Clientes gilipollas

Un señor se acerca al librero.

–Hola, ¿en qué puedo ayudarle?
–¡No, no, no!

El señor se aleja del librero.

Clientes enigmáticos

Una señora se acerca al librero.

–Hola, ¿en qué puedo ayudarle?
–Busco libros de enigmas para adultos.
–... –pausa que demuestra incomprensión–. ¿Se refiere a enigmas históricos, libros del estilo de J.J.Benítez, de Iker Jiménez, de César Vidal,...?
–No, enigmas para adultos.
–Enigmas como... ¿adivinanzas?
–Pero para adultos.
–¿Un libro de adivinanzas para adultos?
–Más bien enigmas para adultos.
 –...  –pausa de cerebro deshaciéndose. La bombilla se enciende. El librero se acerca a una estantería y coge un par de libros, de los pocos que tienen–. ¿Podría ser libro de pasatiempos con problemas de lógica?
–¡Exacto! –responde la clienta–. Enigmas para adultos.

Clientes tecnológicos

Una señor se acerca al librero.

–Hola, ¿en qué puedo ayudarle?
–Busco libros de tecnología de la gastronomía.
–¿De... tecnología de la gastronomía? ¿A qué se refiere exactamente?

El cliente se queda extrañado, sorprendido de que el librero no le entienda.

–Pues de tecnología... de la gastronomía –es su explicación y respuesta.

–¿Pero se está refieriendo a los utensilios, a las ollas, a los fogones,...?
–Tecnología de la gastronomía... lo que viene siendo la base.

«¿La base de qué?».