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Open: Memorias de Andre Agassi y J.R. Moehringer

En 2009, Agassi causó gran revuelo con sus memorias. En ellas confesaba haber tomado drogas mientras era profesional. La noticia me dejó en shock, en gran medida porque la entendí mal. Creía que mi ídolo de infancia había hecho uso de sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento y, así, volver a las pistas y arrebatar victorias a sus rivales.

Por esa misma razón, me negué a pagar por su biografía. Lo que nunca llegué a entender es que la ATP no lo desproveyera de sus títulos, igual que en día sucedió con el ciclista Lance Armstrong en 2012. Ahora que he sumado su libro a la lista de lecturas tenísticas de este año gracias a los tres meses gratuitos de Kindle Unlimited, entiendo porque sigue conservando sus trofeos.

Si lo que dice en sus páginas es cierto, en un episodio de depresión tomó speed en dos ocasiones cuando no estaba compitiendo. Después de la segunda vez, la muestra de orina tomada en un torneo (que no menciona) dio positivo en metanfetamina. Agassi se salvó de la penalización de tres meses mintiendo a la oficina antidopaje, alegando inintencionalidad y acusando a otro de poner la sustancia en su bebida.

Sin duda, fue rastrero y cobarde, y desde luego se aprovechó de los privilegios que le confería ser quien es, pero en ningún caso perjudicó a otro jugador porque no usó los estimulantes para mejorar su rendimiento (siempre y cuando sea cierta la versión que nos cuenta). Para mí, sin duda, ha sido un respiro saber que no utilizó estupefacientes para volver a la cima.

Y es que la carrera de Agassi tuvo muchísimos altibajos. Open: Memorias es un libro pródigo en detalles. Comparado con las biografías de Monica Seles y Rafa Nadal, esta escrita por J.R. Moehringer (A plena luz, El bar de las grandes esperanzas) es la mejor de largo. La manera en que construye e hilvana el relato es digna de una novela.

El equilibrio entre datos personales y literatura deportiva es ideal. Vibras con los enfrentamientos contra Becker o Sampras, disfrutas de la pompa de Wimbledon y del vocerío del US Open, de la Copa Davis y de los Juegos Olímpicos, a la vez que la narración va desgranando la personalidad del controvertido ex número 1 del mundo.

Y, la verdad, cuando lo terminas no queda claro si hubiera sido mejor no empezarlo. Porque Agassi es realmente irritante. Él achaca su personalidad a la conflictiva relación con su padre, un tipo que, si bien no se afirma en ningún momento, tiene toda la pinta de tener lazos con toda la mafia de Las Vegas. Pero, claro, a medida que pasan los años, es más difícil seguir recurriendo a Freud.

Agassi es un niñato que se pasa el día quejándose y lloriqueando por todo, que le come la oreja a los amigos durante horas. Todos los que forman parte de su camarilla es porque han tenido la paciencia suficiente para escuchar su turra durante una noche entera. Es un cansino y es un cani al que mejor no le hables de leer. Su relación con Brooke Shields saca a relucir su alergia al papel.

Es algo que me ha sorprendido mucho: no se corta a la hora de hablar mal de la gente, de personas que todavía no están bajo tierra. Suelta unas perlas tan denigrantes como injustificadas. La alegría es que el asqueroso protagonista del libro mejora, o como mínimo se hace más soportable. Tras la fachada de rectitud de Steffi Graf algo debe chirriar para haber aceptado casarse con alguien así.

Open repasa al completo la vida de Agassi, del derecho y del revés, en lo bueno y en lo malo. Está muy bien escrito, engancha, consigue emocionarte, transmitir la pasión de la competición durante los partidos y los entrenamientos. A diferencia de Los niveles del juego de John McPhee, la traducción de Juanjo Estrella González para Duomo Ediciones es excelente. Es una lectura recomendable y amena.

Otra de Marvel: Viuda Negra [SPOILERS]


Viuda Negra (2021)

Llevaba tiempo apartado del universo cinematográfico de Marvel por saturación y aburrimiento, pero el regreso de mi personaje favorito a la gran pantalla bien merecía volver a atiborrarse de palomitas. Incluso viendo la mala pinta que tenían los primeros trailers, llenos de humor estúpido, quise autoengañarme. Al menos, pensé, podría resultar entretenida.

En la primera de Los Vengadores, Viuda Negra me sedujo por tres razones: su atractivo físico, sus combates cuerpo a cuerpo y su mente calculadora de espía. Sin superpoderes, consigue sobrevivir en mitad de una guerra intergaláctica. Los movimientos y acrobacias de sus peleas son visualmente espectaculares, y su astucia le permite embaucar al mismísimo Loki, dios del engaño.

El problema viene cuando el guion de Viuda Negra prescinde de la parte del espionaje y se centra en una desorientada trama acerca de la familia. El intento de dar un trasfondo emocional al personaje queda desactivado casi al instante. El vínculo entre Natasha y sus padres postizos, agentes de la KGB encubiertos, ni se siente natural, ni se maneja adecuadamente.

Los momentos íntimos asoman siempre poco antes de que algún chiste infantiloide o alguna explosión los seccionen de cuajo. Hubiera sido preferible que la película se hubiera centrado en la relación con la hermana, y se hubiera olvidado de los padres, totalmente accesorios y, en el caso de David Harbour, irritantes y molestos.

Y es que la relación con Yelena cobra todo el sentido del mundo dentro de la misión principal. El objetivo es rescatar a todas las mujeres soldado bajo control mental de la misteriosa Sala Roja, un programa de subyugación del que también han sido víctimas. ¿Acaso no es el momento ideal para reforzar la sororidad entre estas dos agentes supervivientes del mismo yugo?

Después del fracasar en su intento de emparejarla con Hulk en La era de Ultrón, Marvel vuelve a meter la pata. Los lazos familiares quedan a medio cocer, igual que la misión, que no tiene intriga ninguna. El villano en la sombra carece de carisma alguno, mientras que el enemigo mostrado en el trailer, Taskmaster, se mueve como si estuviera escayolado.

Los anacronismo lastran aún más esta historia delirante. Creada en 1966, Viuda Negra es producto de su tiempo. En plena Guerra Fría, la propaganda contra la URSS llenaba cómics y dibujos animados. Sin embargo, traer al s.XXI una Rusia que confabula novelescamente contra el resto del mundo es ridículo, más cuando Putin ha encontrado maneras más sencillas y eficaces de burlar las leyes internacionales.

Hay algún momento fascinante en las secuencias de acción y pelea, pero en su conjunto es una película desabrida como Ant-Man. Su finalidad es servir como presentación de Florence Pugh (Mujercitas), quien probablemente sea el relevo de Scarlett Johansson en el papel de la superheroína. Quién sabe, puede que Marvel nos sorprenda en el futuro. Por ahora, sólo es un campo yermo de ideas.

Oriente medio, Oriente roto de Mikel Ayestarán


Lo compré de oferta en Kindle Flash y acabé regalándoselo en papel a mi padre. Es un libro excelente que explica de manera accesible y muy interesante los diversos conflictos en Oriente Medio. Es el mapa necesario para seguir sin perderse la compleja y zigzagueante ruta a través del tiempo que ha conducido a los países de la región a la trágica situación actual.

Mikel Ayestaran, periodista freelance y corresponsal de guerra especializado en los conflictos bélicos en la zona, es capaz de explicar a través de su relato en primera persona, de manera vibrante y esclarecedora, los enfrentamientos religiosos, los choques tribales, la polarizada política local y las injerencias de las potencias occidentales (EE.UU. y Rusia) y orientales (Arabia Saudí e Irán)).

Cada capítulo es un artículo centrado en un país. Fiel a la cronología, despega con su cobertura en 2004 del terremoto de Bam en Irán. A lo largo del libro viviremos a través de sus ojos y palabras la guerra del Líbano (Tiro, 2006), la guerra de Irak (Bagdad, 2008), la de Osetia del Sur (Gori, 2008) y la de Afganistán (Kandahar, 2010)

Veremos como el verde esperanza de las Primavera árabe se tiñó de negro, desde Túnez y Egipto a Yemen y Siria. Ayestaran será de los primeros en cubrir la captura y muerte de Osama Bin Laden en Pakistán, y verá personalmente el cuerpo de Gadafi en la cámara frigorífica de la ciudad de Misrata en Libia. Sin duda, 2011 fue un año intenso en la carrera del periodista vasco.

En 2016, estará con los refugiados sirios en el campo de Zaatari en Jordania, y cubrirá la guerra contra Estado Islámico en Irak. Terminará en Jerusalén en 2017, ciudad en la que decidió asentarse con su familia, para hablar de su casi insalvable división interna. Nada parece tener solución en esta zona donde tantos se esfuerzan en tender lazos y salvar vidas, mientras otros deciden cortar y destruir.

El odio enquistado entre chiíes y suníes no ayuda a confiar en que la región pueda encontrar una salida por sí misma sin el ejecutor intervencionismo de Occidente. Oriente Medio es un puzle de infinitas piezas, tan complicado que el derrocamiento de dictadores supone el alzamiento de grupos radicales armados. La cuna de la civilización es hoy una herida abierta que no deja de desangrarse.

Odette de Haru Hiate


La primera vez que viajé a Japón en 2015, recuerdo que vi en un aparador un póster gigante de este manga. Me chocó mucho. No estoy seguro de que en otros países con afición al cómic pudiera publicarse un argumento similar. Cada capítulo es una cita de una pareja. No hay evolución en la relación de ambos. Únicamente son momentos agradables, simpáticos. Ella es una chica olvidadiza, algo torpe, pero amable y considerada. Él... es un gato.

Tiene cuerpo humano pero cabeza de minino, sin ningún rasgo antropomórfico en el rostro. Viste bien y tiene clase, pero, al igual que el animal, es asustadizo y le gusta estar cerca de la calefacción. Aunque conversan entre ellos, a él nunca se le ve hablar. Tampoco se besan. La autora consigue hacer que el tándem que forman no resulte estrambótico, pero es cierto que cuando lo dibuja a él de perfil, la proporción de la cabeza con el cuerpo falla y rompe con esa armonía gráfica.

Ambos son arquetipos. No cambian en nada a lo largo de los cuatro tomos que llenan sus anécdotas. La interacción entre sus dos caracteres generan situaciones cómicas y entrañables sin mayor profundidad. Los vemos ir a una cafetería, a una librería, al cine, al acuario, de excursión a la montaña,... poco más. La trama no se complica. Apenas hay secundarios. El hermano de ella, o su compañera de trabajo, aparecen de manera esporádica.

Lo comparo con un cruce entre El dulce hogar de Chi y un shōjo. Es una lectura relajante, que despierta sonrisas. Al igual que los mangas de mascotas, los distintos momentos elegidos repasan las cuatro estaciones. Hay incluso algunas historietas sin apenas diálogos. Los tomos de la editorial nipona Polaris contienen, además de postales en color, relatos extra de la autora que, por supuesto, tienen gatos como protagonistas.

Poder adquirir el manga de Odette durante mi segundo viaje a Tokio este 2019 me hizo mucha ilusión. Tuve la suerte de encontrar la serie completa a buen precio en una pequeña tienda de cómic de Akihabara llamada Comic Zin. Obviamente, pese a no tener rebuscados giros de guion, y aun con la ayuda del furigana, leerlo en japonés se hace lento. Por suerte, he podido disfrutarlo en inglés en una página de scanlations. Es una pena que muchas estén cerrando sin alternativa clara todavía.

De todos modos, para aquellos que seáis fluidos en la lengua del país del Sol Naciente, se pueden disfrutar los capítulos online de manera oficial en la página de la editorial Polaris y seguir a su autora en Twitter.

〒101-0021 Tokyo, Chiyoda City, Sotokanda, 1 Chome−11−7

Oshiri tantei, el mofletudo detective que adoran los niños japoneses


Oshiri tantei es un culo detective. Si Shin-chan con sus posaderas danzarinas fue todo un éxito, ¿qué menos cabría esperar de unas nalgas que resuelve misterios? Me quedé boquiabierto cuando lo vi por primera vez en una librería de Naha, Okinawa.

El analítico investigador cuenta con la ayuda de Brown, un topillo marrón. Ambos se enfrentarán al escurridizo Kaito U, una suerte de Fantomas que ha cambiado el sombrero de copa por una enorme boñiga con antifaz (acento francés como agravante).



Aunque a mí me pillase de nuevas, su primera aventura tiene ya siete años. Desde 2012, sus autores, la escritora Yōko Tanaka y el ilustrador Masahide Fukasawa, ambos bajo el pseudónimo de Troll (qué conveniente), han sacado una docena más de flatulentos casos.

Al estilo de Geronimo Stilton, los libros narran una historia principal intercalada por puzles y juegos. En Japón tiene su propio anime desde mayo de 2018 y, visto el tráiler, tiene pinta de ser tan divertido como loco. Los nipones consiguen hacer cuqui hasta lo escatológico.


Mi sorpresa más grande fue la semana pasada, cuando lo encontré traducido en una mesa de la cadena de librerías Abacus. ¡Y es que, desde 2018, la editorial Beascoa lo está publicando en catalán y en castellano! Me quedé con el culo torcido.


Origin y Dr. Stone, dos mangas de Boichi


Wallman, publicado en España por la genial Milky Way Ediciones, fue el primer manga de Boichi que leí. La misma editorial también tradujo su antología de historias cortas Hotel, que no he leído. Como ha pasado con otros autores de manga, una vez que Milky Way lo descubre para el mercado patrio, el resto de grandes editoriales se han lanzado a su búsqueda y captura.

Este pasado octubre, Panini publicó Origin, la última creación hasta la fecha del dibujante. Pero en mayo, Ivréa empezó con una de las series de mayor éxito de la Shonen Jump: Dr. Stone. Cabe señalar que esta última, está guionizada por Riichiro Inagaki, autor también de las tramas de Eyeshield 21, un manga sobre fútbol americano.

De Origin sólo he leído el primer tomo y poco tengo que decir respecto a lo que ya dije sobre Wallman. Boichi es un ilustrador impresionante. Deja con la boca abierta al lector. Domina las escenas de acción, el gag cómico y las escenas picantes. Desgraciadamente, sus historias dejan mucho que desear.

Origin es un robot con forma humana que vive en el Tokyo de 2048, una megalópolis asolada por la alta criminalidad. Su objetivo, de acuerdo a lo que le dijo su padre-inventor antes de morir, es "vivir como es debido". Persiguiendo estas vagas palabras, el androide busca comprender tanto a los humanos como la manera más correcta de coexistir con ellos.

Esto provocará situaciones graciosas durante el día, que contrastarán con su actividades nocturnas en los bajos fondos a la zaga de nuevas piezas mecánicas. Aunque el planteamiento no está mal, el progreso de la trama aburre y ya presenta las primeras incoherencias, agravadas por fallos en la traducción. Viendo que todavía no ha terminado en Japón, dudo que la continúe.



Con Dr. Stone me ha pasado algo parecido. Aunque el guión no es de Boichi, y la idea prometía mucho, ha avanzado demasiado rápido para mi gusto. No encontramos ante otro manga de ciencia ficción que no sitúa más allá del año 5000. La civilización que conocemos hoy en día ha desaparecido y el planeta Tierra vuelve a estar dominado por la Naturaleza.

Un misterioso suceso convirtió a toda la Humanidad en estatuas de piedra. Tres mil años despues, Senku, un joven genio científico, resucita. Cuando comprende lo que ha sucedido, se fija un único objetivo: despertar al resto de gente y reconstruir desde cero la civilización, una ardua tarea que paso a paso se va haciendo realidad.

El problema es que, pese a que los primeros éxitos son más o menos creíbles o aceptables, dado que son logros a pequeña escala, la cosa se desmadra cuando se propone contruir un móvil o un coche. Aquí ya se ve que es una historia enfocada a los adolescentes, a mostrarles cómo gracias al conocimiento científico pueden disfrutar de aquello que más ansían.

Lo mejor es que si Boichi es divertido en Wallman y Origin, aquí es desopilante. Las muecas de los protagonistas no tienen precio, y el elenco de personajes estrafalarios no termina nunca. Incluso, si miramos más allá, es posible que de estas carcajadas salgan una nueva generación más atraída por los matraces y los chips que por el oro y los culos de los videoclips. Desde luego, no es poco.

Dos pelis malas: Virgen a los 40 y Ocho apellidos catalanes

Virgen a los 40 (The 40-Year-Old Virgin)
de Judd Apatow

¿Steve Carell y coñas sobre un virgen cuarentón, qué podría fallar? Por lo visto, todo. Los estadounidenses se ponen muy conservadores y moralistas con el tema. Una cosa es no meterse con alguien por ser virgen y otra es casi ensalzarlo en un pedestal.

Los chistes son de mal gusto y faltos de gracia. Su humor se ve tan trasnochado, tan cutre, que parece más vieja de lo que es. Creí que era de los 90 y es de 2005. La actitud frente al tema es totalmente adolescente. Y no estoy seguro si en EE.UU. esta peli estaba orientada a los colegiales.

Andy trabaja en una tienda de electrodomésticos. En su apartamento, atesora sus colecciones de cómics y figuritas de acción. ¿Coincidencia? No, cliché. Cuando los cabestros de sus colegas de curro se enteran que sigue siendo un Perceval, decidirán ayudarlo (empujarlo) a echar su primer polvo.

De ser española esta película, Carell hubiera acabado hundido a base de chascarrillos hirientes nada más entrar en el bar por todos los habituales acodados en la barra. Aunque, bien pensado, de ser española podría haber acabado como la siguiente.

Ocho apellidos catalanes
de Emilio Martínez-Lázaro

Peor todavía que Ocho apellidos vascos, cuyo recuerdo ha ido empeorando en mi sesera. Dani Rovira está peor que en la primera, Berto Romero hace más gracia en los late night shows de Buenafuente y la mala leche de Rosa Maria Sardà no brilla como antaño.

La única que no baja es Clara Lago, que repite su nivel de actuación de la anterior. Pero, claro, mucho mérito no tiene cuando no se puede caer más bajo. ¡Que tu personaje es vasco, leñe! ¿Cómo puedes hablar como una madrileña cuando tu padre (Karra Elejalde) tiene un acento del copón?

El rollo hipster de Barcelona está muy bien; las coñas con la Independencia y las gracias con querer dejar España pero no el jamón, también. El problema es que, además de la falta de frescura esperable por ser una secuela, el humor con los catalanes es menos sorprendente que con los vascos.

Cuando juntaron vascos con andaluces, todos nos quedamos un poco preguntándonos por dónde lo iban a coger. Con los catalanes va por la senda esperada. Con guionistas más achispados que con chispa, pues la cosa no ha salido bien. A diferencia de la primera, no tiene ni puntazos memorables.

Oreo Golden, ahora sí que es obligado abrirlas

Fotografía de parquete de galletas Oreo Golden


Las Oreo no son mis galletas favoritas porque el chocolate no es que me vuelva loco precisamente. Cuando anunciaron las Oreo Golden pensé que era mi oportunidad de encontrar una nueva adicción pero me equivoqué.

El sabor avainillado de la nueva galleta se carga el contraste que las originales producen con el relleno de crema, que en estas no ha cambiado. Ahora, lo que único que consiguen es edulcorar lo que ya es dulce, empalagando al cuadrado. Sólo pude comérmelas lamiendo la crema por un lado y mordiendo la galleta por otro. Entonces, sí que eran deglutibles, aunque sin obsesionarse.

La galleta sola me agradó pero no lo suficiente para comprarlas en lugar de, por ejemplo, unas MarieLu de Fontaneda, unas Nuria, unas Virginias o, ya en ligas mayores, un caja de surtido Trias.
 En resumen, no he añadido una nueva droga a mi dieta.

One punch-man de Yusuke Murata y One


One Punch-man es un giro divertido e interesante en el cómic de superhéroes. Saitama es un héroe que es capaz de derrotar a todos enemigos de un solo puñetazo. Su poder es tal que vive aburrido por la falta de retos. Cada batalla es un paseo para él. Su vida es tan anodina que sus mayores emociones se las dan los folletos de propaganda con ofertas del supermercado.

Empecé a seguirlo por internet por el humor y por el dibujo, éste último a cargo de Yusuke Murata (Eyeshield 21). Sus detalladas páginas dobles son impresionantes. Contrastan con la sencilla cara de huevo del protagonista, que se quedó calvo del esfuerzo que le supuso el entrenamiento para convertirse en superhéroe. Consistía, nada más y nada menos, en "cien flexiones, cien abdominales, cien sentadillas y diez kilómetros de carrera diarios, sin encender la calefacción ni el aire acondicionado para endurecer la voluntad"...

Y es que esta es la otra gran baza de su éxito. One, el pseudónimo del creador del webcómic original y, ahora, guionista del manga que publica la revista Young Jump, posee un humor absurdo delirante que socava la épica del superhéroe estadounidense y las convenciones del manga japonés, similar a Bobobo-bo Bo-bobo pero menos frenético. El autor empezó su cómic digital con el objetivo de practicar y aprender a hacer sus propios tebeos pero el éxito le llegó de improviso cuando Murata, fan de la serie online, se ofreció a dibujarlo y publicarlo en el circuito profesional.

En España, Ivréa ha adquirido los derechos y este junio de 2016 ha publicado el quinto tomo. Han hecho un gran trabajo. Sin embargo, pese al mimo de la editorial, el resultado es menos espectacular de lo esperado. Las impresionantes ilustraciones a página doble que en la pantalla se ven de lujo, en el libro quedan partidas por la mitad a causa de la encuadernación. El formato del manga, que es el estándar de 13x18cm., tampoco ayuda a que luzca todo lo que debería. Una edición kanzenban (de 14,8x21 cm.) le sentaría realmente bien.

Para mi sorpresa, desde el primer tomo se anunció que se ofrecía el anime a través de la web Daisuki.net, propiedad del Consorcio de Animación Japonés (que agrupa a Toei Animation, Aniplex, Sunrise, TMS Entertainment, Nihon Ad Systems y Dentsu). Únicamente registrándose, se puede disfrutar gratuitamente de la serie con el audio original en japonés y los subtítulos en castellano, además de poder ver otras series como Kuroko's Basketball, Saint Seiya o Back Butler.

A lo largo de los cinco tomos publicados, he notado, para mi decepción, que las batallas serias ganan espacio en detrimento de la burla inicial, convirtiéndolo en un manga más de salvadores y villanos ultrapoderosos. Como suele suceder a causa del ritmo brutal de las publicaciones semanales de manga, el dibujo también empieza a resentirse. El quinto tomo es aburrido y hay viñetas que no están bien resueltas, ya sea por tener una calidad menor o por resultar repetitivas y poco originales.

Mis expectativas para One Punch-man no son demasiado halagüeñas y preveo un One Punch-man Z con muchos mamporros y pocas risas. Dejo aquí dos viñetas, la primera del manga y la segunda del webcómic, donde se aprecia tanto el humor visual de la historia como el salto cualitativo que supone el arte de Murata.



O los tres o ninguno de Kheiron


SIN SPOILERS

O los tres o ninguno es una historia verídica explicada en forma de comedia sobre la huida, en el 79, de unos inmigrantes iraníes hacia Francia y su posterior vida en una barriada del extrarradio parisino. Contiene algunas escenas de violencia cruda pero resulta entretenida y didáctica.

CON SPOILERS

He leído una crítica bastante negativa sobre esta película. Se le echa en cara dar una visión digerible de lo sucedido en Irán, utilizándola como ejemplo de la estupidización de la sociedad actual. Es cierto que ofrece una visión edulcorada pero el resultado no es, en absoluto, superficial. Su director, el humorista y actor Kheiron (alias de Nouchi Tabib), ha querido narrar la vida de sus padres y de cómo tuvieron que fugarse de Irán para venir a Francia.

La película empieza con la infancia de Hibab Tabib, padre de Kheiron, y continúa con su juventud, afiliado al partido comunista y convertido en preso político durante la época de la monarquía del sah ("rey de Irán") Reza Palehví. Tras la Revolución de 1979 y el ascenso de Jomeini al poder, la situación no mejoró en absoluto para los comunistas que, tras ser una pieza clave en el derrocamiento del sah, volvieron a ser señalados y perseguidos como enemigos del estado, ahora una república islámica.

Ambos progenitores se vieron obligados a escapar y empezar una nueva vida en Francia. El recorrido de esta pareja no sólo nos explica lo ocurrido en Irán sino que sirve como paralelismo con la Primavera Árabe y los jóvenes que, tras participar en las protestas, fueron detenidos y condenados a muerte. También pone el dedo en la yaga sonrojante de Occidente mostrando cómo París hacinó a los inmigrantes en suburbios empobrecidos que a día de hoy se han convertido en focos del fundamentalismo más violento.

Es cierto que no es un producto que busque analizar el problema en profundidad porque no se trata de un documental ni una película sesuda. Pero no parece justo restarle méritos al trabajo de Kheiron quien, a través del humor, nos enseña la parte de la Historia que vivieron sus padres. Su intención es ser accesible al gran público, como hizo Marjane Satrapi con su exitoso cómic Persépolis, con la diferencia de que el libro no es una obra humorística.

Uno puede pensar que, tal vez, Kheiron ha intentado hacer lo mismo que Benigni con La vida es bella, demostrando que se puede construir una comedia sobre cualquier tópico sin faltar al respeto ni a la verdad. No se trata tampoco de una película apta para niños, dadas las numerosas escenas de violencia contra el protagonista y sus camaradas. Aunque al final siempre brille la esperanza, estos no disfrutan de una vida ni una lucha fácil.

Kheiron, que parece la versión iraní de Dani Rovira (tanto desde un punto fisonómico como histriónico), ha rodado una película muy entretenida, dura y alegre a la vez, que añade su granito de arena para poder entender un poco mejor los orígenes de lo que está sucediendo actualmente en Francia y en Oriente Medio.

Ore Monogatari!! (Mi historia de amor) de Kazune Kawahara y Aruko


Ore Monogatari!! es un shōjo (cómic manga dirigido a chicas adolescentes) bastante peculiar. Para empezar, el protagonista no es una chica sino un chico y, para acabar, éste no es un joven apolíneo sino un gorilón enorme y torpe, parecido físicamente al Akagi de Slam Dunk.

La coña empieza desde el título y la ilustración de la cubierta. Ore es la manera basta y masculina de decir "yo" en japonés (monogatari es "historia, cuento"). Por si fuera poco, el título lleva doble signo de exclamación. Es decir, en vez de tener la fina y tímida vocecita de una colegiala nipona nos encontramos con el vozarrón de un mastodonte gritando "¡¡MI HISTORIAAAA!!" mientras se señala a sí mismo en una postura bastante cutre.

Él es Takeo Gōda, un armario de dos puertas enamoradizo que ha sido testigo en primera fila de cómo sus compañeras de clase se prendaban de su atractivo amigo Suna y él las rechazaba sin compasión. Este cacho de pan, que se pasa el día ayudando a ancianas y rescatando gatitos (literalmente), acabará salvando a guapa Rinko Yamato y ahí, justo ahí, empezará todo.

La historia es muy tierna y cursilona, pero cursilona porque Takeo y Rinko son muy torpes y no saben cómo comportarse. Ella es muy nerviosa y él es incapaz de captar las sutilezas. Esto trae la otra gran baza de la serie, que es el humor. Me he reído mucho con el primer tomo, que tiene un final tronchante por lo absurdo de la situación.

El guión lo escribe Kazune Kawahara, autora más conocida por el manga High School Debut (Kōkō Debyū en japonés). Por su parte, el dibujo corre a cargo de una artista que trabaja bajo el pseudónimo de Aruko (por lo visto, originado a partir de su nombre auténico, Ryōko). El estilo me gusta porque no es tan recargado como el de los mangas que yo recordaba.

De acuerdo con mi pareja, que ha leído más cómics de este género, esto se debe al influjo del manhwa, el cómic surcoreano, más realista que el japonés, como apunté y se puede comprobar en la entrada sobre Wallman de Boichi. Así, adaptándolo al cánon nipón, suavizándolo y haciéndolo todavía más kawaii (mono, cuqui), obtenemos un estilo menos lírico, menos artificioso y más creíble.

Si la serie no se desmadra (que, desgraciadamente, lo hará), me parece una historia fantástica, romántica y muy divertida, sin que un aspecto anule el otro. Si te gustan los relatos adolescentes acerca del primer amor, este te hará disfrutar de verdad.

O alienista de Machado de Assis


Si decides empezar a leer en portugués, Machado de Assis en un autor muy accesible tanto por su estilo claro como por la gratuidad de su obra, que forma parte del dominio público. Autor decimonónico, introductor del realismo en Brasil, se empleó en todos los géneros literarios (crónicas, artículos periodísticos, críticas, poesía, cuentos, novelas). Por el valor de su obra, está considerado uno de los grandes nombres de la literatura en portugués.

Después de leer los relatos breves de Cinco mulheres (1865), que me parecieron muy sencillos, me envalentoné con un cuento suyo más largo y más famoso titulado O alienista (1882). La estuctura de las frases sigue siendo igual de sencilla pero el vocabulario y las referencias son más rebuscados. De no haberlo leído en e-book con el diccionario Priberam instalado no sé si hubiera podido acabarlo, básicamente, porque llegó a aburrirme un poco.

O alienista es una crítica al cientificismo de la segunda mitad del siglo XIX. El doctor Simão Bacamarte, muy respetado en Itaguaí por su sabiduría y sensatez, decide probar su nueva teoría acerca de la locura. Consigue convencer a los ediles del municipio para que le permitan abrir un manicomio. Poco a poco, lo que parecían un bien para la población acabará tornándose en una pesadilla al ver que cada vez se llevan a más y más ciudadanos al ciudadanos.

El principio está muy bien, cómo va progresando la historia, cómo empieza a crecer el miedo entre los habitantes y cómo empiezan a dudar de quién está cuerdo y quién no, de si realmente el gran hombre de ciencias tiene razón o la está perdiendo. El problema llega en un punto en que la trama da un giro copernicano y empieza a suceder lo contrario. Este cambio se lleva a cabo de modo, si no inverosímil, precipitado. A partir de ahí empieza a flojear hasa un final totalmente anémico.

Pese a este tropiezo pasada la mitad del relato, su primera mitad es muy disfrutable. Yo lo adquirí en la recopilación Todos os Contos de Machado de Assis: As histórias de folhetim e as coletâneas de contos por 2€ en Amazon. Por alguna razón, lo han retirado de Amazon España pero en Amazon EE.UU. sigue disponible por $1. La edición es de abril de 2015 y ha sido revisada de acuerdo a la nueva ortografía.

El libro digital incluye más de doscientos relatos, inclyendo Contos Fluminenses (1870), Histórias de Meia-Noite (1873), Papéis Avulsos (1882), História sem data (1884), Várias Histórias (1896), Páginas recolhidas (1899) y Relíquias da Casa Velha (1906). Ni en O alienista ni en Cinco mulheres he encontrado erratas y el índice es una delicia, con absolutamente todos los cuentos ordenados alfabéticamente por volumen y enlazados correctamente. Sin duda, hice una muy buena compra.

On / Off

En plena oscuridad, las marionetas de cera buscan el interruptor en una pared infinita… él deja la cámara a un lado y decide ayudarles…

Siempre sucede igual… Eladio toca, resigue, reconoce el terreno… se mueve, recuerda la posición de las farolas, de los edificios, de las barandas… oye los pájaros, el caminar de las figuras grises, las olas, el tráfico… no es que él pueda encontrar cualquier interruptor sin problema, es que él lo busca hasta encontrarlo…

Sabe que los peatones leen la noticia que hay escrita sobre él en el diario, pero no lo ven… pasan de largo demasiado preocupados por todo aquello que no pueden ser ni hacer… Él encierra la angustia de sus pasos, las calles que pisan y los puertos que nadan… si lo vieran no se lo creerían… pero él cree y no ve…

Piensan que es curioso, las figuras tristes, piensan que es portentoso, ellas, pero es la visión desviada, la primera meditación cartesiana, la que las engaña… pensar que poder es divino —es enorme—, es desidia… En sus manos, la impotencia de la humanidad es una verdad como un puño cerrado y cobarde, ellos creen, la humanidad de la impotencia…

La incapacidad es humana, la renuncia también… el libre albedrío se fugó por el pasillo negro de las bocas de lobo donde se pierden las máscaras de cera… Eladio les enciende la luz e intenta enseñarles dónde está el interruptor, pero ellos se quedan atónitos al ver la bombilla y empiezan a adorarla y a levantarle templos, y etcétera, etcétera…

Con cara de ir a caer en el precipicio, Eladio Reyes vuelve a coger su cámara… se dirige al desfiladero cotidiano, sin miedo, saca unas cuantas fotos, negocia con ellas, las vende, y vuelve a casa una vez hecho el trabajo… en el buzón, dos cartas de admiradores fanáticos y una factura de la luz por pagar…

nadie ha tenido la consideración de escribirlas en braille…

Omplepanxes, restaurante de tapas en Sabadell

Logo del restaurante Omplepanxes
Av. Barberà 388, Sabadell
Si quieres recuperar las buenas tapas, el mojeteo y el quedar lleno y satisfecho, Omplepanxes es tu sitio. Se come muy bien y se disfruta haciéndolo. El local es sencillo, milimalista, con sensación de estar apretado pero sin que te moleste la gente al pasar. Los baños están limpios y hay colgadores, además de añadir un toque original. Las cartas son una pasada, diseñadas y realizadas artesanalmente por la hija de la dueña. No hay dos iguales.


Son especialistas en patatas con huevo frito. Sus patatas Don Ignacio están tremendas. Los champiñones al ajillo con un toque de vinagre son fantásticos, no menos que sus alitas de pollo, troceadas muy pequeñas y muy crujientes, o sus pulpipos. Usan buen aceite, denso y con sabor. También tienen platos como el lomo con salsa de jamón ibérico, que está espectacular. Y lo rematan con unos postres que no se los salta ni un torero. Y mojeteo, mojeteo; ahogarse en el placer de catañolear sucando pan. Para ello, hay dos opciones: chapata o pan de coca de vidre. También ofrecen pocos pero diferentes tipos de cerveza entre los que hay barril y artesana.

Patatas Don Ignacio con huevos fritos
Alitas de pollo
La primera vez que fuimos salimos a reventar. Yo tuve que hacer esfuerzos para acabármelo. La segunda, eso sí, nos pararon los pies y nos avisaron de que tal vez nos estábamos excediendo y que no podríamos con toda. La iniciación fue con patatas Don IGnacio y huevos fritos, champiñones, alitas de pollo, lomo con salsa de ibérico, dos chapatitas, una copa de Pailaner, refresco, agua y un cortado por 36,90€.

Teléfono: 931 27 82 84
Página de Facebook: https://www.facebook.com/pages/Omplepanxes/133974406692735

Out of China, restaurante chino en Barcelona

Muntaner, 100

Habíamos leído que hacían unas gyōza1 muy buenas. Fuimos, y tras probar gran parte de su surtido de dumplings, hay que reconocer que estaban muy buenos, especialmente las gyōza de ternera y calabaza. Sin embargo, me pareció caro. Y no porque fuera "un chino".

El sitio es muy espacioso y de diseño moderno, lejos del estilo recargado habitual. El servicio, como en cualquier restaurante chino, es rápido y eficiente. Tiene el mérito de estar acreditado por la asociación de celíacos de Cataluña. Sirven menús a 10-12€.

Nosotros cenamos sin menú. Escogimos agua para beber (a 2,25€ la botella) y, de primero, un surtido variado de seis "dim sum" (9€), unas gyōza de ternera y calabaza (cinco por 7,5€) y edamame (3,5€). Esperábamos estos precios y nos pareció no sólo correcto sino delicioso.

El problema fue con los segundos. Pedimos unas "albóndigas" con salsa de cacahuete (9€) y un rape al vapor con vino blanco (14€). Las "albóndigas" eran, en realidad, similares a croquetas de falafel. No sólo el sabor no se ajustaba al nombre sino que la cantidad era escasa: únicamente cuatro.

Lo peor fue el rape. Me esperaba un hermoso filete de rape al vapor y, en su lugar, me encontré con un bol pequeño con trozos de rape bañados en la "salsa china" estándar. ¿Soltar catorce napos por echar rape en la salsa que por cuatro duros ofrecen en cualquier otro oriental con la ternera?

A ver, no era exactamente la misma, no era tan grasa, pero el gusto era el mismo. ¿Cómo se supone que debo apreciar el rape al vino blanco?  Nuestro problema no fue el sabor de los platos sino las raciones y el desajuste entre lo que ponía la carta y lo que servían.

De postre tomamos pastel de zanahoria con helado de canela y crep rellena de helado de plátano cubierta con chocolate y nueces caramelizadas. 54,51€ por lo que comimos lo considero caro. Aunque rico, no aprecié ningún sabor nuevo respecto a restaurantes orientales más baratos.

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1 Las gyōza (japonés) o jiaozi (chino) son empanadillas al vapor. En la carta del restaurante aparecían también como "raviolis" o "dim sum" pero no me quedó claro qué era cada cosa. Pienso que los dim sum eran los bollos al vapor, también conocidos en inglés como dumplings, pero puede que me equivoque. (Más inforamación: Wikipedia)

Ocho apellidos vascos


Cuando te hablan muy bien de algo, malo, pues se generan unas expectativas demasiado exigentes. No me he reído tanto como esperaba. Hay momentos en que no pasa nada. Me ha sorprendido ver que los fragmentos que han utilizado para promocionarla, en realidad, son la película.

Clara Lago, criada en la tele, tiene la asombrosa capacidad de interpretar a una vasca con acento madrileño. No deja de ser alucinante también cuán incómodo resulta verla desnuda, pues parece que Dani Rovira en realidad esté interpretando a Humbert Humbert.

El cómico malagueño, en cambio, me ha hecho reír tanto como con sus monólogos. Si hacen la segunda parte sin él, será un éxito por el taquillazo de la primera pero dudo que resulte tan divertida. Mi madre no paraba de decirme: "Me estoy riendo, pero por él".

Como he dicho antes, da la sensación que sean una serie de gags enlazados con una historia bastante irregular, como muchas que estrenan últimamente. Tiene sus momentos álgidos y luego como una especie de relleno para hacer que llegue a la duración exigida.

Only God forgives


Esta vez las expectativas han ido en dirección contraria: había leído tantas críticas malas que me esperaba algo como L'étrange couleur des larmes de ton corps. No ha sido así. Sin duda, la peli es infumable pero también corta (90 minutos) y de trama muy simple.

La banda sonora de Cliff Martínez, al igual que en Driver, busca tener un gran peso en la construcción de una atmósfera asfixiante. Sin embargo, como el filme falla por su excesivo esteticismo, olvidándose de la narrativa, que apenas es una excusa, el espectador no se implica demasiado.

Only God forgives quiere ir más allá de Drive, avanzar con el lenguaje visual de la primera, pero se distancia demasiado del espectador. En Drive tenemos esos toques pop occidentales con su antihéroe molón, la chica, el amor, el malo, los temazos,...

Aquí no hay conexión que pueda lubricar una inserción placentera por la cavidad rectal. Aquí cuando ves a un tailandés asesinando y luego cantando en un karaoke (en su lengua materna y sin subtítulos) ante un público compuesto por policías militares, te pierdes, te pierdes.

OGf es el guión de una peli mala de acción oriental con ínfulas artísticas y sin acción alguna, una de esas cosas que llaman revisionistas como el western crepuscular y que acostumbran a ser pajas demasiado caras para que sean aceptables.

Por supuesto, también está el tema Gosling. Si bien la carita de inocentón del actor nos vuelve a traer un personaje que mezcla una apariencia cándida capaz de la violencia autista más extrema, no tiene el carisma ni atrae hacia así la atención más allá de los carteles publicitarios con su jeto.

El misterioso ángel de la muerte aquí es el actor tailandés Vithaya Pansringarm (Viti para los amigos). Y aun así, no nos apasiona ni una milésima parte de lo que hacía el conductor sin nombre de Drive. Tiene que haber alguna conexión con el espectador para que tal ejercicio estético valga la pena.

Oscar, un desternillante Stallone


Stallone lo borda en esta hilarante comedia clásica de enredo, remake de una peli francesa con el mismo título dirigida por Édouard Molinaro y Luois de Funès.

John Landis sitúa la trama en la Nueva York de la Gran Depresión, donde un capo de la mafia, Angelo "Snaps" Provolone, decide regenerarse.

A un guión y unos diálogos sublimes que no dejan títere con cabeza, se suman los gags visuales made in USA con los gángsters en delantal reconduciendo su profesión de matones a chachas del hogar.

Recomendadísima para reírse y recordar que Stallone hizo buenas pelis.

Operación E


Esta película cuenta la historia de un campesino colombiano puesto entre la espada y la pared al recibir de manos de las FARC al hijo de una prisionera para hacerse cargo de él. El bebé está enfermo y el hombre, padre de familia numerosa, carece de recursos y de acceso a medicinas. Ni siquiera puede llevarlo a un hospital, pues se encuentran más allá de la zona vigilada por los guerrilleros, de donde no le permiten salir.

La historia es de sobra conocida en Colombia y, por lo visto, en el resto del mundo, aunque yo no la recuerdo. La entrada en Wikipedia documenta todo el suceso. Pese al "basado en hechos reales", y pese a las denuncias y problemas que tuvo en el país de origen para estrenarse, se pueden cambiar los nombres, convertirlos en completos anónimos, y la película seguiría teniendo gran fuerza dramática.

El filme no se centra en la prisionera sino en el campesino, en las víctimas de la guerra que se encuentran en el fuego cruzado entre la guerrilla y el ejército. Sorprende que Luis Tosar interprete al campesino colombiano pues se ve a la legua que no tiene cara de indiano, pero choca más que llegue a convencerte de que lo es gracias a su gran actuación. Tosar es brutal.

Me costó entenderla por el acento pero, aunque es difícil, el oído puede llegar a costumbrarse. Sea como sea, las acciones hablan por sí mismas y tampoco es necesario entender cada diálogo. El desenlace es demoledor y, aunque pueda criticarse si el punto de vista sobre los hechos y el personaje se ajusta a la realidad, el retrato de la tragedia humana de la Colombia más pobre es, desgraciadamente, trasladable a otros muchos países del mundo.

Odiar Lyon

Ahora que estoy cansado y con la cabeza embotada y poco lúcido, escribiré sobre la ciudad de Lyon. No quise escribir recién llegado por tal de evitar que mi ira afectara lo escrito pero veo, apesadumbrado, que cada vez que me pongo a ello se me encabrona la zona inguinal. No tiene sentido esperar más. Despotrico ahora que me aburro y tengo que matar el rato.

El viaje en avión a la capital francesa puede parecer engañosamente barato. El sablazo viene después del vuelo, cuando para ir del aeropuerto a la ciudad tienes que pagar un tranvía cuyas tarifas son abusivas (28 euracos ir y volver, 24,50€ si lo compras a través de la Web) y donde no tienen una puñetera taquilla para atenderte, sólo unas cuantas máquinas que escupen tu tarjeta cuando les viene en gana. El Roñaexprés será moderno y cómodo pero eso no quita que sea una tragaperras sobre raíles y que los del ayuntamiento sean unos viles por haber quitado la línea de autobuses que hacía el mismo recorrido por menor precio.


Pasear junto al Ródano y el Saona es muy bonito pero no queráis hacer más. Todo vale un ojo de la cara. ¡El tranvía sólo es el primer aviso! ¿Pero es esto incongruente en la zona turística de una ciudad? No, claro. ¿Es mucho más caro comparado con las zonas turísticas de otras ciudades que he visitado? Sí. ¿Hay una mayor calidad o variedad? No, venden la misma mierda fabricada en China que te encuentras en todas partes. ¿Te atienden mejor? Jamás, y este tema me toca especialmente la moral.

En España, generalmente, la opinión que hay de los franceses es despectiva. Uno puede pensar que es racismo o complejo y no se equivocará. Pero debo confesar que me he sentido como una bolsa de basura en Lyon. Los lioneses que deciden poner un negocio de cara al turismo parecen sentir asco por los turistas que los mantienen económicamente. No se cortan y se lo hacen saber poniéndoles una despreciable cara de perro. Uno no se siente a gusto. Es más, se siente imbécil por estar pagando por un trato semejante.

foto camarero francés con cara de desprecio

Dudas en sentarte en una terraza o no por lo prohibitivo de los precios, y cuando lo haces tienes que aguantar que el camarero tuerza el gesto. Es como la mirada de asco de un rico a un pobre. Intentas hablar en francés y te contestan que mejor en inglés o en español. El esfuerzo que en otros países se vería como bienintencionado y simpático, en Francia les produce urticaria. Uno es consciente de que no lo habla a la perfección pero eso no da motivos para que te metan esos cortes, y menos cuando ellos no son precisamente expertos en dominar otros idiomas.

Recuerdo el crucero por el río. La guía daba las explicaciones en su lengua materna y en inglés. Su francés me costaba de seguir, ¡pero es que las explicaciones en inglés eran ininteligibles! Era inglés con acento y prosodia francesa. Un cacao. Y tampoco es que su español sea cervantino pero, vamos, tengo la decencia de no escupírselo en la cara si veo que están haciendo el esfuerzo. Al menos, piensas, la gastronomía valdrá la pena. Con tanto renombre en el mundo entero nos dará alguna alegría y puede ser una razón para justificar el aguantar a esta pandilla de camareros malcarados y antipáticos.

Fuimos a un bouchon a cenar, que son los restaurantes donde sirven las especialidades típicas. Hay una frase muy socorrida de que las francesas no engordan. Seguramente se deba a que la comida es una mierda. En fin, esta afirmación es exagerada. También tendrán parte de culpa los precios. La carta está apuntada en una pizarra que van poniendo frente a las mesas. Es una gracia que, bueno, será marca de la casa pero a mí me parece un incordio. Ninguno de los platos que había escrito los entendía. Hay que hacer un cursillo aparte, de verdad.


No voy a mentir. No soy de patés ni foies ni el mejor invitado para El Bulli. Probé en un restaurante las quenelles, que son una especie de nuggets con sabor a pescado y no son nada extraordinario. Probé el "Croustillant St. Marcellin avec jambon cru sur salade", que era una especie de rollito de primavera plano hecho totalmente de queso, crujiente por fuera y fundido por dentro, sobre una loncha de jamon serrano fino como papel de fumar y de aspecto barato. Ambos platos servidos encima de la ensalada, que consiste en lechuga bañada en una asquerosa salsa de rábano picante (horseradish).

En una creperia cené una crep de trigo sarraceno, buena como en Les 3 pommes de Barcelona pero con camarero y precio lionés. Comí hamburguesas del McDonalds con mayonesa y kebabs sin cebolla ni tomate. Las especialidades lionesas no son las pastas de nombre homónimo, sino las pralines (pronunciado "pralín"), almendras tostadas recubiertas de azúcar caramelizado. Es un lío porque las relacionábamos con el chocolaté praliné y no entendíamos nada. Confusiones aparte, son muy dulces y no tienen sabor alguno de almendra.


En fin, podría seguir dando vueltas sobre lo mismo y acabar en la situación de mierda que tuvimos con las tres petardas del control del aeropuerto, que nos tuvieron esperando porque estaban de cháchara, riendo entre ellas mientras retenían nuestras maletas, para acabar revolviéndonos la ropa interior y tirarnos un paté porque era "maleable" y un tubo de desodorante en crema prácticamente gastado de 125ml. Resumiendo, Lyon es muy bonito pero el trato hacia los turistas es horrible y los precios abusivos. Yo, por lo pronto, ya he decidido que no voy a volver al país vecino hasta que se me olvide este viaje o pierda la cordura.