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Jurassic World: El renacer con tufo a fiambre [SPOILER]


Jurassic World: El renacer
(Jurassic World: Rebirth, 2025)

Con el reclamo (en mi caso) de Scarlett-Johansson y (en el caso de mi pareja) de los dinosaurios, fuimos a ver la última entrega de la saga iniciada por Spielberg en 1993. Gracias a mi pareja sé que los dos dinosaurios más exitosos de la franquicia, el T-Rex y el velocirraptor, pertenecen al Cretácico Superior, un periodo que se inició más de cuarenta millones de años después del fin del Jurásico.

Si Jurassic World fue un reboot entretenido que se malogró en las posteriores entregas, cabe decir que este reinicio pinta mal desde el comienzo. Cinco años después de los sucesos de Dominion, la moda de los bichos antediluvianos se ha ido al garete. Descontando a los ejemplares encerrados en zoos, la mayoría se encuentra en la línea del ecuador, único ecosistema en el que se dan las condiciones para su supervivencia.

Una empresa farmacéutica pretende viajar allí para conseguir muestras de sangre de los animales con el propósito de crear un nuevo tratamiento contra dolencias cardíacas. Las prohibiciones gubernamentales restringen el acceso (de aquella manera, porque luego cruza por ahí todo quisqui) y por eso acuden a la Johansson, una "experta en operaciones encubiertas" con una musculatura también encubierta.

Los personajes no son planos, que es lo esperable en una peli de acción, es que directamente carecen de personalidad. Saben a galleta de arroz dietética. Ya nadie tiene vicios, ni hay cojos o tuertos, y la masa corporal de todos ellos respeta el rango del IMC entre healthy y fofisano. Están diseñados para no ofender.

Claro ejemplo es la familia que pasa por allí cuando están persiguiendo a un mosasaurio. Es un padre con sus dos hijas, y el novio de la mayor, que se nos presenta como un zángano insoportable. Se crea la expectativa de que va a haber un conflicto gracioso entre el padre y el adolescente. A la media hora el padre le felicita al chaval por salvar a su hija y le pide que se respete, que él vale mucho.

Pues muy bien, deconstruimos el estereotipo del inútil recordando el complejo caleidoscopio que es la personalidad humana, y convertimos una dinámica entretenida y tópica en una acelga. Al menos, nos quedarán los dinosaurios, ¿no? Con lo que han avanzado los efectos especiales, deben ser un portento técnico. Pues, el que no tiene piel de rana, tiene cola de lagartija, o parece un descarte de Alien.

Sobretodo, molesta la incorporeidad de esta fauna digital. El ejemplo más claro es la escena del campo con hierbas de metro y medio. No se ve nada. No se oye nada. De repente, se alza una pareja de titanosaurios haciéndose caricias. ¿Cómo, dónde estaban? Otro: un bote salvavidas se infla automáticamente, en vertical, y oculta a un Tiranosaurio. Cuando cae al agua el monstruo ya no está.

Los dinosaurios aparecen y desaparecen como si se tratará de un espectáculo de David Copperfield o del Mago Pop. Y los cacareados mutantes, llamados "mutadones" en la película (vaya tela), son tan feos como sosos. Los unos parecen los dragones que le encargaron al becario de Juego de tronos, y el otro ni siquiera pasó el corte de Prometheus, que ya es decir.

Al final no hay pelea, ni huida frenética. Sólo pena por el deforme y solitario Distortus Rex y por el dinero tirado a la basura. Muchas escenas son refritos de la original de Spielberg, sin la magia ni la fuerza narrativa de este, y lo que parecía ser un sacrificio sin sentido acaba siendo un superviviente sin dinero y sin tripulación. ¿La conclusión? Las farmacéuticas son malas, y a correr.


Funko Pop del Distortus Rex

Joc brut de Manuel de Pedrolo

Allá por los 90, en el instituto, poco sabíamos del torrente de obras que había llegado a escribir Manuel de Pedrolo. Sólo lo conocíamos por el libro que nos había fascinado a todos: El mecanoscrit del segon origen. Creo que era de las pocas lecturas que habían unificado positivamente el criterio de los estudiantes.

En la librería de segunda mano de la Associació Llibre Solidari Sabadell (Sant Pere, 49) tienen un par de estanterías con las editoriales que suelen o solían editar las lecturas de las asignaturas de lengua en el colegio. Una de ellas en Edicions 62 para la asignatura de catalán. Hay una decena de ejemplares de cada título. Ninguno de ellos es El mecanoscrit.

Había otro de Pedrolo, que nunca estuvo en mi programa académico, y que por la cantidad no debió gustar mucho. No sé muy bien por dónde empezar con Joc brut (Juego sucio), porque no quiero cometer el mismo error que el estudio preliminar de la novela. El texto está dirigido a estudiantes de secundaria, y explica de modo claro y sencillo el contexto tanto de la época como de la obra del autor.

Pero a dos páginas de terminarlo, te destripa la trama. Tenía sospechas de que pudiera hacerlo, pero me confié porque me estaba resultando muy útil. La narración empieza con la parte titulada "El projecte" (El proyecto) y narra el encuentro de un hombre con una mujer. Este hecho aparentemente fortuito dará pie a "Els fets" (Los hechos), "La recerca" (La búsqueda) y "Les explicacions" (Las explicaciones).

Los títulos de las cuatro partes en las que se divide la historia dan una idea de los derroteros por los que puede transitar, y aún así resultan lo bastante enigmáticos para despertarte el interés. Toda la novela está narrada en primera persona desde el mismo punto de él. La muchacha resulta enigmática, y lo poco que sabemos de ella es a través de sus interacciones con el protagonista.

A día de hoy, la turbulenta relación que mantienen es inaceptable para un currículo educativo, y hasta choca pensar que alguien decidiera incluir el libro. Sin embargo, es envidiable cómo Pedrolo logra encadenar las palabras y los sucesos para que no puedas dejar de pasar página, con un catalán delicioso que equilibra la calidad literaria con el habla cotidiana.

Es una lectura breve, agradable y amena. De no haber sido traicionado por el maldito estudio preliminar, mi imaginación hubiera volado hacia terrenos más inesperados y fatídicos, y la habría disfrutado más. Sin embargo, el número de volúmenes donados a la librería deja claro que la opinión de los alumnos de bachillerato dista mucho de la mía. Por suerte, siempre nos quedará El mecanoscrit.

Jan: del fin de Superlópez al comienzo de Rich Tex Format

Y llegó el final de Superlópez. Sin festejo ni alharacas. El Super Humor que contiene su última aventura ni tiene un número redondo (23), ni completa siquiera el tríptico habitual. El espacio de la tercera historieta lo cubre una recopilación de portadas de la revista Superlópez (1987-1990). Ni el prólogo del gran Antoni Guiral consigue colorear esta despedida gris.

¿Alguien podría imaginar que la última historieta de Superlópez se titularía Sueños frikis? Y no es ni siquiera la mejor, trofeo que se llama Juegos de ballenas. Ya había leído que Jan estaba cansado del superhéroe y que, de hecho, el personaje le limitaba. Sólo era un medio para tratar los temas sociales que le preocupan como el bullying escolar o la adicción a las redes sociales.

Entiendo que hace mucho que las ventas ya no son lo que eran, y por suerte ha conseguido que otras editoriales (Amaníaco, DQómics) se hayan interesado no sólo por rescatar antiguos trabajos suyos (Don Talarico, Cab Halloloco), sino de publicar nuevos. Una de estas novedades serían Las futurísticas aventuras de Rich Tex Format, cuyo primer álbum se titula Deikoon.

Si bien, mirando las portadas antiguas incluidas en el Super Humor y las nuevas, podemos afirmar que Francisco Ibáñez siempre ha estado una liga por encima en cuanto a densidad de chistes por página, es innegable que la calidad de Jan se mantiene mientras que la del padre de Mortadelo ha decaído (normal, por otra parte). Escenarios, entintado, coloreado, perspectivas,... Jan sigue intratable.

Los guiones son otro cantar. Aunque hay que decir que Juegos de ballenas no me disgustó, sí lo hizo Sueños frikis, que no tiene un desarrollo coherente (o yo no capto los guiños que hace al género fantástico). Por su lado, Deikoon presenta una aventura de ciencia ficción entretenida que no se aleja demasiado del tono de Superlópez.

Siendo tal vez un pelín más seria, y sin el lenguaje inventado que pulula todos los bocadillos de Superlópez ("Parchelona", "tainilla", "malmendras"), que personalmente me agota, se lee de un tirón. El nuevo protagonista no tiene superpoderes, pero tiene dinero. Curiosamente, es un rico machista y de pensamiento conservador que no llega a resultar desagradable.

Su diseño concuerda con el galán del cine clásico. Es noble pero su principal motivación son las mujeres y los números en su cuenta corriente. Conociendo a Jan, este perfil descuadra con su ideología. Sin embargo, sabe conducir el guion y al personaje para tratar temas como la desigualdad de clases, la explotación laboral o la violencia contra las mujeres.

Algo triste por el descafeinado adiós a Superlópez, con la pequeña esperanza de que se haga un último volumen de homenaje dibujado por otros autores, la pena se me pasa al ver el buen estado de salud artística en el que se encuentra Jan. La atención y los encargos de editoriales jóvenes parecen haber revigorizado al autor, que no deja de publicar. Aquí espero yo con los brazos abiertos.

Junil a les terres del bàrbars de Joan-Lluís Lluís

Hace tiempo leí Xocolata desfeta de Joan-Lluís Lluís, una versión en catalán de Exercices de style de Raymond Queneau. Era un librito breve y totalmente experimental que explicaba la misma anécdota 123 veces utilizando diferentes estilos, géneros, lenguajes y recursos literarios: desde el guion de telenovela al versículo bíblico, del haiku al cuento de terror, del lipograma al caligrama.

Aquel libro me pareció maravilloso, de los más novedosos, refrescantes y divertidos en lengua catalana. Una década después sin leer nada suyo, pero con el recuerdo fresco, busqué entre las casetas del Sant Jordi su decimoquinta obra publicada. Lo encontré y le pedí a mi pareja que me lo regalara. Ya había leído el comienzo en internet y lo quería.

El principio de Junil a les terres del bàrbars te regala un bonito juego metaliterario del texto que se sabe letra. Los capítulos cortos empujan a una lectura que busca pisar el acelerador. La huida de la joven Junil con dos esclavos de las garras de su padre prometía una aventura con giros originales como, tal vez, la saga de la detective Thursday Next del británico Jasper Fforde.

Pero no. El inicio es un espejismo. Su ambientación en la Antigua Roma supone un viaje fallido en el tiempo. El comportamiento y el pensamiento de los personajes sigue siendo de época actual. De haber optado por el género fantástico en lugar del histórico sus anacronías no se comportarían como un despertador de campana en una sesión de hipnotismo.

La falta de profundidad del elenco protagonista y la falta de empaque de la narración hacen que se sienta como una novela juvenil de aventuras en una oficina. En este controlado universo naif e inverosímil, todos son demasiado amables. El arriesgado periplo se convierte en un paseo por el campo que, encima, disimula mal sus intenciones didácticas de escuela secundaria.

Es como esos libros que buscan inculcar en los jóvenes el amor por la lectura con los mismos métodos que fracasaron con sus padres. La reflexión sobre la lengua, la literatura y la traducción es forzada y está mal resuelta. La facilidad con la que personajes de distintas culturas acaban tendiendo puentes lingüísticos entre sí es ridícula. Se habla de oralidad y escritura como si la gestualidad no existiera.

La rapidez de este aprendizaje se ajusta a las necesidades de una trama que salta torpemente los baches que ella misma se crea. Nada llega naturalmente, todo es burdamente explicitado por la voz narrativa. Es algo común en los escritos de autores noveles que empiezan a desarrollar una idea sin el andamiaje necesario, pero no tanto en novelistas con catorce obras a sus espaldas.

Me ha decepcionado tanto como me ha aburrido. Su final deja la puerta abierta a una secuela que podría suceder gracias a las buenas ventas del libro. Dudo que siga los futuros pasos de Junil porque no me ha interesado su búsqueda ni lo que ha encontrado en ella. Ojalá los juegos metaliterarios hubieran tenido un mayor papel, y el pésimo argumento no hubiera desbancado al experimento formal.

Juegos de puzles para móvil: Cups y Block! Hexa Puzzle!

Block! Hexa Puzzle! y Cups son dos juegos de puzles para móvil que me han tenido enganchado durante mucho tiempo. Ambos son gratuitos con anuncios y en ambos he pagado para quitarlos: 1,99€ con el primero, y 1,49€ con el segundo. Por menos de dos euros, he podido disfrutar de un par de juegos prácticamente infinitos ideales para los trayectos diarios en tren.

Block! Hexa Puzzle! consiste en rellenar una figura compuesta de celdas hexagonales con piezas de distintas formas. Cada nivel tiene 80 rompecabezas y, desde que empezara a jugarlo en 2017, no han dejado de añadir más contenido. Actualmente, cuenta con 52 niveles, es decir, 4160 puzles, junto con retos diarios y una nueva modalidad llamada Rotate.

El nuevo modo de juego se compone de 10 niveles con cien pruebas cada uno. La idea es la misma que en el modo original con el añadido de que puedes girar las piezas. Esto lo hace considerablemente más difícil, pues el número de combinaciones aumenta considerablemente. En el modo normal, la exigencia no es muy elevada, pero confieso que he llegado a encallarme más de una vez.

No poder resolver un rompecabezas significa que no puedes avanzar en el nivel. Esto te obliga, o a cambiar de nivel, o a pagar por pistas. Cierto es que antes, por completar cada puzle, te regalaban estrellas que podías canjear por soluciones, pero ya no es así. Desde que lo comprase hace cuatro años, el juego se ha vuelto mucho más agresivo con los micropagos.

Cada dos por tres promociona sus monedas virtuales para obtener pistas, con molestos avisos animados. Aunque da la posibilidad de conseguirlas sin pasar por caja viendo vídeos publicitarios, ya no tiene sentido pagar por quitar los anuncios, pues siguen incordiándote igual. Esta ha sido una de las razones por las que he ido abandonándolo poco a poco, sin menoscabar lo mucho que me ha entretenido.

La otra razón por la que me he desenganchado de él, ha sido porque he encontrado otra droga. Las horas que ya no le dedico a Block! Hexa Puzzle!, las invierto en Cups, un juego que conocí por mi pareja. Después de Animal Crossing: New Horizons, Cups ha sido mi segundo pozo de horas durante el confinamiento. Por razones obvias, donde he jugado más ha sido en casa y no en el tren.

Antes de caer de lleno en el juego, empecé con Ball Sort Puzzle, que sigue la misma idea: debes ordenar por colores las pelotas que hay dentro de unos vasos tubulares. Sin embargo, este es más simple y más repetitivo. En Cups son líquidos de colores lo que debes organizar, y a medida que avanzas se añaden elementos que cambian la manera en que debes resolver el rompecabezas.

Hay grifos, hay vasos con tapa, hay muros de piedra con tuberías, hay vasos que sólo sceptan un color e, incluso, vasos en que el orden de los líquidos se invierte pasado cierto número de turnos. También existe un número limitado de movimientos que te permiten conseguir la puntuación máxima de tres estrellas. En caso de superarlos, la puntuación baja a dos o una estrellas.

Como en Block! Hexa Puzzle!, solucionarlos es asequible. El problema llega cuando debes hacerlo en el número de trasvases requerido. Un error en una serie de cincuenta te estropea el resultado. Da mucha rabia cuando llegas al final y te quedas a un movimiento de lograrlo. Sin los anuncios la experiencia es agradable, pues no te atosiga con anuncios de monedas, pero tiene pinta de que la cosa cambiará.

Antes conseguías 150 piezas por puzle resuelto con tres estrellas, ahora 105. También te ofrecer ver anuncios para conseguirlas, pero la recompensa que te toca ahora puede variar, mientras antes era fija. Por suerte, esas monedas no son para pistas, sino para añadidos estéticos: fondos y nuevos diseños de vasos. Esperemos que no rompan la experiencia abusando de ello.

Al final, juegos como estos dos hay muchos. Pero tanto el apartado artístico como el rendimiento me han convencido. Recuerdo que el de Ball Sort Puzzle solía colgarse a menudo. Además, los van ampliando, y a veces añaden eventos y diseños especiales en fechas destacadas. Sea como sea, me han salvado de matar a más de uno en la Renfe o durante la pandemia. Doy gracias por ello.

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Joe and Mac Caveman Ninja, nostalgia prehistórica


Joe and Mac Caveman Ninja es, para mí, un clásico de mis años de colegio, y no porque lo jugara con fervor. De hecho, creo que no lo eché ni una moneda. Recuerdo que delante del colegio había una bar con una recreativa del Street Fighter II. Y, luego, en otro acodadero de cervezas y colillas del barrio, no sé precisar cuál, había otra máquina con el juego de los cavernícolas.

Ambos se me quedaron en la memoria, junto con mis ganas de jugarlos. Tanto es así que llegué a pedir a mis padres que me compraran la Super Nintendo por Navidades para poder pelear con Ryu, Chun-Li y compañía. La ironía es que, cuando llegó el día de pasar por caja, me decidí por otro de Dragon Ball. La peor elección de mi vida. Cómo me aburrí con aquel juego.

Super Mario WorldDragon Ball Z: Super Butōden compusieron mi exclusivísima colección nintendera. No hubo más. Sin duda, mi afición por los videojuegos ha ido a la par con mis habilidades. Mucho más tarde, terminada la universidad, descubrí los emuladores para PC y me volví a enganchar. Así, conseguí pasarme el Super Mario 64 y reencontrarme con los disparates de Joe y Mac. 

Pese a que el juego contiene buenas dosis de humor a base de rostros desencajados, anacronías descacharrantes y toques picantes, fue un reencuentro frustrante. No pasé de la cuarta pantalla y no me animé a seguir intentándolo. Tuvieron que pasar varios años para que una oferta en Switch que prácticamente lo regalaba me invitará a intentarlo de nuevo. 

Lo gracioso es que esta vez lo superé sin demasiados obstáculos. La razón está en que hasta el día de hoy no sabía que en el juego existía el doble salto. Cuando ataqué en su día el juego pirata, había veces que llegaba a los sitios y otras no, y no sabía por qué. Creía que no ajustaba bien el brinco del cromañón y, sencillamente, me despeñaba por torpe.

Tampoco voy a sacar pecho. Está claro que si lo he superado es porque ahora existe el autoguardado y no tengo que preocuparme demasiado por las vidas. La versión de Switch no es mucho mejor que aquella ROM que ya perdí de vista a saber en qué pila de cedés. Es bastante cutrilla pero, por un precio irrisorio, he tenido la posiblidad de volver a controlar a la pareja de gañanes.

Como he dicho, lleva el humor por bandera. Tiene muchas japonesadas, y las muecas de los personajes son puro Chicho Terremoto. El objetvo es sencillo: los neandertales han secuestrados a las mujeres de la aldea y la pareja de forzudos en taparrabos deben recuperarlas. Por el camino encararán a otros trogloditas, pero tambén a pterodáctilos, tiranosaurios, peces prehistóricos y plantas carnívoras.

Pese al mucho cariño que le tengo, y lo gracioso que me resulta, el juego es muy breve. Creó que lo finiquité en media hora. Tampoco ha recibido ninguna mejora para su estreno en la portátil de Nintendo, y se ve regular. Esto no quita que si uno lo encuentra de oferta, menos de dos euros en mi caso, no valga la pena y echarse unas cuantas carcajadas llenas de nostalgia.

Julio Verne: ecologismo y buen yantar

Al día siguiente, 12 de abril, durante el día, el Nautilus se aproximó a la costa holandesa, hacia la desembocadura del Maroni. Vivían en esa zona, en familia, varios grupos de vacas marinas. Eran manatís que, como el dugongo y el estelero, pertenecen al orden de los sirénidos. Estos hermosos animales, apacibles e inofensivos, de seis a siete metros de largo, debían pesar por lo menos cuatro mil kilogramos. Les hablé a Ned Land y a Conseil del importante papel que la previsora Naturaleza había asignado a estos mamíferos. Son ellos, en efecto, los que, como las focas, pacen en las praderas submarinas y destruyen así las aglomeraciones de hierbas que obstruyen la desembocadura de los ríos tropicales.

—¿Sabéis lo que ha ocurrido desde que los hombres han aniquilado casi enteramente a estos útiles animales? Pues que las hierbas se han podrido y han envenenado el aire. Y ese aire envenenado ha hecho reinar la fiebre amarilla en estas magníficas comarcas. Las vegetaciones venenosas se han multiplicado bajo estos mares tórridos y el mal se ha desarrollado irresistiblemente desde la desembocadura del Río de la Plata hasta la Florida.

Y de creer a Toussenel este azote no es nada en comparación con el que golpeará a nuestros descendientes cuando los mares estén despoblados de focas y de ballenas. Entonces, llenos de pulpos, de medusas, de calamares, se tornarán en grandes focos de infección al haber perdido «esos vastos estómagos a los que Dios había dado la misión de limpiar los mares».

Sin por ello desdeñar esas teorías, la tripulación del Nautilus se apoderó de media docena de manatís para aprovisionar la despensa de una carne excelente, superior a la del buey y la ternera. La caza no fue interesante porque los manatís se dejaban cazar sin defenderse. Se almacenaron a bordo varios millares de kilos de carne para desecarla.

Julio Verne


Jojo Rabbit de Taika Waititi

Jojo Rabbit (2019)

Leo en internet críticas muy positivas acerca de la película, y conocidos que han ido a verla las secundan, pero tanto a mi pareja como a mí nos pareció irrelevante. ¿Qué aporta Jojo Rabbit a tan recurrido tema? Taika Waititi, el director de la genial What we do in the shadows y de la no tan atinada Thor: Ragnarok, ha rodado una peli de nazis a lo Wes Anderson sin chispa.

Un joven ario tiene al Führer en un pedestal. Apuntado a las Juventudes Hitlerianas, hará todo lo posible por acabar con todos esos malvados judíos con cuernos demoníacos. Como es de esperar, los acontecimientos harán que la fe del pequeño Johannes Betzler, alias Jojo, empiece a resquebrajarse cuando descubra que su líder no es tan chachi como lo pintan.

Pese a la dureza del tema, al que nos hemos acabado inmunizando a base de cansinas y patrióticas películas made in Hollywood, Waititi rueda una comedia simpática que se esmera en remarcar que no banaliza la tragedia. Este cortapisa moral ya coacciona mucho la carcajada, alejada de la caóticas locuras de Anderson.

La idea de que el protagonista tenga como amigo imaginario a Hitler podría haber estado más inspirada, pues acaba resultando casi tan sosa como la actuación de Scarlett Johansson con su falso acento teutón. El más gracioso es Sam Rockwell en la piel del inútil capitán Klenzendorf, un papel que, desgraciadamente, no se diferencia mucho de tantos otros que ya ha hecho.

Tras casi hora y cincuenta minutos no encontramos la ácida sátira que esperábamos. El repertorio cómico carece de agudeza y llega a repetir el manido chiste del saludo de Hail Hitler. Ni cinematográficamente ni argumentalmente destaca. Queda a años luz de lo que consiguió Roberto Benigni con La vida es bella.

Juventud y vejentud: Mujercitas y Red 2

Mujercitas (Little women, 2019)

Se han rodado varias versiones del clásico de Louisa May Alcott, pero todavía no había visto ninguna. Creo recordar, con niebla en las neuronas, algún episodio de la serie de animación en la tele. No sé qué edad tendría. Hay relatos que, en base a su popularidad, son tan mencionados en los medios que llegamos a dar por hecho que nosotros mismos los conocemos.

Tras ir al cine, me queda claro que la historia de las cuatro hermanas March no estaba en registrada en mi base de datos. Es un drama de época, de gente tan buena que puede resultar inverosímil. A diferencia de sus predecesoras, la trama abandona la linealidad. Saltamos atrás y adelante en el tiempo de un modo casi natural. 

La directora de Lady Bird, Greta Gerwig, consigue así mostrar de un modo diferente un guion que muchos tienen ya aprendido. La fotografía es preciosa, muy colorida, y el elenco actoral está fantástico. Cierto es que la primera mitad se hace aburrida, pero pasado el ecuador te quedas agarrado a la butaca con el corazón en un puño.


Red 2 (2013)

Una vez vi la primera, quise ver su secuela ipso facto. Cosas de la vida, cuatro años después, y con fecha límite para su retirada de Netflix, por fin lo hice. ¿El resultado? Una decepción enorme. Ni me he reído, ni la acción me ha entretenido, ni he dejado de pensar que era una tontería como un piano. Eso sí, he descubierto que está basada en un cómic de Warren Ellis y Cully Hamner.

Hay cosas demasiado ridículas. Contratan a un "súper" asesino para matar al prota. Se refieren a él como "el mejor francotirador del mundo". Pues bien, con una Minigun, una ametralladora que tiene una cadencia de entre 3000 y 6000 balas por minuto, no acierta el objetivo, ¡que se encuentra en la acera de enfrente! ¡Y el resto de la peli se la pasa haciendo artes marciales! ¡Pero, pero...!

Así, hay miles. Resaltaré sólo que el personaje de Willis hace de maridito tan sobreprotector que da asco. Aunque tampoco es que a su joven mujercita la dejen brillar mucho, pues da bastante vergüenza ajena. Malkovich, igual que el resto, ha ido a recoger el cheque. Comparada con la de Robert Schwentke, esta continuación me ha parecido un despropósito injustificable.

Jugando a la Switch en 2019

La Switch invita a jugar más que la Wii U. Si te apetece, la coges o pulsas el botón de encendido y, ¡puf!, instantáneamente, puedes empezar a disfrutar. Todavía me quedan juegos en la Wii U, pero al menos ya concluí Resident Evil Revelations y Typoman, que los tenía a medias.



El juego al que más horas le he echado ha sido Super Mario Maker 2 en verano. Me pasé el modo historia, muy entretenido, y me perdí en el editor de niveles. Diseñarlos me parece divertidísimo. El problema es que uno se complica y acaba creando niveles que uno mismo no puede superar. Es un poco frustrante que los niveles subidos no tengan visibilidad más allá de los primeros días.



Me regalaron This War of Mine este 25 de diciembre, y he tenido que apartarlo porque un día estuve viciándome hasta las 5 de la madrugada. El objetivo es que tu grupo de civiles sobreviva a la guerra. Para ello, debes conseguir alimentos, preparar el refugio, decidir a quién ayudas, negociar,... Es un juego emocionalmente desgarrador, pues hay que tomar decisiones delicadas. Mis tres partidas fallidas me han dejado claro que, es caso de conflicto bélico, tengo poco futuro.



Estuve esperando varios meses la edición física de Gris a cargo de Special Reserve Games, empresa encargada de publicar ediciones limitadas en cartucho de videojuegos que únicamente se venden en digital. El juego es una preciosidad, pero también me parece muy aburrido. Me forcé a seguir avanzando con él, pero, finalmente, desistí.



Aunque en Switch los gráficos de Unravel Two no lucen tan bien como los de Yoshi's Woolly World, lo cierto es que las mecánicas con la lana están muy bien pensadas. Este juego cooperativo te enfrentará a puzles que deberás solventar con la ayuda de tu compañero. También se puede jugar solo, pero para mí pierde la gracia. A mí pareja y a mí nos está resultando muy entretenido.



Otro juego bonito, bonito. Y original. The gardens between transporta a sus dos protagonistas a través de islas de recuerdos donde, usando la habilidad de retroceder y avanzar en el tiempo, deberán conseguir llegar al centro donde recuperar el destello de la memoria. No es difícil, pero sí que me he quedado encallado más de una vez.



Mi último acierto ha sido Pikuniku. El juego no sólo tiene una estética divertidísima, sino que la historia y los diálogos son un partón. Pateas, saltas, te cuelgas, dibujas, nadas, bailas,... todo sea por conseguir detener a un capitalista agresivo. Es sencillo y breve, pero una vez superado puedes rejugarlo para encontrar trofeos secretos. Solo o en cooperativo, es maravilloso.

Y siendo breve:
  • Flowlines VS. Juego de puzles que consiste en unir todos los puntos de cada pantalla con una línea y que parece más enfocado a móviles que a consola. El principal inconveniente es que los controles fallan bastante.
  • Donut County. La estética y el humor eran su baza principal. Pero la locura de su planteamiento (un mapache que se traga un pueblo utilizando una máquina de agujeros negros) deja de hacer risa pronto, y las pantallas son demasiado repetitivas.
  • Starman. Otro que adquirí porque estéticamente me cautivó (un astronauta en un mundo en blanco y negro), pero que acaba fallando en lo mismo que Donut County: los rompecabezas que propone aburren al carecer de novedades.
  • BAFL - Brakes Are For Losers. Sus carreras de micromachines sin frenos lo hacen resultón. Es entretenidillo, pero me acabó cansando a las pocas vueltas.

Jo acuso! de Émile Zola


Desarma leer un libro como éste más de un siglo después de su publicación. Retrata los males de una sociedad que en poco o nada difieren de los de hoy. Como curiosidad, en sus páginas se puede encontrar la palabra "indignado", utilizada por Zola para referirse a sí mismo. El término tendría gran fortuna durante las movilizaciones del 15-M a raíz de la publicación del libro ¡Indignaos! de Stéphane Hessel.

A finales del XIX, Francia tenía muy presente su derrota en la guerra francoprusiana (1870-71), tras la que había sido desposeída de los territorios de Alsacia y Lorena. Se achacó la culpa a la actuación de espías infiltrados. Cuando, en 1894, el servicio de inteligencia interceptó una lista manuscrita con información militar clasificada destinada al coronel Schwartzkoppen, agregado en la embajada alemana de París, encontraron su ansiada justificación.

Con la nota como única prueba, y sin confirmación concluyente por parte de los grafólogos, el capitán Alfred Dreyfus, francés judío de orígenes alsacianos, fue acusado de traición al estado y condenado a cadena perpetua en la isla del Diablo, en la Guayana francesa. Dos años después, un telegrama de Schwartzkoppen al comandante Esterhazy ponía en entredicho la precipitada decisión del tribunal militar.

No se hizo nada para enmendar el error. Dreyfus fue utilizado como cabeza de turco e, incluso, se crearon nuevas pruebas falsas que corroborasen la acusación. El coronel Picquart, descubridor del telegrama, figura molesta para el ejército, fue destinado en misión, primero, al este de Francia y, más tarde, a Túnez. Temiendo por su vida, el coronel comunicó su descubrimiento a su amigo abogado Louis Leblois.

Leblois informó al vicepresidente del senado, Scheurer-Kestner, quien, a su vez, avisó a Zola, con gran influencia en la opinión pública como reconocido escritor. Paralelamente, el hermano de Dreyfus publicó en prensa una carta abierta al ministro de guerra, señalando a Esterhazy. Empezó así una campaña por la revisión del juicio. Quienes apoyaron dicha revisión fueron atacados vehementemente desde las páginas de los diarios afines al poder.

En 1898 el propio Esterhazy pidió ser juzgado sabiendo que el consejo de guerra lo absolvería. La farsa que lo exculpó sirvió para acusar a Picquart de falsificar el telegrama, expulsarlo del ejército y encarcelarlo en La Santé. Fue en enero de este año cuando Zola, tras tres artículos publicados en Le Figaro y dos repartidos como folletos, escribió J'accuse en L'Aurore. Esto supuso su desdicha, con citaciones judiciales constantes, el embargo de su casa y su marcha a Londres.

Zola, sin embargo, no dejó de escribir. El proceso Dreyfus siguió su avance hasta la amnistía (no absolución) del capitán. No se puede decir que nada de esto suene a nuevo. Al contrario, nos demuestra cuán viejo es lo que estamos viviendo: gobiernos que crean falsos culpables para proteger a los suyos; medios tradicionales, ahora apoyados por las plataformas digitales, intoxicando a la ciudadanía; y cientos de detractores tachados de antipatriotas e, incluso, terroristas.

Asusta demasiado ver cómo la historia se repite sin remedio ni aprendizaje. No hay progreso más allá del que genera dinero, un avance que es un mero maquillaje. El mundo se acerca al acantilado mientras miramos la pantalla del nuevo iPhone. J'accuse es un libro cargado de clarividencia y dignidad. Fue una lucha que exigió demasiado a los que la libraron a cambio de un premio de consolación. Aquí tenéis, la gloria... olvidada; de vuelta a la casilla de salida.

Jesse Eisenberg y Kristen Stewart en Adventureland y American Ultra

Adventureland (2009)

Adventureland me gustó mucho. Tiene ese rollito de Aquellos maravillosos años, una historia de aprendizaje hacia la madurez, que nunca falla.

Recién terminado el instituto, James (Jesse Eisenberg) descubre que no podrá tomarse las vacaciones por Europa que tenía planeadas. Sin dinero, conseguirá un trabajo en el parque de atracciones de su ciudad natal. Allí conocerá a Joel y a Emily (Kristen Stewart). Son adolescentes y viven desmotivados. Normal, Pittsburgh no tiene el glamour de París.

Es el verano de 1987 y va a ser un asco monumental. Se trata de una comedia con poco humor, o muy ligero. Los chistes palmotean en la balsa de hastío de los personajes, típicos pero no planos. Es agradable ver una película con adolescentes que no gritan cada dos por tres, ni juegan con consoladores, ni se esfuerzan por mantenerse en la cima de una felicidad de plástico rosa.


American Ultra (2015)

Con American Ultra me sucedió todo lo contrario que con la anterior. Me esperaba una comedia de acción muy burra, pero las risas no la acompañan ni enlatadas.

Mike (Eisenberg) es un fumeta que trabaja en el súper de una gasolinera de Liman, Virginia. Vive con su novia Phoebe (Stewart). Parecen el aciago futuro de James y Emily. Un día una mujer aparece en la tienda y le susurra unas palabras que no entiende por estar colocado, pero a partir de ese momento se habrá activado algo en su cerebro que lo convertirá en una arma de matar.

Pintaba bien, desquiciada a más no poder con el porretas haciendo de Jason Bourne. Y sin embargo, la historia y el ritmo son pésimos. Los personajes, sobre todo los antagonistas, son de tebeo. Quiero creer que había una intención irónica y no subnormalizante, pero todo es exagerado en el peor sentido. Uno no ve hipérbole alucinante ni alucinógena, sólo fracaso esperpéntico, tontería desatada.

No me refiero a estupidez sólo en el guión, sino en la dirección, en la producción. Como nada tiene coherencia mínima, las interpretaciones no podían ser buenas. Eisenberg está al nivel de su Lex Luthor en Batman versus Superman. Stewart no sabría con qué chusta compararla, porque no he visto Crepúsculo, pero desde luego esto no es Viaje a Sils Maria.

En definitiva, una de cal y otra de arena.

Jontex, condones brasileños de sabores


La marca brasileña de preservativos Jøntex fue anunciada en 2009 por Johnson & Johnson. Dos años más tarde sería adquirida por el conglomerado Hypermarcas junto a Olla, también otra marca de profilácticos con rima ideal.

Han sacado una línea que se llama Flavorizados, con sabores de manzana verde, cítricos y frutos rojos. No los he probado todos (Dios me libre de tal tortura), sólo los de frutos rojos. ¿Qué decir? ¿Por dónde empezar?

Huelen a chicle. El sabor... el sabor no es ni de frutos rojos ni de chicle. He probado condones con sabor a chocolate y lubricantes con sabor de fresa, y algo tienen. Ninguno me ha agradado, pero tienen un toque, cierto bouquet.

Y es que estos jodidos llevan lubricante, como un aceite que... Y tampoco es que hagan la forma, como los Durex. Avisan en la caja: "lados paralelos". La geometría de la goma de los Jøntex te lo embute como un salchichón. No respira, no puede. Es como si llevara una camisa de fuerza.

Entre esa sensación, el aceitillo lubrificante y el olor empalagoso... ¿Sabéis esos fuets que compras en el Bon Àrea y no los han dejado secar bien, que destilan todavía una grasilla desagradable? Pues imaginad que os lleváis uno a la boca y, primero, huele a chicle y, luego, sabe a mierda.

¿Qué? ¿Cómo se os queda el cuerpo? ¿A que a vosotros también se os han pasado las ganas? Estos condones sí que evitan embarazos y te protegen de las ETS. ¡De raíz! ¡Acércate tú a eso! Hay que tener estómago...

Jo Competeixo, el nuevo disco de Manel


A cada disco, los Manel buscan añadir un elemento nuevo sin perder su esencia de treintañeros con nostalgia de sexagenarios y sus temas barrocos de letras exquisitamente literarias. En Jo Competeixo han añadido sonidos electrónicos. Es decir, si Atletes, baixin de l'escenari me costó en su día, con este tengo todavía más problemas.

A diferencia de los dos primeros, el tercero, Atletes, prescindía de muchos instrumentos para hacer que su sonido sonara más guitarrero. Sin instrumentos de viento ni cuartetos de cuerda, al principio se me hizo más monótono pero me acabé acostumbrando, volviéndome adicto de canciones como Teresa Rampell, Mort d'un heroi romàntic o Desapareixíem lentament.

Pero con este cuarto, pese a que el tema homónimo de Jo Competeixo me pone bastante loco sin saber por qué (me pasa con las canciones del grupo, que no llego a entender pero que me fascinan), todavía no puedo escucharlo solo. Tengo que combinarlo en el MP3 con el tercero o algún otro porque solo me resulta imposible.

Manel siempre tiene unos dos o tres hitazos en el disco y luego, temas menores que, al final, a base de escucharlos y escucharlos, y a razón que has pagado por el disco y buscas amortizarlo (aunque no me voy a quejar porque el precio de la edición digital en Amazon no me parece cara), les acabas cogiendo el gusto. Pero aquí no hay modo.

Después del larguísimo Jo Competeixo (8 minutos y medio), Les Cosines o Sabotatge han empezado a buscarme pese que el primero de ellos, que fue el primero que escuché, casi se me cae el alma a los pies. Un sonido parecido al de un chimpancé poniendo los morros en un ventilador abre el disco y uno se asusta porque piensa que la pista está rallada o el archivo corrupto.

Pero no. Todo está dentro de lo planeado por la banda. Espero que poco a poco vayan sumándose a la carpeta Mis Favoritos y acabe igual de adicto que con los anteriores álbumes pero lo cierto es que está costando que me entre más que en una escena con Nacho Vidal. Sea como sea, es innegable el talento que tiene esta banda y el esfuerzo y empeño que ponen en cada trabajo.

Jacob's Crinklys Cheese and Onion

Nueva bolsa de Crinklys

Las Crinklys de Jacob's son las Crinklys de siempre en un nuevo envase. ¿Las de siempre de quién? Estas, en concreto, no las conocía. Había probado las de la bolsa naranja, que sólo saben a queso y que, personalmente, no me enganchan tanto. Estas verdes añaden un toque de cebolla adictivo. Aunque decir un toque es quedarse corto. Tienen un sabor fuerte. Comí dos y dije basta, y fui repitiéndolo hasta que me terminé la bolsa.

Las Crinklys son Cheddars onduladas, y las Cheddars son galletitas saladas con sabor al queso que las bautiza. Cómo no, son aperitivos de las islas británicas. Creo que una bolsa más grande me sería imposible finiquitarla por el gusto que tienen, que llega a saturar, pero, visto lo visto, no lo suficiente dada el ansía malsana con que las devore. Deben llevar algún ingrediente secreto como glutamato monosódico o cocaína. De otro modo, no me lo explico.

Envase viejo

Jessica Jones, serie de Netflix


Decir que esta serie de superhéroes es inverosímil no es una estupidez. Toda obra de ficción debe suspender nuestra incredulidad para sumergirnos en su universo. Sin embargo, aunque puede ser irreal, con seres que vuelan, no puede faltar a la coherencia interna de su propia fantasía.

Jessica Jones (Kristen Ritten) es una detective privada con superfuerza creada por el archipremiado historietista Brian Michael Bendis para la serie de cómic Alias. Su antagonista es Kilgrave (David tennant), un personaje con la habilidad de controlar la voluntad de otras personas y obligarlas a acatar sus órdenes. Ambas caras de la moneda repiten el binomio Lex Luthor-Supermán, donde el mayor rival de un ser superpoderoso es un humano físicamente débil pero con capacidad para someter a otros y tejer una gran tela de araña en la que atrapar al protagonista.

La serie no se libra del defecto de otros productos de la compañía como Bojack Horseman o Unbreakable Kimmy Schmidt. Netflix necesita contenido propio para depender menos del resto de canales y poder negociar con él pero no es lo mismo ofrecer una serie de seis capítulos que una de doce. Aunque el planteamiento inicial de Jessica Jones suena atractivo, los capítulos resultan cada vez más tediosos y erráticos. La supuesta detective da más palos de ciego que un vendedor de la ONCE borracho y, cada dos por tres, la investigación es interrumpida por escenas de relleno que no aportan nada ni a la trama ni al desarrollo de los personajes.

Netflix no sabe dosificar sus historias. En Bojack Horseman presentan la relación amorosa demasiado pronto (el mejor momento hubiera sido nunca). ¿Alguien se imagina que hubiera sido de Frasier si Niles se hubiera declarado a Daphne en el quinto episodio? Aquí, el caso que lleva a Jessica hasta Kilgrave va muy rápido y, luego, parece que no saben como desenredar el ovillo para volver a separarlos. Todo está lleno de "Mátalo", "¡Oh! No puedo matarlo porque [razón peregrina]". ¿Y adónde llevan todas estas pajas mentales de buenismo ñoño? Exacto, conducen a "Voy a matarlo".

Nos hartamos de ver a Kristen Ritten posando a lo Christina Ricci con actitudes más que aprendidas de chica dura-guay-atormentada. El problema de esto es que la fórmula se agotó en los 90 cuando MTV todavía emitía videoclips musicales. Hay series en las que uno se harta de ver a los personajes cambiarse de muda y en otras, como esta, uno reza porque se quite esas bragas acartonadas que deben poder caminar solas. Luego tenemos las peleas, cuyas coreografías son terribles. Marvel acertó con Scarlett Johansson y la Viuda Negra. ¿Por qué se equivocan ahora?

Mi principal aliciente para ver la serie fue una crítica muy elogiosa donde se hablaba de un enfoque diferente, un acercamiento feminista al género superheroico todavía no mostrado en pantalla lejos de la testosterona y las competiciones de quién la tiene más grande. Considero que los temas a los que se refería el artículo están tratados pésimamente, con poca profundidad psicológica y mal interpretados. Las escenas de borrachera de la protagonista se ven de lo más ridículas. Es una serie tan novedosa que parece Buffy Cazavampiros en (todavía más) malo.

¿Por qué la superheroína queda K.O. con el golpe de una barra metálica pero no con la embestida de un camión? ¿Por qué un malo puede lanzarla contra una pared y romper el muro y, luego, no es capaz de tirar una puerta abajo? ¿Por qué si tiene superfuerza para lanzar a los pandilleros por encima del hombro no puede romperle la muñeca a un tipo con una pistola? ¿Qué sentido tiene que Kilgrave se exponga constantemente si esa es su mayor debilidad? ¿Para qué tardar siempre tanto en salir a perseguir al malo si no es para permitirle escapar con una puñalada en el costado?

Tanto el genio criminal de él como la perspicacia de ella brillan, junto a las habilidades portentosas de los guionistas, como el reflejo de una luna nueva en un pozo de alquitrán. Ni el talento de Tennant ni la anatomía de Mike Colter la salvan. No sólo es incoherente e idiota; encima, es un bodrio.

Jeepers Creepers


Noche de Halloween, celebrándola como buenos estadounidenses que somos, ponemos Jeepers Creepers en Netflix, una (presunta) película de (presunto) terror que ninguno de los presentes había visto.

Esta peli de 2001, con un tremendo Justin Long, heredero del mejor Keanu Reeves, con dos estados de ánimo en todo el metraje, medianía adolescente e histrión boquiabierto, nos sorprendió. Para empezar, esquiva las catalogaciones de género y se adentra de lleno en la comedia ridícula e incoherente. Donde debería haber escalofríos, hay carcajadas de incomprensión.

En las historias de terror con teenagers destaca la idiotez de los mismos, pero es que en Jeepers Creepers parece que la pareja de hermanos protagonistas sean un trasunto autobiográfico del guionista y director Victor Salva, cuyo nombre apunta a maneras y anuncia cosas tan buenas como una campaña del Partido Popular. Nosaltres estimem Jeepers Creepers.

Sin duda, el doblaje es un plus. Las malas actuaciones originales quedarían cojas si los dobladores españoles supieran interpretar. Diálogos sin sentido y artificiales lanzan inesperados hipérbatos, figuras líricas dignas del mejor Tristán Cármenes, del más excelso poeta de la mousse. ¡Cómo será de buena la peli que la imagen se quedó congelada durante diez segundos y no nos dimos cuenta!

El desarrollo carece de lógica y el final, de explicación. El comienzo, en cambio, es aburrido y carente de interés, con un punto de partida tan forzado como absurdo. Trish y Darryl conducen a casa de sus padres a través de la inhóspita... Nebraska. Por el camino, ven a un tipo tirando cadáveres en una tubería, justo el mismo que minutos antes los ha intentado arrollar con un camión. En vez de correr a la policía, deciden acercarse a preguntar.

Aparece por ahí enmedio una vidente negra, supongo que para completar el cupo racial, pues su intervención en la trama es completamente prescindible. El malo de turno a ratos es el asesino de Sé lo que hicisteis el último verano, a ratos el Duende verde de Spiderman, y a ratos un murciélago o una gárgola o una polilla (a saber).

He quedado alucinado con algunas críticas que la consideran, ya no digerible o aceptable sino meritoria. ¡Y descubro para mi horror que no sólo hicieron una secuela en 2003 sino que una tercera parte está prevista para 2016! ¡¿Pero a qué demente sádico se le ha ocurrido?! Pues, por lo visto, al mismo desgraciado que produjo la primera: Francis Ford Coppola. Menudo hijo de

El año que viene, a comer castañas. Y a repartirlas, que buena falta que hacen.

Jaco The Galactic Patrol Man de Akira Toriyama


Jaco The Galactic Patrolman sería otra aventura corta más de Akira Toriyama si no fuera por su conexión con Dragonball. Desde que concluyera su celebérrima serie en 1995, ha publicado con menor gloria Cowa! (1997-1998), Kajika (1998), Nekomajin (1999-2005) y Sand Land (2000). Ha habido que esperar una sequía de una década para que volviera con este manga.

Jaco, al igual que el resto de historias breves posteriores a la saga de Dragonball, sigue anclado en el estilo de Dragonball Z. Le falta la frescura, originalidad y humor de sus dibujos de los 80, llenos de animales antropomórficos, viejos verdes, chicas sexis, marcianos ridículos y un alucinante repertorio de transportes increíbles.

Repasando a los personajes que creó tras la laureada serie, no encontramos ninguno que perdure en nuestra memoria. ¿Quién recuerda a Beelzebub o a Paifu? ¿Qué hacen especiales a Jaco o a la guapita Tights? Lo único que puede atraer a los lectores es su vínculo con la adorada serie de Goku y compañía, relación que posiblemente decepcione a más de uno.

Jaco es un patrullero galáctico a quien encargan la misión de interceptar una nave que se dirige a la Tierra con la intención de destruirla. Un despiste hace que choque contra la Luna y acabe estrellándose cerca de una isla en mitad del mar donde vive Ōmori, un ingeniero que tiempo atrás trabajó con el gobierno y que ahora deberá ayudar al extraterrestre a cumplir su cometido.

Dicha isla se ubica dentro del mapa de la Tierra de Dragonball, cerca de la capital del Este. Sin embargo, la trama marcha por su cuenta hasta el final, donde conocemos qué espacio ocupa dentro de las aventuras de las bolas de dragón. Como colofón del volumen, hay un breve episodio sobre Bardock, el padre de Goku, que influye en los orígenes del héroe.

Jaco The Galactic Patrolman puede resultar entrañable pero no mucho más. Es agradable disfrutar del trazo limpio de Toriyama aunque se encuentre lejos de su mejor nivel. Tristemente, el humor es descafeinado e infantil, y los nuevos datos revelados se pueden considerar anecdóticos y prescindibles. Es otro manga más que busca aprovechar el tirón de un antiguo éxito.

Japón y la trompa de los elefantes

Esto lo leí en un plafón del Museo Nacional de Tokyo.



«Tal vez los humanos admiramos las largas trompas de los elefantes,
de las cuales nosotros carecemos.»

Jizō, el misterio de las piedras vestidas de Japón

Jizō en Kiyomizu-dera, el templo del agua pura

Durante el viaje por Japón, nos encontramos varias veces con piedras o estatuas de bodhisattvas (deidades budistas) que llevaban una especie de delantal rojo y, a veces, hasta gorros de lana puestos. Aunque nos preguntamos varias veces por su significado, no fue hasta la vuelta que lo googleamos. Encontré la respuesta en el blog de José Miguel Redondo, alias Sele, donde queda explicado parcialmente y viene ilustrado con fotos mucho mejores que las mías.

Se trata de una historia triste. Los bebés nonatos o fallecidos prematuramente van a parar a la orilla del Sanzu (cuyos ideogramas son 三途川, es decir, "río de los Tres Cruces"). Igual que el río Estigia en la mitología griega, el Sanzu es el paso hacia el más allá. La orilla donde caen las criaturas es conocida como Sai no Kawara (賽の河原, cuyo significado he leído que es "orilla del inframundo", pero que también podría ser "orilla de la ofrenda o el sacrificio").

Al no haber podido realizar buenas acciones en vida, las criaturas no pueden cruzar y sus almas son martirizadas por demonios. Shouzuka no Baba, también conocida como Sanzu no Baba (三途の婆, "la vieja del Sanzu") o Datsueba (脱衣婆, "la vieja que desviste"), les arranca la ropa a los niños, dejándolos desnudos. Luego, los convence de que si reúnen piedras suficientes podrán construir una escalera que los conduzca al Paraíso.

Jizō en el Parque de Nara

Sin embargo, se trata de una tarea sisífica que se deshace nada más caer la noche, cuando vienen los demonios y destrozan las pilas de rocas. Jizō o Jizou es una deidad budista que cuida de estos inocentes condenados, protegiéndolos de los malos espíritus y ayudándolos a cruzar el río escondidos dentro de sus mangas. Los padres colocan gorros y baberos de punto a las estatuas de Jizō para pedir clemencia por sus hijos fallecidos.

Al igual que la tarea de juntar las piedras, hacer punto es una labor que implica constancia y esfuerzo, y suma méritos de cara a alcanzar la compasión de Buda. Aunque pueden ser de otro color, el rojo ha sido utilizado tradicionalmente para espantar a los demonios y la enfermedad. Las prendas de ropa son la petición de protección a la deidad para que dé abrigo a la desnudez (indefensión, desamparo) de sus hijos.

Siempre recordaré una cita de A dos metros bajo tierra que me estremeció. Durante una velada, Brenda suelta el siguiente pensamiento horrible, perfecto para arruinar cualquier fiesta: "¿Os habéis dado cuenta de una cosa? Si pierdes a tu cónyuge, te conviertes en viuda o viudo. Si eres un niño y pierdes a tus padres, entonces eres un huérfano. ¿Pero cómo llamamos a los padres que han perdido un hijo? No existe palabra para algo tan horrible"1.

Jizō en el Camino de los Filósofos (Tetsugaku-no-michi), Kyoto

Fuentes:
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1 Traduzco y parafraseo la cita original intentando recordar el doblaje español. "You know what I find interesting? If you lose a spouse, you're called a widow, or a widower. If you're a child and you lose your parents, then you're an orphan. But what's the word to describe a parent who loses a child? I guess that's just too fucking awful to even have a name", Brenda You-must-be-fun-at-parties Chenowith.