Anime en Netflix: Los siete pecados capitales, Hijos de las ballenas y Samurai Champloo

Los siete pecados capitales (Nanatsu no Taizai)

Si te gusta Fairy Tail, Los siete pecados capitales te encantará: un guión sin pies ni cabeza, flipadas absolutas en los combates y cantidades ingentes de fanservice: todos los personajes femeninos caen haciendo posturas del kamasutra. La serie tiene tantas elipsis y giros absurdos que empecé a leer el manga original de Nakaba Suzuki para descubrir qué se habían saltado... ¡y no falta nada! El anime lo calca al pie de la letra. Confieso que el dibujo del manga me gusta mucho.

Estado actual (12/nov/2018): En progreso. Dos temporadas de 24 episodios. El último episodio equivale al capítulo 196 del manga. Producida por Netflix.


Hijos de las ballenas (Kujira no Kora wa Sajō ni Utau)

Hijos de las ballenas también está basado en un manga, en este caso de Abi Umeda. La historia me ha sorprendido. Un grupo de humanos sobrevive pacíficamente en una isla a la deriva en mitad de un mar de arena. Un día, un ejército llega con la intención de exterminarlos y desconocen el porqué. Bien animada y preciosista, con una trama introspectiva trufada de poderes psíquicos y elementos mágicos, y pese a algunos altibajos y contradicciones, la recomiendo sin duda.

Estado actual (12/nov/2018): En progreso. Una temporada de 12 episodios. Producida por Netflix.


Samurai Champlo

La he vuelto a ver y sigue pareciéndome fantástica. Shin'ichirō Watanabe, también director de esa otra obra maestra titulada Cowboy Bebop, nos transporta al Japón del periodo Edo (1603-1868). Un samurai errante llamado Jin y un buscavidas de nombre Mugen acompañarán a la joven Fuu en su viaje por el país en busca de su padre. Con una animación espectacular, con mucho humor basado en las constantes anacronías, y con combates alucinantes, es un anime de visionado obligatorio.

Estado actual (12/nov/2018): Finalizada. 26 episodios. No es de Netflix, así que puede que en el algún momento la retiren del catálogo.

Cuatro películas: Múltiple, Tren a Busan, Máquina de guerra y La llegada

Múltiple (Split, 2016)

Shyamalan vuelve con la historia de un criminal con personalidad múltiple. Me llamaba mucho la atención el planteamiento, pero este acaba transcurriendo por caminos que yo no había imaginado. Otro guión extraño y original del director indio que, aunque no me ha gustado tanto como El protegido, está a años luz de aquella trampa mortal titulada El bosque.
Tren a Busan (Train to Busan, 2016)

El gran éxito del cine surcoreano: un tren a rebosar de zombis, y unos supervivientes cuya esperanza de vida se acorta a medida que se quedan sin vagones. Trepidante, pero con pausas para dar al paso al exagerado dramatismo asiático que, no obstante, invita a reflexionar sobre el extremo individualismo de la sociedad contemporánea.
Máquina de guerra (War machine, 2017)

Un general estadounidense es asignado para dirigir las tropas de Afganistán. Es un hombre de principios que cree con firmeza que la guerra es un medio tan noble como cualquier otro para propagar la libertad. Brad Pitt interpreta con acierto a un monigote con uniforme de camuflaje que se ve atascado en los engranajes de la burocracia política. Sus ideales se irán socavando en esta película tan irónica como crítica.
La llegada (Arrival, 2016)

La invasión extraterrestre desde un punto de vista diferente: el de la comunicación. Como filólogo me interesaba la historia de una lingüista que intenta descifrar una lengua no humana. Desgraciadamente, una elipsis brutal se salta este proceso. La atmósfera, la fotografía y el ritmo calmado hacen que, al menos, sea una película muy agradable de ver.

Cinco películas: Contraband, Atrápame si puedes, Tarde para la ira, Anacleto: Agente Secreto y La noche más oscura

Contraband (2012)

Película de acción donde un ex delincuente debe volver a realizar un último encargo para poder proteger a su familia. Las bromas de colegas machotes, los tiros y las carreras a contrarreloj marcan el paso de la cinta. Su trama sencilla sin ínfulas ni giros de guión sorprendentes cumple más que de sobra como entretenimiento para una tarde de domingo.
Atrápame si puedes (Catch me if you can, 2002)

Un joven escapa cual Peter Pan del seno de una familia que se desmorona y aprende a sobrevivir engañando a los demás. Spielberg reescribe de tal manera la biografía del timador Frank Abagnale Jr. que la convierte en una hagiografía. Edulcorada como el tramo final de Inteligencia Artificial, cada plano está bañado por el nostálgico halo dorado de la American Way of Life.
Tarde para la ira (2018)

Nuevo thriller español protagonizado por Antonio de la Torre (si él no hubiera podido, hubieran llamado a Luis Tosar) en el que un hombre retraído y misterioso planea su venganza. Como siempre que descartamos a Mario Casas, buenas interpretaciones para una historia con buen ritmo y buenos planos que flaquea en su desenlace.
Anacleto: Agente secreto (2015)

Tomando como punto de partida las aventuras del personaje de Vázquez, ve la luz un guión loco y divertido que poco tiene que ver con los tebeos. Un Anacleto ya mayor y su hijo, un vago redomado sin aspiraciones, se embarcan en una misión para salvar al mundo. Me sorprendió lo mucho que me hizo reír. Sin duda, mucho mejor que Tres bodas de más, del mismo director.
La noche más oscura (Zero Dark Thirty, 2012)

Tras la aclamada En tierra hostil, Kathryn Bigelow vuelve al conflicto bélico post-11S, desplazando el objetivo de Irak a Pakistán, donde una joven agente de la CIA sigue los pasos de Osama bin Laden. Son dos horas y media de metraje lento y desabrido. La protagonista repite el patrón del personaje de En tierra..., sin ofrecer nada nuevo en este sentido. Puesto a recolectar datos, prefiero un documental.

La lucha por la vida: Contragolpe y Dawg fight

Contragolpe (Counterpunch, 2017)

Contragolpe es un interesante documental de Netflix sobre boxeo. En un momento en que los enfrentamientos en el ring carecen del prestigio y la popularidad de antaño, las cámaras siguen la trayectoria de tres púgiles: la joven promesa Christopher “Lil B-Hop” Colbert, el amateur Cam F. Awesome y el excampeón mundial Peter “Kid Chocolate” Quillin.

A través de estos tres combatientes conocemos el estado actual del boxeo en sus diferentes categorías, así como la situación económica y social de sus luchadores. Lil B-Hop sueña con ser el próximo Mayweather, Awesome quiere entrar en el equipo olímpico y Kid Chocolate desea volver a la cima tras perder el título en 2015.

Cada uno persigue sus metas, pero es común el ambiente de exclusión social del que surgieron. Incluso grandes nombres del ring confirman que sin el boxeo hubieran acabado en la cárcel o muertos en las calles. El documental avanza a buen ritmo y ayuda a comprender mejor el contexto social de este deporte con un trasfondo durísimo.


Dawg fight (2015)

Dawg fight1 es el complemento perfecto de Contragolpe. Bajamos un escalón más. En un gueto del suroeste de Miami, Dhafir Harris, más conocido como Dada 5000, organiza peleas callejeras sin guantes en el patio trasero de su casa. Cobra entrada al público y paga a los luchadores con parte de lo que recauda.

Si en Contragolpe conocíamos cómo, en aras del espectáculo, se eliminaban las protecciones faciales en las contiendas amateur, decisión que sólo puede traer perjuicio para los púgiles, aquí las peleas se realizan a puño descubierto. Son enfrentamientos brutales con pocas reglas que se venden como la antesala a los combates de MMA ("artes marciales mixtas" por sus siglas en inglés).

La policía hace la vista gorda. En zonas tan depauperadas, acosadas por el crimen y la violencia, la población tiene pocas vías de escape. Los contendientes aspiran a algo mejor. El documental resulta más confuso de seguir que Contragolpe, pero su estilo de rodaje cámara en mano enfatiza la crudeza de lo que vemos.

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1 Dawg es una variante no estándar de escribir dog, perro. En el argot afroamericano, se usa con el sentido de "tío, colega". Así, Dawg fight significa tanto "pelea de perros" como "pelea de tíos".

La lluvia amarilla de Julio Llamazares


La lluvia amarilla ofrece uno de los comienzos más intensos que conozco. Publicada en 1988, es la segunda novela de Julio Llamazares. Sus apenas ciento cincuenta páginas son una carrera de fondo. Tanto yo como mi pareja, que tuvo el buen ojo de escogerla en una librería de segunda mano, fuimos incapaces de terminarla de una tacada.

La pausa fue necesaria, pues la efusividad del relato es tal que uno debe apartarse del texto para poder tomar aire. No en vano, el libro narra en primera persona el testimonio del último habitante de Ainielle, un pueblo del Pirineo aragonés. Por mi parte, intenté intercalar alguna lectura, y elegí mal. Autorretrato sin mí de Aramburu fue la peor elección para distraerse.

La génesis de la obra es curiosa, pues el propio Llamazares nació en un municipio leonés que en 1969 desapareció bajo las aguas de un embalse1. Y aunque Ainielle existió realmente, la ficción está construida sobre la voz del último residente de Sarnago, otra localidad de Soria que casi cayó también en el olvido.

Y es que "la lluvia amarilla" cae por toda la geografía española. Es la expresión de la despoblación de las zonas rurales del país, la pérdida de un estilo de vida. Pero también es una voz terrible e incomoda sobre la soledad y el abandono. Su lenguaje poderoso, sincero y poético, embiste con un torrente emocional de tal profusión que hasta el mejor prevenido tendrá difícil no ahogarse.

Es cierto que en la segunda mitad la historia parece perder el rumbo. El tiempo se estanca y el protagonista queda encerrado en el espejo de sus recuerdos y sombras. ¿Pero no es acaso esa la definición del desamparo? Capítulo tras capítulo, el mundo que el protagonista conoció va desvaneciéndose en la penumbra.

Sin duda, esta novela de Julio Llamazares ha sido uno de los mayores retos lectores de este 2018. Encarar la visceralidad del relato ha sido todo una prueba de resistencia. Afortunadamente, es un esfuerzo que tiene su recompensa.

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1 Se trata del embalse Juan Benet, obra del ingeniero y escritor del mismo nombre, autor de libros de relatos tan alegres como Una tumba y Nunca llegarás a nada.