A Sara Mesa y mantel: Un amor y Cara de pan

Es imposible que el nombre de Sara Mesa no resonara desde hace tiempo en mi cabeza como un eco. Mi pareja es fan de la cómica Henar Álvarez, quien no deja de recomendarla. Pese a que Un amor es un libro breve de menos de doscientas páginas, no ha sido el sprint que imaginé. Finiquitar de un tirón esta historia me parece una tarea asequible para pocos.

Sara Mesa te remueve por dentro. Sabe perfectamente cuáles son las aristas del conflicto que más van a herirte, y consigue colocarlas todas apuntando hacia el lector. En cada frase que escribe, hay una tensión que no se borra, hay una herida que no se cierra.

La protagonista de la novela se muda de la ciudad a un pequeño pueblo del interior de España para desconectar y empezar de cero. Sin embargo, lo que parecía ser un destino idílico y liberador se convierte en una fuente de problemas. La autora va perforando con un cincel muy fino no sólo la coraza de la protagonista sino el terreno bajo sus pies.

Ella siente cómo la miran, cómo la tratan. Consideran que es una inútil, y esa imagen que proyectan sobre ella mina su confianza y la llena de dudas. La coacción inconsciente pero incesante a la que se ve sometida consiguió traspasar el papel y llenarme de tantas inseguridades como preguntas. No puedo recordar Un amor sin sentirme profundamente confundido.

No existe el retrato-robot de un malhechor, pero sí un mal estructural que te amordaza subrepticiamente. Sin ingenuidad ni dedo acusador, cada suceso de la narración plantea un debate oscuro y profundo. La autora conoce muy bien la fórmula y la domina como nadie. Cara de pan, su libro anterior, es la prueba de que es un estilo que ha ido puliendo con cada título.

Cuando una chica a punto de cumplir trece años conoce a un cincuentón en el parque tras hacer peyas, uno sólo es capaz de presagiar los peores escenarios. La manera en que describe el encuentro sólo aviva las peores sospechas. La escritora vuelve a dar en el clavo señalando los conflictos existentes en cada una de nuestras relaciones, sean de amistad, amor, familia o trabajo.

En cada gesto inocente hay decenas de interpretaciones. Nadie está libre de la presión que ejerce la sociedad sobre nosotros, ni siquiera quienes descreen de ella. Quien acapara el poder, quien cree tener alguna autoridad o tener el respaldo de quien la posee, quien confía en estar en el lado bueno,... todos padecemos las consecuencias. Sara Mesa está aquí para hacértelo saber.

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