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Del anime al desanime en 2024

2024 ha sido un año lleno de anime. He visto muchas series porque han habido no pocos estrenos. Las plataformas de streaming generalistas se han volcado a producirlos y parte de ellos son adaptaciones de cómics que llevo tiempo leyendo en la web de Manga Plus. Se han sumado excelentes recomendaciones de mi cuñada, que enlaza series como su madre cigarrillos.

Look Back (Prime Video*) y Frieren (Crunchyroll) están en la cima sin discusión. El primero es un mediometraje dramático que habla de dos chicas que conocen a través de su adición por el cómic y el dibujo. El segundo es una serie introspectiva de fantasía que reflexiona acerca del tiempo y las relaciones humanas, en la que también tenemos grandes momentos de comedia y acción.

Dandadan (Netflix, Crunchyroll) ha sido uno de los fenómenos del año en el mundo del anime. Si el manga tuvo éxito, la adaptación ha catapultado su fama. Desde su opening lisérgico con la pegadiza canción de Creepy Nuts a los caóticos episodios llenos de batallas explosivas y humor gamberro, no ha perdido ni un ápice de su esencia. El magnífico doblaje al castellano no hace más que mejorarlo.

He completado la segunda y la tercera temporada de Mob Psycho (Crunchyroll) y pese a las buenas valoraciones que he leído de la última, a mí me gustó más la segunda. Esta integra muy bien la evolución del protagonista con los combates, aún más espectaculares que en la primera. La tercera, en cambio, se centra en completar el desarrollo interno de Mob, y ofrece una trama deslavazada, con demasiadas elipsis y agujeros argumentales.

Otra con la que hice tres temporadas en raya fue Kimi ni Todoke (Netflix), un romance de instituto entre la paria de clase, Sawako, y el chico más popular, Kazehaya. Tan cándida como Ore no Monogatari, me ha divertido y conmovido a partes iguales. Si bien a medida que se alarga la trama adolece de un exceso de dramatismo y de tramas repetidas, la he devorado como si no hubiera un mañana.

Sand Land (Disney+) es una serie con sabor a western. Como ya intentó (infructuosamente) con Dragon Ball, Toriyama se aleja de los superpoderes cósmicos para abrazar el humor y la aventura. Gracias a la figura del sheriff Rao, se introducen tácticas militares que nivelan la balanza contra los enemigos más fuertes. Me gustó infinitamente más que el cómic, que me resultó demasiado soso.

Heavenly Delusion (Tengoku Daimakyou, Prime Video) es un anime de ciencia ficción que parte de dos tramas separadas: la de un grupo de niños que viven aislados en una idílica institución, y el viaje de dos adolescentes en busca de un hombre a través de un Japón posapocalíptico. Es una historia inquietante con notas de humor. Es una pena que, a medida que avanza, algunos episodios flojean.

Me costó entrar a Tragones y mazmorras (Dungeon Meshi, Netflix) por el tono. Tan pronto es seria como excesivamente chorra. Además, me dio la impresión de que se iba a repetir el mismo esquema en cada episodio: encontrar monstruo, derrotarlo, cocinarlo, y aprender una valiosa lección. Pero la trama se complica de modo muy inteligente, y los personajes ganan en profundidad.

Hokkaido Gals Are Super Adorable! (Dosanko Gal wa Namara Menkoi, Prime Video) está basado en un manga de tipo harem publicado en Manga Plus. Combina el romance cursi con humor blanco y toques picantes, estos últimos más acentuados en el anime. Pese a no tener una gran historia, lo he leído al completo y he visto todos los episodios. Es una excelente guía turística de la región de Hokkaido.

Con Dragon Ball, tanto la película de Super Hero (Crunchyroll) como la miniserie de Dragon Ball Daima (Anime Box, Netflix, Crunchyroll) me han decepcionado por culpa del excesivo fanservice. Añadieron cambios para cumplir las demandas de los seguidores, pero lo hicieron de manera ilógica y torpe. Al menos, la animación y el humor de Daima es una delicia, cosa que no se puede decir del largometraje.

Dos casos en los que el manga me entusiasma, pero el anime no me ha atraído nada, han sido Chainsaw Man (Crunchyroll) y Magilumiere Magical Girls S.A. (Prime Video). El primer título creo que no ha adaptado bien el humor ni las transiciones entre acción e introspección del cómic; el segundo, directamente, se me hace aburrido, y la paleta de colores y la animación me han dejado desencantado.

Dr Stone (Netflix) lo he abandonado a los pocos episodios porque la adaptación no me gusta. El dibujo de Boichi es impresionante, y aquí desluce por completo. Lo mismo me ha sucedido con Jujutsu Kaisen (Netflix), cuyo sistema de magias y poderes me marea. El peor del año para mí, sin embargo, ha sido el remake de 2024 de Ranma 1/2 (Netflix); es tan malo como innecesario.

Hasta aquí mi 2024 en lo que respecta al anime. Ha estado lleno de altibajos, pero con el premio de haber disfrutado de series maravillosas, llenas de corazón y de vibrantes escenas de acción. Sin lugar a dudas, lo positivo supera con creces a lo negativo.

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* Las plataformas indicadas son para España, el año 2024.

Desorientación y asco: Un efecto óptico y Mientras duermes


Un efecto óptico (2020)

Esta película de Juan Cavestany aúna extravagancia y originalidad. Un matrimonio de Burgos que no pasa por uno de sus mejores momentos viaja a Nueva York de vacaciones. Pero mientras pasean por las calles de la metrópolis, más les recuerda a su ciudad natal. El extrañamiento y el juego de espejos con bucles temporales me sorprendió gratamente. Desgraciadamente, el final no lo entendí, me dejó descolocado, y eso hizo que me quedara una sensación agridulce.


Mientras duermes (2011)

Esta es la película que más asco me ha dado en mucho tiempo. El portero de un edificio de Barcelona ha decidido destrozarle la vida a una de las vecinas. Resentido por la felicidad que irradia la joven, se cuela de noche en su apartamento para estropear los electrodomésticos o esconder fruta podrida. El summum llega cuando descubrimos que la violaba (y, por lo visto, ella no notaba nada la mañana siguiente). Parece la venganza íncel de Jaume Balagueró contra algún amor de adolescencia no correspondido.

De buen humor: Dr. Slump y Thermae Romae

Por fin, una década después de su publicación en español, Planeta ha traducido al catalán los 15 tomos de Dr. Slump. La demora ha sido tan larga como incomprensible, dado el éxito que tuvo su adaptación animada en Cataluña, y contando que siempre ha publicado Dragon Ball en ambos idiomas. Las ayudas de la Generalitat han surtido su efecto, vista la oleada de nuevas series en catalán.

Leer los dos primeros tomos ha sido una gozada. El dibujo ochentero de Akira Toriyama es una delicia. Su trazo limpio y redondeado se ve reforzado por un entintado sólido y sin tramas. Los detalles invaden las portadas, auténticas cornucopias de ideas. Con guiones ingeniosos y llenos de humor absurdo, Toriyama desmantela los mecanismos del medio para hacer malabares con ellos.

Hay una viñeta en que Arale recorta la propia página donde se encuentra, la introduce en una máquina del profesor y duplica todos sus elementos y personajes, incluida ella misma. Es una sorpresa tras otra. Me preguntaba: "¿Cómo se le ha podido ocurrir esto?". Ahora que la industria del cómic japonés está tan asentada, ¿es posible que se haya restringido la libertad creativa en pro de los beneficios?

Tras revisitar algunos episodios de TV3, cabe destacar que la traducción de Marc Bernabé debe mucho a la de antaño. Hay diálogos calcados en los que sólo se han actualizado referencias culturales: así, lo que antes era "pollo", ahora es un plato de tempura. Aunando carcajadas y nostalgia, esta edición en catalán ha conseguido retrotraerme a mi infancia con una sonrisa de oreja a oreja.

Thermae Romae, a falta de leerme los seis tomos de la obra completa, parece ser otra joyita salida del país del Sol Naciente. Hay que elogiar no sólo la idea, sino también que hubiera una editorial dispuesta a apoyarla y publicarla. Lucius Modestus es un arquitecto de la Antigua Roma que, sin entender muy bien cómo, viaja a los balnearios del actual Japón al sumergirse en el agua de las termas.

Cada salto temporal le resolverá un problema que lo tiene ofuscado: crear un baño exterior para el cónsul, facilitar el acceso a ancianos, transmitir las normas de conducta a los foráneos,... Los encuentros entre ambas civilizaciones son hilarantes, y están ejecutados de manera muy hábil, ya que no hay posibilidad de comunicación entre las partes.

Las ilustraciones de cubierta de los tomos no sólo anticipan el divertido contraste entre la solemnidad asociada al mundo clásico y la informalidad de la época contemporánea, sino también algo esencial de estas reuniones espaciotemportales: la desnudez. Es algo sobre lo que reflexionar, y no menor, contando que la edición inglesa ha censurado las partes pudendas de las estatuas.

Si bien, a diferencia de Dr. Slump, los capítulos suelen seguir un esquema repetitivo, me fascina cómo la autora consigue que el resultado sea lo contrario de aburrido. Y ojo con ella, porque los epílogos de Mari Yamazaki son de lo más surrealistas. Más allá de los datos históricos expuestos, sus anécdotas personales son de traca, a medio camino entre el ridículo y la conmiseración.

¿Y quién hay detrás de la traducción? Pues, de nuevo, Marc Bernabé y Daruma Serveis Lingüistics. Y, otra vez, el trabajo vuelve a ser excepcional. Cada dos por tres, se cuela un latinajo en los bocadillos de los protagonistas: inter nos, non plus ultra, vox populi, ex profeso, cum laude,... Cada morcilla de estas es una risotada bien amplia. Espero pasármelo tan bien con el resto de tomos.

Dentro de otra persona: Get Out y Cómo ser John Malkovich


Déjame salir (Get Out, 2017)

Mezclando terror y supremacismo, la mal traducida Get out (literalmente, Huye o ¡Sal de aquí!) consigue hacerte pasar un muy buen mal rato. Aunque me la habían recomendado, tenía mis recelos por culpa de Nosotros, del mismo director. Si aquella me pareció un despropósito, esta me ha atrapado. Chris va a conocer a la familia adinerada de su novia. Durante la reunión, la suma de microrracismos va socavando su paciencia y la el espectador, quien comienza a sentir sus mismas ganas de escapar. Angustiosa e incómoda, consigue sacarte de quicio antes de que la sangre empiece a brotar.


Cómo ser John Malkovich
(Being John Malkovich, 1999)

No sé por qué tengo la sensación de que he visto todas las películas de Spike Jonze y Charlie Kauffman, y es absolutamente mentira. Veintitrés años después de su estreno he visto Cómo ser John Malkovich, una comedia tan bizarra como original. Tanto los personajes (el titiritero con ínfulas triunfalistas, la chica obsesionada con las mascotas, la secretaria que no entiende a la gente) como las ideas (la planta 7½, el portal) me han entusiasmado. Encima, su reflexión acerca de la identidad está más vigente que nunca. Y, si bien la trama se torna cada vez más sombría y retorcida, sólo recuerdo reírme. Me pareció una genialidad.

Doctor Strange y un Multiverso sin cura

Finalmente, la mega publicitada locura del multiverso no ha sido tal. La película ha quedado lejos de la diversión que esperaba del título y su agresiva campaña. Ya pasó con Spider-man: No Way Home. Sea por guion, o por CGI, la orgía de palomitas no llena el cubo del combo más económico. La resaca de Endgame y muchos años de lo mismo la lastran sin duda.

Podríamos aducir falta de ingenio, pero si uno repasa las primeras aventuras, no eran mucho más originales. Era el efecto de la novedad lo que nos predisponía al disfrute, y la menor saturación del género. Ahora hasta hay series que ligan los cabos sueltos entre películas. WandaVision, por ejemplo, es la serie encargada de narrar el cambio que sufre la Bruja Escarlata tras la batalla con Thanos.

Porque cuando la vemos aparecer en esta segunda entrega del Doctor Extraño no se parece a la heroína que conocíamos. Si en La era de Ultrón no entendí lo que había sucedido con S.H.I.E.L.D., aquí al menos tenía una idea por lo que había leído por internet. Pero tengo claro que no me voy a desvivir por seguir la biografía de unos personajes cuya pista perdí hace tiempo en los cómics.

Si bien su duración supera por poco las dos horas, no puedo negar que el principio me resultó acelerado. Y es que el disparo de salida se da in media res. No consigue generarme intriga. No ayuda la interpretación de Cumberbatch, demasiado plana dada la cantidad de registros que podría haber aportado. Encima, el tema del amor se repite aquí con el mismo esquema cansino de siempre.

Si debo destacar qué me ha gustado, diría que el personaje de América Chávez, que bien podría ser la protagonista de la película loca, divertida y llena de color que esperaba. El lado más tétrico de la trama no me encandiló precisamente, pero la "capa fantasmagórica" del final me fascinó. Aunque no es el desastre de The Eternals, no volvería a perder el tiempo con ella. Es más de lo mismo.

Deponia: la peor experiencia que he tenido jugando

Canté bingo cuando encontré de  oferta los cuatro juegos de Deponia en la eShop de Nintendo. Llevaba tiempo queriendo jugar esta saga de aventuras gráficas y diez euros me parecieron baratos, sin imaginar lo caro que me saldría.

En un futuro distópico y estrafalario, la Tierra es un gran vertedero de chatarra. El hilo argumental sigue a Rufus, uno de los supervivientes que sueña con ascender a los cielos gracias a sus disparatadas invenciones. Allí en las alturas, libre de podredumbre y privaciones, se encuentra la ciudad flotante del Elíseo, residencia de los más privilegiados.

Aunque argumentalmente está claramente inspirado en la trama de Alita, ángel de combate, su progresión está lejos de la ultraviolencia y la gravedad del manga. Su tono cómico y absurdo hay que buscarlo en las aventuras de LucasArts como Monkey Island, Day of the Tentacle, Sam and Max o Full Throttle. Sin duda, equilibra con nota buenas dosis de humor con un excelente apartado gráfico.

Sin embargo, la saga en sí se estrella en puntos cruciales. En Switch, y parece que en otras plataformas ha sucedido algo similar, técnicamente es un desastre. La tetralogía contiene bugs bloqueantes que te obligan a reiniciar la historia. El autoguardado incluso lo empeora, obligándote a salvar manualmente a cada paso en diferentes slots para asegurarte varios puntos de recuperación.

Si bien ya en la primera me encontré uno de estos errores (una bombilla roja de una vagoneta que desaparece cuando la vuelves a colocar), tuve la suerte de haber guardado poco antes. Fue con Caos en Deponia, la segunda parte, donde tuve que repetir cuatro veces un progreso de una hora (la capa de invisibilidad que hace lo propio, y el diálogo con el jefe del crimen "desorganizado").

A partir de ahí, la inseguridad se apoderó de mí, y a cada pequeño bloqueo me preguntaba si no me había topado con otro error. Quería terminar la historia, pero no quería volver a quedarme encallado en bucles de sesenta minutos. La tercera y cuarta entregas, Goodbye Deponia y Deponia Doomsday, las jugué con guías, y cada vez que se complicaba un poco un puzle, echaba mano de ellas.

Para quien piense que la cosa no podría ir ya a peor, se equivoca. La última entrega sufre de crashes espontáneos. Sales de una habitación, y el juego se cierra. Reinicias, estás media hora, y se vuelve apagar. Desesperante. Incluso hay momentos en que necesitas estar en un punto exacto para poder agarrar objetos. De otro modo, da la sensación de que el artículo no es seleccionable.

Sumado a esto, tenemos la irregular localización de los juegos. Los dos primeros están doblados y traducidos, pero la siguiente dupla sólo ofrece subtítulos en español. Encima, del primero al segundo, la voz de Rufus en castellano cambia por otra más irritante, cosa que precisamente este personaje deleznable no necesitaba.

Y es que otro punto nauseabundo del juego es su machismo recalcitrante. Lo que en la primera entrega es un rasgo del carácter del protagonista, que es un perdedor despreciable, acaba empapando el guion de la saga. Cada vez es menos gracioso porque, a medida que el desagradable inventor va convirtiéndose en un mesías y, en cierto modo, se justifican sus actos, su misoginia no va en detrimento.

En el Deponia original, Rufus hace mil y una perrerías para recuperar la conciencia de Goal, que está alojada en un disco de memoria. En Caos en Deponia, ese disco se estropea y la personalidad de ella se fragmenta en tres. Entonces, el modo de "arreglarla" es enamorar a las tres conciencias de la chica por medio de misiones que literalmente la denigran.

Hay chistes de "mujer a la cocina", mofas sobre la menstruación, insultos a la transexualidad, humillación de mendigos,... En la última entrega, hay hasta un inclasificable sketch donde dejas a unos críos con un pedófilo, bromas sobre el suicidio, sobre los trastornos mentales,... Tal vez con al edad mi piel se ha vuelto más fina, pero las burradas que salen han llegado a dejarme sin palabras. 

Al menos, podría ser que la historia valiera la pena. Mi opinión es que el guionista empezó a sufrir delirios, y esta parodia de ciencia ficción toma rumbos cada vez más extraños: metiendo clonación, viajes en el tiempo con elefantes rosas,... Las tramas del comienzo, como el padre desaparecido de Rufus, se solventan sin que tengan ningún impacto en los acontecimientos posteriores.

Se plantea una serie de conflictos al inicio que no tienen nada que ver con el devenir de la aventura. Sólo sirve para añadir más puzles, que son cada vez más rebuscados. Un pastiche que, mezclado con todo lo anterior se hace bola. ¿Quién quiere que el cierre de una saga cómica sea triste y serio? Pues nada, ahí lo llevas. Y te lo alargo con una cuarta entrega que no cambia absolutamente nada.

Deponia presenta a un personaje asqueroso y egoísta para convertirlo en héroe justificando todos sus actos. Su trágico final, como siempre en pro del amor, un amor basado en el abuso y el engaño, es un burdo intento de limpiar sus pecados. Me empeciné en terminarlo, pero más me habría valido hacer como una amiga mía y devolverlo nada más ver el panorama del primer juego.

Dos películas que no fueron como me esperaba: Lady Bird y Personal Shopper


Lady Bird (2017)

Ver el avance de muchas películas es destripar todo el argumento. Más que trailers, deberían llamarse spoilers. En el lado opuesto, está el problema de ir virgen al visionado, con apenas unos fotogramas en la cabeza o algunas frases fuera de contexto. Entonces, te llevas un chasco descomunal porque las expectativas se estrellan contra el celuloide.

Me pasó con Lady Bird y Personal Shopper. No sé por qué me formé esta idea, pero creía que Lady Bird era una versión modernizada y pop de algún clásico anglosajón. Pero no. Es la historia de una adolescente que se apoda a sí misma "Lady Bird" y que sigue las pautas habituales de los relatos del paso de la adolescencia al mundo adulto.

Me aburrió mucho y me cansó bastante, porque no encontré ninguna idea nueva, ningún diálogo interesante, ni ningún encuadre o fotografía que me llegara a impactar. Como es habitual en estos acercamientos pop, se habla de cosas bastante duras que, pasadas por el tamiz de lo cool, pierden su gravedad y su crítica. Las cosas pasan para que te olvides de ellas.

La otra película, protagonizada por Kristen Stewart, es rarísima. Me la imaginaba como una crítica malrollera al capitalismo, a la despersonalización del individuo, y es un pastiche de géneros: cine de autor acerca del duelo con escenas de terror de fantasmas y thriller de asesinatos. El ritmo es desasosegante, y podría decir que me gustó más que la anterior, pero me dejó muy confundido.

Tiene ese punto tan reconocible de cine francés pedante. En este sentido, lo que más descuadra es que su personaje principal sea estadounidense cuando todo su guion es muy francés: desde las boutiques y las joyerías de alto standing con atildados dependientes, hasta las escenas "artísticas" de desnudos.

Tal cómo son los franceses, me hubiera encantado poder leer el pensamiento del resto del elenco al verse obligado a rodar en inglés por culpa de una sola yanqui. Bromas aparte, la mezcla de géneros es muy rara, y no entiendo hacia donde pretende apuntar el director. ¿Busca jugar con nuestras expectativas? ¿Hacernos caer en la mismo juego que la protagonista?

El final ya me remató. En el lugar donde pensaba que aparecerían los créditos, me encuentro con un viaje hacia ninguna parte, estremecedor, porque la escenas de miedo te ponen un nudo en la garganta, pero incomprensible. Y es una pena. Ambas películas llevaban tiempo en mi lista de pendientes y no han sido en absoluto lo que me esperaba. Tocará ver el trailer la próxima vez.


Personal Shopper (2016)

De què parlem quan no parlem de tota aquesta merda, de La Calòrica

Voy al teatro poco, por no decir casi nada. Y no estoy hablando sólo de la situación actual. No es que no me atraiga, es falta de costumbre. No ayuda el precio, que resulta caro en comparación con el cine. Dos entradas para una película cuestan 16€, mientras que dos en el palco del Teatre Princial de Sabadell nos costaron 34€ siendo las más baratas.

Aclaro que en ningún caso afirmo que sea caro respecto al trabajo realizado. Vista la obra, me parece barato: por la originalidad del guion, por las actuaciones y por el despliegue técnico. Mi pareja supo de ella por las noticias. De què parlem quan no parlem de tota aquesta merda utiliza una anécdota escatológica como metáfora de la situación actual del planeta.

La compañía teatral La Calòrica, es decir, la misma que ha ideado la función, se muda a un nuevo local de ensayo. Un mal día, el lavabo empieza a escupir heces como un tertuliano de televisión. Lo que parece un desafortunado incidente revela consecuencias más graves en la estructura del edificio, que corre el riesgo de desmoronarse en un futuro.

Cual es su sorpresa cuando tratan de encontrar una solución rápida con los vecinos y, pese al consenso general del peligro que corre el bloque, nadie tiene prisa por hacer nada. En paralelo, una "evangelista" a sueldo de las grandes corporaciones ofrece una conferencia en un simposio contra el cambio climático con una capacidad de persuasión inquietante.

La historia de la compañía teatral es disparatada e histriónica. Los actores se interpretan a sí mismos a la vez que se meten en la piel de todos los vecinos. La reunión de escalera es hilarante. Cambian de un personaje a otro es un chasquido, modulando la voz, el acento, el lenguaje corporal. La parte de la oradora va en dirección opuesta.

Más allá de los personajes que pululan a su alrededor, la voz de esta abogada del diablo es un cañón de palabras. Convencida y convincente, clava cada letra. Especialmente al comienzo de la obra, me descolocó. No sabía si la persona que tenía ante mí era una encargada del teatro soltándonos una propaganda de ONG, o era el inicio de la representación.

Rodeando los lados y la parte trasera del escenario como una valla, una pantalla hace de fondo, de pared y de proyector. Al principio muestra un telón. Luego se levanta para mostrar las bambalinas, de donde entrarán y saldrán los distintos muebles que configuren el decorado. Alzada, servirá de soporte para mostrar los documentos audiovisuales que corroboran que estamos ante un relato fidedigno.

O, al menos, todo lo fidedigno que puede ser un guion metareferencial lleno de gags cómicos y de reflexiones incómodas que gira entorno a un váter. Porque el retrete se encadena al proscenio como un ecologista a un árbol, de principio a fin. Y tiene todo el sentido del mundo, si todo gira únicamente alrededor de esa mierda que todos evitamos afrontar.

De què parlem quan no parlem de tota aquesta merda me ha gustado mucho y la recomiendo. Tiene grandes actuaciones, Es crítica sin dejar de ser divertida ni tomarse demasiado en serio. No es superflua y es muy original. A lo mejor a quienes van al teatro no les impacte tanto, pero a mí me dejó con la boca abierta en más de una ocasión. Sin duda, es dinero bien invertido.

Don't like this de Kaori Tsurutani

Tras Metamorfosis BL, mi pareja compró Don't like this, un manga de tomo único de la misma autora publicado en España por la recién nacida Ediciones Fujur. Su historia trata sobre Megumi Yoshida, una diseñadora de videojuegos para redes sociales introvertida y bastante apocada. Un día, descubre el mundo de la pesca, una nueva afición que la ayudará, poco a poco, a salir de su cascarón.

Pese a la diferencia de edad, Megumi no se diferencia mucho de la adolescente Urara de Metamorfosis BL. De hecho, ambos mangas siguen la misma premisa: gracias a un hobby compartido, se produce un acercamiento intergeneracional. En este caso, la protagonista conoce a un anciano que le da consejos sobre pesca. Dada la brevedad del tomo, sin embargo, esta relación no tiene apenas evolución.

Don't like this nació como un webcómic y se completa en un suspiro. Todos sus capítulos son cortos, y se titulan Don't like... más lo que sea que no le gusta al personaje. Es una lectura relajante... y muy japonesa. Tras las reflexivas escenas de pesca, viene la pormenorizada descripción de la receta del pez en cuestión. En temas gastronómicos, nipones y mediterráneos vamos de la mano.

El cómic cosechó tanto éxito que Kaori Tsurutani fichó por la revista online Comic NewType del grupo Kadokawa, donde ha publicado Metamorfosis BL. Dos años más tarde, en 2019, quedó primera en el ranking de la aclamada revista de rankings Kono Manga ga Sugoi!, permitiéndole llegar al mercado internacional. Don't like this es un agradable aperitivo que te deja con ganas de más.

Disfrutando del cine: Los niños lobo, Trainspotting 2 y Emma

Los niños lobo
(Ookami Kodomo no Ame to Yuki, 2012)

Mamoru Hosoda me había provocado sensación disímiles. La chica que saltaba en el tiempo me había desesperado y El niño y la bestia me había enamorado. Los niños lobos podría decantar la balanza hacia el amor o el odio. Por suerte, este extraño y conmovedor relato de una madre y sus dos hijos mitad humano, mitad licántropo ha inclinado el brazo hacia el lado bueno de la vida.

El director japonés recrea un mundo tan personal como el del propio Hayao Miyazaki. Si bien la calidad de la animación de sus películas no acepta reproche, la historia es la que lleva el peso de esta obra. La doble naturaleza de los protagonistas tira de ellos en direcciones opuestas, mientras su madre lucha por mantener la familia unida y feliz. Su evolución a lo largo del metraje es tan interesante como dolorosa.


T2: Trainspotting (2017)

En seguida los elogios por el increíble tráiler se convirtieron en detracciones hacia la secuela de la película de culto sinónimo de adicción y heroína. Al igual que su predecesora, está basada en un libro de Irvine Welsh, Porno (2002), a su vez continuación literaria de Trainspotting. En este caso, sin embargo, el guion diverge bastante del libro.

Veinte años después, Renton vuelve a Edimburgo buscando reconciliarse con su pasado. Las cosas no van cómo esperaba y se encuentra metido en otro chanchullo con Sick Boy mientras Franco le pisa los talones. Lo bueno de que la criticaran tanto es que no me decepcionó. Me pareció divertida, cáustica, loca y esperanzadora. Queda muy lejos del despropósito que muchos pintan.


Emma (2020)

Esta nueva adaptación cinematográfica de la novela cómica de Jane Austen guarda un rincón especial en mi memoria porque supuso la primera vez que iba al cine desde que empezamos el confinamiento en marzo. Emma Woodhouse es una joven aristócrata cuyo mayor entretenimiento es hacer de casamentera de sus amistades y relaciones. El problema es que su juicio no es siempre el acertado.

Es una historia ligera y entretenida que desata buenas risas, sobre todo el padre de la protagonista, que es un anciano hipocondríaco obsesionado con la posibilidad que una mala brisa helada le cause una neumonía. La fotografía resulta casi tan impecable como en Mujercitas. La gocé como un niño. Fue un gran respiro después de tantos meses de encierro y miedo.

Derrumbe de Ricardo Menéndez Salmón

No puedo, o no quiero, empezar con otra frase que no sea "Qué gran decepción". La ofensa me encantó por su prosa, y esperaba encontrar en esta una evolución aún más pulida si cabe de aquel estilo de cirujano diseccionando la realidad. Lo que he contemplado en sus renglones, sin embargo, ha sido una mutación monstruosa y agotadora.

Siendo historias totalmente desligada la una de la otra, ambas pertenecen junto a El corrector, a la llamada Trilogía del Mal. No dudaría en felicitar al autor por ser valiente en cada libro, por buscar nuevos modos de narrar, de enfocar las historias. Es lo que debe hacer un creador que no quiere limitarse a moldear la misma figura de barro desde hoy hasta el postrero día de sus existencia.

Pero es que me ha resultado insoportable. De longitud similar a la anterior, por debajo de las doscientas páginas, y dividida en tres partes, quiere imprimir un ritmo frenético a la primera de ellas. Sus oraciones cortas con abuso de la yuxtaposición y sus diálogos lacónicos con pretensiones, no sé si acaso buscando imitar a una novela policíaca, me aburrieron hasta el infinito.

Quiere presentar a unos personajes, a un detective y a un asesino en serie, y no consigue interesarme por ninguno. Parece intentar generar un aura de misterio que se queda en humo de Ducados. Los investigadores son tan inútiles que no dan un palo al agua. Se pasan las horas elogiando con fascinación el trabajo del carnicero, pese a que insisten en querer atraparlo. Pues, bien, haced algo, ¿no?

Hay un exceso, tal vez ya anunciado en el título, de sonar grandilocuente. El resultado es un videoclip que ralentiza la cámara rápida para escupir perogrulladas y clichés. Los personajes femeninos dan pena. ¿Cómo se consigue que una embarazada sea tan plana? El trío calavera que aparece en la segunda parte es un disparate aún mayor que el demente que abre la novela.

Es como si Menéndez Salmón hubiera leído a Bolaño y hubiera intentado hacer una imitación con hamburguesas del McDonald's. El trío de estudiantes buscando epatar a este mundo insensibilizado con su obra de terror mediocre da pena y vergüenza ajena. Hubo momentos en los que no me podía creer las tonterías que estaba leyendo. Parece escrito por un adolescente de cuarenta años sin talento.

Eso sí, la crítica la pone por las nubes. Y yo me pierdo. Cada vez debo de leer peor. ¿Qué aporta su lectura? ¿En qué innova? ¿Tiene sentido para quienes la loan? ¿Consideran que los personajes están bien construidos? No la he disfrutado ni un segundo. He sentido La ofensa de su obra anterior en mis propias carnes. Vaya soberana mierda.

Dos buenas películas y un bodrio: Biutiful, Puñales por la espalda y Proyecto Rampage

Biutiful (2010)

La Barcelona de Biutiful no es la bella capital para gente con pasta de Vicky Cristina Barcelona. Si bien peca en su intento de forzar que yazgan en la misma cama lo poético y lo miserable, se le perdona. El papel de Bardem es brutal. La cara la trae de serie, pero su trabajo interpretativo completa el retrato de este buscavidas barriobajero que busca redención en los suburbios de la ciudad condal. La atmósfera creada por Iñárritu, donde el halo de misterio nunca abandona la escena, es magnífica.


Puñales por la espalda (Knives Out, 2019)

No me esperaba lo que vi. Por el título y el cartel, da la sensación de que estamos antes una comedia coral de enredos, en la que la actitud miserable de su elenco va a ser el foco de la risa. Sin embargo, no encontramos con un caso digno de Poirot con un Daniel Craig excéntrico y divertido, y un rompecabezas que difícilmente acertaremos a la primera. Muchas veces las buenas ideas quedan malogradas por una mala ejecución. Aquí no nos sentiremos defraudados. Pese a su estreno en 2019, ya está disponible en Amazon Prime Video.


Proyecto Rampage (Rampage, 2018)

¿Quién no prevé que esta película será más mala que la sarna? Pero, bueno, un domingo después de comer, cuando la siesta acecha, ¿bien tiene que servir de entretenimiento ligero, mucho mejor que los dramones de Antena 3 o las insulseces nórdicas de la 1? Por no ser, no es ni graciosa. Esperaba una locura a lo Jumanji, pero su surrealismo supera nuestra pandemia actual. Dwayne Johnson podría haberse reído de sí mismo un poquito más y el resultado hubiera sido mejor, y no un bodrio con un mensaje ecologista tan ingenuo y cliché como aberrante.

Dorohedoro, anime en Netflix


Dorohedoro es un anime que se estrenó este mayo en Netflix. Basado en el manga ya finalizado de la mangaka Q Hashida. Cuenta con 23 volúmenes en Japón y en España está siendo publicado por ECC Ediciones. Aunque es de publicación mensual, el número 14 tardó cuatro meses en salir debido a la pandemia de COVID-19.

Con un dibujo de estilo feísta que acentúa el mundo distópico en el que viven los personajes, hay que reconocer que el estudio MAPPA encargado de su adaptación a la pequeña pantalla ha conseguido mantener, mejorándolo, el estilo de la autora. Si bien han imitado el trazo sucio y con sabor ochentero del original, corrigen los errores del papel: ilustraciones más claras, proporciones más coherentes,...

Pese a la distancia argumental, verlo ha sido tan satisfactorio como lo fue con Beastars. Es un anime muy potente visualmente. Sus batallas son crudas y sangrientas. El diseño de personajes y el universo en el que viven consiguen darle a la serie una personalidad propia. Equilibra con buen tino las dosis de suspende, acción y humor.

Sin tener claro origen del título, Dorohedoro nos presenta a Caimán y Nikaidō, dos cazadores de magos. Al igual que en Alita, Iron City es el vertedero de la ciudad flotante de Salem, los habitantes de Hole viven sometidos por los magos. Los magos son personas con poderes en forma de humo negro que habitan otra dimensión con muchos más privilegios.

Ambos protagonistas son realmente fuertes. Caimán, además, es inmune a la magia, porque el hechizo que pesa sobre él impide que otros conjuros le hagan efecto. Una maldición convirtió su cabeza humana en la de un reptil horrible, pero no recuerda quién se la lanzó. Nikaidō lo encontró en la calle sin memoria y, desde entonces, combaten codo a codo contra los magos.

El hilo principal consiste en la búsqueda del hechicero que condenó a Caimán. Si consigue matarlo, volverá a ser humano. Sin embargo, en su lucha contra los magos, se toparán con los secuaces de En, un temido empresario corporativo cuyas aficiones tan estrambóticas como siniestras son fiel reflejo de su poder.

Aunque la habilidad principal de En parece ridícula al principio, se destapa como el fruto mismo de una pesadilla. Capaz de transformar en setas todo lo que toca su humo, es verdadermente desagradable y terrorífico ver cómo el cuerpo de sus víctimas son consumido irremediablemente por una miríada de hongos.

Los doce episodios de la primera temporada corresponden a los cuarenta primeros episodios del manga. Siendo el total 167, y esperando que Netflix no la cancele, deberíamos poder disfrutar de cuatro temporadas. Es magnífico el impulso que están dando las plataformas de vídeo bajo demanda al anime, produciendo series que, de otro modo, tal vez no verían la luz.

Dramaworld, la comedia sobre los Dramas coreanos


Netflix acabó retirando Dramaworld de su catálogo, una serie producida por Viki, otra plataforma de streaming especializada en "dramas" asiáticos. Los dramas serían la versión oriental de las telenovelas, con otras convenciones y una duración mucho menor. Lo que me llamó la atención de esta es que se trata de una parodia del género.

Claire, una joven pelirroja obsesionada con los dramas coreanos acaba, sin saber cómo, transportada al mundo ficticio de su serie favorita. Es un universo donde las chicas son atrapadas por los brazos de su futuro amor si acaso tropiezan, y donde los protagonistas masculinos son arrogantes pero arrebatadoramente guapos.

Su misión no será otra que salvar Dramaworld, reconduciendo la trama para que el chico y la chica de turno se den el beso que hará aparecer los créditos finales. El problema es que no es tan sencillo, más cuando hay alguien interviniendo para que todo salga más. Sin duda, la torpeza y los malos consejos de Claire tampoco ayudan demasiado.

En general, ha sido una decepción, tal vez porque no conozco el género. Me ha resultado muy poco graciosa. Aunque la duración de los episodios varía entre 10 y 20 minutos, se me hicieron largos. La protagonista es tonta de remate, como el resto del elenco. Irónicamente, termina por convertirse en lo mismo que caricaturiza.

Darbo Naturrein, la deliciosa mermelada de frutas del bosque



La mermerlada Darbo Naturrein de frutas del bosque ha sido uno de los grandes descubrimientos de la cuarentena. En la sección ecológica del Condis cerca de mi casa, la eligió mi pareja sin saber nada de la marca. La he buscado y resulta que es una compañía austriaca con unos añitos a sus espaldas. Y aunque estilicen el nombre como "d'arbo", en su web siempre se refieren a sí mismos como Darbo.

El tarro que compramos, y al que le han seguido otros dos, es de la línea Fruchtreich (Rico en fruta). Se caracteriza por tener mayor un porcentaje que el producto original. Contiene un 70% de frambuesas, moras, arándanos y fresas silvestres. Es una mermelada grumosa. Se pueden apreciar perfectamente el interior crujiente de las drupéolas de las moras y las frambuesas.

Posee un intenso color frambuesa oscuro y un sabor extasiante. A diferencia de otras mermeladas, es sabrosa sin saturar el paladar. Su dulzor no empalaga e invita a degustarla. En su mezcla se suma, por supuesto, el azúcar, pero también el zumo de limón concentrado y la pectina como gelificante. Por cada 100 gramos, tiene 37 gramos de azúcares.

La hemos disfrutado extendiéndola sobre rebanadas de pan de payés con mantequilla Cadí, y mezclándola con el cremoso yogur griego de la Fageda, añadiendo trozos de chocolate para mayor pecado. He ido más allá y la he puesto a unas natillas con galleta maría, y el resultado ha sido espectacular. Incluso he metido el dedo en el primer bote para apurar lo que quedaba.

Sin duda, cuando volvamos a caminar bajo la luz del sol, puede que pesemos algo más. Pero qué bien habremos confitado este amargo confinamiento.

Dolor con gloria y sin gloria: de la película de Almodóvar a los Especiales de Olivier Nakache y Eric Toledano

Dolor y gloria (2019)

Esta autobiografía sentimental de Almodóvar me ha gustado tanto por la actuación de Antonio Banderas como por su estética y contención. Habla de la edad, de los dolores que se hacen crónicos. Ya no es la punzada en el costado que desaparece. Ya no es ese bajón ocasional que olvidaremos. Es el aguijonazo constante, la tristeza diaria e imbatible.

Es cierto que se la podría tachar de burguesa, de corolario de quejas nimias del acomodado, más si la comparamos con el filme de Nakache y Toledano, pero el director manchego y el actor malagueño consiguen que no se convierta en una dramatización ni excesiva ni innecesaria. Los años llegan irremediablemente, con sus crisis y su incertidumbre ante la certeza del final.

Cada plano, rodado con esmero, es un gozo visual. La figura gris y apagada de Salvador Mallo, alter ego de Almodóvar, se recorta sobre las coloridas paredes de su piso madrileño, reflejo de un pasado exitoso y feliz. Del mismo modo, los luminosos rayos del mediterráneo se cuelan entre las rejas de su infancia en las cuevas de Paterna, engalanando la miseria de los sesenta con nostalgia y belleza.

En el otro extremo de este relato pausado e intimista, en el que, pese a los oscuros nubarrones interiores, sigue brillando el sol, Especiales, de los creadores de la exitosa Intocable, es un bloque de cemento de realidad. Aquí no escampa. Ante la fragilidad de los paraguas, el estoicismo de seguir caminando bajo la lluvia. Es una lucha sin cuartel ni ayuda, ni apenas medios.

No es una comedia optimista como Campeones o el taquillazo con François Cluzet y Omar Sy. Bruno (Vincent Cassel) y Malik (Reda Kateb) dirigen dos organizaciones sin ánimo de lucro a cargo de niños y adolescentes autistas, casos extremos de los que las asociaciones y centros regulados se desentienden por la imposibilidad de atenderlos dada la saturación del sector.

La organización de Bruno recibe la visita de dos inspectores gubernamentales, quienes estudian cerrarla a causa de la falta de acreditación oficial y de la presencia de cuidadores sin formación en el equipo. Esto se debe a que contratan a adolescentes en riesgo de exclusión social para ofrecerles una profesión de la que, posteriormente, podrán titularse.

Es dura sin ser lacrimógena. No dulcifica a los pacientes, ni santifica a los cuidadores. Espeta un contundente "Es lo que hay y ahora lo sabes". Su objetivo es visibilizar la labor constante y silenciosa que llevan a cabo organizaciones como Le Silence des Justes de Stéphane Benhamou y Le Relais IDF de Daoud Tatou, en quienes se basa esta historia. Desde luego, una excelente toma de conciencia.

Especiales (Hors normes, 2019)

Donuts Cookies and Cream: el empacho


En noviembre, Donuts abrió su primera tienda en la ciudad de Barcelona bajo el nombre de Oh My Donuts. Para sorpresa de muchos, el puesto, ubicado en el centro Diagonal Mar, cierra justo hoy, 31 de enero. ¿La razón? El negocio, o experimento, se planificó para tan sólo tres meses. Así que, en caso de querer vuestra rosquilla personalizada, no queda otra que darse prisa.

Y es que, desde hace un tiempo, Panrico lleva una campaña publicitaria basada en novedades constantes, pero temporales. Cada dos por tres, sale un sabor nuevo de Donuts y de Donettes. Del hermano mayor hemos tenido ediciones limitadas de Pantera Rosa, de Halloween y de Panettone, entre muchas otras. Ahora toca el turno de Cookies & Cream.

A diferencia de los las variedades de Halloween y Panettone, esta tiene un baño delicioso de chocolate con galleta. Es tan crujiente que uno disfruta sólo con hincarle el diente. Desgraciadamente, lo que viene dentro ya no es tan maravilloso. Al igual que las dos anteriores, el bollo es muy aceitoso. Parece que en vez de una berlina estés masticando un churro reblandecido.

La crema del interior, al igual que la masa supuestamente chocolateada, no me ha sabido a nada. El gran problema de estas nuevas ediciones es que entran fácilmente por los ojos, pero con gran dificultad por la boca. Sufren el contraste de ser tan insulsas como grasientas. Yo he descascarillado la rosquilla sólo para poder terminarme el recubrimiento de galleta. El resto ha ido directo a la basura.

Dos películas que me sorprendieron: Infierno bajo el agua y Aniquilación

Infierno bajo el agua (Crawl, 2019)

Fui al cine porque a mi pareja le encantan las pelis de bichos y no daba mucho por ella. Si llego a saber antes que la había dirigido Alexandre Aja, director de la nefanda Piraña 3D, ni piso la sala. Pero, al final, menuda sorpresa. Ni la protagonista es idiota, ni el monstruo está hecho con el material de las cajas negras de los aviones, ni la trama es un completo disparate.

Sin abandonar los alicientes del género, y poniendo entre varias comillas lo que voy a decir, las situaciones no resultan inverosímiles. No es Jason Statham matando a un megalodón. La protagonista no se adentra en la boca del lobo por una serie de casualidades absurdas ni, una vez en el meollo, toma las decisiones de un niño de cinco años.

Es espabilada y las cosas que sabe hacer tienen una explicación en las características del personaje. Obviamente, por muy bien que la ponga, las flipadas están ahí. Pero me pareció, dentro de la locura del género, una película muy equilibrada, muy entretenida y muy emocionante. La disfruté de principio a fin.


Aniquilación (Annihilation, 2018)

Meteoritos, alienígenas, una extraña alteración de la realidad, un grupo de militares que se adentra para reconocer la zona del impacto,... Esta trama de ciencia ficción y terror juega de manera muy inteligente con sus limitados recursos. Sin desplegar unos efectos especiales anonadantes, consigue noquear visualmente al espectador.

Me gustó cómo, a diferencia de otras historias protagonizadas únicamente por mujeres, no justifican por qué no hay hombres. Incluso uno espera que se descubra que hay una razón detrás. No es así. El director de la malograda Ex machina, manteniendo su tono místico, pero sin provocar vergüenza ajena, consigue un filme lleno de tensión psicológica y malestar físico.

Porque hay imágenes y sensaciones que difícilmente podré borrar. Las incongruencias no hacen el viaje de las protagonistas menos impactante. Con un elemento tan inofensivo como las flores, Alex Garland genera una desazón extraordinaria. Las criaturas mutadas que aparecerán en el camino no sobrepasan el miedo que nos provocará el final. Magistral.

Distancia de rescate de Samanta Schweblin


Las recomendaciones de Amazon suelen resultarme terribles. O me sugiere novelas románticas, u obras del Siglo de Oro. Sin punto medio, me lleva de Adicta a tu aroma hasta Quevedo. Pero, a veces, la web me hace un quiebro inesperado. El libro captó mi atención instantáneamente gracias a la ilustración de la cubierta y a su irrebatible precio de oferta: noventa y cuatro céntimos.

Cuando lo empecé, no me acababa de convencer. El estilo poético, demasiado etéreo, me daba mala espina, la típica que se clava como una mala sospecha que al final se cumple y te lleva al hospital. El caso es que, a diferencia de otros extractos de libros digitales, este sí que corta donde el lector va a querer continuar. No puedes cerrar el archivo y olvidarte.

Seguí y, como temía, la autora deja un final abierto. No concreta qué es ese algo que repite a lo largo de un centenar de páginas. Este tipo de obras alcanzan el estatus de inolvidables cuando asestan un buen portazo antes de salir, y no cuando se marchan desintegrándose en un vahído. Es una traición a la confianza del lector, un coitus interruptus.

Pese a la insatisfacción anorgásmica, he disfrutado mucho este viaje a ninguna parte. En absoluto, el libro de Schweblin ha sido una pérdida de tiempo. Me ha encandilado lo trabajado que está el texto, el juego de las dos voces narrativas, la capacidad de progresar sin rebajar la tensión, que de tan constante asfixia. Es un ejercicio fascinante.

Mi sueño era que todas las bellas palabras se materializarían en un problema tangible, señalado con un dedo acusador y testimonial: esto es lo que sucede en el campo argentino. El camino elegido se adentra en el bosque del terror psicológico que germina sobre las relaciones entre madres e hijos. Es una reflexión dolorosa sobre el reto inalcanzable de protegerlos de todo.

Sin duda, Distancia de rescate era el libro que necesitaba para terminar bien arriba este año 2019. Feliz Año Nuevo. :)

Dos cómics chorras: Porque sí y Aquella vez que me reencarné en Yamcha


Aquella vez que em reencarné en Yamcha de Dragongarow Lee trata de un estudiante dan de la serie de Akira Toriyama que muere y reaparece en el universo de Son Goku convertido en Yamcha. Al principio, pareciera que tiene intenciones más gamberras, que va a ser una locura, pero luego acaba resultando bastante soso. Me esperaba más risas.



Porque sí: El libraco de Ruleta Rusa es un compendio de tiras cómicas con chistes malísimos. Una tarde aburrido con tus colegas haciendo juegos de palabras penosos en plan coña se materializa en este tocho. Si algo se puede rescatar es que ha sido realizado únicamente con los recursos que aporta la web stripgenerator.com, un experimento digno del OuBaPo.