Las cartas que no llegaron de Mauricio Rosencof


Mauricio Rosencof es un escritor uruguayo cuyo encierro durante la dictadura uruguaya, junto con Eleuterio Fernández Huidobro y el ex presidente Pepe Mujica, ha sido plasmado recientemente en la película La noche de 12 años. Aunque el largometraje se centra en ellos tres, no fueron los únicos guerrilleros tupamaros convertidos en rehenes con el fin de reprimir posibles levantamientos.

Las cartas que no llegaron es una novela autobiográfica en la que Rosencof reflexiona tanto sobre su encarcelamiento como acerca de su familia judía durante la Segunda Guerra Mundial. Si bien su padre pudo huir de Polonia, y posteriormente su madre y hermano mayor, no sucedió lo mismo con el resto de sus parientes, que fueron destinados a campos de concentración y de exterminio.

El autor, también la principal voz del relato, recrea las posibles epístolas que podrían haber sido enviadas desde el infierno nazi pero que, junto con sus remitentes, nunca salieron de allí. La propia narración del escritor es una larga carta a su padre imaginada durante los doce años de aislamiento que sufrió, unas líneas que tampoco pudo dirigir a quien estaban destinadas.

No es una novela epistolar. Hace uso extensivo, como no podría ser de otra manera en el caso de un preso incomunicado, del monólogo interior. Se divide en tres partes. La primera se centra en su infancia en Uruguay. Intercaladas con la voz del niño que no comprende qué sucede, se presentan las potenciales cartas con las que una tía suya hubiera podido describir el horror en Europa.

Las dos siguientes salen de la boca del narrador adulto, quien explica su propia experiencia en los calabozos del fascismo y su posterior búsqueda, a contracorriente del río del tiempo, de su genealogía perdida. A diferencia de otras obras sobre el tema, no hay aquí la clásica dramatización del Holocausto. Rosencof habla de la pérdida y la ausencia tanto del ser querido como del interlocutor.

La novela parece intentar tender puentes en ese vacío enorme, tanto a través de un monólogo interior que sueña ser diálogo, apelando constantemente al padre que ya no está, como con la reconstrucción de las cartas ficticias de su tía desaparecida durante la guerra. Son palabras inventadas que pretenden ser el eco que no devuelve el abismo.

Incluso durante el retorno al pueblo que abandonaron sus padres no encuentra más que silencio. No queda rastro de la familia perdida. Rosencof, originalmente Rosenkopf, fue el primero en nacer en Latinoamérica. Su relación con el yiddish es mínima, pero desearía comprender los genes que le trajeron al mundo. El recuerdo, dijo en una entrevista, es lo que le mantuvo cuerdo durante el encierro.

La voz que nos habla en la primera parte es ingenua, e intenta describir aquello para lo que todavía no tiene palabras. El discurso posterior del adulto, lleno de digresiones cargadas de argot, es consciente de lo que ocurre, pero la verdad sigue resultando igual de esquiva al lenguaje. Todo son circunloquios alrededor de un dolor que, como el sol, no permite que lo miren fijamente.

En este quiero y no puedo, Mauricio Rosencof traza con literatura su biografía como víctima y actor de la Historia no tan lejana de Uruguay, acontecimientos en absoluto únicos que replicaban lo ya sucedido en tantos otros países durante el siglo XX. Capaz de resumirlo en apenas 150 páginas, el autor uruguayo nos regala una lectura ávida y visceral, distendida pero intensa, poética y testimonial.

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