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Tan poca vida de Hanya Yanagihara

Si bien este best-seller está muy bien escrito, su objetivo último me deja vacío. Su autora lo describe como un paño teñido con la técnica del ombré, un degradado suave que suele transitar de un color claro y brillante a otro mucho más oscuro. Y básicamente eso es el libro: convertir un relato amable y ligero de cuatro amigos en un culebrón deprimente y cruel sin motivo.

Logró lo que ninguna otra novela ha conseguido conmigo: obligarme a saltar extensos fragmentos, incluso un capítulo completo, porque leerlos me descomponía el estómago. Las descripciones son tan detalladas y desagradables como los actos descritos. Aunque la novela no esconde lo que va a hacer y avisa del terrible pasado de uno de los personajes, mis expectativas se quedaron demasiado cortas.

Casi nunca el horror que uno se imagina supera los acontecimientos porque te has preparado para ello. En este caso, en cambio, Yanagihara me noqueó y me dejó con shock postraumático. Esta serie de fragmentos nauseabundos ocurren en el ecuador del libro, y esperaba que después del valle hubiera una colina, y la historia entretenida del comienzo regresase. En su lugar, el descenso continuó.

Si la idea era sumir al lector en el negro más profundo, el efecto fue el opuesto. Tras cruzar el infierno, empecé a pasar las páginas jugando a adivinar la siguiente catástrofe. Se había transformado en un folletín grotesco en el que todo me importaba un bledo, un episodio largo de Los días de nuestra vida con el Dr. Drake Ramoray, la telenovela paródica que emitían en la serie Friends.

¿Por qué no lo abandoné? Leer mil me parecía un gran reto después de la sequía de páginas de 2023. Tampoco quería que los avances de 2024 se revertieran, y por eso no lo devolví a la biblioteca. El resultado fue la decepción del tiempo perdido cuando cada vez se tiene menos. Un millar de páginas de  absoluta nada, de puro ejercicio estilístico escasamente brillante y cliché.

Su estilo me recuerda al de Celeste Ng en Todo lo que no te conté: una escritura correcta, estadounidense, aprendida en el aula y ensayada a conciencia, producto del esfuerzo y la dedicación, pero desapasionada, desconocedora de cualquier traza de humor, mecánica, alineada sobre unos rieles de los que no se va a mover. La literatura como trabajo de oficina, el libro como activo financiero. 

También esto pasará de Milena Busquets

Después de terminar Stoner, leí Campos azules de Julia Soria, una novela ambientada en la meseta castellana en la década de 1960. Desde luego, no fue la lectura más entretenida del año. Después, seguí con Tú y yo de Niccolò Ammaniti, que me enganchó para luego desilusionarme con su final abrupto. Lo bueno es que estaba dibujando una línea ascendente.

Encontré También esto pasará expuesto en la mesita de destacados de la biblioteca. La cubierta de Anagrama me sonaba y el título se antojaba apetitoso con su cóctel de melancolía y esperanza. El problema con los buenos títulos es que si decepcionan hay daños colaterales. No es sólo que la historia no esté a la altura, es que se ha perdido una oportunidad, otra más, de escribir algo brillante.

Por suerte, Milena Busquets es una barman excelente. Su relato es tan breve e ingenioso como un buen episodio de Sexo en Nueva York. Del East River nos traslada a la Costa Brava de Cadaqués, donde los pijos catalanes beben y follan hasta las tantas en sus envidiables chalets. Pese a lo insufrible y petarda que siempre me pareció Carrie Bradshaw, la serie sigue siendo una de mi preferidas.

La prosa es clara, el estilo fresco y gamberro. En conjunto, la narración fluye con una soltura envidiable. Nada entre la máscara y la fosa, va del cacareo superficial a la introspección silenciosa. La sombra de un funeral ocupa la cabeza de la protagonista, que busca, si no superar, al menos aceptar la muerte de su madre. El amor y el odio hacia ella se mezcla con el amor y odio hacia sus ex.

Me acordé de Bolaño (y, en cierto modo, de la idea general y difusa que tengo de la literatura latinoamericana) por la relevancia que tiene el sexo para la protagonista. La mejor medicina se sirve en polvo. Sexi y divertida, sus ciento veintipocas páginas podrían durar un suspiro, pero su relectura es placentera como otear el mar desde el balcón.

Ha sido una lectura agradabilísima, relajante, entretenida, triste, hermosa. Yo también quiero irme de vacaciones a la playa para olvidar la penas leyendo, comiendo y follando.

The Innocents de Enkil Vogt


The Innocents (De uskyldige, 2021)

El noruego Enkil Vogt, coguionista de varias películas dirigidas por Joachim Trier (La peor persona del mundo, Thelma), también se ha puesto tras la cámara en dos cortos (Une étreinte, Les étrangers) y dos películas. La primera fue Blind es 2014, y la segunda ha sido The Innocents en 2021, cuyo cartel te atrapa nada más verlo: tan sencillo como poderoso. 

Dos hermanas se han mudado con sus padres a una nueva casa. Ida, de 9 años, es la más pequeña, mientras que la mayor se llama Anna y padece autismo. Entre los pocos residentes que no se han ido de vacaciones están Ben y Aisha, con quienes las hermanas harán buenas migas. El apacible cielo estival empezará a cubrirse cuando Ben revele a Ida sus poderes psíquicos.

Todo empieza como un juego inocente que se va enturbiando cada vez más. Con el trasfondo de la pobreza y la desmitificación de la bondad inherente de los niños, la película avanza con un sosegado crescendo que te mantiene en tensión hasta el final. Sin hipérboles, los pequeños actos de crueldad de los protagonistas son capaces de estremecer al espectador.

Las interpretaciones de los niños, la fotografía y el apartado sonoro no dejan indiferente. Tanto por su calidad como por la sorpresa que me ha producido (la desconocía por completo), me ha provocado la misma sensación de satisfacción a la que me produjo Reality de Tina Shatter.

Turbadoras: Nighcrawler y Foxcatcher


Nightcrawler (2014)

Hacía tiempo que un personaje no me resultaba tan perturbador. Louis Bloom es un bueno para nada que no deja pasar ni la más mínima oportunidad que le permita salir del hoyo. Lo llamativo es su cháchara constante e insufrible contaminada por la lectura de innumerables libros de negocios y emprendimiento. Su metralleta de palabras hace mella en cualquiera que lo preste atención.

El rostro impasible pero bello de Jake Gyllenhaal encaja como un guante en esta enfermiza historia acerca del sensacionalismo en las noticias. El cuarto poder se rinde al impacto visual más truculento, dándole la espalda a la veracidad y la información contrastada. La manera en que "Lou" manipula al resto de personajes es incómoda y repugnante, puro reflejo del discurso empresarial del que se sirve.


Foxcatcher (2014)

Si de Nightcrawler pude extraer algo del malestar que me produjo, no puedo decir lo mismo de Foxcatcher. Las ganas de verla se fueron desinflando hasta pincharse con el súbito final. No me queda claro si los acontecimientos que se narran causaron mucho revuelo en EE.UU. y son vox populi en el país. La falta de contexto y explicaciones me invita a pensar que sí.

La intrigante relación entre el extravagante multimillonario John du Pont y el introvertido luchador Mark Schultz me atrapó desde el principio, y me noqueó a interrogantes con su desenlace. Tantas o más dudas me generó el maquillaje de Steve Carell, que parece Michael Scott imitando a Michael Myers. La tensión está muy bien conseguida, pero no he entendido nada. ¿Cuál es el objetivo de toda esta historia?

Tatsuki Fujimoto, el autor de Chainsaw Man, Look Back, 17-21 y 22-26

Chainsaw Man es una de los nuevos shōnen más en auge del momento. Su primer arco argumental se publicó en Weekly Shonen Jump del 3 de diciembre de 2018 al 14 de diciembre de 2020, para luego aparecer en Manga Plus, la revista online de la compañía. En la web, accesible internacionalmente, se puede leer en inglés, español, francés, portugués y tailandés.

En un mundo donde los demonios amenazan la vida humana, un huérfano llamado Denji rescata a un demonio-perro con el que entabla un vínculo muy especial. De su unión nace Chainsaw man, el hombre motosierra. Cuando la Agencia de Seguridad Pública descubre los poderes del chico, lo recluta para reforzar sus filas a las puertas de una catástrofe sin precedentes.

Explicado así puede sonar a shōnen genérico. El dibujo de los primeros números, si bien puede llamar la atención, es mejorable. Las escenas de acción me parecieron caóticas, con un entintado muy sucio. Hasta me llegó a molestar la rigidez de los cuerpos de los personajes, con movimiento ortopédicos, y rostros que parecían otros dependiendo del ángulo.

Pero el autor ha ido puliendo su estilo y, sobre todo, la narrativa de la serie. Ha pasado de contar demasiado a jugar con los silencios y las elipsis de modo excepcional. El tono desesperanzador no expulsa el humor de las páginas. El diseño y el trasfondo de los personajes no deja de mejorar, y la trama consigue tomar caminos inesperados. Ha acabado resultándome adictivo.

La madurez narrativa de Tatsuki Fujimoto queda plasmada en Look Back (2021), una historia autoconclusiva de 160 páginas. La pasión por el manga une a dos chicas: la audaz Fujino y la introvertida Kyomoto. Fujino confía en su propio talento, y alardea de ello en el colegio. Pero un día esa seguridad se quiebra cuando descubre a una compañera que dibuja mucho mejor que ella.

Es un relato enternecedor, que cala en lo más hondo. Lo que no se dice vale más que mil palabras. Y, sin embargo, los diálogos son igual de acertados. La calidad de las viñetas está fuera de duda, con unas ilustraciones por encima de lo visto en la serie periódica. Es más, gracias a la publicación de 17-21 y 22-26 se puede apreciar la evolución del autor.

Ambos tomos recopilan historietas breves, casi todas anteriores a su gran éxito internacional con Chainsaw Man. 17-21 contiene: Dos pollos en el patio (2011), Sasaki ha detenido la bala (2013), El amor es ciego (2013) y Shikaku (2014). Las tres primeras son principalmente cómicas, con mucho humor absurdo, y la última es una historia de asesinos.

Cada una de ellas tiene su dosis de fantasía, sin que ninguna de ellas destaque por un dibujo o una trama excepcional. La segunda antología trae consigo cuatro historias más: La rapsodia de la sirena (2014), Nayuta de la profecía (2015), Metamorfosis transfemenina nocturna (2017) y Mi hermana pequeña (2019), siendo la idea de la segunda una suerte de semilla de lo que ha acabado siendo Chainsaw Man.

En 22-26 el tono se vuelve más introspectivo. Sin abandonar el humor, crece la sensación de melancolía y desorientación de los personajes, destacando la genial Mi hermana pequeña. Tatsuki Fujimoto es uno de mis mangakas preferidos de la actualidad, y espero con alegría y desazón todo lo que esté por venir: alegría porque serán buenas obras, y desazón porque, sin duda, van a doler.


Trío de acción: El agente invisible, John Wick y Jurassic World 3


El agente invisible (The Gray Man, 2022)

El agente invisible es una película de espías donde nadie conoce el significado de las palabras "sigilo" y "discreción". Sus persecuciones, adrenalínicas y demenciales, no te permiten abandonar el sofá. Mantiene el resuello hasta la caída del telón, en el que se alcanzan cotas de disparate. Un sobrio Ryan Gosling, alejado de su perfil más cómico, mantiene un buen duelo con el ultrafascista de Chris Evans. Pese a su mejorable final, me ha resultado muy entretenida y visualmente espectacular.
 


John Wick (2014)

La saga que tantos fans ensalzan me ha dejado frío. Keanu Reeves es el actor que ya recordaba que era. Con un rostro inmóvil e inexpresivo como un retrato robot, no consigue transmitir al espectador la supuesta grandeza y temor del asesino profesional que cree interpretar*. Las peleas me han resultado monótonas y aburridas. Como tampoco me interesan los coches, su hora y media se me ha hecho larga. Ha sido una decepción, seguramente lastrada por las altas expectativas generadas por internet.


Jurassic World: Dominion (2022)

La disfruté de lo lindo en el cine. En esta tercera entrega han sabido reunir a los protagonistas de la trilogía original con los de la nueva de manera muy natural. Laura Dern, Sam Neill y Jeff Goldblum están sensacionales. Obviamente, es mejor no buscarle sentido a la trama que, de no ser por el dineral invertido, hubiera acabado como guion de una serie B en el canal Syfy, o de una aventura de Mortadelo. Los guiños a las películas clásicas y el chorro de dinosaurios harán las delicias de cualquier seguidor.

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*Curiosamente, la gesticulación de Gosling es igual de imperturbable, pero en su caso esa impavidez resulta misteriosa, intrigante. Reeves, en cambio, sólo parece estar recordando dónde dejó las llaves.

Toxicidad, mierda y revivals: Descarrilados, Camera Café y la temporada 3 de El Pueblo


Descarrilados (2021)

Para sorpresa de nadie, es una mala película. El problema es que, encima, es un erial de risas. El guion es un calco del argumento cualquier otra comedia española protagonizada por gañanes. La historia es una sucesión de bromas sin gracia ni cohesión y las interpretaciones son de sketch de programa de José Luis Moreno. Mi madre y yo nos reímos una vez. El resto del tiempo nos estuvimos mirando sin entender nada, con la ligera esperanza de que nos sacaría otra carcajada. No sucedió.


Camera Café, la película (2022)

Donde sí me reí con mi pareja, pese a lo muy bizarra que es, es con Camera Café, la película. El ritmo y el formato dista mucho de la metralleta de gags que era el programa de humor de 2002, pero, a pesar de los altibajos, reparte bien las ocurrencias, evitando concentrarlo todo al principio y desinflarse al final. Los personajes siguen siendo, eso sí, igual de divertidos. Hay momentos muy surrealistas que descolocan. Afortunadamente, consigue sorprender y hacerte pasar un buen rato.


El pueblo (T3, 2021)

Lo que vi solo fue la temporada 3 de El pueblo. Le puse los primeros minutos a mi pareja y la tachó de aberrante. Yo sentí eso con las dos anteriores, aunque los personajes y el humor me engancharon. Y es que los actores siguen bordando sus papeles. Viejos y nuevos conocidos, todos están geniales. El problema son las tramas, que hurgan en el estiércol más apestoso. La toxicidad de las dos primeras aquí es radioactividad pura. La serie consigue revolverte el estómago. Ahora mismo no sé si la continuaré.

The Batman, vuelta a los orígenes

¿Otra película de superhéroes? ¿No dije que no vería ninguna más? En fin... The Batman vuelve a los orígenes menos pomposos, más sobrios, del personaje en la gran pantalla. Es una historia contenida, para lo que es el género hoy en día, dominado por una colorida Marvel cada vez más flipada de sí misma. El hierático rostro emo de Robert Pattinson casa muy bien con el tono de la historia.

Es Halloween. En plena campaña por revalidar el puesto, el alcalde de Gotham es asesinado. Su verdugo deja una serie de acertijos en la escena del crimen, uno de ellos dirigido especialmente al hombre murciélago. El teniente James Gordon contacta con el héroe para que les ayude a descubrir quién ha acabado con la vida del candidato.

La atmósfera tenebrosa y viciada, el tono de los diálogos, la banda sonora, las interpretaciones lacónicas del protagonista,... todo se conjuga para mantener una intriga enfermiza que convierte a la ciudad en un sarcófago maldito. Este aspecto me ha gustado mucho. Las escenas de acción están muy bien presentadas y no resultan desproporcionadas.

No puede ser de otra manera. Batman no tiene superpoderes. Es un detective (de ahí el nombre de la editorial, DC, Detective Comics). Bien podrían haberle calado un sombrero, un pitillo y una gabardina en lugar de una capa y una máscara. El problema, desgraciadamente, es que a poco que reflexiones un poco sobre lo que estás viendo, disciernes que sus deducciones son un poquito justitas.

Es el tono el que te impide pararte a pensar en lo lento que es este superhéroe. Realmente, la película te envuelve, te mete dentro del turbio mundo de Gotham. Pero si bien la película y el actor representan de modo muy acertado el lado oscuro de la corrompida urbe, no sale tan airoso cuando presenta el mundo de Bruce Wayne.

El alter ego de Batman es un hombre opulento, confiado, sonriente, social, generoso. La primera vez que vemos a Pattinson sin la capucha parece una representación de El Cuervo. Es flaco, resulta poco imponente, enfermizo, lejos de la figura del exitoso hombre blanco que encarna Bruce Wayne. Es posible, sin embargo, que las conclusiones de esta aventura den pie a ese Wayne en su secuela.

El desenlance me gustó. No es un derroche absurdo de testosterona. Es muy humano, lejos del mesianismo habitual. No consigo entender las críticas negativas, no sé qué tiene de malo esta película aparte de lo comentado. Es entretenida y consigue atrapar tu atención. Como película de Batman tiene la entidad de la que carecen muchos productos de Marvel.

The White Lotus, una corrosiva comedia de HBO

La primera que empezó a verla fue mi pareja, quien no tardó en recomendarla. Desde el despacho, oía sus carcajadas. Sin duda, The White Lotus es una de las mejores comedias que he visto en bastante tiempo. Llena de ironía y mala leche, sus primeros episodios son desternillantes. Desgraciadamente, la realidad que satiriza acaba haciendo mella en el telespectador... y duele.

La serie retrata con ingenio y acierto las diferencias existentes entre la clase pudiente y la clase trabajadora. Turistas adinerados disfrutan de sus vacaciones en un lujoso hotel de Hawái, levantado sobre tierras consideradas sagradas por los nativos, mientras decenas de trabajadores se afanan en mantener la ilusión de un paraíso donde no existen problemas ni responsabilidades.

A medida que avanza la trama, la brecha entre ambos grupos se abre como un cuerpo en una mesa de disección. La náusea te inunda. Las risas del principio empiezan a atragantarse. No considero que tenga un aterrizaje al nivel de su despegue, pero no malogra en absoluto la producción. Es un cierre más que correcto que convierte esta primera temporada en un historia completa sin cabos sueltos.

Lo mejor son los personajes. Perfectamente perfilados en sus obsesiones, son carne de diván. Ninguno se salva: desde el padre en plena crisis de edad y de hombría, o el niñato pijo adicto a que lo adoren, hasta las universitarias pedantes que desprecian a quienes las rodean, o la recién casada con un millonario que duda si está dejando de lado sus metas a cambio de una vida acomodada.

Están la ricachona que no deja de contar sus penas y la masajista que debe hacerle caso porque entra dentro del sueldo, la que trabaja ocultando su embarazo y el jefe que debe guardar una sonrisa sempiterna frente a los clientes que desprecia. En mi opinión, todos bordan sus papeles. No hay nadie que sobre, o que no resulte creíble.

No es una ficción ligera. Los episodios finales, más que verlos, los padecí. Empaticé con el malestar de los personajes, que tocan fondo de un modo que no se siente exagerado. La banda sonora da en la diana, y transmite desde el opening la desazón creciente en la que nos envolverá el argumento. Pese a la incomodidad, merece muchísimo la pena.

Threadbare, o cómo bordar una historia

Gareth Brookes es un autor de cómics experimental que descubrí a través de un tuit de Álvaro Pons. Como el timeline de la red del pajarito ni termina ni se detiene, lo abrí en una ventana aparte del navegador del móvil. Y pasaron catorce meses. Y hubo Brexit. Y decidí comprarlo. Por suerte, no me cobraron nada en aduana, llegándome relativamente rápido.

El título, Threadbare, que viene a traducirse por deshilachado, hecho jirones, habla del material con el que está hecho y de las dos historias que cuenta. En el tren, el autor escucha la charla casual entre dos mujeres. Hablan de dos antiguos amantes cuya relación o aventura les marcó. Sería un tebeo más, sin mayor trascendencia de no ser por cómo están ejecutadas.

Sirviéndose de una aguja en vez de una plumilla o un lápiz, Brookes teje literalmente la historia. Combina recortes de diversos materiales con figuras realizadas en punto de cruz. Vemos el anverso y el reverso del bastidor, el bonito frontal y la cara oculta donde se ve el enjambre de hebras retorciéndose. Estos hilos también representan las conexiones físicas, emocionales, digitales entre los personajes.

Obviamente, el cómic que nos llega no está tejido. Son fotografías del trabajo realizado por el autor, pero la calidad es muy buena. Da la sensación de tener la pieza original. Notas las texturas, los volúmenes. Me pareció una idea genial cuando leí el tuit, pero tenerlo en mis manos me ha confirmado la absoluta genialidad que es.

No es sólo la técnica, sino cómo ha encontrado una narración que se ajusta a la perfección. Cómo lo enfoca, cómo consigue transmitir la profundidad, el hondo sentir de las dos protagonistas y lo mucho que les marcaron sus breves, pero intensas relaciones. Sin duda, ha sido uno de mis cómics favoritos de 2021, una pequeña joya que vale la pena guardar como oro en paño.

Web del autor: https://www.gbrookes.com/

Top Studio Ghibli

Vistas todas las películas de Studio Ghibli, pongo aquí mi ranking personal con las reseñas enlazadas. Incluyo también Nausicaä del Valle del VientoLa tortuga roja.

Aunque parece que sea un listado gradual, hay un abismo entre Mis vecinos los Yamada y Cuentos de Terramar. Las tres últimas me parecen nefandas, mientras que el resto las considero, o buenas películas, u obras maestras.

Tebeos de final de año: Calavera Lunar, Just friends y Josée, el tigre y los peces

Lo mismo que me sucedió con Mondo Lirondo, me ha pasado con Calavera Lunar. No me gusta nada el humor de Monteys en sus comienzos. Y a pesar que de joven me quedaba mirando las páginas de Mondo Lirondo en la tienda de cómics, sus dibujos de antaño están lejos de ser mis favoritos. Monteys ha ido a mejor en todos los aspectos: tinta, color, guion, dominio del gag,... Si bien Mai Més Llibres ha puesto mucho esfuerzo en la edición, y a los fans les encantará, este libro no es para mí.*

Ana Oncina tiene un estilo aparentemente simple de líneas muy limpias. Es elegante y delicada tanto en la ilustración como en la narración. Me enamora. Desgraciadamente, no he llegado a conectar con esta historia tan agridulce como nostálgica. Su desenlace ni ofrece sorpresas, ni deja buen sabor de boca. Esperaba un tono menos grave y, puestos a pedir, también unas notas de color, que tan bien aplica la autora. Pero entiendo que no era su objetivo. Ha sido una pequeña decepción.

Este manga de únicamente dos tomos me atrajo tanto por su llamativo título, como por su ilustración en acuarela de la cubierta. Es la adaptación a la viñeta de una novela de Seiko Tanabe que ha tenidos dos adaptaciones cinematográficas y una de animación. Es un romance muy dramático lleno de tsundere en el que no faltan las notas de humor. El arte es bonito y preciosista, aunque el entintado a veces me falla un poco. Es una lectura ligera u entretenida cuyo segundo volumen espero con ganas.

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* Encima, huele muy mal. ¿Por qué hay tebeos que tienen ese olor tan fuerte y desagradable? ¿Es por la tinta?

Tiempo de M. Night Shyamalan y Castillo de arena de Pierre Oscar Lévy y Frederik Peeters


Tiempo (Old, 2021) es una mala adaptación de un cómic que deja mucho que desear. El punto de partida es el mismo: una playa donde la gente envejece más rápido de lo normal. Pero mientras que las páginas de la novela gráfica contienen una suerte de metáfora acerca de la vida y el paso del tiempo, la película de Shyamalan se desarrolla como un thriller de terror en el que prima encontrar una vía de escape.

Castillo de arena fue publicado en 2010, fruto de la colaboración entre el director francés Pierre Oscar Lévy y el dibujante suizo Frederik Peeters. A pesar de ser conocido mundialmente por Píldoras azules, un obra autobiográfica sobre el SIDA, el historietista ginebrino posee sobrada experiencia dentro del terreno de la ciencia ficción y lo fantástico gracias a tebeos como Lupus, Koma o Dándole vueltas.

Uno de los principales problemas del cómic original es su incapacidad de manejar todos los personajes que presenta. Salta de uno a otro erráticamente sin que el lector alcance a empatizar con ellos o con su angustia. El filme tropieza con la misma piedra, y el objetivo de la cámara rebota de rostro en rostro, de escena en escena, sin que haya oportunidad de asimilar nada.

A medida que se avanza en la lectura, la sensación de estar ante un pastiche mal planeado se agrava. Se abren subtramas para dejarlas abiertas u olvidadas. Hasta los pinceles de Peeters carecen de su habitual carga emocional. El resultado es una historia extraña, desnortada, que pretende ser poética y relevante pero termina siendo una alegoría hueca del tempus fugit.

La adaptación cinematográfica abandona toda disquisición filosófica, y se centra en el misterio y el miedo. Pero ni por esas atina. Como he dicho, no da oportunidad a procesar nada. Sin prisa pero sin pausa, los acontecimientos se suceden. Lo peor es que a ojos del espectador parece que no pase nada. Los protagonistas están como aletargados, pasivos ante la pesadilla que los está aniquilando.

Sus personalidades son clichés apenas perfilados. Caen como piezas de dominó ante la indiferencia del público. Uno de los puntos fuertes hubiera sido ver los cambios físicos que sufren a medida que pasan las horas: el crecimiento de los más pequeños y la degradación de los adultos. Sin embargo, hay una dejadez total en este aspecto. Pasan de niños a adultos, y de cuarentones a yayos en un pestañeo.

En Castillo de arena está un poco mejor, pero tampoco Peeters retrata la evolución física de los personajes al detalle. Shyamalan desaprovechó las posibilidades del equipo de maquillaje. Tampoco se exprimió mucho el cerebro con el guion, lleno de diálogos pobres e ideas poco sorprendentes. La inspiración estuvo ausente durante el rodaje, que repite recursos hasta el aburrimiento.

En ambos medios se da una situación un tanto incómoda y perturbadora que tiene que ver con el crecimiento de los niños. Esto tiene su razón de ser en el cómic, cobrando sentido al final, pero en la película es innecesario. Es más, una vez ha ocurrido, el resto de protagonistas parecen narcotizados. Nadie ofrece consuelo ante un desenlace tan cruel.

Ahondando en esta aberrante indiferencia ante el mal ajeno, el director retrata los trastornos psicológicos de manera insultante. Le da la espalda al humano que padece para darle la mano al estigma, al loco, al asesino. Si bien el cómic trata el mismo tema desde otra perspectiva menos fiscalizadora, no logra poner sobre la mesa ninguna reflexión interesante.

Tiempo debería haber recogido el testigo del cómic y salir del estadio en busca de otra pista más lejana. Porque los 108 minutos de metraje se limitan a ver correr al elenco actoral de una punta a otra de la playa como pollos sin cabeza. No hay unidad ni colaboración para resolver el enigma, sólo deus ex machina. La buena idea que Lévy y Peeters desperdiciaron, Shyamalan la remata sin que deje de sufrir.

Tres películas de ciencia ficción: Tenet, Cielo de Medianoche y La guerra del mañana


Tenet (2020)

Para lo poco que me gusta Nolan, Tenet me encantó. Es puro shock. Lo que ves en la pantalla te deja constantemente boquiabierto. A diferencia de Interstellar o El caballero oscuro, no hay moralina. Por supuesto que hay mucho discurso vacío, pero la rapidez con la que se suceden los acontecimientos impide procesar las tonterías que puede estar soltando los personajes.

Este thriller de espías que viajan en líneas temporales opuestas, una hacia adelante y otra hacia atrás, suspende el pensamiento del espectador y lo deja ensimismado. Me ha impactado tanto como en su día Memento, aunque la he disfrutado más. Es vibrante. Las coreografías cuando las líneas temporales se cruzan son puro espectáculo. No puedes dejar de comer palomitas.


Cielo de medianoche
(The Midnight Sky, 2020)

Para las gansadas que ha llegado a hacer frente al objetivo, destilando humor y carisma, sus intentos por hacer política mediante el cine han acabado produciendo una larga cadena de bodrios. Cielo de medianoche no es una excepción. Como Nolan, pero en versión de autor, se toma demasiado en serio las naderías que filma. ¡Sólo hace falta ver el póster, por favor!

La vida en la Tierra ha sido diezmada. El científico Augustine, interpretado por el propio Clooney, decide no subir en la última nave de evacuación. Una base en el ártico es el escenario de dos interminables horas de autocompasión sin recompensa. El desenlace es totalmente previsible y manido. Netflix ha añadido otro truño más a un catálogo cada vez menos atractivo.


La guerra del mañana
(The Tomorrow War, 2021)

En la carrera por acumular estiércol, Amazon no ha querido quedarse atrás. Este año Prime Video ha apostado por La guerra del mañana. Han bombardeado las redes de publicidad. Treinta años en el futuro, la humanidad está siendo eliminada por una especie alienígena, y acuden a su pasado, nuestro presente, a reclutar soldados en un intento desesperado por eliminar la invasión extraterrestre.

El planteamiento es interesante, pero el guion no tiene chispa ni luces. Avanza a oscuras como sus protagonistas, carne de cañón en una batalla sin departamento de inteligencia. Chris Pratt está en horas bajas y es incapaz de entretener los 138 minutacos de metraje infumable. Hace años me hubiera parecido inconcebible decir esto, pero Nolan es la mejor apuesta en esta tríada de ciencia ficción.

Tanda de palomitas: Sonic La Película, Spider-Man Homecoming y Godzilla: Rey de los monstruos


Sonic, la película
(Sonic the Hedgehog, 2020)

Pasada la polémica acerca del diseño inicial de Sonic, su estreno en febrero de 2020 fue positivo pese a los inicios de la pandemia. Es una película enfocada al público más joven. Su guion es plano y ñoño, pero entretiene una tarde de domingo. Sonic provoca un accidente electromagnético que deja a oscuras varias ciudades de Estados Unidos. Ante la amenaza de que se trate de un ataque, el ejército encarga una investigación al doctor Robotnik, quien no tardará en conducirla hacia sus propios intereses.


Spider-Man: Homecoming (2017)

Vista Far From Home, no cabe duda de que el guion de Homecoming es menos absurdo y más entretenido. Su villano, interpretado por Michael Keaton, resulta más carismático e interesante. Tras la batalla final de Los Vengadores, la humilde compañía de Adrian Toomes pierde el contrato para limpiar los destrozos en favor de la corporación de Tony Stark. Años después, convertido en el Buitre, buscará justicia contra él. Me encantó que la frontera entre buenos y malos se aleje de su maniqueísmo habitual.


Godzilla: Rey de los monstruos
(Godzilla: King of the Monsters, 2019)

Si Godzilla de Gareth Edwards me encantó visualmente pero me aburrió, y Godzilla vs. Kong me pareció una castaña sin sentido, esta segunda mejora la fórmula de la primera sin caer en los dislates de la tercera. Es más entretenida que su predecesora, y consigue que los monstruos y sus batallas sean más atractivos, sin que ello implique humanizarlos. Irónicamente, los humanos que pululan por el metraje tienen menos historia y desarrollo que Google Buzz.

Tricefalia viñetil: Se busca personaje / Súper Rayón / Los mogollones de Lukas de Jan

El último cómic de Jan alejado del universo de Superlópez se titula Se busca personaje... o Súper Rayón... o Los mogollones de Lukas. Esta identidad trigémina se debe a la excepcional naturaleza de este álbum. Y es que sus primeras once páginas fueron creadas en 1981. Estuvieron cerradas en un cajón durante cuarenta años hasta que una pandemia mundial las sacó de nuevo a la luz.

El tedio provocado por el confinamiento hizo girar la llave de la cómoda. Jan decidió continuar aquella historieta a modo de entretenimiento sin saber si sería publicada o no. Según explica en el prólogo, también había un deseo de "no dejar las cosas a medias". Sería la recién nacida editorial DQómics la que, en su afán por rescatar obras olvidadas, decidiría abrir su catálogo con el experimento.

La trama se inicia con una oferta laboral en la que "Se busca personaje". El protagonista que lo está leyendo se encuentra en la misma tesitura que Jan por entonces: en paro. Tras una serie de disparates, se convertirá en la musa del dibujante que puso el anuncio, quien lo convertirá en "Super Rayón", el héroe de un tebeo que comienza dentro del propio tebeo.

El nombre del protagonista le sonará a cualquier lector de Laszivia, la odisea pornoespacial que Jan firmó en 1984 bajo el pseudónimo de Pikágoras. No es coincidencia. Gracias a la escena sexual que aparece en la novena página de las once guardadas en el cajón, el dibujante fue contratado por la revista A tope, donde publicaría por entregas la aventura erótica.


Última viñeta de las once inéditas hasta ahora


Primera viñeta de Laszivia

Si los originales incluían una historieta dentro de otra como una matrioshka, con la continuación Jan añade otro nivel, en este caso argumental, titulado "Los mogollones de Lukas". Este es el tercer y último título. Súper Rayón, quien creíamos que iba ser el forzudo protagonista, queda en un segundo plano mientras la luz del foco ilumina a un escuchimizado joven de pelo verde.

Lo que más me admira del resultado es la fluidez con la que Jan consigue hacer la transición de su estilo de hace cuatro décadas al actual. De un trazo más redondeado y minucioso pasa sutilmente a otro más crispado, pero menos recargado. Una composición de página más estática y tradicional se ve desplazada por otra más dinámica con viñetas que se superponen y que no se limitan al rectángulo.

La uniformidad en el color es una de las claves para cohesionar ambos estilos. Su efecto queda patente en las dos ilustraciones de más arriba, que parecen de distinta época pese a pertenecer ambas a la misma. Visualmente, el álbum ha quedado muy logrado. Si bien Jan se excusa en el preámbulo por la bajada de calidad, creo que más de uno desearía llegar a octogenario con su maestría.

La trama, en cambio, es otro cantar. Las primera páginas están llenas de ingenio y risas que se apagan a medida que los diálogos insulsos rellenan los huecos de un errático guion. Como ya ha sucedido en los tebeos de Superlópez, la chispa cómica y fantástica de las antiguas aventuras se hace a un lado para dar paso a las reflexiones y críticas que el autor necesita expresar.

Las mujeres ganan voz y autoridad en las nuevas páginas, en las que también se denuncia la explotación laboral y el tráfico de personas. Es un cambio tan necesario como obligado. De un chiste de 1981 en que un tío asegura no haber matado a su mujer, o una escena de cama del protagonista con una prostituta, pasamos a la figura caducada del machista y a la eficiencia de la capitana de la nave.

El bisturí con el que Jan disecciona la realidad siempre es certero, pero sería hipócrita negar que se añora la sorpresa, el chiste, y la adrenalina de antaño. Se busca personaje / Súper Rayón / Los mogollones es una quimera de cuarenta años que, pese a desinflarse, supone la recuperación de un material inédito magnífico.

Chiste de 1981 inaceptable actualmente
 
Figura de la mujer en las nuevas páginas

The Stranger de Orson Wells


Me pasó algo muy curioso con esta película. Supe por una web no oficial dedicada a Netflix que la iban a retirar de la plataforma el 18 de julio. Acorde con la fecha, Orson Welles narra la búsqueda de Franz Kindler, un trasunto ficticio de los cerebros del régimen nazi que tras la guerra cambiaron de identidad y emigraron a Estados Unidos.

Lo gracioso aquí es que, por una extraña confusión, creo que mía, leí que se trataba de una comedia. Claro, de inmediato quedé fascinado: una película rodada en 1946 sobre las pesquisas de la comisión de crímenes de guerra acerca del paradero de uno de los principales impulsores del holocausto... ¡en clave de humor! ¿Qué clase de chistes se podrían hacer?

Obviamente, a medida que avanzaba el metraje y los chistes eran lo contrario de lo que yo esperaba, es decir, ausentes, entendí que me había liado yo solo. Es una trama de suspense clásica, claramente machista, con el personaje del detective, el del criminal y el de la dama "pánfila" e "histérica". De hecho, la historia es lo menos interesante.

Tema aparte es la fotografía en blanco y negro. El contraste de claroscuros, las sombras intensas, el halo de misterio que le confiere... están a la par con los escorzos, los juegos de espejos, los encuadres. A uno se le cae la baba. Sin efectos especiales cegadores, es una obra que te despierta la mirada, que te invita a disfrutar de cada plano. Es una delicia visual.

Pero eso sí, como comedia... una mierda.

Tedio desde el sofá: Sleepy Hollow y The Disaster Artist


Sleepy Hollow (1999)

Todavía me faltaba por ver este clásico de Tim Burton sobre la leyenda del jinete sin cabeza. Debo decir que, pese al paso del tiempo, visualmente sigue siendo sorprendente. Desgraciadamente, la capacidad del director para crear su propio universo cinematográfico, tan reconocible y peculiar como el de Wes Anderson, no suple un guion carente de chispa.

Ni siquiera los dos grandes nombres que encabezan el elenco lo salvan. Aquí Johnny Depp todavía no da grima al hacer sus excentricidades, y Christina Ricci sigue estando en boga. El resultado es un relato fantástico que va hundiendo paulatinamente al espectador en un sopor indecible, sólo para despertarlo con un final absurdo a más no poder.


The Disaster Artist (2017)

Greg Sestero, un aspirante a actor, conoce a Tommy Wiseau, un individuo extravagante que sueña con rodar una obra maestra. Wiseau está convencido de su idea, pese a que nadie comparte su visión. Contra todo pronóstico, el dislate acaba viendo la luz bajo el título The Room, una película real que a día de hoy está considerada una de las peores de la historia.

The Disaster Artist busca transmitir ese amor incondicional hacia el cine que tan bien plasmó Ed Wood. La fina ironía y ridiculez de aquella queda muy por encima de esta patochada incómoda, aburrida y sin gracia. Puede que mi mala opinión se deba a la manía que les profeso a James Franco y Seth Rogen, o tal vez se deba a que los dos juntos sólo saben hacer mierda pura.

The Hard Tomorrow de Eleanor Davis


El último cómic de Eleanor Davis, inédito en España, confirma una vez más su talento como ilustradora y narradora. Cautivada por Tú, una bici y la carretera (Astiberri), mi pareja encargó por Amazon The Hard Tomorrow (2019).

Si el primero es el diario de un viaje con el que la autora busca combatir su propia depresión, este nos habla de Hannah, miembro de una pequeña agrupación de izquierda que convoca manifestaciones en contra de las controvertidas decisiones del gobierno estadounidense.

El tema, sin duda, me sorprendió. Hasta la llegada de Trump al poder, nunca había oído referencias al movimiento antifascista en el país de las barras y estrellas. En cambio, ahora que parece haberse iniciado su criminalización en territorio yanqui, ocupan las cabeceras de los noticieros.

Al igual que en la anterior, esta nueva obra nos sumerge en los miedos más íntimos de su protagonista, a la par que lleva a cabo un acto de denuncia. Si en el anterior hablaba de la situación en la frontera con México, aquí trata la persecución de los movimientos de izquierda.

Este cómic duele, pero también posee una belleza sin igual. Si alguno se quedó con la miel en los labios imaginando en qué podrían haberse convertido los bocetos de Tú, una bici y la carretera, aquí tiene la respuesta.

Todo enamora: la frondosidad sinuosa de los cabellos de Hannah, la expresividad certera y empática de los personajes, los enternecedores primerísimos planos, el mimo por el detalle pero también la maestría de la simplificación, el entintado con mancha, la perspectiva sin mácula,...

Le podría achacar el final, que deja un poso de falsa esperanza y conformismo. Pero en un presente donde la población y sus dirigentes perfilan cada vez con mayor nitidez una distopía inconstestable, ¿se puede acusar a la autora de no tener una respuesta cuando todos la seguimos buscando?

The Hard Tomorrow es un título esclarecedor que nos confirma su desalentadora conclusión. Más intimista que político, esta historia nos recuerda que el día de mañana no será más fácil que el de hoy. Desorientados y vulnerables, intentamos hacerlo lo mejor posible.

Todo lo que no te conté de Celeste Ng


Todo lo que no te conté (2014) empieza como un novela policíaca para convertirse en un relato introspectivo sobre la familia de la víctima. Al igual que Crónica de una muerte anunciada, la obra de la escritora estadounidense de descendencia hongkonesa nos recibe con la muerte del personaje: "Lydia está muerta. Pero esto aún no lo saben".

Es un primer capítulo absorbente, pese a su extensión. No te deja respirar, no te permite detenerte. Hábilmente, con pequeñas e inquietantes pinceladas, se introducen las tramas que se desarrollarán después. El ritmo se ralentiza nada más empezar el segundo. Viajamos veinte años atrás para conocer los orígenes de los progenitores.

Su madre era una mujer apasionada por la física, mientras que su padre era hijo de inmigrantes chinos. Ambos tuvieron que hacer frente a los prejuicios de los años 50, primero por separado, más tarde juntos. Las experiencias que tuvieron que vivir conformaron las personas que serían y que influirían en las decisiones futuras de sus hijos.

La contextualización que hace de las décadas de los 50, 60 y 70 en Estados Unidos es muy interesante, sobre todo en lo que respecta a los primeros matrimonios interraciales. Sin embargo, no voy a negar que las expectativas iniciales se me truncaron. Lo que iba a ser un thriller se convirtió en un telefilm, sin que esto significara un descenso de calidad.

Celeste Ng (pronunciado Ing) perfila a la perfección los retratos de Marilyn y James, los padres, y de Nathan y Hannah, los hermanos de la joven desaparecida. Consigue que el lector empatice profundamente con las injusticias y dilemas internos que sufre cada uno de ellos. Su escritura es clara, fácil de visualizar, y está armada sin que falte o sobre pieza alguna.

Esta perfección de manual hace que resulte, tal vez, algo desangelada. Junto con los clichés y escenas calcadas de cientos de series de televisión, hace que la obra carezca de chispa o de sorpresa. Avanzamos sabiendo lo que vendrá, emborrachándonos con la profusión de emociones que nos acercan a un precipicio al que no queremos mirar.

Todo está tan bien conectado y desvelado en el momento oportuno que es imposible abandonar el libro. Como lector, uno de los principales escollos fue la agotadora longitud de cada capítulo. Pero, incluso ahí, se podría decir que acierta, pues hacia el final se acortan, impulsándote a llegar a la última página. Decididamente, Todo lo que no te conté es una obra tan correcta como adictiva.