El perro y el saco de arena me ha parecido un buen cómic que se merecía un título mejor. Entiendo que busca reflejar la dualidad de la historia, pero, al menos en español, suena torpe e innecesariamente largo. Y tampoco refleja las sensaciones que me ha transmitido la lectura de sus dos tomos.
Nichiko vuelve a la isla donde creció para cuidar de su padre. Es un regreso agridulce, tanto por el pasado que quiso dejar atrás como por el presente que la atormenta. Nichiko tiene 34 años y se siente desorientada. Intentó rehacer su vida en Tokio, pero las cosas no salieron bien. En la isla conoce a Chimaki, un joven de 23 años que trabaja en la única tienda de conveniencia de la isla, punto de encuentro de residentes y cotilleos. Comienza así una relación tierna, titubeante, divertida, agridulce.
Mal llevada, la historia podría haber sido un drama. Pero Kaori Ozaki la conduce con buen tino hasta casi el final. No sólo gracias a su bello dibujo, sino también a la facilidad con la que conjuga la melancolía con el humor. Cuando digo "hasta casi el final" no quiero decir que dé un volantazo y se estrelle, sino que se aleja de mis expectativas. Hubiera preferido un cierre menos canónico. Siento que el argumento da un carpetazo demasiado definitivo al conflicto interior de la protagonista.
Pese a todo, ha sido una lectura muy, muy agradable. Es una historia sencilla pero emotiva llena de humor y romance. Me ha recordado a Josée, el tigre y los peces. Estas historia breves y autoconclusivas alejadas de los kilométricos shonen de moda son un oasis en el panorama del manga.

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