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Hipermasculinidad en el cómic: Se busca Lucky Luke de Matthieu Bonhomme, y Destrucción de JD Morvan y Macutay

Hay veces que la gente te falla. Mi librero me falló al recomendarme Se busca Lucky Luke, el nuevo álbum de Matthieu Bonhomme acerca del vaquero más rápido que su sombra. No dudé ni un sólo momento en su palabra porque el cómic anterior, El hombre que mató a Lucky Luke, es una maravilla, tanto a nivel de dibujo como de desarrollo de la historia y los personajes.

Sin embargo, si bien el nivel en el apartado gráfico se mantiene, el nuevo guion es irregular y plano. Tal vez no esté captando las referencias que sí disfruté con el primero, pero creo que aún entendiendo los guiños no me hubiera gustado. Pensé que sería una reflexión acerca de la figura femenina en el western, y la verdad es que sus tres protagonistas dan pena.

Bonhomme le monta un harén ridículo a Lucky Luke. Creía que la cubierta contenía cierta ironía, pero no es así. Es más, las dos mujeres que empuñan las armas apenas demuestran su puntería. Se pasan más tiempo mostrándose débiles y desamparadas que combativas. Tampoco se profundiza en la psicología del cowboy como sí sucedía con el primero. En resumen, ha sido una gran decepción.

Destrucción de JD Morvan y Macutay es la adaptación a la viñeta de Ravage, el clásico de ciencia ficción de René Barjavel publicado en 1943. En plena Segunda Guerra Mundial, la visión acerca de los avances tecnológicos no podía ser más pesimista. Ante la marcha imparable de los tanques alemanes por toda Europa, no era disparatado creer que sólo podrían traer el fin de la civilización.

El protagonista, François Deschamps, considera que las máquinas están debilitando a la humanidad porque cada vez se apoya más en ellas. Defiende al artesano por trabajar con sus propias manos, y considera el campo más auténtico que la ciudad. Aquí el hombre es quien emprende, mientras que la mujer es un sujeto pasivo que calla y lo apoya en la violencia de sus decisiones.

Frente a esta actitud radical, el cómic presenta una visión crítica que desconozco si se halla en la novela original. Aunque ideológicamente resulta algo confuso, la contraposición de ambos puntos de vista es muy interesante. Los lápices de Macutay y el color de Water hacen un tándem tan impresionante que sólo por él merece comprar la magnífica edición de Yermo, que reúne los tres tomos franceses.

Hôzuki, la librería de Mitsuko de Aki Shimazaki

Ocho años después del agradable recuerdo que me dejó Tonbo, he vuelto a leer una novela de Aki Shimazaki. Autora nacida en Japón en 1951, se mudó a Canadá en 1981, asentándose definitivamente en Montreal en 1991. Desde entonces, imparte clases de japonés y escribe.

Pese a no ser su lengua materna, ha escrito su obra íntegramente en francés. Su ópera prima le costó tres años, pero desde entonces ha publicado con una regularidad anual o bianual. Sus novelas no superan las 150 páginas y están agrupadas en pentalogías. Cada ciclo gira entorno a una misma historia, y cada libro la aborda desde el punto de vista de un personaje distinto

Cada relato se puede leer independientemente de los demás. Tanto es así que, preparando esta reseña, he sabido que Tonbo pertenece a la pentalogía de El corazón de Yamato. Si bien los dos primeros ciclos ya fueron editados y agrupados en dos tomos por Lumen en España, Hôzuki es la única novela disponible del tercero, a la venta bajo el sello de Nórdica Libros.

En esta ocasión, la autora da voz a Mitsuko, una librera de Nagoya que vive con su madre y su hijo sordomudo. Una tarde como otra cualquiera, una mujer y su hija entran en la tienda. Este suceso aparentemente banal hará aflorar el pasado secreto de la protagonista. Narrado en primera persona como Tonbo, Shimazaki nos regala otra lectura intimista repleta de reflexiones agridulces.

Si bien la prosa de la escritora canadiense continúa haciendo gala de una belleza sin artificios, confieso que no la he disfrutado tanto como esperaba. Su historia no se siente tan redonda como Tonbo. Los acontecimientos se conectan de manera demasiado inverosímil. Frente a la sencillez y sensibilidad del relato, el trasfondo parece extraído de un culebrón televisivo.

Uno de los obstáculos que me ha estropeado la lectura han sido los numerosos términos en japonés. El traductor Íñigo Jáuregui los ha mantenido igual que están en el original francés, al igual que hizo Julia Alquézar con la traducción de Tonbo. La diferencia es que esta última la tengo en formato físico, donde puedo consultar fácilmente el glosario al final del tomo.

En el ebook de Hôzuki, en cambio, la navegación no está bien resuelta. No hay enlace alguno, y hay que abrir al índice, hacer scroll, seleccionar el glosario, buscar la entrada, y desandar el camino para volver a la página en la que estabas. Con hipervínculos, o con las notas a pie, no se hubiera entorpecido innecesariamente la lectura, e incluso se hubiera mejorado.

Otro punto que me ha molestado ha sido el título. Shimazaki siempre titula sus novelas con una única palabra en japonés. Esta suele hacer referencia a una planta, una fruta o un animal, y alberga dentro de sí el significado de todo el relato. Por alguna razón, Nórdica decidió añadir un descriptivo y prosaico "la librería de Mitsuko" que rompe con el patrón y lo torna menos evocador.

Sorprende también que, dado el mimo que suele darle a sus versiones ilustradas, hayan elegido una ilustración de stock para la cubierta. ¿Qué tiene que ver una xilografía del templo Zojoji en Shiba con una trama ubicada de Nagano? Lo remarco porque con El capote de Nikolái Gógol me dejaron muy buena impresión, y aquí ha resultado todo lo contrario.

Aun lastrada por las malas decisiones editoriales y un enredado argumento, la multipremiada autora vuelve a hacer estremecer a sus lectores desde la delicada sobriedad de su escritura. El silencio estoico de la protagonista es fiel reflejo de su estilo. Lo que se guarda sigue siendo más poderoso que lo que se muestra.

Haro Aso: Daiya no King, Alice in Border Road y Retry


Alice in Border Road (2015-2018)

Como de contradicciones vive el ser humano, tras afirmar que no recomendaría ni la serie ni el manga de Alice in Borderland de Haro Aso, he devorado los ocho volúmenes del spin-off titulado Alice in Border Road, los dos volúmenes de la secuela Retry y los cinco capítulos de la historia paralela Chi no Kyokuchi - Daiya no King-hen.

Si bien los leí desordenados, el primero cronológicamente es Daiya no King. Sus 170 páginas cuentan qué sucedió en el juego contra el Rey de Diamantes de la aventura original. Su ausencia en la trama principal me sorprendió muchísimo, pues era una de las pruebas más esperadas, y la segunda más difícil a la que debían enfrentarse los supervivientes.

Todo parece apuntar que se hizo así por motivos comerciales. En abril de 2015, Alice in Borderland pasó de la revista mensual Shōnen Sunday S a la semanal Weekly Shōnen Sunday, ambas propiedad de la editorial Shogakukan. Para evitar perder a los lectores y obligarlos a cambiar, Daiya no King se publicó como anticipo en Weekly Shōnen Sunday entre octubre de 2014 y febrero de 2015.

La prueba está basada en un ejemplo de John M. Keynes para explicar las fluctuaciones de precios en los mercados de valores. Los participantes deben acertar el número más cercano al promedio de las preferencias de todos ellos, siendo ejecutado el que más se desvíe del resultado. Es un reto al nivel de la dificultad exigida, pero su complejidad y las largas parrafadas me dejaron fuera de combate.


Chi no Kyokuchi - Daiya no King-hen (2014-2015)

Meses después de Daiya no King, sin que Aso hubiera todavía finiquitado la serie, la editorial quiso ordeñar aún más la franquicia. En octubre de 2015, Monthly Sunday Gene-X empezó a publicar Alice in Border Road (Imawa no Michi no Arisu en japonés). Pese a que la revista está orientada a una audiencia adulta (seinen) y no juvenil (shōnen) como las anteriores, el tono siguió siendo el mismo.

Esta vez se trata de una historia aparte con nuevos personajes. La acción también transcurre en Borderland, pero ni los protagonistas se encuentran en Tokio ni deben superar juegos para seguir con vida. Todos despiertan en Kioto, cada uno con una figura de la baraja en su poder. La ciudad ha sido devorada por la Naturaleza y no tienen ninguna pista sobre qué deben hacer.

Como la mayoría de ellos son residentes de la metrópolis, deciden recorrer los quinientos kilómetros de vuelta a Tokio. Como en una gran partida de corazones, marcada por la tortura emocional de los jugadores, los roces dentro del grupo irán acentuándose hasta que estalle la tensión y el viaje se convierta en una lucha a muerte por llegar primero a la meta.

Takayoshi Kuroda es el encargado de los lápices para esta aventura. Sin duda, su estilo tiene margen de mejora. Pese a los disparates argumentales típicos del manga y un capítulo final algo extraño, me ha parecido una historia bastante redonda. Me ha gustado cómo Haro Aso reinventa Borderland sin que pierda su esencia, y da una explicación más concreta sobre su significado.


Alice in Borderland: Retry (2020-2021)

Tras terminar Alice in Border Road en 2018, Aso se embarcó en un nuevo proyecto con el dibujante Kotaro Takata titulado Zombie 100. Parecía que daba carpetazo definitivo a su exitosa creación. Sin embargo, a raíz del estreno de la serie en Netflix, el autor decidió volver a la franquicia, no sólo gestando la trama sino también las ilustraciones.

A diferencia del anterior trabajo, Retry (2020-2021) sí es una secuela directa de Alice in Borderland que incluso repite personajes. Transcurre años después, y se centra en un intenso reto psicológico en el que cada participante posee seis votos de Vida y uno de Muerte. Cada jugador deberá convencer a otro para que le conceda una Vida, y así pasar a la siguiente ronda. No conseguirlo significa la muerte.

Al principio, el planteamiento no sorprende, pero el desarrollo te va atrapando poco a poco. Son trece capítulos angustiosos en los que Haro Aso demuestra que ni su ingenio ni su habilidad con el lápiz han mermado un ápice. Al contrario, a juzgar por el nivel de sus ilustraciones, parece que ha seguido practicando durante los años en los que sólo guionizaba.

Completados los tres, tengo claro que Daiya no King es el que menos he disfrutado. De Retry y Alice in Border Road puedo sacar notas positivas: del primero, su dibujo y la desazón que transmite, y del segundo, tanto el desarrollo de la historia como la renovación del imaginario. Nuevamente, no sé si recomendaría alguno de ellos, pero ahora estoy seguro de que si empiezas no vas a poder parar.

Hiromasa Yonebayashi, heredero de Studio Ghibli: Arriety y el mundo de los diminutos y El recuerdo de Marnie


Arrietty y el mundo de los diminutos
(
Karigurashi no Arietti2010)

Hemos intentado completar el catálogo de Studio Ghibli en orden cronológico, pero cuanto más nos acercábamos al presente más se desbarataba el calendario. A diferencia del resto, mi pareja no tenía espacial interés en ver estas dos. Marnie ya la había visto en un festival de Sitges, mientras que Arrietty le recordaba demasiado a Los diminutos, una serie que de pequeña la aburría sobremanera.

Una tarde la convencí para volver a ver El recuerdo de Marnie. Yo iba con el ánimo bajo porque la semana anterior habíamos visto la infame Cuentos de Terramar, y parecía que nadie iba a ocupar el hueco dejado por los grandes maestros del estudio. Mi percepción cambió cuando la terminamos. Hiromasa Yonebayashi se erigió ante mí como el auténtico heredero y renovador de la compañía.

No sólo la animación de la película es preciosa, y su guion, delicado y sensible. También consigue ofrecer algo diferente y nuevo sin renunciar al ADN de Ghibli. Ninguna de las dos obras podría haber nacido de Hayao Miyazaki o de Isao Takahata. Si bien Susurros del corazón de Yoshifumi Kondō me enamoró, es innegable que cuesta distinguirla de un trabajo de Miyazaki.

Desde pequeña, Anna Sasaki ha vivido con sus padres adoptivos. No haber conocido a su familia biológica la atormenta. El verano que cumple doce años, su madre la envía a un pequeño pueblo con unos parientes para tratar sus problemas de asma. Ella piensa que, en realidad, quieren deshacerse de ella. Su infelicidad desaparece cuando conoce a Marnie, una misteriosa chica que vive en una vieja mansión frente a las marismas.

La historia posee una sensibilidad distinta. Su protagonista es más terrenal que las heroínas del creador de La princesa Mononoke. Tienen preocupaciones más cotidianas, y su comportamiento no es intachable. Su mirada se dirige hacia el interior y no hacia el universo. Logra conectar con el espectador a través de su fragilidad. Queda claro que ella nunca cabalgará las olas como Ponyo.

El diseño de ciertos personajes choca, porque se acerca más a perfiles occidentales (ojos claros, cabellos castaños o rubios) que nipones. Incluso hay una duda latente durante todo el filme, que comparto con otros espectadores, sobre la sexualidad de la protagonista. Evidentemente, la incógnita ni se dilucida, ni tampoco se aborda, pero es algo que nunca había aparecido en un guion del estudio.


Hiromasa Yonebayashi

Arrietty y el mundo de los diminutos, aun siendo más fantástica, nos presenta otra protagonista que, siendo dueña de sus decisiones, no tiene el poder de controlar todo lo que sucede a su alrededor. La madurez de Anna o Arrietty es aceptarse, asumir tanto sus virtudes como sus límites. A pesar de que mi pareja no quería verla, a mitad del metraje no pudo más y se sumó al sofá.

Igual de bella que Marnie, aunque con una trama algo descompensada en su desarrollo, no está basada como pensaba mi compañera en Los diminutos (The Littles, 1967) de John Peterson, sino en The Borrowers (1952) de Mary Norton. La diferencia es que los personajes de Peterson tenían, como en la serie animada, rasgos de ratón, mientras que los de Norton, no.

La historia se inicia cuando Arrietty llega a la adolescencia. Esto significa que, por fin, puede participar en las incursiones que realiza su padre al mundo de los "serumanos" con la misión de coger "prestados" (de ahí el nombre de The Borrowers) objetos y comida. La vida de la protagonista y su familia se complica cuando Arrietty decide entablar amistad con un chico humano que ha llegado a la casa donde viven.

Con esta película, Yonebayashi se convirtió, a sus 37 años, en el director más joven en capitanear una producción de Ghibli. A diferencia de Hiroyuki Morita, que dirigió Haru en el reino de los gatos, el joven director sella una ópera prima de calidad que no tiene nada que envidiar a los proyectos anteriores del sello japonés.

No es una obra más que pudiera haber rodado cualquiera. Le imprime su marca personal. La amargura de Shō y la crudeza de sus palabras me impactaron muchísimo. Su pena resulta tan dolorosa como la de Anna. Y del mismo modo que Anna, Arrietty no es una heroína todopoderosa. Nos aleja de la fantasía esperanzadora de Miyazaki a cambio de presentar unos personajes más cercanos al espectador.

Maravillado, se me partió el corazón cuando descubrí que su talento abandonó la compañía en diciembre de 2014 a raíz de los rumores de su posible cierre. Junto a otros animadores de la plantilla, se unió al recién fundado Studio Ponoc, el cual ha sido lugar de nacimiento de Mary y la flor de la bruja, y Modest Heroes. A día de hoy, el futuro de Ghibli sigue tan incierto como entonces. Por suerte, su legado no morirá con él.


El recuerdo de Marnie
(
Omoide no Mānī2014)

Harley Quinn: Cristales rotos de Mariko Tamaki y Steve Pugh


Vi este cómic protagonizado por el personaje favorito de mi cuñada y me dije: "Buen regalo de Navidad". Y luego al dependiente: "No me lo envuelvas que me lo voy a leer antes". Un poco feo, ¿no? En mi defensa diré que el de la tienda fue el primero que me lo sugirió. Y si el vendedor te desliza esa oferta de este tipo, uno presume que el delito valdrá la pena.

Harley Quinn: Cristales rotos tiene una guionista inesperada y una grata sorpresa en la mesa de dibujo. No esperaba a Mariko Tamaki porque la tengo más asociada (en tándem con su prima Jillian) a novelas gráficas de corte más intimista (Skim, Aquel verano). Luego, viendo sus trabajos anteriores, descubro que antes de esta historia larga ya había sido guionista de Tomb Raider, Supergirl y She-Hullk.

A Steve Pugh lo conozco de Hotwire, una serie futurista de policías y fantasmas que tiene más de británica que de estadounidense, con regusto a 2000AD pero, sobre todo, con unas páginas que se te cae la mandíbula al suelo. Si bien aquí la línea cobra más protagonistamo que en Hotwire, es demencial el talento que tiene en sus dedos.

Este reboot del origen de Harley Quinn contradice bastantes planteamientos anteriores, como su primer encuentro con el Joker y su relación con él. Las incongruencias no son tales porque, según he leído, esta es otra de los infinitos comienzos posibles dentro del multiverso de DC. Sea como sea, poco importa que se tenga en cuenta lo anterior si podemos disfrutar de un buen relato.

La verdad, comparado con Aquel verano, Cristales rotos es plano a más no poder. Los personajes no tienen profundidad alguna. Los buenos son tan buenos que tienen hasta huertos ecológicos, y los malos tienen tanto miedo de salirse del cliché que se esfuerzan en soltar de carrerilla la lista más predecible de cosas odiables en el siglo XXI.

Harley Quinn es feminista y está empoderada. La renovación de su relación tóxica con el Joker es más que necesaria. Su amiga Poison Ivy es negra, ecologista y vegana. Hay sororidad y empoderamiento sin contradicciones. El planteamiento es maniqueo como la justicia de un adolescente, obviando la fuerza de sus convicciones pero exacerbando su ingenuidad.

El librero, sin duda, me tangó. O realmente a él le impresionó. No sé cuán rompedor puede resultarle al lector asiduo del género redescubrir a la ayudante del villano más carismático y temible de DC renacer de este modo. El apartado gráfico es impecable, como cabría suponer de Steve Pugh, pero el guion queda lejos de la complejidad emocional de otros trabajos de Mariko Tamaki.

Halloween mierder con spoilers: The purge y Nosotros

Mientras el guión de terror de este 2020 parece querer competir también por el premio a Mejor esperpento, Halloween, antes conocido como Castanyada, ha venido a renovar nuestros miedos con un nuevo rebrote. Para celebrarlo sin salir de casa, mi pareja y yo decidimos hacer una maratón de pelis. Tristemente, no llegamos ni al contenedor de la esquina.

The purge: La noche de las bestias (2013, The Purge)

En un futuro demasiado cercano, Estados Unidos ha implantado una horrible celebración. Una noche al año, se permite a la población liberar sus instintos impunemente para, de paso, mantener el índice de desempleo a raya. Semejante premisa podría haber desembocado en un orgiástico baño de sangre o en una reflexión acerca de la lucha de clases. Sin embargo, prefiere fracasar en ambos sentidos.

Ethan Hawke interpreta a un comercial de Securitas Direct que se ha forrado a costa de venderle a sus acaudalados vecinos un flamante sistema para proteger sus mansiones. El producto es tan eficaz que a mitad de la historia lo revientan cortando la electricidad. Debería existir una secuela en la que la compañía del protagonista se arruina sepultada bajo una montaña de demandas.

Poco se había imaginado este boyante vendemotos que el Enjuto Mojamuto de su hijo iba a rescatar a un mendigo escondiéndolo en su casa. La turba de niños pijos que le daban caza se planta entonces en su puerta exigiendo la devolución de la presa. Sin dudarlo, aceptan todos... menos el vagabundo, claro. Pero la democracia es la democracia, y por la fuerza, aún más.

Para sorpresa de nadie, después de someterlo a punta de pistola y apuñalarlo un par de veces, la noble familia blanca se da cuenta que está actuando mal. Para frenar el vendaval de violencia, deciden plantarle cara a los psicópatas de Lacoste con un buen surtido de escopetas. Lo más gracioso es que se marchan dejando al indigente tirado en el suelo, maniatado a una silla y desangrándose.

A partir de aquí, los deus ex machina se suceden, cada cual más previsible y ridículo. El casoplón es tan rematadamente grande que reaparecen por los pasillos personajes que habías visto al principio de la historia. Son 86 minutos de peleas malas, reacciones incoherentes y muertes desangeladas. Desde luego, el título descuadra con el extreñimiento de ideas de sus guionistas.

El remate llega cuando el sintecho, que se ha liberado por su propia cuenta, surge de las sombras para salvarlos. La familia entera le debe la vida. ¿Y cómo se lo recompensan? ¿Le invitan a quedarse en el chalet, donde claramente sobran habitaciones? ¿Acaso un cheque? ¿Unos billetes? ¿Una cura de primeros auxilio? Nada. Un escueto gracias y un adiós. Punto. Hay que ser hijo...


Nosotros (2019, Us)

De pura rabia, fuimos a por la segunda. No podía ser peor. Salía Lupita Nyong'o, que ganó el Oscar a Mejor actriz de reparto por 12 años de esclavitud. No menos importante es que detrás del objetivo se encontrara Jordan Peele, director de la aclamada y acongojante Déjame salir (2017). ¿Qué podía fallar? Pues, por lo visto, todo.

Una mujer vuelve con su familia a la casa de veraneo donde sufrió una traumática experiencia de niña. Una noche, cinco figuras exactamente iguales a ellos hacen acto de presencia. La desazón de lo desconocido y la construcción minuciosa de la atmósfera son acciones desconocidas en este lado del universo. A la primera, los dobles salen de las sombras, se presentan y se ponen a dar palique.

Como con la Pantera Rosa, se opta por un género ambiguo. Oscila entre la comedia sin gracia y el terror sin miedo. Carece de intriga o misterio, sus personajes tienen la profundidad de un charco, y la trama está más sobada que un Macbook de la Apple Store de Plaça Catalunya. Su idea del doppelgänger viene acompañada de la conclusión que cualquiera reconoce.

Desde el minuto uno sabes que la protagonista es la doble malvada, justamente por cómo se muestra el flashback del principio, y por la elipsis descarada que te plantan. Lo que no nadie ve venir son las tres vueltas con tirabuzón y mortal que se montan para explicar el origen de los clones. Da tanta vergüenza que duele. Si la película hubiera estado bien hecha, no hubiera hecho falta razón alguna.

El trabajo de Lupita es digno de un ciclo de teatro amateur por la reinserción laboral. Transmite tanto como el yeso. No queda claro si podía haber hecho algo mejor dadas las estrambóticas decisiones de Peele. Winston Duke en el papel de su marido no ayuda, y es lo más hostiable que uno se pueda echar en las narices. Demasiado bien han salido sus hijos para el lastre de progenitores que les han tocado.

Si bien ambas películas pudieron ser concebidas con ilusión, han sido ejecutadas como mexicanos en una prisión de Texas. Nos dejaron tan fulminados que estábamos en la cama antes de las diez. Es irónico que, antes de iniciar nuestra maratón fracasada, tonteáramos con la posibilidad de ver The Jurassic Games, pero la descartamos por cutre. Viendo el tráiler ahora, me parece una obra de arte en comparación.

Humor tibio: El planeta de los zombis y Mortadelo y Filemón. Da Vinci, el pintamona... Lisa

El planeta de los zombis de Kenji Hamaoka

Este manga de tomo único recoge una serie de historietas cómicas en que se explica el absurdo día a día de la última superviviente de un apocalipsis zombi en la Tierra. ¿Cómo ha conseguido salir indemne? Haruka Hoshi estuvo recluida en casa durante la catástrofe, no por seguridad, sino por "el vicio". Es una hikikomori y le encantan los videojuegos.

Son capítulos tontos, como su humor, al estilo de Zombieland. Es una lectura ligera para pasar el rato. Hay un par de gracias bastante ácidas (como clavarle un estandarte publicitario a un zombi para poder encontrarlo más tarde), o detalles que no están mal del todo, como la histriónica gesticulación de los personajes, pero, en conjunto, es un entretenimiento pasajero con poca chispa.


Mortadelo y Filemón. Da Vinci el pintamona... Lisa de Francisco Ibáñez

Al pobre Ibáñez no se le puede pedir más, después de tantas risas. El hombre es un adicto al trabajo y, seguramente, lo encontrarán sentado frente a la mesa de dibujo cuando se vaya. Pero no voy a negar que albergué cierta esperanza con este. El tema me parecía original, y quise ver cierto paralelismo con Mortadelo de La Mancha (2005), cuya parodia del castellano cervantino es tronchante.

Pero no, no hay demasiado ingenio en el italianini de este Mortadelo convertido en Leonardo Da Vinci por culpa, cómo no, de un experimento del profesor Bacterio. Como suele ser habitual desde hace años, no hay aventura ninguna, sólo una sucesión de sketches que se repiten hasta la saciedad con escaso ingenio y abundante escatología. El mejor, por su concisión y mala leche, es este:


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PD: El estilo de El planeta de los zombis me sonaba, y he descubierto que Hamaoka es también el autor de Super Radical Gag Family, una serie que no he visto nunca, pero cuyos descerebrados emojis me descargué en Line, el Whatsapp japonés que tan poco éxito ha tenido aquí en España.

Hoy en series de derechas: La Casa de Papel [Spoilers]


La gente ha flipado con esta serie. De entrada, y dado el hype extremo, sumado a que es española, tuve mis reservas. Colegas del trabajo nos insistían tanto a mi pareja y a mí que, al final, cogimos un fin de semana y vimos las tres temporadas emitidas hasta la fecha en Netflix. Y habiéndolas consumido de principio a fin, podemos afirmar que la serie es un deux machina en sí misma.

Más allá de la planificación absurda que hace el personaje de El Profesor y lo poco profesionales que resulta la mayoría de la banda, lo que me sorprende son las pocas críticas que he visto al conservadurismo del guion.

Cuando en la primera temporada nos encontramos a Denver, uno de los ladrones, aleccionando a una de las rehenes para que no aborte, nos quedamos de piedra. Al atracador le faltó sacar el misal del mono naranja. Lo fuerte es que la trama avanza con un síndrome de Estocolmo enfermizo en el que la mujer se enamora de su secuestrador y decide tener al bebé con él.

Luego está el personaje de Berlín, con una legión de seguidores, que se dedica a abusar de otra de las rehenes y ésta, pensando que han asesinado al resto, se deja hacer para poder sobrevivir. Cuando, al final de la segunda, ella planea vengarse del cerdo que la ha estado violando, el director ve a bien incluir una especie de justificación y expiación del tipejo, que acaba muriendo como un héroe.

No es menos ofensivo el tratamiento de la inspectora, una mujer maltratada por su ex marido y seducida con engaños por El Profesor para sonsacarle información, a la que le contagian el mismo virus que a la rehén que iba a abortar. Seguro que hizo méritos para estar donde está, pero en la serie no sale a relucir ninguno. Se comporta como una persona completamente anulada.

Me recuerda demasiado a Palmeras en la nieve, otra producción de Atresmedia. Unas circunstancias despreciables son presentadas como plausibles. Su gravedad no es cuestionada porque hay un bien mayor a proteger: el amor romántico, por muy tóxico que sea. Por muy jodidos que estemos, este sentimiento lo ensalza y beatifica todo, por muy sórdido que sea.

En la tercera temporada buscan ser menos machistas y más gay friendly, pero de modo tosco. No hay desarrollo previo para ciertas decisiones y, repentinamente, las chicas se ponen en pie de guerra pero soltando los clichés que los hombres esperan del feminismo. En general, el argumento de la serie me parece un despropósito imposible de defender. Y, sin embargo, es un éxito a nivel mundial.

Hacia abajo: Donnie Brasco, Café Society y La Llamada

Donnie Brasco (1997)

No voy a decir que la película me entusiasmara. Hubo demasiados momentos en que recordaba a tantas otras películas de mafiosos italianos. Sin embargo, debo reconocer que el personaje de Al Pacino me gustó mucho, y el final me pareció acertadísimo. No deja de ser un consuelo ver a Johnny Depp sin los ojos pintados y sin posar estrambóticamente para un anuncio de colonia.


Café Society (2016)
Me aburrió. Está llena de bromas forzadas carentes de chispa. Las interpretaciones me parecieron pésimas, y la manida y patética historia de amor que busca retratar la esencia del Hollywood de los años 30 no convence en ningún momento. Da la impresión que la rodó para grabar unos cuantos planos de atardeceres en Los Ángeles. Al igual que Irrational Man, una castaña.


La llamada (2017)

Esta ya es el remate. Iba en dirección descendente y con ella he besado la lona. Es de los creadores de Paquita Salas, y las buenas críticas me convencieron. Pero ahora no sé de dónde sale tanto fanatismo. El guión no tiene ni pies ni cabeza. Concentra egocentrismo, superficialidad y noñería adolescentes sin reparo, ¡y encima le suma monjas "guais"! Si crees que no puede ir a peor, agárrate.

Hoy en cine de derechas: Palmeras en la Nieve [SPOILERS]


Palmeras en la nieve es una película con un guión más plano y de derechas que una página del ABC. Unos españolitos se marchan a Santa Isabel (la actual Guinea Ecuatorial) para enriquecerse con el cultivo del cacao. Su digna labor consiste en reventar a los negros a latigazos y contraer la sífilis follando con prostitutas o violándolas en la oscuridad de la selva.

Lo más gracioso de esta gente de bien es su cara de aflicción cuando la rebelión de los nativos los echa del país. "¿Qué pasa aquí?" llega a clamar como un imbécil el protagonista a los africanos. ¿Qué pasa, hijo de puta? Pasa que te crees que eres el héroe de toda esta charca de vómito y no eres más que un cacique de mierda.

Nada puede hacer que me compadezca de estos señoritos. Mario Casas está tan rematadamente mal intentando meter su arquitectura anatómica y sus andares de chulo de discoteca en el cuerpo de un maño de mediados de s.XX que no hace más que acrecentar mi desprecio. No entiendo cómo se puede ganar tanto dinero haciendo un trabajo tan pésimo.

Pero esto va más allá de lo blanco de la trama (en varios sentidos). Obviando el lavado de cara del colonialismo, la historia de amor entorno a la que gira este hediondo pastelón surge de la nada para digirse a ninguna parte. En la boda de ella, sus miradas se cruzan con un flechazo. No hay trasfondo previo más allá de los sesenta minutazos de interpretaciones lesivas y denunciables.

Él la perseguirá hasta conseguirla. El paroxismo llega cuando, tras sufrir una violación en grupo, Casas le exige que le jure amor eterno. ¿Comorl? Por si no fuera suficiente, el asesinato de su marido la obliga a cumplir un año de luto en aislamiento. Pero, oye, minucias; tú dime sin falta si te molo para saber si debo quedarme o salir por patas del país, que la cosa está calentita.

Pretenden que me apiade de ambos, sobre todo de él, porque un levantamiento violento impidió que sus corazones continuaran juntos. Hubiera sido preferible, por supuesto, que los negritos del África Tropical hubieran seguido cantando la canción del Cola-Cao, ese producto sin par que, además, es un desayuno y una merienda ideal. Ojo con eso.

El montaje de la trama con los flashbacks es torpe en extremo, al igual que la historia de amor paralela desde el presente, un WTF importante con escena de sexo bajo la cascada incluida. El final ya es de traca, con un momento Marisol entonando un canto indígena en pleno monte de Aragón. Antena 3 se ha cubierto de gloria con esta producción.

Helados del verano de 2017


Aquí una entrada pendiente sobre helados, ahora que el frío aprieta. El Calippo Combo, ¿qué tal? Una decepción. Atrás queda la grata sorpresa del Calippo Loco que mezclaba naranja y piña, que saciaba la sed y estaba delicioso.

Este nuevo Frankenstein de coca-cola con vainilla rememora la bebida clásica de las pelis estadounidenses. ¿El problema? El lado de cola es de hielo y el de vainilla, de leche. Dos texturas y dos temperaturas distintas que no se mezclan en una explosión de sabor: Drácula sólo hay uno.


¡Kalise para todos los adictos al empalago! "Trufo plus sorbete de frambuesa" es un nombre, mezcla de tufo y truño, que pierde todo su sentido cuando dejamos de tener chocolate. Combina frambuesa (dulce) con chocolate blanco (más dulce). ¡No hay contraste! No hay ningún elemento que le dé vidilla porque ni las pepitas son crujientes.

En el otro lado del cuadrilátero tenemos el Magnum Double Raspberry (frambuesa, coño). Tiene contraste, un buen chocolate negro, potente. Y entre baño y baño de chocolate, una capa de frambuesa. ¡Bien, bien! Qué pena que no me guste el chocolate negro. Por todo lo demás, perfecto.


Cada vez más, como si de cansinas películas de superhéroes se trata, se dan los crossovers entre marcas del mundo de la bollería industrial y los helados. Cucuruchos con Kitkat, Lacasitos,... Este verano fueron novedad (al menos para uno que aquí se dio cuenta, pues pueden venir en la mochila de otros años) los helados de palo de Oreo y de Toblerone.

No tengo nada que objetar. El de Toblerone sabe a Toblerone. Personalmente, sabe mejor, pues no me empacha tanto como el mazacote original de pirámides alineadas. El de Oreo, igual. Si las malditas galletas me resultan odiosas por su galleta y por su crema asquerosa, aquí todo me parece perfecto. El único inconveniente es que sólo lo encontré en pakis, y estos no ponen a máxima temperatura el congelador ni que tengan que conservar un riñón para su hermano enfermo.



Y, ¡oh!, el chicle. Como un crío me lo he pasado. ¡Qué artificial, qué requeterrechupetérrimo! El Pirulo Gum Gum, ¡bang, todos para mí! Un Frigopié engabardinado en un baño de chicle con un palo que puedes pelar y mascar, ¡porque es un chicle que está sabroso y no es insípido! Parecía lo mejor del verano... hasta que se cruzó el Pirulo Kaktus Pops.

Un barrilete lleno de tronquitos verdes con sabor a chicle de fresa empedrados de trocitos cujientes y ácidos. Empiezas y no paras. Está tan bueno que casi no te importa que en el envase se insinúe que son penes de cactus antropomórficos, y que la explosión de sabor es un lefazo en toda regla directo al inconsciente de los más pequeño de la casa. ¡Alégrate, toma rabo!


Las lecturas de Hatsue: Harry Potter y el legado maldito, La sociedad del cansancio y Manabé Shima

Mi pareja lee a velocidad crucero, con un hambre calagurritana. Es una biblióvora con todas las letras. Me parecía una pena que sus lecturas, muchas de las cuales yo nunca empezaré, se perdiesen. He intentado recoger su opinión en estas microcríticas.



Ficción
 Harry Potter y el legado maldito de J.K. Rowling

Este libro no es una novela, sino que es el guión de la obra de teatro que se ha representado en los escenarios londinenses. La historia ha sido escrita por J.K. Rowling, Jack Thorne y John Tiffany. Esta última historia del mago más famoso de Hogwarts es, desgraciadamente, un fan-fiction con ínfulas. No sigue el cánon y su trama de primero de la ESO es imperdonable, llena de niños resabiados insoportables. Puestos a hacer un fan-fiction, por lo menos se podrían haber enrollado dos tíos.



Ensayo
La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han analiza en este libro superventas cómo "el exceso de positividad" de la sociedad actual está conduciendo a lo que él denomina "una sociedad del cansancio" llena de "individuos agotados, fracasados y depresivos". Si antes recibíamos la obligación externa de trabajar, ahora la hemos interiorizado y somos nosotros mismos quienes nos sentimos culpables si no somos productivos, anulando los momentos de ocio en los que podemos dar rienda suelta a nuestro pensamiento e imaginación.

Pese a su brevedad (ochenta páginas), es un texto difícil, cuya lectura debe realizarse de manera muy atenta. Aunque se puede entrar en él sin conocimientos filosóficos, tener una formación previa resulta de mucha ayuda, ya que hace muchas referencias a los trabajos de Hegel y Hannah Arendt. Está especialmente recomendado para todos aquellos que quieren entender mejor el modo en que vivimos, especialmente aquéllos que viven el día a día completamente estresados.



Cómic
Manabé Shima de Florence Chavouet

Este cómic no tiene trama. Son las anotaciones ilustradas de un autor francés durante su estancia en la isla Manabe al sur de Japón. No me suelen gustar los diarios de viaje pero éste me encantó. Es precioso. Los amantes de la cultura nipona lo disfrutarán tanto que sus ganas por viajar (o volver) al país se desatarán de nuevo. Como un antropólogo de vacaciones, Chavouet explica los pequeños detalles de la cotidianidad de la pequeña isla de 1,5km2, con poco maś de trescientos habitantes. Me gusta que no trate de nada en concreto. Sientes el relax, la quietud. Es una calma ilusionante, una lectura agradablemente feliz para resarcirse de los dos libros anteriores.

Ha vuelto (Er ist wieder da)


Ha vuelto, película dirigida por David Wnendt y basada en la exitosa novela de Timur Vermes, se pregunta qué sucedería si Hitler volviese a la Alemania actual. ¿Sería repudiado o recibido con los brazos abiertos?

Si soy sincero, la idea me atrajo pero, luego, durante el principio y la mitad de la historia, quise pulsar el stop y ponerme a hacer otra cosa. ¿Por qué? Porque como comedia es... alemana. No hace gracia. Puede que fuera el doblaje, no sé, pero ni una triste carcajada.

Sin embargo, cuando se acerca el final y llega el final, la reflexión ética es brutal. Dolorosa. Se podría clavar el experimento con Franco y España. Se burla del buenismo social y de cómo esa actitud ingenua y nada realista puede abrazar doctrinas, en principio, opuestas.

Demuestra que el nazismo no fue el producto de un líder, sino que creció arropado por una gran masa que se dejó adular, ni de un monstruo, sino de un humano más. Y lo hace a través de un ejercicio metaficcional muy interesante, un juego de espejos donde descubrimos nuestros monstruos.

Ha vuelto es una de esas excepciones que sirve de apoyo a los que defienden que las obras deben leerse o verse hasta el final para ser juzgadas.

Hombres más hombres que Adán

Foto de dos actores desnudos con coronas mirándose entre amenazantes y llenos de deseo en la obra El público de Federico García Lorca

Ruina romana.

Una Figura, cubierta totalmente de Pámpanos rojos, toca una flauta sentada sobre un capitel. Otra Figura, cubierta de Cascabeles dorados, danza en el centro de la escena.


FIGURA DE CASCABELES. ¿Si yo me convirtiera en nube?

FIGURA DE PÁMPANOS. Yo me convertiría en ojo.

FIGURA DE CASCABELES. ¿Si yo me convirtiera en caca?

FIGURA DE PÁMPANOS. Yo me convertiría en mosca.

FIGURA DE CASCABELES. ¿Si yo me convirtiera en manzana?

FIGURA DE PÁMPANOS. Yo me convertiría en beso.

FIGURA DE CASCABELES. ¿Si yo me convirtiera en pecho?

FIGURA DE PÁMPANOS. Yo me convertiría en sábana blanca.

VOZ. (Sarcástica.) ¡Bravo!

FIGURA DE CASCABELES. ¿Y si yo me convirtiera en pez luna?

FIGURA DE PÁMPANOS. Yo me convertiría en cuchillo.

FIGURA DE CASCABELES. (Dejando de danzar.) Pero ¿por qué?, ¿por qué me atormentas? ¿Cómo no vienes conmigo, si me amas, hasta donde yo te lleve? Si yo me convirtiera en pez luna, tú te convertirías en ola de mar, o en alga, y si quieres algo muy lejano, porque no desees besarme, tú te convertirías en luna llena, ¡pero en cuchillo! Te gozas en interrumpir mi danza. Y danzando es la única manera que tengo de amarte.

FIGURA DE PÁMPANOS. Cuando rondas el lecho y los objetos de la casa te sigo, pero no te sigo a los sitios adonde tú, lleno de sagacidad, pretendes llevarme. Si tú te convirtieras en pez luna, yo te abriría con un cuchillo, porque soy un hombre, porque no soy nada más que eso, un hombre, más hombre que Adán, y quiero que tú seas aún más hombre que yo. Tan hombre que no haya ruido en las ramas cuando tú pases. Pero tú no eres un hombre. Si yo no tuviera esta flauta, te escaparías a la luna, a la luna cubierta de pañolitos de encaje y gotas de sangre de mujer.

FIGURA DE CASCABELES. (Tímidamente.) ¿Y si yo me convirtiera en hormiga?

FIGURA DE PÁMPANOS. (Enérgico.) Yo me convertiría en tierra.

FIGURA DE CASCABELES. (Más fuerte.) ¿Y si yo me convirtiera en tierra?

FIGURA DE PÁMPANOS. (Más débil.) Yo me convertiría en agua.

FIGURA DE CASCABELES. (Vibrante.) ¿Y si yo me convirtiera en agua?

FIGURA DE PÁMPANOS. (Desfallecido.) Yo me convertiría en pez luna.

FIGURA DE CASCABELES. (Tembloroso.) ¿Y si yo me convir­tiera en pez luna?

FIGURA DE PÁMPANOS. (Levantándose.) Yo me convertiría en cuchillo. En un cuchillo afilado durante cuatro largas primaveras.

FIGURA DE CASCABELES. Llévame al baño y ahógame. Será la única manera de que puedas verme desnudo. ¿Te figuras que tengo miedo a la sangre? Sé la manera de dominarte. ¿Crees que no te conozco? De dominarte tanto que si yo dijera: «¿si yo me convirtiera en pez luna?», tú me contestarías: «yo me convertiría en una bolsa de huevas pequeñitas».

FIGURA DE PÁMPANOS. Toma un hacha y córtame las piernas. Deja que vengan los insectos de la ruina y vete. Porque te desprecio. Quisiera que tú calaras hasta lo hondo. Te escupo.

FIGURA DE CASCABELES. ¿Lo quieres? Adiós. Estoy tranquilo. Si voy bajando por la ruina iré encontrando amor y cada vez más amor.

FIGURA DE PÁMPANOS. (Angustiado.) ¿Dónde vas? ¿Dónde vas?

FIGURA DE CASCABELES. ¿No deseas que me vaya?

FIGURA DE PÁMPANOS. (Con voz débil.) No, no te vayas. ¿Y si yo me convirtiera en un granito de arena?

FIGURA DE CASCABELES. Yo me convertiría en un látigo.

FIGURA DE PÁMPANOS. ¿Y si yo me convirtiera en una bolsa de huevas pequeñitas?

FIGURA DE CASCABELES. Yo me convertiría en otro látigo. Un látigo hecho con cuerdas de guitarra.

FIGURA DE PÁMPANOS. ¡No me azotes!

FIGURA DE CASCABELES. Un látigo hecho con maromas de barco.

FIGURA DE PÁMPANOS. ¡No me golpees el vientre!

FIGURA DE CASCABELES. Un látigo hecho con los estambres de una orquídea.

FIGURA DE PÁMPANOS. ¡Acabarás por dejarme ciego!

FIGURA DE CASCABELES. Ciego, porque no eres hombre. Yo sí soy un hombre. Un hombre, tan hombre, que me desma­yo cuando se despiertan los cazadores. Un hombre, tan hombre, que siento un dolor agudo en los dientes cuando alguien quiebra un tallo, por diminuto que sea. Un gigante. Un gigante, tan gigante, que puedo bordar una rosa en la uña de un niño recién nacido.

El público (1933)
Federico García Lorca

Hablar, experimento y despropósito de Joaquin Oristrell


Hablar de Joaquín Oristrell es un pequeño despropósito experimental de 72 minutos del que fuera guionista de la genial serie Plats Bruts y del exitoso telefilme Felipe y Letizia.

Rodada en un único plano secuencia, uno se pregunta cuál era la necesidad de grabar la película así, si es puro capricho o mero antojo. A excepción de un momento en que el despersonificado objetivo se materializa en una cámara de prensa del corazón acosando a una famosa, no hay ninguna gracia o artificio que convierta este recurso en algo necesario, original o valioso. A veces, a Oristrell le da por marcarse un Gravity y se pone a dar vueltas alrededor de los personajes como un satélite fuera de órbita.

Hablar quiere tratar el tema de la (in)comunicación y, para ello, reúne una serie de personajes dispares y disparatados en una plaza del barrio de Lavapiés en Madrid. Algunos estarán allí por una razón concreta, otros simplemente pasarán por ahí. Cada uno es disinto, para lo no bueno y lo muy malo. Porque más allá de la falta de justificación de este experimento, el problema más grave de este tinglado es su insoportable inconsistencia, su irregularidad constante, la sensación de estar viendo un Frankenstein montado a partir de fotogramas de producciones de D'Ocon Films.

Están los actores que vienen del teatro, con sus voces graves y sus parlamentos grandilocuentes, y están los que vienen de la televisión, son sus interpretaciones planas y sus diálogos chonis. Están los entremeses cómicos, que se dan de la mano con los discursos metidos con calzador y sin sentido sobre la semiótica de la comunicación, y están los versos de poesía barata y manida, que se rebozan como escalope de piezas dramáticas sobreactuadas. Al final, todo resulta artificioso, una idea que alguien tuvo una noche de borrachera pero que nadie supo llevarla a cabo cuando por fin estuvieron sobrios.

Visto lo visto, mejor hubiera sido estrenarla como obra de teatro, con mejores actuaciones y menos piruetas con la cámara que hagan potar al espectador de mareo. Pero, quién sabe, tal vez nos encontremos ante un nuevo tipo de márketing salvaje para vender Biodraminas. Y ahí, ahí sí que hay negocio.

Hablando con los de la Junta Electoral

Foto de unrna con papeletas

Ciudadano doliente convocado como Segundo Vocal para las Elecciones Municipales telefonea a la Junta Electoral de distrito una semana y media antes.

–Junta Electoral, dígame.
–Hola, buenas. Llamaba porque he sido convocado como Segundo Vocal para las elecciones y, bueno, me dieron el alta en el hospital hace unos días por un cólico. Y no he sacado la piedra. Quería informarme de si, en caso de sufrir otro ataque y no poder ir, cómo debo avisar o con cuánto tiempo de antelación debo hacerlo.
–Pero, ¿cuánto hace que recibió el aviso?
–¿El de hacer de vocal? Pues hará ya un mes, ¿por qué?
–Hombre, es que si ya hace un mes... Debería haber avisado cuando lo recibió.
–Errr... pero es que hace un mes yo no tenía ningún cólico. La piedra la tuve la semana pasada.
–Ah, un momento.

La telefonista se aleja, pregunta a alguien y vuelve al aparato.

–Sí, no hay problema.
–Mm... ¿No hay problema?
–Que si se da alguna complicación respecto a su salud, entregando el justificante, no hay problema.
–O sea, aun siendo es el mismo día, no hay problema.
–Exacto. Con que se presente y entregue el justificante en el local de las votaciones es suficiente.
–Ya... pero si tuviera un cólico, yo no podría ir porque estaría en el hospital. Podría ir otra persona, entiendo.
–Eh... sí.

Historia y desventuras del desconocido soldado Schlump


Escribir una reseña cáustica sobre un libro que no te ha gustado es liberador. Escribirla sobre la obra de un autor que sobrevivió a las dos Guerras Mundiales para luego suicidarse ya no es tan apetecible.

EL AUTOR

Tras su experiencia en la Primera Gran Guerra, Hans Herbert Grimm publicó en 1928 Historia y desventuras del desconocido soldado Schlump del brazo de Kurt Wolff, más conocido por ser el primer editor de las obras de Kafka. Lo hizo bajo seudónimo para evitar represalias por su visión antiheroica del enfrentamiento.

El libro no tuvo demasiado éxito. Fue arrollado por esa maravilla titulada Sin novedad en el frente escrita por el Nobel Erich Maria Remarque. Mientras que Remarque publicó con su nombre y se vio obligado a exiliarse a Suiza y, luego, a Estados Unidos, Grimm decidió no abandonar Alemania durante el auge de Hitler pese a no comulgar con su ideario.

“Se afilió al partido nazi para poder vivir tranquilo” apunta Volker Weidermann en el prólogo. Weidermann es experto en libros quemados por los nazis y fue quien encontró y recuperó ochenta años después el ejemplar de Schlump que el autor había emparedado en su casa. La afiliación que le permitió permanecer en el país sin ser sospechoso acabó, sin embargo, trayéndole la desgracia.

Tras sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial, Grimm no pudo volver a ejercer de profesor por haber pertenecido al partido del Führer. Aunque sus alumnos lo avalaron aduciendo que sus enseñanzas estaban alejadas de la ideología supremacista, y pese a haber desvelado ser el autor de la novela de Schlump, la decisión no fue revocada.

Pudo trabajar como director artístico de teatro durante una temporada antes de que ser enviado a trabajar a una mina de arena. En verano de 1950 fue convocado en Weimar por la autoridades de la RDA. Dos días más tarde, el 5 de julio, de regreso en Altenburg, Hans Herbert Grimm se quitó la vida en su casa mientras su esposa hacia la compra.

Con la perspectiva de la Historia parece sencillo hacer juicios de valor sobre las decisiones de Grimm, si fueron acertadas o no, justas o cobardes, pero lo único cierto es eso, que únicamente “parece” sencillo desde la butaca donde nos encontramos ahora.

EL LIBRO

Impedimenta, la editorial española de Schlump, lo describe así: “Una obra maestra de la literatura antibélica alemana (…) Paródica, antinacionalista, antiheroica, filantrópica, pacifista, pro-francesa, cargada de un humor negro, la obra tenía un irresistible sabor picaresco.”

Pese a los esfuerzos del bueno de Grimm, no sé qué tiene esta novela de “obra maestra” más allá de ser un documento histórico superviviente de la quema de libros que ha sido recuperado. Sus páginas no componen ni un fenómeno editorial ni literario. No encuentro nada en el texto que pueda calificarse de sobresaliente o destacable.

Cogiendo esta descripción uno cree que se va a leer El buen soldado Švejk cuando no es así. El humor es testimonial o demasiado alemán para tener gracia. Su crítica hacia la guerra y el ejército está presente pero es bastante atenuada en comparación a otros relatos, concentrada en breves parlamentos en mitad de la insulsa e inverosímil historia de Schlump.

El protagonista hace honor al proverbio de que todos los tontos tienen suerte. Cada vez que lo hieren de gravedad, despierta en una cama de hospital porque lo han rescatado dos que pasaban por ahí. Cuando, en cambio, la situación es la inversa, no muestra compañerismo alguno y deja a sus camaradas agonizando en el campo de batalla.

Švejk o Paul Bäumer no son así de despreciables. Es más, a diferencia de ellos, Schlump se alista en el ejército por deseo propio pero, una vez en la trinchera, hace todo lo posible por escaquearse, ofreciéndose para ir a la retaguardia o lamiendo culos para ascender. Desea ser un héroe siempre y cuando sean los demás los que se dejan la piel.

Esto no es presentado en forma corrosiva sino desde una irritante perspectiva cándida, como si Schlump fuera un pobre crío del que debemos apiadarnos. Bäumer, el narrador de Sin novedad en el frente, se encarga de dejarnos claro que lo primero que se pierde en una guerra es la inocencia. Todos hemos visto en las noticias los ojos de los niños que han vivido un conflicto armado.

De este modo, el protagonista de la novela de Grimm pasea por la Gran Guerra como quien recoge flores, polinizando toda rosa que se encuentra. Es chocante cómo, estando a cargo de la comandancia de un pueblo francés, las aldeanas no desprecian al soldado alemán sino que quedan prendadas de él. Por increíble que parezca, no lo hacen por comida sino por amor.

Esta narración ideal contrasta fuertemente con otros testimonios de la matanza. El lector camina sobre una tarima flotante falsa, un cuento que sobrevuela apaciblemente los campos minados y los miembros descuartizados. Lo peor es que la historia no consigue tener una entidad propia lo bastante interesante como para olvidar la mucha muerte que se está obviando.

Schlump no brilla ni por las dotes literarias de su autor ni por el enfoque de la trama, mucho menos por la rastrera conducta de su protagonista. Han sido veintidós eurazos que me duelen como puñales.

Henshin de Ken Niimura


Ken Niimura es un autor hispano-japonés. Su nombre completo es José María Ken Niimura del Barrio. Estudio bellas artes en Madrid y en Bruselas y actualmente está trabajando en Japón.

Sin darme cuenta, conocía sus dibujos de antes: ilustró la guía Japonés en viñetas y realizó un muy reconocido cómic junto a Joe Kelly para el mercado estadounidense titulado I kill giants (traducido y publicado en España por Norma Editorial en una edición, en mi opinión, bastante fea). Debo confesar que en ninguno de estos libros llamo mi atención.

En Henshin, en cambio, su estilo es más fresco, desenfadado, y demuestra un gran dominio de la perspectiva. Cuando digo que es "desenfadado" quiero decir que no busca unos acabados tan pulidos y la línea es más suelta.

Este volumen recoge una serie de historias breves que transcurren en la ciudad de Tokio. Podrían ser enmarcadas dentro de la corriente de la Nouvelle Manga, el cruce de caminos entre la BD francesa y el manga que abanderó en su origen el autor Frédéric Boilet. Los temas son costumbristas y de carácter reflexivo, mezclando comedia y drama.

Visitad su fantástico blog desde donde se enlazan todas sus redes sociales (Facebook, Twitter, Tumblr, Behance). El tipo domina el español, el inglés, el francés y el japonés.
http://niimurablog.blogspot.com.es/


Hashi, restaurante japonés en Berlín

Rosenthaler Strasse 63, Berlín
Pensábamos que, en caso de que no fuera auténtico, comeríamos en un chino. Pero no. Nos atendió un chico que hablaba japonés y que, tras invitarnos a ocupar una mesa, se olvidó de nosotros. Después de unos diez o quince minutos, tuvimos que pedirle a otro chico que nos trajera la carta y, luego, llamar a otra chica que nos tomara nota.

Como ahora los restaurantes coreanos son los locales de moda en Berlín (lejos queda el éxito de los vietnamitas y a kilómetros, el de los nipones), ofrecían "bibimbap japonés". Ahí la cosa ya parecía rara. Al lado nuestro se sentó un hijo del país del Sol naciente (un hijo ya con una edad) que se infló de sushi mientras tuiteaba cada bocado, fotos incluidas.

Las bebidas, un té y una limonada caseras, estaban buenas. El bibimbap de mi pareja me pareció soso a más no poder. La brocheta de pollo, que parecía otra cosa por el nombre en el menú, no me pareció nada especial. Pero lo peor, sin duda, fue mi sopa de udon. Me pareció asquerosa. He buscado en internet por si estaba equivocado pero todas las recetas coinciden en los ingredientes.

El caldo de este tipo de sopa está hecho a base de soja, mirin (vino de arroz) y dashi (bonito en polvo). El de este local parecía el resultado de hervir ternera y pollo en una olla durante demasiado tiempo. Para más inri, los fideos estaban pasados y parecían tentáculos viscosos. No he probado peor sopa en mi vida. Tras el mal servicio, la mala comida y el precio, nos fuimos muy insatisfechos.

Hotwire de Steve Pugh



Este cómic es singular y le tengo especial cariño. Dolmen fue la editorial que decidió publicar en España los dos volúmenes de esta serie incompleta, Réquiem por los muertos (2011) y Corte Profundo (2012). En Inglaterra no llegó a ver el segundo tomo recopilado antes de ser cancelada. Pese a que en la idea original estuvo Warren Ellis implicado, el desarrollo fue llevado a cabo completamente por el talentoso Steve Pugh.

Por el estilo de dibujo de la cubierta podría decirse que se trata de un cruce entre Creepy y un manga futurista. Lo mejor de todo es que se puede pensar lo mismo mirando las páginas interiores. No nos encontramos con la típica decepción de los cómics de superhéroes donde un gran portadista es el telonero de un dibujante mediocre. Steve Pugh se lo curra para que todo este al mismo gran nivel.

En el guión podemos ver su origen claramente británico, con 2000AD y Juez Dredd  a las espaldas. En un futuro distópico donde la policía lo controla todo, están surgiendo una especie de entidades que perturban el orden y que la gente asocia con fantasmas, espíritus, aunque se desconoce qué son. Alice Hotwire, la chica mona de la portada, es la policía especialista en controlarlos.

Sobre el guión, el primer arco argumental es mejor que el segundo. El personaje principal da para más y su historia podría haber seguido desarrollándose de manera interesante, del mismo modo que el fenómeno de los llamados "fantasmas" y su relación con los vivos y la razón de sus apariciones. Sin embargo, sin una buena línea argumental sustentándolo, nos encontramos con algo puramente estético.

Se aleja de la tremenda estupidez del cómic estadounidense de mallas y capas pero queda bastante lejos de una gran historia, pese a sus latigazos críticos contra el poder y la represión. Visualmente, en cambio, es espectacular. Es una pequeña joyita que me sorprendió, por su estilo diferente y elaborado, y por dar lo que prometía desde la misma cubierta, sin olvidar la gran edición a cargo de Dolmen a un muy buen precio.