Pizza Klam, pizzería a domicilio en Sabadell

Carrer del Marquès de Comillas, 27

El viernes nos apetecía probar algun local donde no hubiéramos encargado todavía, así que telefoneamos a Pizza Klam, que queda cerca de casa y te descuentan un euro por pizza si vas a recogerlas. A diferencia de Ofame o Roman Pizza, no venden tamaño pequeño pero sí familiar. La mediana es dos centímetros más grande que la de Roman Pizza.

LocalTamañoPrecio
Roman PizzaPequeña (24cm)8,90€
Mediana (32cm)12,80€
FamiliarNo tiene
OfamePequeña8,90€
Mediana12,90€
FamiliarNo tiene
Pizza KlamPequeñaNo tiene
Mediana (34cm)12,95€
Familiar18,95€

Tienen dos categorías de pizzas: las Especialidades a 12,95€ y las Premium a 14,95€. Estas últimas incluyen ingredientes tan exclusivos como el salmón y jamón ibérico. Nosotros no quisimos darnos ínfulas y nos conformamos con dos Especialidades: la clásica Cuatro quesos y la Pazzo, que es de carne. Desde luego, son generosos y no racanean con las cantidades.

Desgraciadamente, el problema es que son muy aceitosas. ¡Hasta la 4 quesos chorreaba! En la Pazzo toda la grasa de la panceta, la porchetta y el pepperoni había hecho fuerte común y había invadido como chapapote todo el lateral de la caja, que nos dejó pringada la mesa. Las pizzas brillaban como la cara de un bailarín en la gala de Fin de Año de Televisión Española.

La de queso nos pareció bastante insípida. Ni la base ni los ingredientes destacaban especialmente. La de carne estaba muy salada, y nos resultó muy pesada de comer. Creo que si quieres engullir hasta hartarte, Pizza Klam es la solución ideal, pues las cargan abundantemente y son más baratos que las de la competencia si vas a recogerlas. Nosotros no creo que repitamos.

Pizza cuatro quesos. Ingredientes: tomate, parmesano,
gorgonzola, emmental y mozzarella

Pizza Pazzo. Ingedientes: beicon, porchetta,
pepperoni y mozzarella

También venden ensaladas, alitas de pollos, patatas fritas, pasta, lasaña, risotto y helados. De bebidas hay agua, refrescos, cerveza, y hasta vino y lambrusco. Ofertan varios menús con los el pedido sale aún más económico. Se puede encargar por teléfono u online desde la web. Abren a las 19:30, pero las primeras pizzas no las están listas hasta las 20:00.

Más información:
  • Horario: De martes a domingo, de 19:30 a 23:30. Los lunes está cerrado.
  • Teléfono: 93 725 01 60  /  93 726 29 20
  • Web: http://www.pizzaklam.com (¡Ojo a su página! La empresa que la diseñó debe estar ahora mismo quemándose en el infierno por el pecado nefando que cometieron. El fotógrafo se lleva la palma, porque consiguió que absolutamente todas las pizzas se vean incomestibles. Entre sus anteriores logros destaca el haber sido retratista de bocatas de chope y pinchos de tortilla para bares y tascas lúgubres de toda la geografía española.)

Autorretrato sin mí de Fernando Aramburu


Leer La lluvia amarilla de Julio Llamazares no es camino fácil. Más bien es lo totalmente opuesto, de una intensidad desbordante que obliga al lector a detenerse para tomar resuello. Necesitaba una obra paralela con la que descansar sin detener el buen ritmo que llevaba este año. Elegí mal. Acabé encontrándome con dos fichas de parchís que no me dejaban pasar.

Patria es una novela de cuyos elogios apenas se puede escapar. Su prestigio es tan grande como el imponente tamaño del volumen editado por Tusquets. Llegué a pensar que tenía como 1200 páginas, pero no llega a las 700. Si hubiera sido diez años atrás, me hubiera lanzado a escalar esa montaña. Ahora, escasa como es la concentración y el tiempo, quise hacer una primera incursión.

Me topé con la bonita edición de Autorretrato sin mí en una librería de Barcelona y me dejé encandilar hasta el punto de pedir a mi madre que me lo regalara por Navidad. Estaba convencido, por el título y el primer texto, que me entretendría. Me creé una idea totalmente distinta de lo que después encontré. Y no hice más que bajar escalones hacia el pozo de la decepción.

El mayor inconveniente de pedir con vehemencia un libro, agravado si la persona que cumple tu deseo es un ser querido, es el sentimiento de deuda. A medida que mi capacidad lectora ha mermado, he aprendido a abandonar libros. No tengo ni quiero malgastar las horas ni los minutos en un festín cuyo aperitivo se me está atragantando.

Autorretrato sin mí es un compendio de recuerdos donde el autor se sincera. Se aleja de la cronología de la autobiografía para navegar, remando con prosa poética, de una isla a otra de su memoria. Plasma sus decisiones, deseos, miedos; une las piezas del rompecabezas que lo atan a lugares y personas que ama y que lo definen con sus contrariedades y flaquezas.

Esta descripción se aleja mucho, como un barco que se hunde mar adentro, de la idea que se formó en mi cabeza a raíz de la frase que encabeza la obra. "Habito desde que nací en un hombre llamado Fernando Aramburu". Todo el primer texto, acorde con el título, juega con esta conciencia ajena que convive (o sobrevive) dentro del escritor.

Uní los puntos, como diría Steve Jobs, y me monté mi propia película. No di ni una. El comienzo me pareció algo tan millasiano que me acordé de lo mucho que disfruté con Tonto, muerto, bastardo e invisible y su manera tan original de presentar la vida del personaje. Tras volver a las páginas de esta novela de mi adolescencia, constato que los estilos no tienen nada que ver.

Me volvió también al paladar el sabor de un plato más reciente, de hace unos cinco años. Flecha del tiempo de Martin Amis es otra obra breve y original, que juega con el recurso literario de la conciencia duplicada. Incluso la dispensación del relato en pequeñas píldoras de dos páginas despertó en mis neuronas una débil conexión con Me acuerdo del siempre genial Perec.

El cúmulo de orgasmos bibliófilos creó una montaña que no hizo más que ahondar la depresión que tenía impresa en papel entre las manos. He leído reseñas para intentar discernir si no he visto algo que se me ha pasado por alto. Y volví a confirmar que la crítica literaria no me sirve de nada, pues soy incapaz de confiar en quienes nos han traicionado tantas veces por el cheque.

Igualmente, seré cauteloso. Me limitaré a decir que no me ha gustado. La prosa me ha parecido anodina, llena de lugares comunes, en ningún modo sorprende ni cautivadora, rozando o ahogándose en la cursilería más empalagosa. Los recuerdos carecen de interés, y me han llegado a repatear tanto que el volumen entero parece una insufrible e interminable captatio benevolentiae.

Tenía la ilusión de que tanta ñoñería terminara con una gran broma, que todo Autorretrato sin mí, que tiene "mí" para aburrir literalmente, no fueran más que mentiras puestas en un fila una detrás de la otra; que Aramburu no viviera en Alemania, ni estuviera casado, ni sus padres hubieran fallecido; que fuera orgulloso, despreciativo, soltero, putero, cocainómano, independentista catalán.

Encarar Patria se hace más duro ahora. De hecho, la he borrado de la lista de pendientes. Ya no llega ni a terraplén, y abismarme a sus páginas se me pinta como un precipicio por el que no quiero despeñarme. Me duele ya no ser capaz de ver la calidad que todos los periódicos pintan. Mermado o mediocre, le doy la espalda. Ya tengo suficiente con trabajar cuarenta horas a la semana.

Las voces y el laberinto de Ricard Ruiz Garzón y Alfredo Borés


Leí hace años Las voces del laberinto. Historias reales sobre la esquizofrenia del escritor y periodista Ricardo Ruiz Garzón. El libro recopila quince relatos relacionados con la esquizofrenia, más de una docena de testimonios que abordan los distintos trastornos crónicos que se agrupan bajo el paraguas de este término, cada uno abordado desde un punto de vista nuevo: el miedo, la impotencia, la esperanza, el desconcierto,...

Lo bueno de los cuentos es su base real plasmada con maestría en unas páginas que no rehuyen la literatura. El autor barcelonés ficcionaliza sin despegar los pies del suelo, enriqueciendo con su estilo multiforme la crónica de un estigma que muchos individuos sufren en nuestra sociedad. Trece años después, Sapristi publica la versión viñetada de este magnífico libro y lo pone en manos de un historietista desconocido que me ha dejado boquiabierto.

De primeras, el estilo de Alfredo Borés no llama especialmente la atención. Sin embargo, a medida que el lector se sumerge en las cinco historias adaptadas del original, resulta palpable su talento. Al igual que Ruiz Garzón con las palabras, domina la imagen y la narración secuencial de modo envidiable. Sus metáforas visuales transmiten a la perfección el creciente padecimiento de los personajes, que llegan a verse superados.

Empieza con las onomatopeyas que invaden la cabeza de Raúl, el protagonista de la primera historia, Las voces, y termina con las serpientes y el minotauro infernal que asedian a Alberto en la última, El laberinto. Conecta Kiosko y Química a través de sus protagonistas para demostrar que no todos los finales son iguales, y vemos la paciencia tenaz de una madre que afronta el mal de su hijo en Mamá a través de viñetas clónicas que desdibujan el mundo que la rodea.

Ningún capítulo de este cómic deja indiferente. Ahonda sin más drama que la verdad, una verdad que hay que encarar e intentar superar sin concesiones. En mitad del horror, hay hasta gotas de humor. Reduce la paleta a apenas tres colores: rojo, violeta y sepia, y con ellos consigue expresar la gravedad o quietud de cada escena. No cabe duda de que Borés ha hecho la mejor adaptación posible del libro de Ricard Ruiz Garzón. Forman, sin lugar a dudas, un tándem envidiable.

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Más acerca de Ricard Ruiz Garzón:

Más acerca de Alfredo Borés:

"Toro" el dinero del mundo

Toro (2016)

Toro es otro thriller español con grandes actores y Mario Casas. Su protagonista (Casas), cuyo apodo da título a la película, es una ex matón reconvertido en taxista que cree haber dejado su pasado atrás. Sin embargo, un día aparece su hermano (Luis Tosar), quien le pedirá ayuda para enfrentarse a Rafael Romano (José Sacristán), el capo mafioso cuyas redes controlan toda Andalucía.

Pero esta Andalucía no es real. Es un negativo creado a partir de la rica imaginería religiosa de una tierra de oro y sombras. La atmósfera es el mayor éxito de la película, un cante jondo que anuncia una tragedia infranqueable. Sin embargo, su desgracia es aún más grande. El guion es el delirio dipsomaníaco de un señorito de romería que desmoralizaría a la mismísima Virgen de la Esperanza.

Tosar descoloca al espectador, alejándose de su papel de tipo duro para convirtirse en un pusilánime despreciable. Con setenta y ocho años, Sacristán consigue asustar casi tanto como la coherencia de la trama. En su esquina del ring, Casas se esfuerza por rasgar la voz cómo recién salido de un after. Tardé una semana en terminar esta película. Contraindicada para embarazadas y vivíparos.


Todo el dinero del mundo
(All the Money in the World, 2017)

¡Cómo le gustan los filtros a Ridley Scott! Unas tonalidades gris cerúleo por aquí, un poco de nieve en suspensión por allá, y voilà! consigue que las ruinas de Villa Adriana en Roma se conviertan en 'El Otro Lado' de Stranger Things. ¿Sentido? Al parecer, ninguno más allá del estético, si acaso puede haber belleza en una película editada con Windows Movie Maker.

Es complicado sumergirse en la historia cuando todo se ve tan denunciablemente falso. El secuestro del nieto del hombre más rics del planeta, Jean Paul Getty, conmocionó al mundo cuando éste se negó a pagar su rescate. ¡Oh!, se asustó la gente. ¿El capitalismo defiende la desregularización del mercado, pero no da un duro por las personas? ¿Quién lo hubiera dicho después de 1929?

Michelle Williams, como madre, no lo hace mal, pero Mark Wahlberg tiene todo el rato cara de no saber por qué todavía no ha explotado nada. Christopher Plummer resulta gris, tal vez a causa de rodar demasiados fotogramas sobre un croma verde para obliterar al defenestrado Kevin Spacey. ¿Esta decisión mandó al traste el CGI? Ni idea, pero el resultado es un muermo demasiado artificial.