente con cada hurto del profesor Avieso.

El Gran Desahuciador (nº 65, año 2014)

La crítica a los desahucios masivos queda refrendada al comienzo de este cómic con una cita de la propia Ada Colau. Si bien es un tema delicado, Jan se atreve a incluir algunos chistes bastante negros. En un par de ocasiones, Superlópez salva a dos suicidas que le dicen de todo menos gracias. Por si fuera poco, su álter ego se ve casi obligado a cobijar bajo su techo a todos los que se quedan en la calle, con los dolores de cabeza que conlleva. Sin duda, de ser un tebeo de los de antaño, las bromas no hubieran tenido desperdicio, pero estamos lejos de aquellos tiempos, y el guion es plano y repetitivo. Tras muchas idas y venidas, se descubre que el Gobierno de España está compuesto por extraterrestres infiltrados que desean la extinción de la Humanidad. Sin embargo, la solución al problema no puede ser más realista: si no queremos más desahucios, tendremos que expulsarlos con nuestro voto. Desde luego, parece tarea más complicada que soltar unos cuantos mamporros.

La montaña de diamantes (nº 67, año 2014)

Después de otro álbum del Supergrupo, el héroe de Parchelona desciende del espacio para volver a la Tierra, más concretamente al continente africano. La trama se desarrolla sin él durante quince páginas, a lo largo de las cuales se describe con terrible exactitud, y también unas gotas de humor negro, las espeluznantes condiciones de los esclavos de una mina de diamantes. Por si fuera poco, Al Taeda, trasunto de ya sabemos qué grupo terrorista, secuestra a unos misioneros de la zona entre los que se encuentran personajes ya conocidos como Ramonet, Sor Infortunio o Hamed. Superlópez deja su amado trabajo en la oficina haciendo pajaritas de papel para salir al rescate de sus amigos y, más tarde, de todos los pobres explotados en la mina. A diferencia de otras veces, su presencia está bien dosificada, y su orientación es más acertada. Si bien es un excelente retrato de la inestable situación política de África, y su lectura no resulta tan tediosa, la historia sigue careciendo de la chispa de antaño.

Super Humor de Superlópez nº 19

Tras las ganas que me dejó el número 21, me compré el Super Humor nº19  de Superlópez. Contiene las historietas de El trastero infinito, El Supergrupo contra el Papa Cósmico y Menguante, siendo la última la peor. Carece de chispa y volvemos a tener al héroe deambulando sin mucha orientación, con pocos chistes y poca acción. Se le podía sacar mucha más punta a la idea de encoger de tamaño a Superlópez.

El trastero infinito tampoco rebosa carcajadas, ni el tema es original, pero, como mínimo, no te deja tan indiferente como Menguante, cuya historia no conduce a ninguna parte. Aquí unos extraterrestres dejan el planeta Tierra sin internet, y, como era de esperar, la gente se vuelve lela perdida. A nuestro héroe ni le va ni le viene el asunto hasta que se da cuenta de que se ha quedado sin el fútbol de la tele por cable.

A diferencia de la anterior, el argumento de ésta progresa, no es estático. El protagonista descubre quienes son los responsables del apagón digital, y viaja hasta su planeta de origen para derrotarlos. Allí, sin embargo, descubrirá la tragedia de su civilización. Aunque no sea una historieta brillante, cuenta algo y reflexiona sobre ello. A mí, personalmente, me gustó.

Pero si debemos hacer un ranking de preferencias, tengo claro que vuelve a subir a lo más alto del podio la del Supergrupo. Las nuevas colaboraciones de Jan con Efepé traen de vuelta las peleas y los chistes, sin dejar de lado la crítica. Efepé denuncia con acidez a los chanchullos eclesiásticos para inmatricular todo terreno o edificio que se le cruce por delante.

Me he reído mucho leyendo El Supergrupo contra el Papa Cósmico, cosa que hacía demasiado tiempo que no me pasaba con un tebeo de Jan. Efepé y él pegan unos palos maravillosos, y los sueltan con una mezcla de ironía y mala baba que no tiene desperdicio. Está claro que me compraré más cómics en los que colaboren ambos.

Studio Ghibli 1988: Mi vecino Totoro y La tumba de las luciérnagas

Después de su primera creación, Studio Ghibli quiso dejar claro la diversidad de temas que estaban dispuestos a tratar y, en 1988, sacó dos películas diametralmente opuestas la una de la otra. Consiguió que ambas quedaran grabadas en la memoria de los espectadores, pero también por razones muy distintas. A día de hoy, una es fuente de felicidad, mientras que la otra causa una pena inconsolable.

Su estreno fue conjunto, llegando incluso a haber sesiones dobles enfocadas al público infantil. La combinación no funcionó, y generó rechazo. Si bien Mi vecino Totoro vendió y sigue vendiendo ingentes cantidades de merchandising, mencionar La tumba de las luciérnagas es casi un tabú: provoca tal impacto emocional, que la gente prefiere no hablar de ella.


Mi vecino Totoro
(Tonari no Totoro, 1988)

Hayao Miyazaki trajo a la vida esta maravilla que tantas sonrisas ha regalado. Puede que yo la viera de pequeño, o puede que la tenga grabada por la infinidad de referencias y muñecos que hay en cualquier charla o texto sobre anime. Fue tal el éxito que Totoro se convirtió en el logo oficial de Studio Ghibli. Su nombre es fruto de una pronunciación errónea de Tororu (trol en japonés).

Es una obra preciosa y tierna, pero confieso que me dormí. Se me hizo lenta, y no me pareció tan divertida como esperaba. En el fondo, es una historia llena de melancolía sobre dos hermanas que se mudan al campo con su padre mientras esperan que su madre vuelva del hospital. Es ahí, rodeadas de la Naturaleza que tanto venera Miyazaki, donde se hacen amigas del feliciano espíritu del bosque.

Lo gracioso es que Totoro no aparece demasiado a lo largo del metraje. Uno esperaría verlo en casi todo momento, siendo una pieza clave y activa en la trama. Pero, en el fondo, lo más que hace es levantar el brazo para pedir el autobús (aunque menudo autobús). El resultado es un bonito relato con unos diseños llenos de mimo e imaginación que, sin duda, supieron y saben cautivar al público.


La tumba de las luciérnagas
(Hotaru no Haka, 1988)

En el otro lado de la balanza está La tumba de las luciérnagas. Pese a que les gustó, ni mi suegra ni mi pareja piensan volver a verla. Las opiniones considerándola "una de las películas más tristes de la historia del cine" son legión. Ante tales comentarios, uno se prepara lo mejor puede. Pero aunque le di al play con la guardia en alto y el corazón lleno de cemento, nada más empezar besé la lona.

La primera escena es un puñetazo cruel de realidad. Sin sangre, con una espeluznante normalidad y calma, conocemos, primero, a Seita y, luego, a Setsuko, su hermana menor. Ambos tendrán que apoyarse el uno en el otro para encarar las adversidades que les esperan durante la Segunda Gran Guerra. Es una bella historia de amor fraternal, y una sentida carta de desprecio hacia el conflicto.

Isao Takahata, el otro genio junto a Miyazaki, escribió y dirigió este duro guion basándose en la novela homónima y semiautobiográfica de Akiyuki Nosaka sobre los bombardeos de Kobe. No era complicado que nos hiciera llorar contando que sobre sus espaldas descansan series tan míticas como Heidi o Marco. Sinceramente, dudo que pueda borrar muchas de sus escenas de mi cabeza.