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Gracias por la bibliotecas: Laura Dean me ha vuelto a dejar, El humano y Nejishiki

Laura Dean me ha vuelto a dejar me ha encandilado. Mariko Tamaki escribe un relato íntimo y verosímil acerca de una relación tóxica en la adolescencia. Su lectura es mucho más interesante que la de Aquel verano, recuperando el nivel de aquella obra tras el pastiche perpetrado en Cristales rotos. Sin embargo, si hay algo que eleva el guion a un nivel excelso es el arte de Rosemary Valero-O'Conell. La delicadeza con la que plasma cada rostro, la fuerza con la que transmite cada sentimiento, el preciosismo con el que teje cada página, te deja sin palabras. Su relectura no es obligatoria. Es una necesidad.

Al igual que el cómic anterior, El humano debe mucho a su apartado gráfico. Lucas Varela ilustra esta historia de ciencia ficción donde dos humanos, un Adán y una Eva del apocalipsis, son enviados a un futuro muy lejano por tal de preservar la especie humana. De tono oscuro y turbador, con una reducida paleta de colores que incrementa la asfixia de la trama, su desarrollo no consigue atrapar. Diego Agrimbau no aporta ideas frescas ni originales. Todo avanza por el sendero habitual. Más allá del dibujo, fue un libro que me aburrió.

El hombre sin talento me fascinó. Aunque La mujer de al lado no me atrajo del mismo modo, es innegable que cada obra de Yoshiharu Tsuge supone algo diferente, alejado del circuito de manga comercial al que estamos acostumbrados. La primera vez que supe de Nejishiki fue por una referencia en un cómic de Kabi Nagata. La importancia de esta obra reside en su tratamiento del mundo onírico. Tsuge describe una serie de sueños, cada uno con una aproximación narrativa y estilística distinta. El contenido argumental, freudianamente centrado en el sexo y la violencia, queda en un segundo plano para centrarse en el cómo. De haber sido enfocado de otro modo, su lectura hubiera sido totalmente anodina.

Gorō Miyazaki y el peso del legado: Cuentos de Terramar y La Colina de las amapolas


Cuentos de Terramar (Gedo Senki, 2006)

Después de que Hiromasa Yonebayashi abandonara Studio Ghibli para crear su propia empresa, el futuro de la compañía recayó sobre los hombros de Gorō Miyazaki, hijo de Hayao Miyazaki. El director mantiene una tensa relación con su padre que, afortunadamente, parece haber ido mejorando con el paso de los años.

Cuando Ursula K. Le Guin aceptó que el estudio nipón animara su saga más famosa, Hayao Miyazaki estaba inmerso en la realización de El castillo ambulante. Toshio Suzuki, productor cinematográfico y cofundador de Studio Ghibli, además de presidente de la compañía por aquel entonces, presionó a Gorō para que se encargara del proyecto, que se vio obligado a tomar las riendas.

Su padre no vio con buenos ojos que le ofrecieran dirigir Cuentos de Terramar teniendo tan poca experiencia. Su hijo sólo había trabajado como paisajista y nunca se había sentado detrás de la cámara. Lo que le pareció peor, y así se lo reprochó, es que su hijo aceptara. Fue tal el enfado que no le ofreció su ayuda en ningún momento durante el proceso de creación.

Tristemente, Hayao no andaba falto de razón. Ya desde el mismo comienzo, el guion diverge de la trama de la novela de Ursula K. Le Guin, un cambio que provocará varios sinsentidos en el argumento. La escritora confesó haber quedado descontenta con la adaptación, aunque concedió que el diseño de los dragones, fiel al original, le había gustado mucho.

A mí me parecieron horrorosos. Su estilo se ajusta más a las ilustraciones clásicas de los libros de fantasía que al universo preciosista del estudio tokiota. Gorō lleva a cabo un pastiche que carece del encanto y la imaginería de Ghibli, y que se equivoca en su representación del mundo de Terramar. Teniendo un guion incapaz de apuntalar el desaguisado, el fracaso estaba asegurado.

La dura opinión de Hayao Miyazaki sobre el trabajo de su hijo, que quedó registrada, se acabó atragantando en la garganta del genio japonés. Había más razones para que Gorō estuviera enfadado con él por ser un padre ausente durante su infancia, que no al revés. En este sentido, el giro de guion inicial de Cuentos de Terramar se puede ver como una muestra del rencor que le guarda por ello.

Miyazaki supo que debía retractarse, y Ponyo es la materialización de la disculpa hacia su hijo. La relación entre ambos fue mejorando. Para la segunda película de Gorō, La colina de las amapolas, Hayao se mostró más colaborativo aunque nunca trataba directamente con su hijo. su fuerte personalidd se convertía muchas veces más en un obstáculo que una ayuda.

De su unión nació una película simpática. Ambientada en 1963, cuenta el romance entre dos estudiantes de instituto que descubren una chocante fotografía que conecta la vida de ambos. La animación es mejor y más acorde con el universo de Ghibli, pero a diferencia de los trabajos de Yonebayashi (Arrietty, El recuerdo de Marnie) no se siente como algo innovador o diferente.

Sus protagonistas no son memorables, y su trama no trasciende más allá de una historia particular, lejos de la universalidad de los grandes títulos de la compañía. La última película de Gorō Miyazaki, Earwig y la bruja (2020), primera incursión en la animación digital del estudio, no parece haber entusiasmado ni a crítica ni a público, poniendo en jaque el ya de por sí comprometido porvenir de Ghibli.

El peso sobre los hombros del director es enorme, además de frustrante. Su tercer intento no ha cuajado entre los espectadores que, por el contrario, aguardan expectantes el regreso de su septuagenario padre a la gran pantalla. Esta última obra de Hayao llegará en 2023 y estará dirigida a su nieto, cuyo nacimiento logró volver a unir a padre e hijo. Si debe quedar un legado, que sea el de la reconciliación.


La colina de las amapolas (Kokuriko-zaka kara, 2011)

Getting a grip, la autobiografía de Monica Seles


Getting a grip (2013)

Compré el libro tras leer un artículo acerca de su apuñalamiento durante los cuartos de final del Torneo de Hamburgo. Sucedió el 30 de abril de 1993, hace ya casi treinta años. La secuelas en la tenista fueron traumáticas. Pese a conseguir volver a las pistas dos años más tarde y ganar por cuarta vez el Abierto de Australia en 1996, no volvería a sentirse bien consigo misma hasta después de su retirada.

El título de Getting a Grip: On My Body, My Mind, My Self ya da una idea del sesgo del libro, a medio camino de la autobiografía y la autoayuda. Como literatura deportiva sobre tenis no se disfruta demasiado. Se narran partidos, pero no con la precisión ni la tensión de otros como Los niveles del juego de John McPhee o Rafa, mi historia de John Carlin.

Seles ganó nueve Grand Slams en una época en la que tuvo que enfrentarse a dos bestias pardas como Martina Navratilova y Steffi Graf. Ocho de esos trofeos los consiguió entre 1990 y 1993. Su ascenso fue tan meteórico que se coronó número uno de la WTA con tan sólo diecisiete años en 1991. Cuando su agresor la hirió en el hombro, la burbuja de ensueño en la que vivía estalló sin compasión.

Es duro entender cómo la vida de muchos jugadores profesionales está tan ligada a su deporte que, una vez desaparece, quedan seriamente tocados. A su lenta recuperación se sumó el cáncer de su padre y entrenador. Dos de los pilares que sostenían a Seles se vinieron abajo de golpe. El libro es la búsqueda del equilibrio interior perdido y la superación de la tragedia que partió su carrera.

Después de cuatro meses de sequía lectora, he agradecido con ganas disfrutar de esta biografía. Pese a dejarme con la miel en los labios en demasiadas ocasiones (cada vez que asomaba un partido importante y lo solventaba en cuatro escuetas líneas), es muy interesante conocer mejor cómo es una carrera profesional desde la infancia hasta la madurez.

Hay que hacer increíbles sacrificios, llevar el cuerpo y la mente al límite. Me sorprende con creces cuando Seles habla de sus malas estadísticas tras volver al circuito, pero sigue entre las diez primeras del ranking mundial. Esa es la exigencia. Su calidad era tal que, aún en baja forma, era capaz de ganar a tenistas de la talla de Jennifer Capriati, Arantxa Sánchez Vicario o Martina Hingis.

La agresión le provocó ansiedad, y un trastorno alimenticio del que no pudo salir hasta casi una década después. Su baja forma sacó a relucir el machismo y la falta de empatía de nuestra sociedad. Los periodistas la empezaron a cuestionar, casi a culpar, acerca de su sobrepeso. Volver con triunfos de una herida que pudo ser incapacitante no fue suficiente logro para la prensa.

El texto incide mucho en esta exigencia estética en el deporte femenino. A las críticas ajenas sobre su físico se sumaron las propias. Su gusto por la moda se hacía añicos contra su anhelo por seguir comiendo sin mesura. Seles empezó a mentir a sus preparadores físicos, llegando al extremo de despertarse a hurtadillas por la noche para comprar comida basura en tiendas de veinticuatro horas.

Por suerte, consiguió salir de la espiral negativa en la que se encontraba atrapada. Fue un progreso lento con muchos tropiezos que no concluyó hasta que colgó definitivamente la raqueta. Getting a grip es una lectura absorbente que nos da a conocer a la persona detrás de la figura pública y cómo, tras una gran tragedia, uno puede llegar a recomponerse.

Godzilla de Gareth Edwards, La juventud de Sorrentino y Cronocrímenes de Vigalondo

Godzilla (2014)

La película original de 1954 dirigida por Ishiro Honda fue presentada como una metáfora de los ataques nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Su proyección en salas estadounidenses vino acompañada de censura, difuminando su visión desfavorable sobre la energía nuclear. La enésima versión del clásico de culto parecía querer subsanar los errores del pasado, siendo el elegido Gareth Edwards, quien había sido capaz de aunar en Monsters (2010) peleas de monstruos gigantes con la política migratoria de EE.UU.

Sin embargo, pese a que aquí vuelve a transmitir con acierto la grandiosidad de las bestias, y lo impotentes e insignificantes que somos los humanos en comparación, la crítica brilla por su ausencia. Visualmente, me pareció espectacular, pero todo se desinfla a medida que pasan los minutos. Creo que no satisfará a los amantes de lo fantástico ni de los bichos horripilantes, como tampoco lo hará con aquellos que busquen una reflexión más allá de los escamas del engendro radiactivo.


La juventud (Youth - La giovinezza, 2015)

No había visto el cartel, y suerte, porque justo la escena que retrata es la más impresionante. Me dejó con la boca abierta. La aparición de Madalina Ghenea en el spa corta la respiración. Desde un punto de vista más sensual que cinematográfico, es impecable. Apenas recuerdo más del argumento. Michael Caine es el protagonista deprimido, Harvey Keitel es el amigo optimista, Paul Dano hace de actor,... ¡Si hasta Rachel Weisz queda opacada!

Y es sintomático. Sorrentino repite muchos recursos de La gran belleza, pero no consigue la unidad de aquella. Da a luz un conglomerado de ideas sueltas pegadas toscamente con Super Glue. Su chiste con Paul Dano disfrazado de personaje histórico hace aguas, resulta desubicado y solo produce incomodidad. A través de las grietas de este jarrón que intenta vendernos no vemos otra cosa que el espectacular cuerpo de la bellísima modelo rumana.


Los cronocrímenes (2017)

Nacho Vigalondo ganó reconocimiento mediático gracias a su nominación al Oscar en 2004 con su cortometraje 7:35 de la mañana. Tres años después, su película de ciencia ficción Los cronocrímenes acabó de afianzarlo como uno de los directores más originales del panorama español. Como el mismo título indica, el tiempo cumple un papel crucial en el asesinato en torno al cual gira la trama. En un intento de ayudar a la víctima, el protagonista se verá atrapado en un angustioso bucle temporal.

Aunque no contó con un gran presupuesto, el resultado final no se ve perjudicado por malas decisiones. Su guion consigue huir de las paradojas más habituales del género, y la dirección es lo suficientemente hábil para avanzarnos lo que sucederá sin que nos demos cuenta. Como buen representante del cine español, no falta el ineludible desnudo femenino. El aluvión de elogios cosechados consiguió generarme unas expectativas demasiado altas. Queda lejos de la genialidad que me esperaba.

Gracias, Google

A la mínima que uno se despista, Google se pone a fisgar a ver por dónde te mueves. ¡Aun en tiempos de pandemia! Aquí el magnífico timeline de julio que me han enviado por correo. Gracias, cracks.


Gramàtica dels noms propis de Lluís Maria Todó


De lo que pensaba que era a lo que es existe un abismo. Para empezar, creía que el autor era autora: Lluïsa Maria Todó. Tras leer las primeras páginas en la librería, atraído como una polilla a la luz por el título, me monté la película de que era una novela de costumbrista del estilo de Mercè Rodoreda o de Carmen Laforet, pero que añadía un elemento muy interesante para mí: la lengua.

Pensando que estaba leyendo a una gran escritora catalanas, desapercibida para el gran público, oculta bajo la omnipresente sombra de Rodoreda, me adentré en este relato genealógico donde se contraponen constantemente los usos del castellano y el catalán en Barcelona durante época franquista.

Empezaron a escamarme algunos comentarios, bastante diestros, políticamente hablando. Volví a mirar la cubierta y me di cuenta que no era ella sino él, profesor universitario de lengua francesa, traductor, crítico literario en La Vanguardia, cronista en El Mundo y El País, y ganador en 2006 del Premio Josep Pla por El mal francès.

En ese momento, me quedé a cuadros. Ya no es que me hubiera creado falsas expectativas con las obras, es que directamente le había reescrito la biografía y el género a su autor. Una vez asumida la metedura de para, continué hasta terminármelo. Me costó, porque no me ha sido muy grato. Y no por las opiniones un poco a estribor, sino porque no he entendido el rumbo del barco.

Parece, al principio, que conoceremos la saga familiar del autor, desde sus abuelos hasta él, haciendo un repaso por la historia española del s.XX, desde antes de la Guerra Civil, pasando por ella, hasta la actualidad. Todo aderezado con, me reitero, el interesante mapa lingüístico de Cataluña durante este periodo.

No sólo habla del veto al catalán, sino que muestra diferentes dialectos, como el tortosino, comparándolo con el barcelonés, pero tamién los revolcones de la lengua condal con el castellano. No estoy de acuerdo con sus conclusiones en ciertos aspectos (como la salud de la lengua), pero confieso que me gustó este aporte a la trama, y que, incluso, hubiera disfrutado más párrafos al respecto.

El problema es que no consigo verle unidad al libro. Pues si bien empieza con sus parientes y el conflicto-convivencia lingüístico, luego se centra en hablar de sí mismo, de su infancia y su juventud, explicando superficialmente sus experiencias en París que, nos recuerda, trata con más detalle en el ya referido El mal francès.

El cambio de tercio no sólo me descolocó, sino que me aburrió. Sintiéndolo mucho, la figura de este autor me la refanfinfla. Mi ilusión era ver cómo tejía un estudio diacrónico del catalán a través del ramaje de su árbol genealógico. Víctima de un truco de prestidigitación que yo mismo había iniciado autoengañándome, pasé de ilusionado a iluso. Dentro de la chistera no había nada.

Ghost in the Shell (2017), fantasmas y cáscaras vacías


Vi la revisión de Ghost in the Shell en el cine y me aburrió bastante. No me produjo nada. Más allá de un momento del final, no me impresionaron las escenas de acción. Hubo detalles, incluso, que me parecieron cutres y mal resueltos. Esperaba que visualmente me impactara, pero me decepcionó. El elenco tiene tanta chispa como frotar dos palos de regaliz rojo con relleno de nata.

Me disgustó, especialmente, Scarlett Johansson. Físicamente no me recuerda a Motoko Kusanagi. En mi mente, visualizaba una actriz con el perfil de Sigourney Weaver: alta, de facciones duras, sin rasgos aniñados ni maquillaje. Aun así, esperaba algo más de su actuación. Y es que parece una skineta coja. Se pasa los 107 minutos renqueando. Camina tan rígida que parece no tener rodillas.

Creo que no vi el anime en su momento. Antes de ponérmelo para comparar, tenía recuerdos vagos de algunas escenas icónicas, pero no sé si era cosa de haber visto algún tráiler, o por aquel anuncio de Lois con escenas de la película que tanto me gustaba (irónicamente, su eslogan "Nadie lleva Lois" ha acabado haciéndose realidad).

Me queda la duda porque, durante el visionado, he revivido sensaciones que asociaba a la historia y que en ningún momento he sentido con la versión actual. Desde luego, la de Rupert Sanders pasa sin pena ni gloria. Transcurridos apenas dos meses, tengo que esforzarme por recordarla. ¡Y estoy diciendo que es muy probable que no viera la original de hace más de veinte años!

El final nuevo es distinto y, por supuesto, peor. Es plano y maniqueo. Her de Spike Jonze parece más heredera del Ghost in the Shell de 1995 que este remake en carne y hueso. La incorpórea Scarlett Johansson vence (y convence más que) su alter ego neonazi patapalo. ¿Por qué lo cambiaron? ¿Les pareció demasiado difuso moralmente? ¿O querían crear una heroína con la que rodar secuelas?

La atmósfera opresiva, la banda sonora desazonadora, los parlamentos filosóficos de los protagonistas y ritmo lento del filme original hacen que resulte duro de ver. Sin embargo, la actualización con Johansson carece de esto y más, pues hasta los efectos especiales resultan triviales. En definitiva, esta nueva película resulta tan innecesaria como inerte.


Grafitis del barrio de Shoreditch en Londres

Fotos de Hatsue*

Caja eléctrica en Whitecross Street

¿Martín Pescador piquicorto y gordo?, también en Whitecross Street

Geisha, creo que por la zona de Old Street

Mujeres desnudas estilo Conan o Red Sonja en Club Row
Grafitis feístas y tags cerca del Boxpark (igual de bonito)

_____
* Una manera sencilla para saber si una foto es de Hatsue o mía es mirándola. Si no te pican los ojos, es suya.

Gatos esfinge

—¿Eres uno de esos gatos sin pelo? Qué asco.
—Cállate, Charles. Todos sabemos que llevas peluca.

Grafitis de Río de Janeiro, Brasil

Foto de mujer pasando delante de una pared llena de pintadas o tags
Esta foto no es de Río. Únicamente la pongo a modo de ejemplo.

En Río de Janeiro, hay muchas fachadas pintarrajeadas de tags. Las tags son las firmas, el nombre del autor o el grupo que las hace. Las hay muy complejas, en forma de murales impresionantes, y muy simples, apenas un rayote con más o menos estilo.

De las que estoy hablando ahora son de las últimas, esos nombres garabateados en una caligrafía ilegible que no embellecen, cuyo objetivo es marcar territorio y no crear nada artístico. En España hay pero no tienen ni punto de comparación con Río de Janeiro.

En la megalópolis brasileña no se contentan con pintar la parte de abajo de la fachada. Hemos llegado a ver edificios enteros de más de tres plantas con toda la fachada apretujada de firmas de bandas. Imaginad un piso totalmente pintarrajeado como muestra la imagen que abre la entrada. ¿Alucinante, no?

Había firmas en alturas imposibles, donde no se veía ninguna ventana cerca; o en pilares de puentes; recovecos de la arquitectura carioca inaccesibles de no haber sido perpetrados por escaladores o Spiderman.

No obstante, pese a que abundaban, también había espacio en esa gigantesca urbe para el grafiti artístico, el mural, la ilustración de denuncia, la caricatura cómica. Aquí os dejo unos cuantos ejemplos fotografiado por mi compañera Hatsue.

El Cristo Redentor y el Pan de Azúcar, en un grafiti en el barrio de Urca

Tucanes y guacamayos en el barrio de Urca

Grafiti en el barrio de Laranjeiras

Grafiti en el barrio de Santa Teresa, cerca de Lapa

Fachada pintada en el barrio de Santa Teresa, cerca de la Escalera de Selarón

Paseo del Embarcadero Mauá, zona rehabilitada para los JJ.OO. de 2016

En el paseo del Embarcadero Mauá las fachadas han sido decoradas con grafitis

Snacks de Greenday: Crispy Strawberry y Mixed Fruit Chips


Greenday tiene una línea de bolsas de aperitivos que subtitula como "Fulfilling Healthy Eating", que si no me equivoco viene a significar "comidas saludables satisfactorias (o saciantes)".

 Las fresas crujientes no son lo que me esperaba. Creía que vendrían desecadas, eso sí, pero cortadas a láminas y no enteras. Ni como aperitivo ni para comer me han gustado, porque es fruta sin agua, con todo su sabor concentrado. Y el ácido de la fresa pega fuerte.

Tienen azúcar añadido. En la lista de ingredientes indica 98% fresas y 2% azúcar, es decir, sólo 0.5 gramos de adictivo polvito blanco en cada bolsa, lo cual está muy bien. No recuerdo bien ahora cuántas frutillas van en cada bolsa, pero no más de diez.


En esta mezcla de "chips" de fruta, sí que está todo laminado, y te encuentras sabores dulces, ácidos y algo más neutros. Contiene banana, fruta de Jaca, piña, batata y taro, además de un 2% de aceite de salvado de arroz. Aquí la cantidad de el azúcar también es testimonial.

Aunque la mezcla me ha gustado más que las fresas, no creo que por el precio ni por el sabor vuelva a comprarla. Y es que no son baratas: cada bosa de aperitivo ronda los 2,50€ y la cantidad es escasa. No tienen conservantes ni gluten, haciéndolas aptas para celíacos.


PD: Se han corregido las cantidades de azúcar que, por error mío, habían sido confundidas con otras cantidades. Gracias a Rubén Coca por sus correcciones.

Galletas con sabor a limón con coco y cacahuetes con sabor a coco


Cacahuetes con cáscara con sabor a coco de Farm Pack

Me los trajo una amiga porque sabe que me gusta el coco. Realmente, tienen aroma de coco pero resultan sosos, además de terminar en un regusto amargo. Mientras que los cacahuetes con cáscara típicos de aquí me dan ganas de comer más y más, el sabor de estos no me impele a devorarlos como un cafre. Hay gustos pa' to'.



Galletas de cereales con coco y sabor limón de Natursoy

El crujiente de la galleta, gracias a los granos de arroz y los trocitos de coco en la masa, es agradable. Es divertido morderla. Pero el sabor... El toque de limón no me gusta. En una galleta de este tipo, un galletón redondo americano, uno espera dulce (y más teniendo coco, que apenas se aprecia).

Comparadas con las Chips Ahoy! (33g/100g) y las Marie Lu de Fontaneda (23g/100g), tienen menos azúcar, 18g por cada 100g de galletas. Utilizan azúcar de caña (además de trigo, avena y cebada) de cultivo ecológico certificado. Son aptas para veganos y ricas en fibra.

Girlhood de Céline Sciamma


Girlhood, cuyo títul orginal en francés en Bande de filles (Pandilla de chicas), bien podría haberse titulado Chonificación en español. Bromas aparte, Sciamma vuelve a demostrar tras Tomboy que es una grandísima directora a quien, en mi opinión, se le siguen resistiendo los finales.

Marieme es una chica negra residente en los suburbios de París, esas Ciudades Badia inmensas que rodean la capital del buen gusto y, por lo visto, la segregación racial. Repletas de inmigrantes con menos futuro que un sobre en la puerta de Génova 13, donde la cultura de servir al hombre domina, la callada adolescente ve cómo la última puerta para salir del gueto se le cierra. Entonces, conoce a Lady, Adiatou y Fily, tres chavalas que hacen los que le da la gana y en cuya amistad encuentra la libertad que le falta.

Esto podría ser un argumento más de adolescentes soeces comportándose como matones que, en realidad, son guays o, por el contrario, un dramón de tomo y lomo, una catábasis al peor de los infiernos. Pero Schiamma sabe de cine. A lo largo de una calma e introspectiva mirada sobre la el desagraciado paisaje de la banlieue, enseña cómo la presión del barrio condiciona el comportamiento de sus residentes, cómo las mujeres no sólo tienen la obligación de tener una actitud agresiva para defender su posición en la jerarquía sino, además, deben ser modelos de decencia y virtud. Deben ser las más fuertes pero, a la vez, las más amables y solícitas.

A Marianne esta situación la asfixia y nadará a contracorriente para escapar de ella. El problema es que, al igual que Tomboy, no cierra bien el círculo. Hay un mensaje claro, la lucha, pero la trama naufraga, va a la deriva a partir de cierto momento. Es un punto y aparte que la divide en dos para... no añadir nada. Lo mismo hubiera dado que estuviera esa parte final o no. Se alarga la película para no mostrar nada esencial porque todo lo que era necesario decir ya ha quedado más que sobreentendido. Esta última parte parece más necesidad de la directora que de la película.

Por suerte, pese a que no haya ninguna medalla dorada en la meta, el recorrido es puro talento, perfectamente medido y cuidado: las luces, los colores, la composición de los planos, los silencios, el vestuario (diseñado por la propia Schiamma), la interpretación de las jóvenes (todas ellas actrices noveles), la banda sonora de Para One (música electrónica muy bien utilizada),... Todo me ha maravillado y me ha mantenido en vilo. Lo disfrutas porque estás viendo algo que no es plano, algo cuya ejecución ha sido pensada y repensada para acertar, para ser arte.

Guacamelee! Super Turbo Champsionship Edition


Guacamelee! Super Turbo Championship Edition ya comienza parodiando desde el nombre, en este caso, al mítico Street Fighter. Pero ahí se acaban las similitudes. Guacamelee! es un juego de plataformas, de pasar pantallas, lleno de humor y de un diseño y una imaginería completamente singulares y maravillosos.

Eres Juan Aguacate y debes rescatar a la hija del Presidente de las manos de Carlos Calaca, un esqueleto charro que busca convertirse en una especie de dios aunando el mundo de los muertos y de los vivos. En su cruzada, el campesino Juan irá aprendiendo movimiento hasta convertirse en el luchador definitivo que pueda detener a Calaca.

Es muy interesante porque vas aprendiendo movimientos nuevos, lo que hace que puedas rejugar pantallas anteriores y acceder a nuevos sitios con las técnicas aprendidas. Las pantallas no son aisladas sino que se encuentran dentro de un mismo mundo, como en Super Mario World. Cada lugar tiene su coña: Pueblucho, Desierto Caliente, Bosque del Chivo,...

El nombre de las técnicas no se queda atrás: la Escalada del Chivo, el Salto de la Rana, el Intenso, el Gancho del Gallo,... A medida que el repertorio crece, la dificultad de las pantallas también. No sólo en las nuevas sino que en las anteriores sucede igual, apareciendo más adversarios a batir. Hay veces que uno diría, "Se acabó", pero a base de insistencia se consigue.

Yo, que soy un patata, o "manco" (como dicen ahora los aficionados al videojuego), he conseguido superar el juego aunque sin todos los logros. Lo estoy volviendo a jugar para conseguirlos. Me ha dado muchos momentos de diversión y de risa, y es un juego que tarda uno mucho en agotarlo, pues siempre hay nuevos detalles.

Este juegazo ha salido para muchísimas plataformas: PS3, PS Vita, Steam (Windows, Apple, Linux), OS X, PS4, X360, XONE y Wii U. Se puede jugar solo o acompañado de un segundo jugador. Apto para todas las edades, completamente en español, visualmente alucinante y de un vicio extremo. ¿Qué más se puede pedir? Pues sí, encima, es barato.

Génesis de Sebastião Salgado, exposición fotográfica en el CaixaForum de Barcelona


El CaixaForum de Barcelona presenta, del 23 de octubre de 2014 hasta el 8 de febrero de 2015, el último trabajo del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado. Uno de los exponentes actuales más importantes de la fotografía documental, como demostró con Trabajadores o Éxodos, da un paso atrás para captar una imagen mayor. Sin dejar de lado la carga social de su obra, el foco de Génesis, la vigente muestra, es la Naturaleza y la conservación de la misma.

Al final de la década de los 90, de regreso a su tierra natal en la mesorregión de Vale do Rio Doce en la unidad federativa de Minas Gerais, él y su esposa Lélia Wanick Salgado fueron testigos de los catastróficos resultados de la deforestación. Desde la finca ganadera familiar en Aimorés, se propusieron recuperar el bosque replantando las mismas especies autóctonas. Para recaudar fondos, crearon el Instituto Terra en 1998. Poco a poco, los animales fueron regresando y, actualmente, los 700m2 de la finca están declarados como Reserva privada del patrimonio natural de Brasil.

Con esta experiencia como base, Génesis busca denunciar de la desaparición de espacios únicos del planeta. A lo largo de ocho años y a lo ancho de 32 países, Salgado ha viajado a los lugares más remotos del planeta para capturar los paisajes y comunidades humanas que todavía se mantienen "intactas". "El resultado es un canto a la majestuosidad y la fragilidad de la tierra, y una advertencia de lo que se puede perder", apunta el tríptico del museo.

Más de doscientas imágenes en blanco y negro cortan la respiración y desencajan la mandíbula de los visitantes. El impacto visual y la belleza de las imágenes es tremendo. Al ser de gran tamaño, uno puede deleitarse durante largo tiempo con cada una. Habrá otras, incluso, que uno querrá descolgar de la pared y llevarse a casa. Están repartidas en cinco espacios, cada uno dedicado a una extensa zona del planeta:
  • La Antártida y los confines del sur: Georgia del Sur, las Malvinas, el archipiélago de Diego Ramírez y las islas Sandwich
  • Los santuarios: las islas Galápagos, Indonesia, Papúa Nueva Guinea y la isla de Siberut, en Sumatra, y los ecosistemas de Madagascar
  • África: del delta del Okavango en Botsuana y el parque de Virunga en la triple frontera entre el Congo, Ruanda y Uganda, al desierto del Kalahari, las áreas meridionales de Etiopía o los desiertos de Argelia y Libia
  • Las tierras del norte: paisajes de Alaska y de la meseta del Colorado en Estados Unidos, el Parque Nacional de Kluane en la isla canadiense de Baffin y las regiones septentrionales de Rusia, el norte de Siberia y la península de Kamchatka
  • La Amazonia y el Pantanal

Aunque en sus inicios Salgado fotografiaba con Leica, en la paranoica era posterior a los atentados de las Torres Gemelas con sus infinitos registros aeroportuarios, se vio obligado a cambiar a una digital porque los rayos X de los escáneres degradaban la calidad de la película. Para Génesis ha utilizado una réflex Canon EOS-1Ds Mark III adaptada, con una ratio de 6x4.5cm igual a la de la cámara Pentax 645 que ya utilizara para su trabajo África (2007).

Es una exposición fascinante. Por los 4€ de la entrada, se pueden visitar también el resto de exposiciones, como La belleza cautiva (hasta el 5 de enero de 2015) que ha traído un gran número de pinturas del Museo del Prado datadas del siglo XIV hasta el XIX.

Información:
  • Exposición: Génesis, de Sebastião Salgado
  • Periodo: del 23 de octubre de 2014 al 8 de febrero de 2015
  • Precio: 4€ (entrada a todas las exposiciones)

Más:

Guardianes de la galaxia


En corto:

Peliculón de aventuras entretenido y divertido con grandes efectos especiales. Ver en V.O.

En largo:

Chris Pratt me encanta. Me parto el pecho con Andy, el personaje vago e infantil que interpreta en la serie Parks and recreation, esa versión de The Office transportada al departamento de parques y jardines del ayuntamiento de una pequeña ciudad llamada Pawnee.

Su voz de colega tirado, que modula con mucha ironía, encaja perfectamente con el carácter de Star-Lord, un ladrón espacial de poca monta que no puede desprenderse de un triste recuerdo infantil materializado en un walkman con éxitos de los 80 que guarda como oro en paño.

Verlo en el tráiler español, con doblaje neutro y voz de machote, fue una destrempada enorme. Por suerte, en Barcelona, en el multisalas Yelmo Icaria, se puede disfrutar en versión original. Evité el 3D porque hubiera sido un infierno leer los subtítulos. Además, el 3D no es original sino que ha sido añadido después.

Pese a algunas críticas muy negativas, la considero un peliculón dentro de su género. Estas reseñas la tachan de previsible y manida. A mí me han sorprendido muchas bromas que no me esperaba. Supera en mucho a las actuales "comedias" de caca-culo-pedo-pis. La sala entera reía.

Y es que tienes ahí a Batista, ese mulo del pressing catch actual, cuyas dotes actorales no dan para mucho pero que lo metes en la piel de un extraterrestre sediento de venganza con síndrome de Asperger y encaja como un pastel en su molde. Sus problemas para entender la ironía son divertidos e inesperados.

Y es que la suerte de Guardianes de la galaxia es que no tiene que lidiar con vacas sagradas como Spiderman o Lobezno. Puede hacer lo que le venga en gana, además de no tener que contarnos por enésima vez cómo le pico la puñetera araña o murieron sus padres en un callejón.

Aunque conservan el nombre de un grupo heroico de finales de los 60, Marvel relanzó la serie con miembros totalmente distintos en 2008. Se puede decir, y no creo alejarme mucho de la realidad, que los resucitaron para hacer la peli, una jugada de márketing que les ha salido redonda.

El CGI es una delicia, no sólo por espectacular sino por imaginativo: bellos cielos espaciales, caracterización original de todas las criaturas que aparecen, diseños variados de naves y artilugios varios,... todo encaja, todo conforma un universo con entidad propia.

Tuve dudas antes de verla porque pensaba que me defraudaría tal y como últimamente suele suceder. Todo lo contrario. Me he reído más de lo que esperaba y he disfrutado como un niño con las aventuras de Peter Quill y compañía. Una película para verla en familia y pasárselo teta.

Ghost Town


Es curioso lo ácido que es el humor de Gervais actual y las mierdipelículas que hizo antes. Ghost Town, al igual que en The invention of lying,  tenemos a Gervais haviendo de gordito enamorado. Es una comedia romántica cliché que, como todas ellas, no pasaría el test de Bechdel. El personaje femenino es sencillamente un espejo ante el que los hombres inseguros ensayan sus técnicas de ligue, no tiene profundidad ninguna. Ghost Town es una comedia romántica estándar para pasar un buen rato.

Guerra Mundial Z


Quien piense en ir a ver la película para compararla con el libro, que se olvide. Como apuntó The Oatmeal, sólo tienen una cosa en común.

La película es entretenida, los efectos especiales son buenos y Brad Pitt, muy guapo. El personaje que interpreta es interesante porque ni es el guerrero loco ni es el valiente: él analiza la situación, la estudia, y actúa de manera inteligente sirviéndose de lo que tiene a mano para sobrevivir (envolverse el antebrazo con una revista de Ikea sujeta con cinta aislante es un buen sistema para protegerse de las mordeduras).

No obstante, se demuestra una vez más que todos los buenos guionistas están en las series de televisión. La conclusión no es lo aguda que debería, es más bien simplona, y el viaje por medio mundo que hace el protagonista es innecesario si se piensa bien... y si se piensa mal, es una somera gilipollez.